Desde mi ventana veo caer el mundo por un costado,derrumbado como una montaña de harina.
Tengo un nombre común,una vida común,me llamo como me pusieron mis padres,y aunque siempre quise ser nácar,oro líquido,rosa de terciopelo negro o pluma de plata labrada, sólo fui un poco de costra reseca con acceso a libros,películas e ideas,lo cual siempre fue mucho para una mujer que siguió quedándose con la boca abierta ante los comentarios machistas de sus compañeros de barra,estudio,clase o trabajo.
Pequeña,temblorosa,pero dura como una perfecta superviviente,larva de idearios comunes hasta que dije se acabó,si yo no soy lo que nadie quiere que sea,si yo no peso esto ni mido aquello ni tengo carnet de nada,por mucho que en el fondo de las cosas todos tengamos una idea base,una especie de objeto reflejado a través del cristal que cambia a cada momento ,aparte de la necesidad de adherirnos a los bienes comunes.
Hace mucho que me estoy alejando de todo,pensó mientras cerraba la tapa del ordenador cojo y mustio,echando de menos aquella parte de sí misma que se exhibía impúdica como la loca de pueblo subida a los tejados de sus frustraciones,pero creyendo en ella con coraje,con rabia,con desdén incluso.
Siempre fueron torpes e infantiles sus ataques de furia,de orgullo herido,que le hacía borrar amigos (qué curiosa prostitución,esta palabra)de las redes sociales como quien espanta moscas con el rabo,una diabla aburrida eso es lo que hace,pero en el fondo buena gente,si supiérais cómo os amo,le decía a la pantalla,cómo nos compadezco a todos,que babeamos desde el primer llanto y para escapar nos creemos especiales,pensadores,trascendentes y a la primera de cambio morimos tras pasar años languideciendo en mesas de formica y colas de supermercado,después de hacernos,eso sí,miles de fotos en cumpleaños y navidades,otra vez para trascender,para quedarnos ese rato y que parezca más largo.
Si supiérais cuánto soy capaz de amar;
ayer miré a los ojos a un camarero y ahí estaba,todo eficiente,con su bandeja y sus palabras amables,con su montón de horas por delante y su buena dignidad para afrontarlas,y pensé qué bueno este chico,se merece un gobierno justo y solidario,una sociedad a su altura que garantice y valore sus esfuerzos,qué carajo,para empezar yo estoy aquí,reconociéndole silenciosamente sin tragarme la patraña de que cada vez todo es de peor calidad,anda ya.
Sin embargo basta que caiga el mundo por un lado para que todos nos pongamos a opinar como gallinas,mientras el granjero prepara nuestro caldo;
mañana estaremos divididos,aislados,acojonados,cada vez más ignorantes,alienados,imbéciles unidos contra el dolor,la sinrazón y la violencia,sin darnos cuenta de que hace mucho mucho mucho tiempo que el mundo ya es violento y no nos pertenece,o será que yo no quiero pertenecer a este mundo donde cada vez hace falta hilar más fino para agradar a todos,para sujetar el paño de la tolerancia que está más embarrado que nuestra propia moral de mascotas ciudadanas.
Yo no digo nada,ni lo quiero decir;
cada vez me duelen más cosas y creo que es mejor que complete mi transformación en zapatilla humana;cálida,con un buen soporte interior de cuero que permita meter un pie a lo ancho y largo,forrada de coralina por fuera y con un par de violetas de trapo a modo de adorno,sin opiniones para que todos puedan usarme.
Decía Bryce Echenique que al volver le pareció que todos sus amigos llevaban el alma en zapatillas;habían perdido quizá la fantasía que nos mantiene vivos en la juventud,o a cualquier edad en la que uno no quiera dejar de ser,en la que uno se niegue categóricamente a tener miedo.
Me niego a tener miedo,se dijo;
porque no creo ni una palabra de lo que me dicen quienes desean seguir manteniendo una vastísima población de zapatillas sumidas en un sueño profundo,tan profundo como el sueño de los peces que siguen nadando incluso después de muertos,sin saber que lo están.
"¿Sabéis qué?"-le dijo a sus cactus enmohecidos sobre el alféizar-"A partir de mañana escribiré una carta cada día.
Será sólo para mí,para vosotros,para los que estáis ahí calladitos sin decir nada,ocupados en florecer una sola vez al año,o quizá nunca.
Escribiré para calmar mi dolor,para sentir que vivo por mí misma sin que nadie escriba sobre mi cerebro,para intentar tocar con las yemas de los dedos la libertad que no puedo entender y que pierdo cada día un poco más,en definitiva,para desahogarme.
Anoche durante un zapping vi un trozo de Gran Hermano en una versión para famosos;
un periodista del corazón en una habitación con un negro en pelotas,sí,un chico negro de culo modelado y duro,totalmente desnudo,y el periodista blanco muy vestidito y abrigadito resolviendo la situación de extrañeza, y entonces entendí que el guión lo había escrito una cabra y que yo era otra cabra y al final tendríamos que balar todos juntos por la libertad de expresión así que apagué la tele y me fui a dormir.
Tengo una vida larga por delante,una vida de occidental con sus percentiles y controles médicos,y no quiero desaprovecharla en lamentaciones,porque aumentaré el gasto médico si me deprimo,así que mejor escribiré.
A veces echo de menos a Susan Sontag, a Oriana Fallaci,a Casavella,a cualquier tipo de psicopatía o neurosis ilustrada que ponga una nota de pensamiento en el mar de las chorradas,pero enseguida me arrepiento,me voy al baño,me tomo un quemagrasas mezclado con el té rojo y un par de rosquillas azucaradas y quizá un comprimido de valeriana con amapola para conciliar el sueño.
Hala,hasta mañana".
Apagó la luz,empujó la silla,volaron unas cuantas mariposas negras desde una lata vacía;
el mundo seguía derrumbándose sólo por un lado,creando un mar de harina sobre el que nadie podía dejar huellas ni caminos.
Y se durmió.
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lunes, 12 de enero de 2015
domingo, 30 de marzo de 2014
El nazareno de hoy día
Sugerencia;
Ahora que viene la Semana santa,¿por qué no le dejamos así y lo paseamos en canastilla de madera por todas las calles de las ciudades para mayor fervor y exaltación de la piedad y compasión católicas?
Con pregón y saeta incluidos,por supuesto.
Eso sí,después de las ocho o nueve horas procesionando,habría que darle techo y comida y a ser posible,algún mínimo derecho por ser humano vivo,nacido y crecido en la lucha más salvaje por la supervivencia.
Todos mis respetos a los que no tienen nada.
A los que no importan nada.
Ahora que viene la Semana santa,¿por qué no le dejamos así y lo paseamos en canastilla de madera por todas las calles de las ciudades para mayor fervor y exaltación de la piedad y compasión católicas?
Con pregón y saeta incluidos,por supuesto.
Eso sí,después de las ocho o nueve horas procesionando,habría que darle techo y comida y a ser posible,algún mínimo derecho por ser humano vivo,nacido y crecido en la lucha más salvaje por la supervivencia.
Todos mis respetos a los que no tienen nada.
A los que no importan nada.
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