domingo, 30 de diciembre de 2018

La libertad

La libertad no suele salir gratis, y quien nuca tuvo que luchar por ella, no sabe lo cara que le salió a toda esa gente que desde el otro lado, con banderas y espejos en los que se rompieron sus vidas, saluda  estos tiempos con un deje de ironía.
Siempre he sabido que de haber sido yo una víctima de las ideas, me hubiera revuelto de ira en mi tumba de escarcha viendo la superficialidad y el egoísmo con que los descendientes trataron sus privilegios hasta no ser más que un decadente grupo humano sin principios ni estirpe.
Sin embargo, lo que para mí es digno de ser preservado y protegido es para otros decadencia y desastre, y como oí ayer en el vigésimo quinto análisis político a pie de calle, entre gente que interpreto como formada y de izquierdas culta en un sentido vital, puesto que vivir determinadas etapas también es una forma de cultura, el límite de lo insoportable es para muchos un simple movimiento migratorio que amenaza lo que creen que es suyo, entendido como qué, los símbolos, las calles, la religión, la economía, el triste puesto de trabajo desde el que te explotan o las cuatro drogas consumistas que para determinadas mentecillas significan la paz y el bienestar.
Tampoco hay mucho más que analizar desde que vi aquel reportaje sobre inmigración en Estados Unidos, en el que uno que había sido inmigrante y que había conseguido montar un bar propio en un sitio de mala muerte estaba totalmente en contra de que otros tuviesen esa oportunidad de escapar de la pobreza que él sí había tenido, aun pagando un precio muy alto.
Como siempre cuando siento frustración o dolor, me refugio en el enfoque del tiempo, que es cultura, y me entero sorprendida que llevamos siglos traduciendo como invasión lo que fue una forma de vida, y de repente me alelo dándome cuenta de que es verdad, no puede ser una invasión algo que dura ocho siglos, es como ponerte gordo y decir que la obesidad invadió tu cuerpo, quizá simplemente te pusiste gordo, y vives como un gordo y disfrutas o sufres la vida como un gordo.( y ahora que los gordos no me miren raro, es sólo una forma de hablar).
En el sur fuimos árabes como otros fueron celtas, y eso nos dio una música y un color de piel y una tendencia a la alegría pero también a la nostalgia barata, y a la pasión y al exageramiento.
Desde ese punto en el que interpretamos las influencias como extranjerizantes( para entender esto mejor , os recomiendo escuchar a Antonio Manuel, escritor y activista andaluz según su Facebook, en cualquiera de sus entrevistas sobre el tema), es muy fácil negar quienes somos y de qué estamos hechos, y pasearnos por el patio de la intolerancia como si nos hubieran puesto en un huevo de dinosaurio de raza blanca y rompiéramos el cascarón ayer por la tarde.
Creo que actualmente, como le oí decir  a un filósofo hace poco, somos una colonia norteamericana y es otra forma de vida, otra invasión podría decirse , y sin embargo no se dice.
Se supone que al tener acceso a la información podríamos haber alcanzado ya un cierto enfoque de las cosas del mundo, después de tantas guerras y tantas mentiras pero qué va, el aborregamiento es hoy más grande que nunca y parece destinado a ser el destino de la especie.
Libertad para Cernuda era estar preso en alguien cuyo nombre no podía oír sin escalofrío, libertad para muchas significa elegir tus propias cargas, libertad es una entelequia, un sueño del que jamás despertaremos, una palabra de libros y de monasterios, de cuartos a donde sólo llega la luz del pensamiento.
Cuanto más vivo menos certezas tengo, salvo que rompemos el guión a cada minuto y como en las historias que nos cuenta la industria de nuestra colonia, expertos como son en retratar libertadores siendo sin embargo esclavistas, sé que a pesar de todo y de todas formas la cosa puede cambiar en cualquier momento.
Como el viento de la tarde puede cambiarte Diciembre por Mayo, y aunque no haya flores de naranjo, tampoco se nota el frío.
Esperar a que vuelva a soplar es una buena opción , y mientras tanto recoger firmas para que Baltasar pueda entrar este años por donde suele, como los futbolistas y los príncipes saudíes, sin destrozarse las palmas con las concertinas, sin que su turbante pierda una sola piedra de esmeralda que como sabéis, son de color verde, como la esperanza.

(Entrada del 30  de Diciembre de 2018, año de la Escarcha y el anís en copa, de la gota y santa Vesícula, bellota feliz por las calles de Sevilla, cuando se vislumbra un cierto empoderamiento del pensamiento propio en habitáculos tan pequeños que no cabría ni el corsé de una avispa).
La foto está hecha en la Alhambra, en Diciembre de 2017.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Borrones



Pues señores, si llego a saber que después de hacer la huelga, iba a tener que vivir el trance de ver cómo la ultraderecha entraba en el parlamento andaluz, sí, Andalucía, la tierra de los señoritos y las jornadas eternas para los pobres, Andalucía la que divierte, como decía la copla que con tanto sentimiento cantaba yo de chica, claro que a mí de pequeña había que hacerme más o menos el mismo caso que de grande, porque lo mismo cantaba eso con mucha conciencia de clase que escribía poemas tristes contando las penas negras de la Pantoja( sí, habéis oído bien, pero esto es por la rama apasionada que todo andaluz lleva dentro y que quieras que no, le hace identificarse con las historias de amor con final amargo y en mi defensa diré también que mi madre me animaba en vez de amenazarme con meterme en un internado, que es lo que hubiera hecho yo con mi hija si escribe aquello),y luego cuando escribí algo "serio" y se lo mostré, me dijo que no le gustaba nada y hundió mi carrera literaria para siempre; pues como decía, ya dejando el diván a un lado, de haber sabido que después de enarbolar yo mi bandera de andalucismo orgulloso iba a pasar lo que pasó, lo hubiera dejado para otro momento cósmico.
Desde el día 2 no he podido cerrar la mandíbula, abierta de par en par, y como según me dicen los analistas esto es sólo el principio, puesto que cuando tengamos elecciones generales será el mismo  Hitler quien tome el poder, en efecto como ahora lo ostenta Trump I el cabrón de cabrones, tomo la sabia decisión de declarar inoperativa a la especie humana a partir de ahora, sin que esto signifique una rendición en toda regla tampoco, a ver, seamos como siempre he sido yo, fantasiosa e ilusa.
Que por mi trabajo esté ya casi doctorándome en misantropía no quiere decir que mi corazón haya dejado de llorar por los que a diario se ahogan en el estrecho, con lo cual atrapada entre el bien y el mal sé que seguiré eligiendo lo que interpreto como luz.
Que las cosas sean difíciles de gestionar y que el miedo sea nuestra emoción básica (los adultos somos niños que ganan dinero *) no quiere decir en absoluto que tengamos que renunciar a la belleza y a la alegría de estar vivos.
Ahora bien, me retiro a pensar y si me lo permiten mis propias medusas  que no musas, porque tengo en el coco muchos malos vientos que me nublan la vista y me hacen danzar sin cerebro como hacen esos animalitos fascinantes, volveré a escribir en el año nuevo, he hecho promesa a la santa Virgen de los Desangelados de sentar mi culo esférico una hora cada día  frente a  este pc que se muere y parpadea igual que en los viejos tiempos que conocí a todos los lectores de este blog, que eran algunos y muy queridos allá por el 2009 y en los años sucesivos, gentes que todavía vibran en mi corazón , algunos muertos otros vivos pero ausentes (creo que la mayoría por suerte siguen en el planeta ), otros pocos formando parte de mi vida física y real (Sue, Virgi) y algunos más que se intuyen como siluetas de azúcar que se dibujan en el cristal de una confitería a la que ya nadie va a comprar dulces.
No importa, el blog se murió como se muere la libertad en Andalucía , como la dignidad es derrotada a cada paso en esta sociedad de mongolitos, en el sentido que todos sabéis y no para ofender a los dulces seres llamados síndrome de Down, el blog se murió y por no tener no tenía ni tía Vinagre que lo despidiera de esta vida miserable, pero fijaos lo que os digo, oh hermanos; hoy al cruzarme un saludo superficial en Facebook con el gran Julio me ha dicho una cosa, "no podrán con andaluces como tú", y yo que no tengo certificado de origen claro, ni apellido autóctono (bueno uno sí) ni perrito de orgullo de nacimiento que me ladre, por mucho que siga haciendo fotos a la Giralda cuando le da por colgarse a la luna como un pasador de pelo hecho de nácar, yo que no tengo nada de eso  sin embargo me he sentido reconfortada, porque como decía el Oz que se ha muerto hoy también, (no el mago, el otro), me toca trabajar por la paz, cada uno debe hacerlo según lo que tenga, y mira, escribir es una buena forma y lo estoy ignorando, porque como miliciana soy muy cobarde y como humana  indecisa, así que aunque me agoten los días como espadas que me sacan los higaditos y luego no me queda espacio ni fuerza para nada, una promesa es una promesa y lo que se promete se cumple.
Estoy leyendo un librillo de una serie que se llama "Personajes malditos de la historia", y en estos dos capítulos que abarca( lo saqué de la biblioteca de mi barrio en un rastro) se ocupa de Fouquier Tinville y de César Borgia.
Al Borgia no he llegado, pero Fouquier cuenta con el honor de ser un oscuro  personaje miembro del tribunal revolucionario durante la ídem de Francia, que mandó matar lo más grande durante aquellos días negros en que bastaba una delación vecinal para enviar a un paisano a la guillotina (¿Os suena?) y que como él mismo decía, no hacía más que cumplir con su deber.
En toda regla era un buen funcionario, y si estáis pensando que no tenía sentimientos os equivocáis porque el tío tuvo sus debilidades y de hecho salvó a alguna que otra mujer joven y hermosa recién enviudada o a punto de hacerlo, demostró una fidelidad a la causa a prueba de bomba con respecto a los principios de la Revolución y disfrutó de una vida familiar al parecer absolutamente compatible con la matanza diaria e indiscriminada.
Llegó un punto que aquello se fue de madre de tal manera que bastaba un error en el apellido para salvar o condenar a un infeliz, un simple monosílabo era considerado una declaración en el juicio sumarísimo, que por regla general podía durar lo que dura una consulta de médico del sistema sanitario español o quizá menos, y tan surrealista que hasta los propios redactores o impulsores de la Revolución acabaron  procesados, porque al igual que en la escalada comunista, la histeria, la cobardía y el sentido del deber deshacían las entrañas de los implicados en un baile absurdo y atronador.
No he tenido más remedio que recordar a mi amado Casavella ("Lo que sé de los vampiros"), que dejó tan pronto este mundo sin contarnos más historias inteligentes, porque bueno, a veces he pensado quizá ése es y de hecho es un libro definitivo, de los que pueden justificar toda una vida.
Resumiendo, la especie humana es bastante estúpida, y gente como yo, con la misma capacidad de estupidez pero más hilachas en el cerebro o corazón o por ahí dentro, o donde sea, sabemos que las herramientas son otras y que es necesario construir refugios  en las copas de los árboles, los bellos árboles que buscan la luz y que después de todo, sólo sobreviven pero qué supervivencia tan hermosa.
Podría caer mañana la bomba definitiva pero ellos lo habrán intentado hasta el ultimo día, humildes e inocentes , habrán sido hogares para pájaros, fuente de color y oxígeno, paisaje y vida todo el tiempo que se les concedió.
Eso es lo que quiero hacer de cara al nuevo año, por lo que nuestra señora de los Desangelados se mostrará compasiva con esta humilde anciana ( así llaman a una quincuagenaria en el libro de Fouquier) y le permitirá cada día comerse su trocito de voluntad robada al sueño y al uso impenitente del móvil en la cama.
Puede que a veces consiga escribir bonito, puede que la mayoría no: si no es el blog será en el Word pero una hora cada día, como el ejercicio que me hace falta para saber quién soy.
Hoy descubrí un espacio de librería y café en Sevilla y volví a drogarme con olores y portadas, hay un escritor cuya novela se llama "Los asquerosos" y el rato que esperé cola lo pasé con unas páginas suyas que me atraparon enseguida; no lo compré, no quiero comprar más libros porque no me quedan alforjas para llevarlos, pero quiero seguir leyendo y compartiendo el mundo con toda esa gente deshilachada que piensa y escribe y lee y casi no hace ni ruido.
Pero sí lo hace en realidad; vaya si lo hace y vaya si llena el mundo de otras posibilidades como también los árboles sostienen el cielo aunque nadie lo vea.
Que sean derogadas la desesperanza y la violencia, y que seamos capaces de convertir nuestra estupidez en una forma útil de dolor o sea en arte.
Sin cerebro pero capaces de bailar como las medusas.



Amén.


*"Los amigos de Peter", película, frase.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Huelga general

Mi abuelo fue un niño trabajador.
Mi abuela servía en San Lorenzo.
Mi madre canta con público pero sin sueldo.
Mi padre respiró barnices toda su vida.
Mis hermanos y yo trabajamos porque hemos tenido suerte....
Remamos en la dirección que marca el viento a base de responsabilidad y madrugones.
Nadie nos ha regalado nunca nada.
Somos esa Andalucía sin enchufes de la que venimos y que va cambiando su cara poco a poco, de la que se dignifica y se come los chistes con papas aliñás.
No somos feria ni semana santa ni ese absurdo tópico de la siesta y barriga que es la punta del espejo de las caricaturas.
Tengo amigas que trabajan y llegan a la cama con la misma ropa que se pusieron a las seis de la mañana, mujeres que han hecho de todo dentro y fuera de sus casas en jornadas interminables.
Somos esa Andalucía que está acostumbrada a no quejarse y a tirar de un carro de siglos de lucha y servidumbre.
Por esa Andalucía es por la que me levanto y hago huelga y sueño con otros horizontes.
No sé para qué sirve,pero mi corazón me dice que tengo que intentarlo.
Para que el gigante sordo pueda percibir nuestro cansancio, aunque no sea más que un ligero rumor de caracolas.
"Parece que protestan los que no son nadie"- le oí decir esta mañana.
Me despertó la bandera verde y blanca, que quizá nunca pueda llevarse del todo el hambre.
Pero ahí sigue,recortada contra nuestro cielo, que es el de todos.
Le pone nombre a mi esperanza.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Copio y pego

A veces tengo ganas, y casi siempre ninguna.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Ya no me gusta pintarme los labios

Me pongo a escribir y no hay manera.
En la tele están poniendo un documental interesantísimo sobre halcones en la ciudad,
En Bombay viven más de 20 millones de personas,
Rumio sobre esa extraña capacidad del ser humano de sentirse parte de un todo, y empiezo a entender hasta la crueldad que nos define como especie.
Creo que como dice Tolle,es posible tener momentos de conciencia en los que uno sabe que siempre ha estado ahí y que siempre estará, por encima del número de carnet de identidad, estado civil o historias personales.
A mí me gusta mucho el café, y me cuesta pensar en que un día ya no será parte de mi  experiencia.
Eso sí.
También tengo ganas de escribir como cuando te pica un mosquito, has dormido lo suficiente y sientes que tienes ganas de contar cosas, cosas como vidas de gente que no quiere molestar, que desea pasar desapercibida, mientras que otros carecen por completo de empatía o dignidad.
En la tele ahora un enorme siluro nos recuerda la evidencia de que las formas de vida escapan a cualquier limitación.
Me hace pensar en los sapos odiosos de los cuentos de Andersen que se casaban con hermosas golondrinas, o no era así, en cualquier caso en este mundo también odiosos adultos manosean la carne inocente con sus sucias zarpas, y si arderán en algún infierno, para la víctima no cambia nada.
Me pongo a escribir, porque estoy soñando con una mujer privada de vista y sobrante de apetencias, y quisiera dejarla escrita como si fuera un beso sobre la sábana santa.
Hay ganas de subir alguna montaña, de paladear algún plato nuevo, de implantarme pestañas, de combatir el efecto de cruzar umbrales para los que nos dieron instrucciones erróneas, de felicitar amigos de Facebook, de escuchar flamenco volviendo a los orígenes, hay ganas de vivir, después de todo.
Llueve y enciendo el pc nuevo,(en mi cabeza resuena el pedante lap top,) y me doy permiso para dar rienda suelta a la imaginación, para cometer errores, para hacer algo que me guste a mi.
Me levanté con ganas, pero con este panorama de domingo de noviembre, con monos de la India en la tele, la lluvia cayendo incesante y un resfriado que avanza lentamente, no sé yo, así no hay manera.
Ah, lo que no he dicho es que ya no me gusta pintarme los labios.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Carta a una dulce niña cansada de esperar

En las estaciones, en los muelles, en los cuartos apenas iluminados de las posguerras, en los pasillos del instituto, en las antesalas de los dentistas, en las entrevistas de trabajo, esperamos, esperamos, esperamos que los dioses nos elijan de entre un montón de posibilidades, amenazadoras y crueles como parecen siempre las cartas de las barajas ajenas.
Que yo sé mucho de esperas porque he pospuesto mi vida desde casi la escuela primaria, entregando mi inocencia a frailes que podían conceder el milagro de aprobar un examen flojo, y luego a pequeñas vírgenes escondidas en cuevas que obraban  la maravilla de traer el amor hasta la orilla, sin olvidar a aquel Cristo polvoriento que vivía en la capilla de un cortijo y al que me aficioné en mis mañanas de viajes por el Aljarafe sevillano, dentro había una atmósfera pesada y amarilla y parecía mentira que allí se pudieran obrar milagros, pero a juzgar por los exvotos y chupetes de plata estaba claro que sí, que es posible, porque donde está la fe está el poder, y de allí, de entre las manos de ese Jesús un tanto ajado salía mucha felicidad humana.
Del huevo de la tendencia a pensar demasiado salí yo, y con pasos torpes fui a hablar con él porque necesitaba amor, en aquellos meses el amor de alguien que no quería amarme, al menos no a mi manera, que eso es una cosa que se nota enseguida, cuando la ropa que te presenta el destino no es de tu talla, eso se sabe, pero joder, esa chaqueta es tan bonita, me hace sentir tan bien, que ojalá pudiera  servirme.
En aquel caso era un pequeño jardín de las delicias, un patio con algo parecido a una fuente que brillaba con el sol, ya no lo recuerdo muy bien, una sensación de hogar  absolutamente efímero pero apasionante, al fin y al cabo qué son los besos sino una especie de hogar, sobre todo cuando una está hasta las raquetas de ser un alma errante.
Pero qué va; a veces la fe no es suficiente, porque la chaqueta aprieta en los codos, se queda ridícula en momentos importantes, se convierte en un trapo patético cuando una espera otra cosa, y me he preguntado muchas veces, durante ese proceso de aceptación, si podría ser cuestión de tiempo, una vez más, así como todo termina encajando en su sombra con el paso de los años, si se trata de sentarse a esperar a ver cómo caen las hojas de los árboles, sin estresarse haciendo preguntas a una misma y a otros hasta que al final la madeja se enreda y vuelve el dolor.
Cuánto mejor no será  eso que enfadarse con la casa pequeña, el novio olvidadizo, la hija pasota, el trabajo granujiento como un papel de estraza que me va lijando las ilusiones en cada amanecer, los huesos de color violeta de la cierta edad (tan incierta por otra parte),la tristeza de Septiembre con sus despeluques emocionales( cuántas veces me has engañado, Septiembre, porque siempre llueve y esa lluvia promete cosas nuevas),la perra desobediente que me deja tirada al borde del barranco y se come una mierda tan ricamente, mientras grito y le tiro piedras y se limita a mirarme para enseguida seguir con su asqueante experiencia.
Yo también esperaba que fuera más inteligente, la perra, y que hubiera querido evitar la coprofagia frente a mis amenazas y mi desesperación; pero esperar cosas que los demás seres vivos no están dotados para dar no es una buena opción.
Puedes estar agotada, tontorrona, deseosa de lluvia y abrazos, clamando por el derecho a saciar todo eso, pero por mucho que los besos sean el  único hogar que tienes ahora mismo, si no tiene que ser, no será.
No hay mala intención, sólo es incapacidad, porque las orquídeas no tienen patas y los pulpos no son aficionados a leer novelas, así que no hacen footing ni frecuentan bibliotecas.
No te enfades con ellos, dulce niña; no pueden evitar ser como son, pero también son bellos, no me digas que un pulpo no es una criatura increíble y las orquídeas no son preciosas.
La buena noticia es ésa, y otra más es que al igual que tú ya no quieres esperar más, en este momento hay alguien que busca entre las flores la más rara, un explorador que está hasta los huevos de ser un alma errante y que desea por encima de todo convertir en hogar el pequeño paraíso de unos besos,  y quizá  ése y sólo ése sea lo bastante bueno para ti, si se lo permites.
Ya sabes que la fe es la fuente de todo poder, y aunque no creas en cuentos de hadas, ya creeré yo por ti, al fin y al cabo también lucho cada día para conservar la fe que a veces parece una sardina en aceite y otras una rosa resplandeciente (las menos, pero ahí está).
Creo en pulpos y en orquídeas, y creo en los soles y en los cielos que me hicieron enamorarme aquella vez no correspondida, cuando bajando del montecillo una soberbia puesta de sol coronó de luz todas las redondeces de las nubes, como él me colmaba a mí o yo me lo inventaba, y llamé por teléfono como si fuera Stevie Wonder rancio , con cualquier excusa para hablar de chorradas cuando en realidad quería contarle tan sólo lo bonito que estaba el cielo aquella tarde al salir de su casa.
Fue uno de esos instantes de ridículo, con mi camisa de amor casi atrapándome la glotis me di cuenta de que nunca sería el edén más que un pasatiempo, que es justo lo que son los juegos hasta que empiezan a doler.
Y luego todo floreció en otros caminos y otras puestas de sol, cuando ya no lo esperaba.
Por eso cuando tengas la tentación de esperar demasiado, lo mejor  es sentarse y ver caer las hojas, que son tan bonitas y se han muerto ya como si tal cosa porque eso es lo que tienen que hacer, llenar el viento con sus besos crujientes y alfombrar las aceras de una muerte que no parece muerte sino renovación y esperanza.



https://youtu.be/Z7pAhNumuvo?list=RDZ7pAhNumuvo

domingo, 2 de septiembre de 2018

La paz

Es domingo y quiero renunciar a todo, se dijo.
Su cuerpo se negaba a adelgazar  después de tantos años de maltrato, que te den por culo, si me das te lo multiplico y si no quieres no me des, imagina que soy como una flor que recibe agua y no quiere secarse, si alguna vez quieres secarla tendrás que reducir la cantidad hasta casi matarla, y entonces según tú lucirá más bonita, dijo el cuerpo.
Y ante tal radicalidad, no pudo más que quedarse callada.
Sí, como las hojas de los libros, que se multiplican si alguien las escribe, si no hay atención nada puede crecer ni prosperar, esto lo sabe hasta el viento del norte, que está perfectamente diseñado.
La pregunta para hoy es si conviene más cerrar los ojos o abrirlos.
Darse cuenta de la realidad que tomamos por buena o ignorar tantos y tan frecuentes gritos de ayuda.
A mi alrededor ruge un mundo desesperado, cada día la emoción nos arrasa, dentro de 50 años la psicología será una ciencia básica para la vida , todo esto si juntas  las frases verás que es verdad. la cuestión es si seguimos siendo humanos o hemos perdido la cualidad de compadecernos, de nosotros y de los demás.
Desde mi lugar de trabajo, que es como ser copiloto del diablo, veo a diario mucha desesperación, y eso que no soy del ámbito sanitario; pero la gente es tan contradictoria, tan surrealista, y ese mismo mundo odioso lo lleva cada uno de nosotros dentro como una caja de Pandora , siendo éste el mayor de los misterios.
A veces te dan ganas de matar, otras de abrazar (la verdad las menos) pero no deja de ser un aprendizaje constante.
Tomas conciencia de que los juicios de valor y las torres de cristal no sirven para nada.
Es domingo y quiero hacer tantas cosas, un par de llamadas, dos lavadoras, medio libro de un escritor de nombre impronunciable (autor de "La belleza es una herida"),limpiar algunos metros de suelo, quitar los vasos del vinagre, trocear pimientos verdes para hacer con pollo y fideos chinos, terminar el vermú aguado y lo más difícil de todo, inaugurar una saga mítica, una familia cuyo reino esté por venir con sus legiones de fans y hojas de bosque, yo sé que a poco estímulo que me de su cosqui bendito se me van a desparramar las palabras como la polución de un dios mono que se aburre solo en el fondo del bosque.
Claro que ni siquiera eso puedo hacer a tiempo completo, porque también me interesan los contornos de ojos low cost (hay tantas you tubers de belleza que he flipado y la verdad que engancha), las mascarillas  de algas y limón de una empresa vegana que tengo que localizar como sea para despigmentarme esta cara de inocente vieja aficionada al sol marino, y los nutrientes del brócoli y la necesidad de renunciar a los lujosos packaging por el bien del planeta.
Y me queda espacio para lamentarme por no haber nacido en Noruega, o en cualquier otro lugar del mundo donde matar toros no sea un deporte nacional o lo que es peor, sinónimo de cultura, porque aunque no vaya conmigo, me duele que eso esté pasando ahí fuera, como me duele que el perro Cooper se pudriera durante tres meses en el suelo de una cocina de una casa donde vivía también una niña (teclear en Google perro Cooper adopción, en caso de morbo), y aunque los barrancos estén llenos de perros y el mar lleno de muertos es indudable que por inútil que eso sea, yo sigo arrastrando su dolor, aunque sea bajo las pequeñas olas benéficas del aire acondicionado.
No me quedan fuerzas para mucho más, y esto me preocupa, porque tendré que atesorar el pequeño tarro de energías para conservar mi  luz, que es como una vela indiferente a las tentaciones del infierno.
Ese infierno del que la mayoría no sabe o no quiere escapar, enganchados a las malas noticias que se transmiten desde los altavoces de la infamia.
La paz, sin embargo, es chiquita y humilde, como una mariquita que se posa en un alféizar.

La libertad

La libertad no suele salir gratis, y quien nuca tuvo que luchar por ella, no sabe lo cara que le salió a toda esa gente que desde el otro la...