Lo he vuelto a hacer, he buscado el shock por temperatura a conciencia, como esos desgraciados que se arrojan a las fauces de la destrucción en las noches agrias de sexo y discoteca, donde la gente busca veladas de sexo sin recuerdos y aventuras con sabor a vómito. En mi caso siempre busco el sonido de mi corazón, que se redobla como un caballito por un prado verde, un caballito al que hubieran prometido la libertad sólo durante el tiempo de una jornada de luz en el cielo, esto es, serás libre si antes de que caiga la noche consigues llegar a la linde de aquel bosque, y el caballito se lo cree sin saber que el bosque es el horizonte.
El caballito no sabe que ni poderosos corceles han conseguido jamás lo que él desea, pero como es inocente lo persigue y nunca dejará de luchar.
Es hermoso sentirlo dentro del pecho, después de sumergir mi cuerpo en agua muy caliente lo consigo y empezamos a trotar, me tiendo en la cama mientras suena música clásica (las folías barrocas me gustan mucho para este momento) y me siento una mujer de otro tiempo, aunque en otro tiempo las mujeres de clase trabajadora no podían darse estos lujos, de hecho seguramente mi propia abuela lo hizo poco, lo de sumergirse en agua muy caliente con espuma de naranjas blancas y canela en polvo y abandonarse a la dulce muerte que ausenta todo lo cotidiano y lo hace desaparecer.
A veces tengo tanta calor y la tensión tan baja que busco la salida del baño perseguida por unas manos de vapor de agua y no tengo fuerzas ni para coger una toalla, el corazón me sacude entera, lo noto incluso en los glúteos, en las rodillas, en la espalda y el cuello y entonces soy un ser vivo dentro de una cáscara demasiado caliente, ahí tumbada sobre la cama, todavía húmeda y palpitante.
Sólo hace falta una toalla por encima y una pierna flexionada para convertirse en otra persona, alguien mucho más simple o quizá mucho más complejo, una modelo para un cuadro, un bodegón, una manzana madura que comienza a ajarse, una cesta con cañas rotas, un amor abandonado, o quizá algo más ajeno todavía, algo como la luna atrapada en papel celofán, que no era papel sino una nube translúcida que tapaba su redonda placidez, exactamente igual que un amante celoso hubiera tapado la boca de un imprudente objeto de deseo para evitar que se deslengüe calle abajo y la pongan verde sólo por ser libre.
Lo he vuelto a hacer, buscarme un shock por temperatura alta, para recomponer alma y cuerpo como si al cocerme pudiera olvidar tantas palabras que no dije ni me dijeron, las noches sin dormir de mi pavorosa juventud, tan desbaratada y enamorada de cosas que hacían daño,las cosas que no haré, las viviendas matrimoniales que no me pertenecen , los esponsales que no se celebraron, los anillos perdidos en la boca del monstruo, las horquillas de las mujeres muertas que partieron en barcas azules, la inmensa nostalgia de los días de invierno , las voces de los abuelos, el cronómetro de mi esterilidad, ese bosque agitado de mi caja ovárica que se está abrazando al estómago y lo ahoga para que siga en desacuerdo con la vida estabulada, los teléfonos que ya no suenan y los rincones de todas las habitaciones en las que he vivido.
Lo he vuelto a hacer, mi pequeña y dulce muerte fabricada, que me mira desde la ventana azul de los deseos, que sabe que en el año nuevo de la nueva era habrá que sacar la chistera de maga para volver a inventar conejos y palomas que tengan otra edad y otras tardes y otra forma de contarse el cuento de la vida.
lunes, 29 de enero de 2018
domingo, 21 de enero de 2018
El cuerpo
Llega un momento en que el cuerpo se cansa de ti, que no es al revés ,no se confundan.
La carcasa sagrada que recibimos como regalo al nacer para contener nuestros pensamientos y emociones, la cuna salvaje en la que recibiremos todos los palos que el mundo nos tiene preparados para curtirnos y hacernos fuertes, la bolsa de golosinas con que intentaremos agasajar a ese mundo y seducirlo para que no nos haga demasiado daño.
Al fin y al cabo, qué quiere un niño o una niña? Ser amado, aceptado, ser lo mejor de todo lo que ha existido, que lo abracen y le hagan sentir que vino para ocupar un corazón al menos y no una casa o un calendario.
Con ese vestido nos echamos a rodar y crecemos y jugamos y aprendemos a llorar y a poner cara de póquer y a sentir también como seres inventados, a veces encontramos que hubo una voluntad de hacernos y a veces no, a veces sabemos con certeza que somos fruto de la casualidad o la costumbre.
Qué raro pensar en el misterio de tantas cosas, y cómo el bien y el mal son tan a menudo pétalos de una misma flor hasta que cumplimos años y empezamos a encaminar esfuerzos o voluntad hacia uno de los lados.
Para muchos vale más un atardecer rosado que muchas noches de farra , o el juego del aire con las hojas secas del patio más interés que tres horas de charla inútil , y así un día acaba por llegar en que el cuerpo se cansa de una y no una del cuerpo , como siempre creímos porque tenemos tendencia a la soberbia.
Como si fuéramos dueños de algo en todito el tiempo que andamos por aquí.
La carcasa sagrada que recibimos como regalo al nacer para contener nuestros pensamientos y emociones, la cuna salvaje en la que recibiremos todos los palos que el mundo nos tiene preparados para curtirnos y hacernos fuertes, la bolsa de golosinas con que intentaremos agasajar a ese mundo y seducirlo para que no nos haga demasiado daño.
Al fin y al cabo, qué quiere un niño o una niña? Ser amado, aceptado, ser lo mejor de todo lo que ha existido, que lo abracen y le hagan sentir que vino para ocupar un corazón al menos y no una casa o un calendario.
Con ese vestido nos echamos a rodar y crecemos y jugamos y aprendemos a llorar y a poner cara de póquer y a sentir también como seres inventados, a veces encontramos que hubo una voluntad de hacernos y a veces no, a veces sabemos con certeza que somos fruto de la casualidad o la costumbre.
Qué raro pensar en el misterio de tantas cosas, y cómo el bien y el mal son tan a menudo pétalos de una misma flor hasta que cumplimos años y empezamos a encaminar esfuerzos o voluntad hacia uno de los lados.
Para muchos vale más un atardecer rosado que muchas noches de farra , o el juego del aire con las hojas secas del patio más interés que tres horas de charla inútil , y así un día acaba por llegar en que el cuerpo se cansa de una y no una del cuerpo , como siempre creímos porque tenemos tendencia a la soberbia.
Como si fuéramos dueños de algo en todito el tiempo que andamos por aquí.
martes, 26 de diciembre de 2017
Cuento de Navidad
El día de Navidad del año de la corrupción de dos mil diecisiete, amaneció con fina lluvia que se fue haciendo más intensa pasada la primera hora del alba. En el palacio Quintelio la joven princesa sufría el ataque de una gripe de estómago traída seguramente de las tierras medias, cuando se empeñó en comer carne de vaca muerta en una tarde de sábado invernal.
Gustaba de la compañía de campesinos y labradores,a los que visitaba a menudo,y no pocas veces su salud adolescente se resentía por ello. La reina en su lecho oía caer la lluvia y pensaba "si yo fuera plebeya me enfadaría mucho este agua inoportuna porque seguramente tendría tendida tres coladas casi secas del día anterior que olvidé recoger por culpa de la Nochebuena y un tal Emilio Moro que se sentó a la mesa y me distrajo demasiado induciéndome al sueño"...pero por suerte no lo era.
Al igual que su hija tenía sus excentricidades,y en aquella ocasión había echado de la alcoba a las sirvientas para atender personalmente a su hija en los vómitos cada treinta minutos con que fue asediada la muchacha, hasta que ya no le quedó nada por echar.
Habían vaciado aquella noche siete bacinillas,y con sus propias manos fregaba el suelo en cada episodio.
Cuando ya la luz era poderosa bajó a las cocinas a por menta para consolar la barriga de la joven, aunque ambas sabían que podría volver a echarla porque el maleficio de la bruja helicobacter pilory no era precisamente liviano.
Aún así lo intentaron, y cuando los pájaros abandonaban el estreno lluvioso de la mañana,se echaron a dormir.
La reina cerró los ojos al notar que el maleficio, bastante contagioso,se le iba a presentar a ella en forma de diarrea.
Paciencia,se dijo.
Anoche estuvo alegre y nos reímos.
Ese recuerdo nos ayudará a soportar estas molestias.
Quizá su cólera provocaba tales desgracias, quizá no.
No hay forma de evitar a los maleficios,esto es una cosa que aprendí con los años.
Intentaré dormir hasta que el mal la obligue a echar la menta.
Y volveré a limpiar y a preocuparme.
Ahora mi lecho está caliente y ha cesado la lluvia.
Quizá podamos descansar,pensaba.
Todo esto ocurrió la mañana de Navidad del año de la corrupción de dos mil diecisiete en el palacio Quintelio.
Gustaba de la compañía de campesinos y labradores,a los que visitaba a menudo,y no pocas veces su salud adolescente se resentía por ello. La reina en su lecho oía caer la lluvia y pensaba "si yo fuera plebeya me enfadaría mucho este agua inoportuna porque seguramente tendría tendida tres coladas casi secas del día anterior que olvidé recoger por culpa de la Nochebuena y un tal Emilio Moro que se sentó a la mesa y me distrajo demasiado induciéndome al sueño"...pero por suerte no lo era.
Al igual que su hija tenía sus excentricidades,y en aquella ocasión había echado de la alcoba a las sirvientas para atender personalmente a su hija en los vómitos cada treinta minutos con que fue asediada la muchacha, hasta que ya no le quedó nada por echar.
Habían vaciado aquella noche siete bacinillas,y con sus propias manos fregaba el suelo en cada episodio.
Cuando ya la luz era poderosa bajó a las cocinas a por menta para consolar la barriga de la joven, aunque ambas sabían que podría volver a echarla porque el maleficio de la bruja helicobacter pilory no era precisamente liviano.
Aún así lo intentaron, y cuando los pájaros abandonaban el estreno lluvioso de la mañana,se echaron a dormir.
La reina cerró los ojos al notar que el maleficio, bastante contagioso,se le iba a presentar a ella en forma de diarrea.
Paciencia,se dijo.
Anoche estuvo alegre y nos reímos.
Ese recuerdo nos ayudará a soportar estas molestias.
Quizá su cólera provocaba tales desgracias, quizá no.
No hay forma de evitar a los maleficios,esto es una cosa que aprendí con los años.
Intentaré dormir hasta que el mal la obligue a echar la menta.
Y volveré a limpiar y a preocuparme.
Ahora mi lecho está caliente y ha cesado la lluvia.
Quizá podamos descansar,pensaba.
Todo esto ocurrió la mañana de Navidad del año de la corrupción de dos mil diecisiete en el palacio Quintelio.
viernes, 24 de noviembre de 2017
Deseo
El deseo no es tan malo como dicen, no es bajo ni mezquino ni ruin, es un hálito de dioses que tenemos entre los bolsillos y que podemos encontrar como monedas perdidas.
El deseo es mirarte de lejos con las hinchazones de la mañana y querer estar contigo, pero ya no es estar con tu cuerpo, sino con lo que tú eres,si te miro y te deseo también deseo tu mirada, la forma que tienes de estar en el mundo.
Esto es lo que he querido decir; cuando me he preguntado tantas veces si alguien me deseó de verdad alguna vez me refería a esto, no a las tetas y al culo que aun siendo bonitos cuencos sagrados en la época de juventud, no es ni siquiera la firma en el folio en blanco de los individuos.
Todo lo que aprendí en mi trato con los demás ( a los siete años un test psicológico me definió como "astuta")lo pongo a mi disposición cuando de deseo se trata, podría escribir un pequeño libro con estas conclusiones, desde luego nada que ver con madame de Lenclos, pero digamos que el caminito que anduve fue corto pero intenso, y algunas veces echo de menos que fuera más largo,
Cortesanas hubo que al final sucumbieron a una emoción auténtica, buscadoras de tesoros en el teatro del mundo, huyendo siempre de trabajos brutos que minan y agotan la capacidad de seducción, a ver si no es éste un síntoma de inteligencia.
Personalmente siempre he desconfiado de la arrogancia de los llamados luchadores, no hay nada digno en dejarse explotar sin ponerle al menos una etiqueta rosada a nuestro nombre y nuestros gestos, no se repetirá jamás un solo individuo sobre la faz de la tierra y esto es un dato bastante a tener en cuenta para que nos valoremos lo suficiente.
A estas horas de un viernes que no es viernes, me busco en los bolsillos esperando encontrar la moneda de oro que me alegre el día.
Porque fuera hace un sol desvaído y triste y mucha gente que quiso amar se ha perdido en un mar de lodo y plásticos.
domingo, 19 de noviembre de 2017
Cazorla (II)
A mediodía del 2 de junio de 1694,una gran tormenta, que sería conocida por las generaciones cazorleñas posteriores como "el diluvio", descargó sobre el pueblo con toda su furia,después de que el desprendimiento de una roca hiciera tapón en las alturas hasta que el agua tuvo que saltar por encima, destrozando la iglesia de santa María de Gracia que aún estaba en construcción.
El arquitecto inicial había sido el famoso Vandelvira que la diseñó aprovechando el cauce del río Cerezuelo y que (imagino) cien años después del encargo no pudo lamentar la catástrofe.
De los ochenta vecinos de la plaza situada frente a la iglesia,murieron sesenta y siete.
La iglesia nunca se terminó, puesto que a los posteriores esfuerzos por levantarla se unieron otras desgracias,como la entrada de los franceses durante la guerra de independencia, que le metieron fuego.
Santa María de Gracia nunca llegó a estar terminada.
Ése pareció ser su destino.
Hoy día el lugar sigue siendo impresionante.
La puerta mágica a otro secreto de Cazorla que no voy a desvelar.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Cazorla (I)
Al monte le salió un pueblo en el costado. Poco a poco fue creciendo a través del río que suena cantarín por todas partes.Las flores se agarraban a donde podían y la hiedra se acostaba en los rincones de húmeda piedra. Como todos los lugares encantados,el pueblo tuvo sus secretos y sus desgracias,y todas quedaron en la memoria de la piedra.
Todavía hoy quedan forasteros como yo que abren la boca y no la pueden cerrar porque no sabían que este sitio que vimos en los cuentos pudiera existir de verdad.
Se llama Cazorla y está ahí desde 1231.
Todavía hoy quedan forasteros como yo que abren la boca y no la pueden cerrar porque no sabían que este sitio que vimos en los cuentos pudiera existir de verdad.
Se llama Cazorla y está ahí desde 1231.
viernes, 3 de noviembre de 2017
No hace falta ser eternos, bastaría con escribir.
Me he perdido en una galería de escritores y escritoras y todos tienen nombre, cara y libros, son parte del cosmos de lo que se ha pensado y se ha creado.
Me pregunto por qué no puedo ser yo uno de ellos.
Si he llegado a ser funcionaria del servicio postal, por qué no elegir mejor la carambola, pegarme con tinta al suelo de mi negritud constante, cambiar el dolor de espalda por el ansia de las palabras, parir a toda esa gente que veo en sueños y ponerles a vivir vidas como calcetines, a veces con pareja y otras sin ella, pero siempre enganchados a la vida y a la muerte a partes iguales.
Escribir es retratar las relaciones de familia que tan huérfanos nos hacen sentir a algunos, acentuar la belleza de lo que no existe y quitársela a la perfección indecorosa, es quedarse desnudo a merced del viento y hacerse pulseras de caracolas.
De verdad, trato de convencerme.
No hace falta ser genios, hay muy pocos genios, pero sí hay mucha gente que escribe, no es nada del otro mundo, no es necesario ser perfectos y mucho menos buscar la gloria y la eternidad.
Basta con escribir.
Me he perdido en una galería de escritores y escritoras y todos tienen nombre, cara y libros, son parte del cosmos de lo que se ha pensado y se ha creado.
Me pregunto por qué no puedo ser yo uno de ellos.
Si he llegado a ser funcionaria del servicio postal, por qué no elegir mejor la carambola, pegarme con tinta al suelo de mi negritud constante, cambiar el dolor de espalda por el ansia de las palabras, parir a toda esa gente que veo en sueños y ponerles a vivir vidas como calcetines, a veces con pareja y otras sin ella, pero siempre enganchados a la vida y a la muerte a partes iguales.
Escribir es retratar las relaciones de familia que tan huérfanos nos hacen sentir a algunos, acentuar la belleza de lo que no existe y quitársela a la perfección indecorosa, es quedarse desnudo a merced del viento y hacerse pulseras de caracolas.
De verdad, trato de convencerme.
No hace falta ser genios, hay muy pocos genios, pero sí hay mucha gente que escribe, no es nada del otro mundo, no es necesario ser perfectos y mucho menos buscar la gloria y la eternidad.
Basta con escribir.
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