miércoles, 25 de marzo de 2020

La última noche

Imagínate si ésta fuera la última noche, y  no pudiera verte ni tocarte una vez más, aunque fuera para despedirme.
Imagínate morir solo en una habitación llena de desconocidos, sólo en un cuarto así sabrías qué pérdida de tiempo supusieron tantas otras ocasiones en que no me quisiste abrazar. ni se te ocurrió nada que decirme. Imagínate un alba que nacerá sin mí, una jornada deshabitada de mí, ausente incluso en los platos del fregadero que lavé una y otra vez durante años; te confieso que tengo miedo cuando pienso en ello, porque lo irreparable sólo se presenta una vez, no hay ensayos. Todo lo anterior es fantasía, y no podemos calibrar su verdadero peso. Imagina que mañana ya no estoy y quizá de esa manera, puedas echarme de menos.
Quizá todavía quieras reparar mi vacío no  con vendas, sino con besos.
Firmado,
Tu vida

domingo, 22 de marzo de 2020

Cui prodest

¿Qué diría el señor suicida de la vida que ha llevado?
La pregunta sonó en la habitación por la que entraba una luz triste, qué días más raros eran aquéllos, en los que ni el sol andaluz, normalmente tan gitano en un sentido alegre y descuidado, no quería aparecer por si alguien le pedía una buena noticia. Y sin embargo las había, porque siempre se inventa la luz a sí misma incluso en épocas de oscuridad , por ejemplo había llegado la primavera con una bata de flores y de alergias para cubrir las miserias de la gente; lo que pasa es que nadie podía salir a disfrutarla. La última vez que estuve en este blog fue la semana pasada y mira cómo en unos días el mundo se ha vuelto más viejo, se ha cubierto de un manto de silencio como nunca creí que podría experimentar, y la realidad es esa película mala de la que hablaba en la última entrada. Podríamos falsear como hacemos siempre, mis fantasmas y yo, y decir que estas vivencias son la excusa perfecta para extraer moralejas sobre el buen vivir y el no quejarse por tonterías, pero a estas alturas de la vida ya nos conocemos, y sabemos que si mañana se levantara el estado de alarma y fuéramos libres, pasada la primera borrachera de aire limpio, volveríamos  a lo de siempre, ese sistema de actos repetidos con los que pagamos nuestra supervivencia, precisamente la maquinaria que acaba de pararse. Las consecuencias de este parón, de esta avería por así decirlo, todavía no podemos ni imaginarlas, a un nivel económico, así como el coste de vidas que toda crisis sanitaria deja tras de sí. Leyendo compulsivamente estos días, sin embargo sólo se me ocurren ideas que me reconcilian con la angustia y la esperanza a partes iguales ;no hay nada nuevo bajo el sol; si buscáis algo sobre la gripe de 1918, veréis imágenes como las de hoy en Ifema; si escucháis a los voceros de las conspiranoicos, encontraréis fuentes tan dudosas como las ruedas de prensa oficiales, donde unos señores muy serios nos arrojan migajas de información repetida, indecisa, poco clara e inquietante, nos dan las cifras del miedo para que estemos muy quietos como una gacela entre los arbustos, y lo peor es que estamos de acuerdo en perder las libertades más básicas. No estoy defendiendo a los que quieren salir de paseo, puesto que también estoy confinada como todos los ciudadanos sensatos, sin saber cuándo podré salir a alguna parte que no sea el supermercado, sólo me sorprende que en los círculos más íntimos, o en los escaparates de lo zafio que ahora todos tenemos a nuestra disposición, nadie se haga preguntas. Echo de menos que la gente no esté indagando o imaginando el por qué de todo esto, echo de menos que como en Roma, nadie se atreva a elevar un "Cui prodest" lo suficientemente alto y claro como para poner en aprietos a nuestros dirigentes, tan confundidos y humanos como nosotros, por lo que se está viendo, pero mucho más responsables y desde luego mejor remunerados que los esclavitos de primera línea de batalla. Estos días en las páginas de quejas  ciudadanas veo mucha indignación , por ejemplo en la de mi barrio, donde todo el mundo se felicita por el civismo de asumir el confinamiento, pero aparte de la propagación de toda clase de bulos y perseguir con mala baba al adolescente que se sube a la azotea a beber con un colega ( criminalización del semejante, esto es una cosa que no deja de sorprenderme en situaciones de crisis, exactamente igual que en el patio de colegio), dijérase que estamos diseñados para volvernos contra nuestro prójimo si no obedece, supongo que esto empezó en las cuevas, continuó en los campos de concentración y contínúa en los ambientes laborales actuales, como muchos sabréis reconocer si estáis trabajando; ahora que los pelotas están escondidos , temiendo por sus empleos e hipotecas,me pregunto si esta extenuación psicológica nos llevará a ser mejores personas, y la respuesta es no, me temo.
No me cojáis manía si sois de los que están animando a los demás con "Quédate en casa", a lo que habría que añadir, "No te queda otra", yo también lo hago porque sólo soy una niña más del patio y tengo miedo como todos. Hace dos días tuve que arrojarme a los brazos virtuales de Javier Iriondo, en una conferencia on line, bastante inspiradora en la que no nos prometió fechas de liberación   (preciosa la historia del director de orquesta, recordadme que escriba un texto sobre ello) ni unicornios rosas en este proceso de crecimiento interior  ( o decrecimiento, dependiendo del individuo) pero nos habló bellamente del sacrificio de tantos y tantas trabajadoras que están perdiendo la vida ayudando a otros en su último aliento, esto que tampoco es una cosa nueva y que al final nos define y nos da una luz divina como seres humanos.
Todo mi dolor se concentra en ellos, porque están alcanzando la dignidad a base de sudor y lágrimas; en los mejores momentos elevo oraciones secretas por ellos y para que la derrota no nos alcance a los demás, para que no seamos, aparte de heridos, también engañados, aunque me temo que esto de la derrota se ha producido ya. Ahí arriba los inteligentes de verdad, los poderosos, los estrategas, saben muy bien cómo nos comportamos las ovejas y hacia dónde vamos a ir cuando nos digan que todo ha pasado.
Deseo de todo corazón que tengan una fecha de término a esta pesadilla, porque significaría que alguien puede controlar la incertidumbre, y volverán los conciertos y los abrazos y todo aquello que nos hace vivir una vida que merece la pena.
Y por encima de todas esas cosas, la joya de la corona, la libertad, tan modesta ,de poder salir a ver atardeceres.
"Mi vida estuvo bien, sí; nunca pasé hambre y a los catorce años me preguntaba mientras leía el diario de Ana Frank, si alguna vez me tocaría vivir algún trozo de infierno, como les ha tocado a tantos otros; la verdad que no, crecí en un período histórico de paz donde sólo morían los pobres que huían de la guerra de países que no nos importaban, vamos, más o menos lo que ha pasado siempre desde que el mundo es mundo; tuve acceso a buena salud y hasta que no vi un tanque en la tele, en la plaza de Tianammen, creí que todos los estudiantes tenían el derecho de traicionarse a sí mismos y llegar a viejos, pero también  aquello lo olvidé. Ahora, cuando llego a la edad mediana, azota mis días una epidemia que nos borrará del mapa a muchos que sobramos, así que prefiero dar un paso al frente y acabar con todo por mi propia mano"-.respondió el señor suicida, sin saber que el cielo estaba limpiando todos los malos humos, que la luna había aprendido a peinarse unos cabellos de plata que ningún poeta había visto jamás, y que en una oscura cueva, en el país de las montañas azules, estaba naciendo otro profeta que cambiaría por nuevo todo lo viejo, la mierda por rosas frescas, la productividad por humanidad y la prisa por tiempo. El tiempo que usan las vacas tan tranquilas para comerse la hierba de los pastos, el tiempo que a él siempre le había faltado, tan adiestrado que ni a la muerte podía esperar tranquilo.

jueves, 12 de marzo de 2020

El infierno de los otros

No me sale nada, ya no me sale escribir, como no me sale follar ni tener ilusión por nada que no sea amanecer, tomar un café caliente como caliente antes era mi corazón, soñar la utopía de mi libertad que ya se ha escapado como una gaviota enferma, ya no veo el mar desde dentro de mis párpados cerrados, ya no siento la esperanza como una rosa  en el pecho que guarda cicatrices nuevas, ya no persigo los ciervos de la sensualidad ni los olores de la hierba cortada; desde mi ventana alguien ha levantado un muro de ladrillos chatos y me ha defenestrado las ganas. No digo que sea para siempre, ni que el drama se imponga en mi vida como una mala costra, será seguramente el postre de  tantos malos ratos, días largos como una película mala a la que no le ves el final aunque te atreves a imaginarlo. Sin duda será sólo una racha, como una estación de invierno o una gripe de otoño, un viento coronado de virus y de miedo para que luego estalle otra crisis económica, una página repetida del libro con las tapas sucias. Siento que ya no hay nada nuevo en la escena, siento haberme dejado derribar así, siento mucho no creer en las hadas y haber abandonado el amor, que todavía quiere oler en mi piel como las sábanas sueñan la pastilla de jabón con la que duermen, siento tanto haber dejado que me hicieran esto, que sólo puedo pedirme perdón y tratar de abrazarme sin brazos. Respondo con una paciencia falsa y apunto a mi alrededor con el Kalashnikov de mi desastre emocional, y doy los mismos espectáculos tristes que echo en cara a los viejos, y me recompongo en formato ceniza pero de ahí ya no sale  fénix sino un gorrión desplumado y triste. Tengo envidia de la fuerza de los jóvenes, que todavía no saben de la derrota interior, a Dios gracias, incluso envidio a la muchacha que viene a limpiar por horas porque ella tiene esa cualidad que a mí siempre me ha faltado, la aceptación de la familia, numerosa, pobre y muchas veces enferma, como parte de la normalidad de la existencia, no hay preguntas que hacer cuando se trata de familia, señoría, salvo amar mucho, luchar mucho, trabajar mucho, hacer piña y desde luego no preguntarse nada. Quién se pone a cuestionar nada cuando los padres son mayores y cerriles y han enfermado, quién se pone a analizar nada de estas cosas, quién si no un tarado de la vida, un animal enjaulado, un ratón de biblioteca, un exiliado de sí mismo, un bicho raro, una araña que teje telas de mala calidad, una torre torcida, una planta defectuosa. Quién si no puede pensar en cómo salir de callejones sin salida que impone el deber moral pero no la natural tendencia al escapismo. Dónde están las flores cuando el sol se oculta, dónde queda la fe cuando la cerveza ya no es un plan, dónde se esconde el deseo de jugar cuando ya no hay recreo, dónde está la luz cuando dejamos mandar a las sombras.
Hoy no lo sé, mañana quizá.
Quizá mañana.

sábado, 22 de febrero de 2020

La mujer abismo

Tras las cortinillas, llegando de la calle, intentando hacerme a la idea de que aquélla iba a ser mi casa por unos días, la sorprendí hurgando en su herida con una naturalidad pasmosa; era el saludo inicial, hola buenas tardes, qué tal va todo, y allí estaba ella, sentada sobre la cama asomada a su propio abismo. En mi mente que completa lo que los ojos no pueden o no quieren ver, se dibujó una mujer montaña, o mujer ladera, con un agujero volcánico en el centro, por el que los jugos gástricos corrían presurosos como ríos robados al manantial para encarrilarlos de nuevo a su lecho materno, por ver si la naturaleza quiere recoger lo que es suyo y ponerlo otra vez en funcionamiento. Con ella llevaba bolsas de varios colores y misterioso origen , la nutrición por un lado, los jugos por otro, porque los demás fluidos que el cuerpo produce se los sacaban puntualmente cada mañana con métodos que no me atrevo a calificar, y las curas tomaban un tiempo que a mí siempre me faltaba para salir huyendo. He leído, a lo largo de mi vida de cristianita inquieta, más de un libro sobre estigmas y vidas de santos, y las cosas asquerosas y humillantes forman parte de mi imaginario cultural, tampoco me sorprenden ni me escandalizan , pero sí me levantan el estómago. Y ya sabéis todos que cuando el estómago se pone de pie, nada vuelve a ser lo mismo. La paciencia es una sopa fría que no sabemos cuándo vamos a tener que tomar, y casi con lágrimas en los ojos vuelvo a repasar mi vida  mientras trato de entender la de la mujer abismo, qué edad tiene, por qué le pasó eso, cómo es posible que esto le parezca normal,  cuando la verdad es que a lo mejor no le parece nada, ni bien ni mal ni lo del medio, simplemente le pasó y punto, somos demasiados los que le damos vueltas al coco tratando de tirar del cordel que nos dé una respuesta cuando la verdad es que no siempre la hay. La he visto caminando alguna vez, como si no pasara nada, con los cascos puestos y de la mano del novio que a todos nos sale en el hospital, el gotero con sus ruedecitas, por el que se puede hacer el paseíllo encapsulado en el cosmos sanitario, la he visto dando instrucciones al equipo médico para juntar la pasta con su carne, taponar conductos, separar tripitas y poner antenas al artefacto que forma parte de ella, pendiente ya sólo de su próxima operación en Marzo. He oído conversaciones absurdas y carentes de contenido con la lejana familia a través de videollamadas de WhatsApp y me he tragado olores que tardarán mucho tiempo en desaparecer de mis meninges. Me he preguntado muchas veces y yo qué, qué estoy haciendo aquí, aparte de intentar curar a través de una extirpación lo que me viene molestando no se sabe si por genética o por mala alimentación, o porque gestiono mal mi existencia de helecho deprimido con paréntesis de actividad o simulacro de vida, y luego me he llamado al orden, no seas tan dura contigo, Mary Pili, que ya tienes una edad y esto es sólo la tormenta que precede a otra etapa, quizá más limpia de nubarrones y de chorradas, quizá con mejores hábitos y oportunidades de felicidad pasajera como lo que es en si la felicidad, un desfile de pajaritos de hielo que se derretirán en tus manos finas, cada vez más listas y deseosas de libertad. Han sido unos días de guerra pero sin guerra, donde he podido  apreciar la profesionalidad de los cirujanos, oír hablar a algunos de ellos que esta semana se van a operar a gente a Africa para liberar cuerpos, desanudar extremidades, echar a volar vidas con la oportunidad de los avances en salud que gozamos en Occidente como si fuera gratis, que lo es, pero no valorado, he podido apreciar tantas cosas como en aquellos lejanos quince años en que el hospital Virgen del Rocío me acogió por primera vez por haberme convertido en un árbol torcido, aunque en aquella ocasión sólo pudieron estropearme más. Ahora he vuelto como una señora que precisa deshacerse de una pieza y he vuelto a ver tantas cosas que lo único que deseo es sol y mar hasta el último de mis días. No sé cuánto tendré que cambiar en mí para que el viaje continúe en las mejores condiciones; puede que haga lo mismo que la muchacha abismo y no me haga más preguntas de las necesarias mientras se cierran mis propios agujeros.
Y buscar( eso si, por favor) el sendero de los jazmines y de las rosas.

miércoles, 22 de enero de 2020

El cuento más bonito

Como en los cuentos, recibí un nombre nuevo al sonido de tu  primer llanto; un sonido puro que venía de lo desconocido, de un lugar absolutamente limpio, y rompió con fuerza cualquier atisbo de comodidad desde ese momento y hasta el presente.
Como en los cuentos, saliste con una llama de fuego en la cabeza en forma de cebolla mágica, menuda pelambrera; unos ojos profundos e interrogadores y una boca rosada como un corazón nacido en el medio del bosque.
Como en los cuentos, tan bonita como para temer la envidia de las brujas malas, y tan lista como para aceptar la vida sin que te importe la lucha; digamos yo fui la teoría y tú eres la práctica, yo escribí unos renglones desde mi idealismo cobarde y tú vienes a completar el texto con una valentía y una honestidad que muchas veces no entiendo.
Porque yo he vivido, hija, y ya no creo en la amistad cuando de brillo personal se trata, ni de intereses desnudos cuando los humanos se juntan, el interés y el desnudo digamos son contrarios pero la juventud no lo sabe.
Aun así, como eres agua limpia me niego a desengañarte, y tendré que aceptar dejarte libre para que vivas por ti misma, lo único que puedo ofrecer es mi disposición a estar aquí para ti hasta mi último día en la tierra, que no es poco para alguien desapegado como yo.
Así pues, felicidades mil, querida hija.
En el cuento más bonito, la princesa cumple hoy dieciséis años, y en el palacio bullen las cocinas para celebrarlo, ignorando por un día la zozobra y los fracasos.
El sol que bendijo aquel oscuro rincón del mundo que era y sigo siendo yo se empeñó en quedarse para hacer más auténticas todas las cosas, en medio del desierto de los calendarios y la tristeza, y la luz llegó para quedarse.
Esta tarde brindaré para que sigamos teniendo la capacidad de entendernos y no sólo amarnos como se aman las familias, por costumbre y ADN.
Y como me gusta el agua limpia me gustas tú aunque seas mi hija, con una entrega infantil que nace como un arroyo de montaña dentro de mi corazón agrietado que reparas con una comprensión difícil para tu poca edad.
Gracias por tu mirada nueva, gracias por tantas cosas.
Feliz, feliz cumpleaños.

miércoles, 1 de enero de 2020

El gen de la soledad

Arrecia fuerte el gen de la soledad, me empuja a bares y situaciones en las que seguramente tampoco sería feliz; me cuenta al oído todo lo que me perdí y me estoy perdiendo, y aunque en el fondo de mi corazón zen sé que no me he perdido nada importante, porque nunca hice nada que no quisiera o digamos, todo lo que hice fue porque así tenía que ser, el gen de la soledad sigue espoleando, me susurra lo ridícula que parezco cuando cuido a alguien, cuando comparto techo con alguien, cuando tengo que ocuparme de alguien más que no sea yo, y esto incluye los lazos maternales, tan jodidos y asfixiantes para uno mismo y tan inevitables cuando has sido tú la nave nodriza y deseas controlarlo todo.
Espero no estar castrando a mi hija como seguramente me castraron a mí, con acciones y palabras sutiles en un bombardeo diario de información errónea que rápidamente te da un sitio en el mundo, en la familia y en la sociedad; después de leer "Ordesa" de Manuel Vilas, sé que esto no es posible, porque estamos unidos por una base muy sólida, una amalgama de experiencias y frustraciones que todo el que se haya tenido que ganar la vida alguna vez comprende perfectamente, o todo el que haya sido padre o madre, o todo el que haya creído lo bastante en el amor como para permitirse una relación larga en el tiempo, o quien se haya levantado alguna vez de la cama con la obligación de llenar las alforjas de recursos.
Vivir es un trabajo en sí mismo, si exceptuamos para aquellos que escriben mensajes positivos como quien se tira cuescos con cuyo olor y, a golpe de entusiastas conferencias,  intentan paliar las frustraciones de los demás, de los esclavos que sufren porque se dan cuenta de que lo son y quieren dejar de serlo. La tarea del gurú en este caso es conseguir que los esclavos se convenzan de que no están tan mal, de que la vida no duele y de que es posible, con el dominio de la mente y del espíritu, transitar por este barrio siempre con una sonrisa en los labios, aunque sea más falsa que un duro de chocolate.
Mi gen de la soledad sabe que esto no es real, porque las capas del vestido que llevamos sólo cubren por arriba, cuando llega la noche y nos desnudamos hay un espejo pequeñito con el azogue muy brillante, el espejito del diablo le llaman , que es el que nos da la medida real del ser que somos.
Ahí todos sabemos si somos grandes o pequeños, libres o esclavos, amados o soportados, deseados o simplemente retenidos, dioses de nuestro tiempo mortal o meros supervivientes, casi siempre una mezcla de todo, y entonces le pedimos al sueño que nos saque de ahí.
Sé que estoy sola, ya lo sabía de pequeña, y leer libros como el de este amargadillo(no es el único, también está Millás en mis últimas lecturas) confirma esta certeza, y no me refiero a sola en la vida, social o civilmente, como oveja de rebaño no estoy sola, no, lo he sabido hacer en ese sentido, mi vestido fue lo bastante atractivo como para enderezar mi vida, y el trabajo que hice conmigo también surtió efecto a raíz de ciertas grandes y profundas decepciones, después de todos aquellos años de ninguneo y mal querencia supe despertar, aprendí, que esto es una cosa fundamental que pueden hacer los seres humanos, aprender de lo vivido para valorarse y darse un abrazo grande a una misma, que no nació para ser mártir sino  para obtener agua como si fuera flor y sol para verdear las hojitas y luego a cambio poder florecer, no para mustiarse en un rincón mientras crece el ego de otro o de otra que hace ver que es aliado pero no es así.
Y con todo el equipaje de quien va para sabio o desea serlo, en el sentido de mantener la calma por encima de las tormentas mientras llegando a tierra se pregunta qué será lo siguiente, tampoco pienso dejar que gane mi gen de la soledad y me haga abandonar a los que quiero, aunque tenga yo, como todos, el derecho básico a masticar mi soledad  sin entregas ni sacrificios, como ya hacen en mi familia desde hace algunas generaciones, todos somos como islas que no desean rozarse y cuando lo hacen , parece que no dan la talla como no la doy yo.
A veces no puedo con mi disfraz, con mi sambenito, con mis obligaciones y mareos; a veces sólo quiero dejar de preocuparme, tirarme en el solaz de una vida caótica llena de libros, en aquella torre de biblioteca que fui capaz de ver mientras leía, entregarme a la lectura como aquellas otras mujeres incomprendidas de la historia silenciada a las que no les interesaba nada más, y llegar así a una profunda felicidad o al menos a la anestesia de los sentidos en pro de un cierto conocimiento.
Pero seguramente ése sería otro disfraz, otra búsqueda inútil, otra fuente de remordimientos, porque quién quiere quemarse las pestañas entre libros habiendo tanto por vivir, por beber, por conocer, por besar, por bailar, por experimentar.
Quién puede saber si en el fondo siempre andamos buscando la paz para con nosotros mismos, el consuelo de saber que vivimos por algún motivo que merezca la pena. En mi caso, y como siempre, tengo el consuelo de saber que en literatura no hay tabúes.
Mientras los que escriben sigan trabajando poniendo nombre a las cosas que me pasan, a mí, tan sola en el cosmos, resulta que no, que no estoy sola; porque hay alguien que se atreve y escribe realidades no edulcoradas sobre esta lucha viva, la pura contradicción del amor y el tedio, ese odioso balancín de emociones y desequilibrios, y la prosa te habla y lo comprendes, y no hay ninguna voz crítica que te riña o te diga "anda no seas así", porque las familias no hablan de esas cosas, de hecho nadie habla de sentimientos, nadie habla de lo que importa, y es mejor que no lo hagas ahí fuera, de lunes a viernes, en tertulias o reuniones, porque pasas por negativo depresivo o sarcástico o cínico o vete a saber qué mas.
Como si uno no pudiera reconocer lo cutre para luego levantarse enseguida, quitarse el polvo de las botas y esbozar una sonrisilla de comprensión, así es.
Se puede reconocer la soledad y luego ejercitarse en meditación , en esperanza, en cielo azul aunque estés compuesto de un ochenta por ciento de vapor de agua de color negro.
Por qué no.
La literatura es el hada que hace posible reconocerlo así.
Somos este raro milagro de deseo y de muerte, de lucha y de pena, de dolor y placer, y en el medio hay un montón de barbaridades , convenciones y engaños.
No pasa absolutamente nada.
Se puede escribir y seguir viviendo.
Yo quiero hacerlo mucho más en este 2020, y cuento con el aplauso de mi torpe corazón.
Y con el amor de vosotros, unos pocos, para que sigáis estando ahí, haciendo de espejito del diablo que da la talla real  de todas mis versiones y viviendo vuestros propios caos con toda la alegría de la que seáis capaces.

Feliz año nuevo y palomas de luz y prosperidad saliendo de esta chistera en 3,2, 1 …..YA!

domingo, 8 de diciembre de 2019

Cúbreme

En la ducha dejo que salga el pis libremente y trato de pensar en el momento en que sea inevitable y se me salga solo. No es un juego macabro, es sólo la necesidad de fantasear con el momento en que perdemos toda fuerza individual para pasar a ser trapitos de fibras en manos de la bendita sociedad, este grupo de enfermos mentales que juegan a acatar normas como si no pasara nada y con eso se aseguran que está todo bien, que mañana no pasaría nada si se abriera otra guerra, que los vecinos y la familia nos quieren de verdad y que  no serían capaces de lo peor si volvieran a tener libertad para hacerlo, y así somos capaces de llegar a viejos para creernos nuestras propias patrañas que son tan tranquilizadoras y nos dan tanta calma como para que podamos seguir vivos.
Supongo que todo el mundo ha visto cómo se trata a los viejos en la intimidad cuando los cuidadores se creen a salvo de miradas, y supongo que todos habéis visto cómo un cazador dispara y arrastra a una perra recién parida y también habéis visto este país curtido en hipocresías y odios cómo rebaja hasta poner a precio de saldo  las caretas  de sonrisas y de discursos normalizadores para quitar hierro a lo importante, una vez más, para que podamos seguir con lo nuestro, para que podamos  seguir vivos tachando de dramáticos a los que sólo dicen la verdad.
Supongo que siempre ha sido así, que el ser humano ha tenido que callar la voz del alma para darle paso a la cañada real, el cuerpo físico con todas  sus putas necesidades, darle curso a todos los miedos para tratarlos como se tratan las décimas de fiebre , con pastillas y olvido, para que sigan ocurriendo las mañanas de rutina y para que la ley pueda seguir siendo cumplida del lado de la mayoría  y todos tan felices.
Lo he dicho alguna que otra vez, que cuando uno está cómodo tiende a perder neuronas, y me sigue costando mucho encontrar el equilibrio entre el deseo de felicidad y la rebeldía que me fue inoculada sólo en esos aspectos de mi ser que no se ven, quizá sólo se despierta cuando bebo, quizá tenga que empezar a ponerle velas a san Bukowski o algún otro borracho ilustre que me inspire cómo se vive tocando siempre el filo del abismo que no queremos mirar.
Mientras tanto, leo y releo estas palabras que me encontré en el revés de una puerta de baño en Sevilla, como si de una nueva biblia se tratara, por probar a ver si os gusta a las almas despistadas que por aquí podáis todavía pasar/( sigo echando de menos a Trini, que partió hacia las nubes y cuya elegía compondré otro día, si encuentro las palabras que habrán de ser como mínimo tan claras como lo eran sus ojos, quizá no pueda conseguirlo), y dice así;

"Cúbreme con tus besos como si te importara
lléname del color de los rosales
hazme creer que somos para siempre
arráncame los guantes de fregar
y cúbreme las yemas de los dedos con tus labios
como si fuera un salmo muy antiguo
como si yo fuera la letra de todas tus canciones.
Cúbreme como si no hubiera más mujeres
ni antes ni ahora ni después de nuestro nacimiento
hazme creer en los milagros ya que existen catedrales
y jardines y acuíferos milenarios y koalas
y la luz del sol tiene esa forma de acariciar la tierra
cada vez que muere una jornada.

Cúbreme como si tu padre hubiera estado enamorado de tu madre
como si mis padres hubieran sido dioses de oro puro
y no anómalos despistes en un baile de pueblo
cuando compraron  libertad con un salvoconducto
ámame como si mi cuerpo te hubiera salvado la vida
redimido de todos los domingos
o de todas las veces que tuviste que callar
para  hacer lo correcto.

Bésame aunque esté vieja y fea
porque será cuando más lo necesite
para que mi alma no se olvide de mi carne
y mi sombra siga creyendo en la belleza.

Seamos así libres como los pájaros
y como ellos frágiles y eternos
una noche cualquiera
debajo de ti como un animal suave y conforme
con el raro suceso de la vida".



La última noche

Imagínate si ésta fuera la última noche, y  no pudiera verte ni tocarte una vez más, aunque fuera para despedirme. Imagínate morir solo en ...