jueves, 19 de abril de 2018

Sabrán los pájaros que han de morir?

Reflexión del día en que decido volver a leer y escapar de las garras del móvil, que es ya mi periódico, mi guía, mi compañero de metro , mi ventana al mundo y mi mayor ladrón de energía, y como se me olvida todo lo que hago en un plazo máximo de dos meses he pensado que voy a poner aquí las portadas de los libros que vaya leyendo, sin hacer crítica espesa, tan sólo un par de apuntes o ideas, para que al menos así el blog me sirva para algo, porque de verdad que ya no sé cuáles son mis libros favoritos de tanto como he leído y olvidado, sin haber dejado memoria ni índice alguno de ello.
Realmente la vida es eso, un pasar página incesante que al final siempre te deja en la presente, la única que importa.
Y aun así, necesito fabricarme bitácoras para no perderme del todo, a una edad en que empieza a dejar de importarme la edad, aunque soy consciente de que el mundo en el que vivo sigue rigiéndose por los mismos patrones de siempre.
Pelín empeorados, incluso, ahora que en verdad empieza la presbicia y el capricho de los dioses perversos que se regodean en aquello de marchitar rosas, como si no hubiera otra cosa mejor que hacer que fijarse en eso.

Oh, querido, abandonado blog, se avecinan algunos cambios muy deseados por mí  que como todos los cambios arrastrarán nuevas rutinas, y entre medias de tales cambios qué decido yo, como si necesitara un paragüitas para la tormenta, pues nada más y nada menos que volver a la biblioteca.
Ayer busqué en las estanterías a Casavella, porque necesito volver a leer los vampiros, a ver si me vuelve a dar  en la cabeza con la varita de la lucidez que tanto envidio, pero no estaba.
He de volver, he de volver a buscarlo como dicen que vuelve la burra al trigo, cansada como estoy del Facebook de Zuckerberg, de las fiestas de mi ciudad, de la política rastrera y de una vida demasiado acorde con las fantasías de un escarabajo pelotero que deseara por encima de todo un rincón del mundo donde ganar un sueldecito, languidecer y morir.
No es broma que algunas noches deseo sacar la fusta para azotar mi caballo, que es perezoso y empieza a ser viejo, y no me saca de la llanura sino que más bien me lleva a los mismos páramos de siempre, donde disimulo ante gente con la que no tengo nada en común.
Menos mal que ahí están los libros,  a los que he de volver siempre hasta el fin de mis días.
Ahora que tengo lo que muchos desean, una cierta estabilidad si es que ésta es posible para quien rigen las mareas con sus lunas, podría sin duda plantearme escribir a pequeño, a corto , a medio y a largo plazo, lo que sea, pagándolo en fracciones, recuperando mi vestido de diabla al teclado, esa esencia que me huele a cuerno quemado y a nostalgia, lo que considero mi verdadero Yo, o vamos  a decirlo así, el fantasmita que me posee.
No hay que olvidar que he descubierto que el yo es un timo, y en ésas ando mientras pienso si me matriculo en filosofía o sigo destinando mis escasas energías a lo de siempre, que para eso una es una tía responsable y trabajadora, en el fondo, junto al pliegue derecho del corazón que empieza a sonar a lata con una moneda sólo.
La sacudo y leo, leo y la sacudo, y me tiento a probar cosas nuevas que desde luego no serán los bichos secos del Carrefour, y me despierto de madrugada y pienso en mis abuelos y es como si estuviera en ellos todavía, el otro día me planteé lo injusto que es que seamos perecederos, coño, uno tiene su vidita con sus cosas y gentes, las costumbres, las manías y los pequeños placeres pero es como un préstamo y eso lo sabemos en todo momento desde que vemos el primer muerto de nuestra vida, vaya dolor, así que somos finitos, pues claro, eso lo sabe todo el mundo, pero realmente no, no lo sabemos, porque de noche te despiertas y piensas en ello y no es en verdad un pensamiento sino una sensación de extrañeza.
Alguna vez lo hemos hablado mi hermano y yo, nos hemos preguntado si los pájaros sabrán que mueren, que no durarán siempre, desde luego quizá no se desvelen por eso, no se hagan preguntas, bastante tienen con sobrevivir cada día y ver el sol que les ha sido asignado, nos referimos claro está a ese miedo en calma, no cuando ya un gato te está atrapando entre sus fauces que en los humanos es como si  en el avión la cabina se despresuriza y el aire te quiere arrojar a la muerte a través de una ventanilla (esto ha pasado esta semana en el mundo de los vivos, y la gente lloraba y se puso a enviar su último mensaje),no, nos referimos a estar tranquilos en el nido y que el pajarillo piense joder qué a gusto estoy , y pensar que me tengo que morir, qué putada, como ya murieron mis abuelos, que eran tan alegres y cantaban canciones y tenían dudas como yo y se desvelaban en medio del campo de batalla sin saber a qué venía eso.
Seguramente la respuesta es no, porque los pájaros ni siquiera necesitan el consuelo de los libros.


Leyendo esta semana ...

domingo, 25 de marzo de 2018

Panegírico

Vivió una vida buena, aunque se quejara.
Porque no fue mapuche ni masai,
ni kurda ni roghiya ni perra maltratada,
porque tuvo hermanos y habitaciones propias
y un padre carpintero al que ignoraba
aunque él también la ignoraba a ella.
(Pero no fue culpa de ninguno
esas cosas suelen ser muy anteriores).
Vivió una vida buena
porque tuvo siempre a mano buenos libros
y un colegio de curas castellanos
con los que se hizo una andaluza triste
y una madre leona y un corazón dispuesto
y nunca pasó hambre.
Lo que desea ahora en momentos muy turbios
es volver a un planeta donde el hambre no exista.
Los deseos se vuelven simples con los años que pasan,
en favor de la paz y la justicia.

Feliz semana

Semana santa, tiempo de reflexión.
En algún lugar al que desde aquí no se puede llegar hay una paz incalculable.
Jesús de Nazaret es parte de mi corazón pero detesto el santurronerío.
Quiero ser inglesa cuando veo el concierto para George, que  lo he regalado a my love en su último cumple, y quiero ser hawaiana cuando veo un documental sobre playas.
Quiero lucir un domingo de Ramos con la alegría de las calles de mi barrio original y quiero replegarme el viernes santo triste por la muerte de toda esperanza, para renacer después cuando nadie lo esperaba.
Soy un puñado pequeño de arena del desierto y me pregunto por qué es tan difícil que las cosas salgan bien desde el momento en que se juntan tres o cuatro humanos en un rincón.
Soy un poco de todo lo vivido y olido y besado y un mucho de incertidumbre y pasmo.
Soy un poco de todo y un mucho de ná.
Y mientras tanto,cada semana santa me dedico a observar cómo fermenta mi ansia espiritual.
El ruido exterior no me hace falta ni daño.
Con un poco de suerte llegaré a comprender y abandonar el juicio rápido de todo lo que existe.
Afrontar mis contradicciones con los huevos cósmicos que se me dieron al nacer como una bolsa de canicas repetidas para arrojar sobre los párpados de los enemigos de la libertad.
( Carta a los corintios o a los burdeos, Sevilla mestiza, año 18).

domingo, 11 de marzo de 2018

Desde el sillón

Hoy me levanto con dolor de huesos, oyendo un texto audiodescrito de Deepak  Chopra, y pienso en cosas nuevas, lo cual ya es mucho porque llevo toda la semana haciendo las tareas de burro de noria que se me pueden presuponer. En el cómputo de los días tacharemos uno solo en el que conseguí ponerle fantasía y buen humor a la realidad (trabajar las horas pertinentes con música de sevillanas a todo trapo mientras intentas explicar productos y servicios se ha catalogado ya como tortura, apropiada incluso para ser aplicada en sitios como Guantánamo), otro día en el que me preocupé porque vi enferma a una señora que suele ser una pelmaza (no tenía fuerzas ni para sacar la factura del bolso y tuve que dejarle paso al de atrás mientras ella buscaba ,lo más mosqueante suele ser siempre que no ocurra lo que esperas, en este caso es mosqueante el silencio de alguien que por regla general suele ser parlanchín a tope),oh el silencio, la antesala de la muerte, y quizá podría añadir este día en el que me levanto pensando en cómo el calcio viaja por los huesos (si algún improbable lector está necesitado de divagar como servidora , puede asomarse a las teorías de Chopra, en You Tube hay un montón) y realmente muerta en vida, en mi vida, en el reflejo que creé para mí.
Hay una cosa en la que creo totalmente, y es en el SER.
Ninguno de nosotros puede negar que se ha sentido siempre el mismo, la misma, a un nivel interior y profundo, sea niño o adolescente o viejo en potencia, aunque el espejo nos hable de arrugas y la espalda de chepas y las piernas de varices, aunque la sociedad te empuje a ponerte en la palestra y colgarte una etiqueta según los años que tengas, en el fondo una persona no se siente distinta , por mucho que el cuerpo cambie para bien o para mal,  si uno se mira al espejo y es capaz de dirigirse al que habita ahí dentro sabrá que no le afectan las diferentes capas porque siempre está el mismo, la misma, la que sostiene la vela mientras dure.
Recuerdo a mi abuela en el geriátrico de Heliópolis, hablándome de las viejas que allí estaban, como si ella no tuviera ochenta años, y la entiendo perfectamente.
Entonces sé que el ser que somos es algo en lo que se puede confiar, no es inmutable porque es como la luna que rige las mareas, está sujeto a los vientos y a los cambios de estación , pero está ahí sin que sepamos por qué, la identidad es ésta de ahora pero podría ser cualquier otra porque se funde con el todo, es así desde antes de nuestro nacimiento.
Cae la lluvia con ganas otra vez, con muchas más ganas de las que yo tengo de vivir mi vida, quedándome como me quedo a un nivel superficial de horarios, obligaciones y tareas, pero la diferencia es que hoy, desde el sillón, decido no olvidar a mi ser.
Puede ser que al igual que a trancas y barrancas he completado una inicial formación en mindfulness siga por ese camino para darle de beber al espíritu, que se muere cada lunes por la mañana o dando el concierto de las estupideces semanales, o puede ser que me apunte  a un curso de narrativa para hacer encaje de bolillos con las palabras como otras mujeres hacen labores, porque ésa es la mía y no tengo otra, o puede ser que me quede aquí el resto del día mirando caer la lluvia, que hace temblar las hojas verdes de las macetas.
Cambiaré una vez más, escribiré, me seré fiel, pero no renunciaré al mundo porque soy tan odiosamente humana que me resbalo en el barro una y otra vez hasta el punto de cabrearme por cosas del trabajo, participar en debates sobre feminismo en muros de Facebook (esto sí que es tonto, cuando quieres alumbrar a otros callos con tu propio callo iluminado, pero es que se me llevan los diablos con la incomprensión incluso después de una manifestación como la del 8M, que siga habiendo tantas piedras contra el tejado propio , tantos lugares comunes y a mi juicio de retrasito mental y humano), pero en cada caída me levantaré, me quitaré la mierda como pueda y seguiré buscando la luz en mi camino.
Hay tanta gente que no ve, que yo que intuyo que veo (seguramente tampoco veo un pimiento) tomaré esa oportunidad con las manos y el corazón, aunque sea para transformar mi mundo, la manera en la que percibo las ofensas, para darle la vuelta a lo que soy y tratar de ser un poco más feliz.
Escribir, amar, soportar, resistir, enfadarme cuando el viento se me lleve, caer en esta molicie y abandono, dormir, resistir, rehacerme, dejar ser lo que los otros son aunque me haya cagado en sus mulas con el pensamiento( porque me puede el carácter), claro,pero aun así  ser una buena versión de mí mientras dure esta vida.
Todo es posible y maravilloso...aunque de momento, hay que decirlo, estoy escribiendo desde el sillón.
Y los sillones suelen ser fallidos puntos de partida.

viernes, 9 de marzo de 2018

No llego

No llego y nunca voy a llegar.
A vivir sin quejarme, a escribir un verso cada día, a acostumbrarme a los cambios que son constelaciones de dolores, a estrenar vestidos nuevos con estrellas como la capa de Merlín, a aceptar lo que veo y oigo cada día.
No llego y nunca voy a llegar, a darme cuenta de que incluso cuando lleguen los grandes momentos de la vida , cuando los padres son viejos y el viento se lleva tus recuerdos  de familia, incluso en esos momentos seremos demasiado jóvenes, aprendices todavía.
Cómo se ríe por dentro el joven, la joven, cuando ve a sus parientes cuarentones, cincuentones y más tones lidiar todavía con cuitas que le parecen grotescas y se dice a sí mismo, a sí misma, qué pueriles estos viejos, qué poco han avanzado, pero llega un día en que la joven, el joven, se abre el pelo y descubre demasiadas canas y resulta que él, ella, tampoco avanzó tanto porque sigue sufriendo en el trabajo, discutiendo con su madre y esperando peras de los olmos de los días.
Y cae la lluvia como si nada sobre el patio, porque realmente nada ocurre.

domingo, 25 de febrero de 2018

Forges (jueves 22 de febrero)

Cuando digo que hay rachas que no traen cosas buenas en los vientos mundanos, también me refiero a la marcha de ciertas personas que a mi juicio enriquecen el patio con su humor e inteligencia, algunos tan habituales que ya son de la familia, y si se mueren lo consideras una traición.
Es lo que me ha pasado con Forges, que está en todas las esquinas de mi vida, lo he sonreído en cada casa en la que he vivido, en muchos cafés de la mañana, en hilos de Facebook, como reacción a las tragedias y a la burla política con unas maneras suaves que se están perdiendo, en la época del insulto y la descalificación gratuita.
Valoro tanto la forma de estar en el mundo de quien no necesita gritar para hacerse oír, de quien tiene la habilidad de retratar con unos pocos trazos un problema gordo y sacar una sonrisa a quien sepa entender, porque todos no saben , pero en esa complicidad de una viñeta gráfica uno sabe que no está solo, y a veces es más certero y significativo que leerse un libro entero.
He tenido algunos novios en mi vida, y todos leían a Forges y lo tenían en sus repisas, sus colecciones, sus objetos de marketing con los Blasillos , las viejas de negro, los pelillos que sobresalen de la calva, las narizotas, la estupefacción ante el expolio y el abuso, la carcajada ante el aburrimiento marital, los perrillos de mirada lista, los soles en el horizonte.
Curiosamente siempre ha estado ahí, supongo que al igual que en las casas de muchísimos españoles.
Mi querido Forges, me da igual caer en pecado de mitomanía, cómo siento tu pérdida desde el fondo del corazón, porque junto con los músicos y algunos poetas sencillos, es esa gente la que hacen que el mundo valga la pena en el paréntesis de una vida que según la estadística, pasaremos masacrados entre  noticias de mierda y ataques de todo tipo, entre bancos mundiales y mentiras de toda índole.
Permite que rubrique con tu firma esta entradilla, porque me niego a creer que no vayas a dibujar más días y mañanas, que no vaya a ver más interpretaciones tuyas de la sucia realidad.
Y descansa en paz, querido, querido Forges.



Una racha fría (miércoles)

Tengo una racha fría, como un puñal de miedo que atraviesa las noches,
una ciudad entera de gente que se muere, pero que alguna vez ha sido,
un cante antiguo sobre un campo donde la pobreza es el estado natural del ser humano
en la baja Andalucía que todo el mundo conoce como cuna de poetas y de pícaros.
Tengo esta racha helada como la luna de aquella noche en que en el piso de Ricardo
leí el triste cuento del niño muerto al que se llevó la fiebre
y su madre medio loca iba a hablarle cada noche hasta la tumba
que era ya una cama de piedra para siempre.y era la luna entre jirones de nubes la única que allí estaba.
Tengo esa racha tonta de cuando vuelve el pasado, aunque ahora lo controle porque es sólo un pensamiento,
y el pensamiento nos lleva como  una alfombra mágica hasta lo bueno o lo malo,
y aterrizo por las bravas sobre lo malo que es la ausencia o por las buenas sobre lo bueno que es el recuerdo.
En el mes de los suicidas y de las flores ocultas, tengo esa racha boba de las elefantas viejas, que a punto de ser sabias olisquean el aire impreciso por el que vienen los cazadores, llenos de hiel y de odio para acabar con lo bello.
Tengo esa racha que muchos combaten con pastillas , que saben a café pero contienen muerte, en países propios donde las bombas acaban con los niños, las mujeres se mesan los cabellos y los hombres ya son materia inerte, comida para los tiburones del mapa geopolítico.
Debo decir encogida como soy, que vi muy cerca en Sevilla, saliendo casi hacia el río, a un hombre con sus perros, con su montaña de mantas y un carrito de mercado, esa casa de caracol que se fabrican ante la vista de todos,  y arriba del todo, como la guinda de una tarta, a un chucho medio dormido, y el hombre sentado en un banco le leía un cuento infantil como si fuera un niño.
No era ésa la racha de llorar, porque de haberlo sido, hubiera llorado como ahora en que a menudo se me humedecen los ojos menopáusicos, en el metro hacia mi cárcel o en las esquinas del miedo cotidiano, cuando contabilizo los amigos perdidos y las batallas ganadas y las costuras que la lanza maldita del mundo me provoca en la carne, con  tanta violencia germinando en los corazones y tanto gilipollas con poder manejando el cotarro.
Si la caridad y la compasión son virtudes humanas, habrá que buscarlas en otro sitio, porque no producen titulares y parece que no están.
Pero yo sé que existen, quizá dentro de tanta mala racha que pasa la gente buena.
En la tristeza de los suicidas y en las flores que permanecen ocultas, en la bondad que me debo a mí misma y tú que me lees, a ti mismo, en la sagrada necesidad de tu nacimiento, en el mar que calla y ruge al mismo tiempo, en la mirada de los perros que aguantan tanta necedad humana, en los brazos abiertos cuando alguien  cae y en las velas encendidas que chisporrotean en calles e iglesias.
En la primavera que vendrá y nos llevará a todos a un estado alterado de conciencia, como si fuera la misma Libertad la que gobierna los países y las almas.

Sabrán los pájaros que han de morir?

Reflexión del día en que decido volver a leer y escapar de las garras del móvil, que es ya mi periódico, mi guía, mi compañero de metro , mi...