sábado, 8 de julio de 2017

Mamá


Mamá es una desconocida que deambula por la casa, quitando el polvo , vaciando las cestas de la ropa sucia y de vez en cuando quejándose de lo poco que ha dormido, porque hay que decir que últimamente a mamá le duelen cosas por la noche, sobre todo si se pasa con sus únicas delicias permitidas  que ya le quedan, como pueden ser el queso y el vino.
Ahora que todo ha pasado, entiendo que mamá intuía un final que no era un final al uso, sino más bien algo amplio y ancho como un abanico abierto pero roto con todas las posibilidades tachadas, no es que fuera pesimista mamá, es que la vida es así.
No solemos pensar en las madres como chicas jóvenes, están llenas de reproches y ataduras y habilidades prácticas, incluso las más desastre, y se las busca por su utilidad acostumbrada y dócil, pero hay que pensar que hubo primaveras en las que salieron a la calle con un pañuelo al cuello  o en la mano en el que viajaba todo su futuro y unas gotas de perfume sobre la piel limpia.
 Sin embargo todas y todos nos hemos quedado ahí, en esas tardes de preámbulo en las que todo era posible todavía, y la vejez no era más que el abrigo que llevan los raídos, los que no tienen ningún sitio a dónde ir. Para las mujeres que crían o cuidan o existen como mujeres coherentes, la cosa se agrava un poco.
Cuando se dan cuenta, el pañuelo ha volado y queda como una barca de madera que todavía es guapa pero ya sólo sirve para llevar gente encima.
No todas las mamá del mundo sirven para aceptar esta parte del trabajo cósmico, las hay que añoran estar tumbadas en la playa sin que nadie les hable o ser una adolescente eterna que se ceba de chuches mientras piensa que tampoco se presentará a ese examen que elude entre beso y beso del novio deprimido que tardará en desaparecer pero lo hará como el pañuelo volador.
También añoran ser lo que sea menos ella misma, tan parecida a las demás mamá pero tan diferente, a medias entre la reclamación de sus derechos y la compasión doméstica.
Total, si no lo hago yo quién lo hará, y una madre ya sabemos todos lo que es, no tiene deseos ni fantasías, y si los conserva, mala cosa, porque obliga a los demás a pensar en cosas molestas.
Hay un delicado tul que cubre todas mis cosas, piensa mamá, y es mejor que sigamos el curso del río.
Está haciendo un verano fresco, maravilloso y pleno de luz, que sopla sobre las cortinas como un amante ducho lo haría sobre la nuca de alguna soñadora, y con eso tengo bastante.
Si puedo conseguir que no me duela nada, todo irá bien.
En breve todo habrá pasado, piensa mamá.
Ayer vino el jardinero y me contó que su mamá tiene cáncer, le han quitado un seno y está desanimada, sin ganas de hacer de comer, todo el día en el sofá, la familia soporta como puede los malos tiempos, mamá se recuperará, le digo, si puede lo hará, es lo que hacen las madres, ánimo.
Todo irá bien, pienso, en breve todo habrá pasado, cada vida tiene sus períodos vacacionales, y se nace y se crece y se reproduce y se muere, y las mamá del mundo son como patas de un banco que soporta mucho peso sin que se note hasta que se rompe por algún sitio previamente astillado de forma casi imperceptible, como el crujido de una antena de mariposa que deja su vida contra la rama de un árbol y a la que se miró sin ver mientras volaba.
No es que sea pesimista, piensa mamá, es que la vida es así.
Antes de poder empezar a elegir, ya casi hemos terminado la partida, pero esto tampoco es terrible, sólo es vida que pasa como pasan las páginas de un libro.
Leer y vivir son actividades que merecen la pena, por los siglos de los siglos, amén, mamá dixit.

Mamá

Mamá es una desconocida que deambula por la casa, quitando el polvo , vaciando las cestas de la ropa sucia y de vez en cuando quejándose ...