viernes, 24 de noviembre de 2017

Deseo



El deseo no es tan malo como dicen, no es bajo ni mezquino ni ruin, es un hálito de dioses que tenemos entre los bolsillos y que podemos encontrar como monedas perdidas.
El deseo es mirarte de lejos con las hinchazones de la mañana y querer estar contigo, pero ya no es estar con tu cuerpo, sino con lo que tú eres,si te miro y te deseo también deseo tu mirada, la forma que tienes de estar en el mundo.
Esto es lo que he querido  decir; cuando me he preguntado tantas veces si alguien me deseó de verdad alguna vez me refería a esto, no a las tetas y al culo que aun siendo bonitos cuencos sagrados en la época de juventud, no es ni siquiera la firma  en el folio en blanco de los individuos.
Todo lo que aprendí en mi trato con los demás ( a los siete años un test psicológico me definió como "astuta")lo pongo a mi disposición cuando de deseo se trata, podría escribir un pequeño libro con estas conclusiones, desde luego nada que ver con madame de Lenclos, pero digamos que el caminito que anduve fue corto pero intenso, y algunas veces echo de menos que fuera más largo,
Cortesanas hubo que al final sucumbieron a una emoción auténtica, buscadoras de tesoros en el teatro del mundo, huyendo siempre de trabajos brutos que minan y agotan la capacidad de seducción, a ver si no es éste un síntoma de inteligencia.
Personalmente siempre he desconfiado de la arrogancia de los llamados luchadores, no hay nada digno en dejarse explotar sin ponerle al menos una etiqueta rosada a nuestro nombre y nuestros gestos, no se repetirá jamás un solo individuo sobre la faz de la tierra y esto es un dato bastante a tener en cuenta para que nos valoremos lo suficiente.
A estas horas de un viernes que no es viernes, me busco en los bolsillos esperando encontrar la moneda de oro que me alegre el día.
Porque fuera hace un sol desvaído y triste y mucha gente que quiso amar se ha perdido en un mar de lodo y plásticos.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Cazorla (II)


A mediodía del 2 de junio de 1694,una gran tormenta, que sería conocida por las generaciones  cazorleñas posteriores como "el diluvio", descargó sobre el pueblo con toda su furia,después de que el desprendimiento de una roca hiciera tapón en las alturas hasta que el agua tuvo que saltar por encima, destrozando la iglesia de santa María de Gracia que aún estaba en construcción.
El arquitecto inicial había sido el famoso Vandelvira que la diseñó aprovechando el cauce del río Cerezuelo y que (imagino) cien años después del encargo no pudo lamentar la catástrofe.
De los ochenta vecinos de la plaza situada frente a la iglesia,murieron sesenta y siete.
La iglesia nunca se terminó, puesto que a los posteriores esfuerzos por levantarla se unieron otras desgracias,como la entrada de los franceses durante la guerra de independencia, que le metieron fuego.
Santa María de Gracia nunca llegó a estar terminada.
Ése pareció ser su destino.
Hoy día el lugar sigue siendo impresionante.
La puerta mágica a otro secreto de Cazorla que no voy a desvelar.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Cazorla (I)

Al monte le salió un pueblo en el costado. Poco a poco fue creciendo a través del río que suena cantarín por todas partes.Las flores se agarraban a donde podían y la hiedra se acostaba en los rincones de húmeda piedra. Como todos los lugares encantados,el pueblo tuvo sus secretos y sus desgracias,y todas quedaron en la memoria de la piedra.
Todavía hoy quedan forasteros como yo que abren la boca y no la pueden cerrar porque no sabían que este sitio que vimos en los cuentos pudiera existir de verdad.
Se llama Cazorla y está ahí desde 1231.




viernes, 3 de noviembre de 2017

No hace falta ser eternos, bastaría con escribir.
Me he perdido en una galería de escritores y escritoras y todos tienen nombre, cara y libros, son parte del cosmos de lo que se ha pensado y se ha creado.
Me pregunto por qué no puedo ser yo uno de ellos.
Si he llegado a ser funcionaria del servicio postal, por qué no elegir mejor la carambola, pegarme con tinta al suelo de mi negritud constante, cambiar el dolor de espalda por el ansia de las palabras, parir a toda esa gente que veo en sueños y ponerles a vivir vidas como calcetines, a veces con pareja y otras sin ella, pero siempre enganchados a la vida y a la muerte a partes iguales.
Escribir es retratar las relaciones de familia que tan huérfanos nos hacen sentir a algunos, acentuar la belleza de lo que no existe y quitársela a la perfección indecorosa, es quedarse desnudo a merced del viento y hacerse pulseras de caracolas.
De verdad, trato de convencerme.
No hace falta ser genios, hay muy pocos genios, pero sí hay mucha gente que escribe, no es nada del otro mundo, no es necesario ser perfectos y mucho menos buscar la gloria y la eternidad.
Basta con escribir.

martes, 24 de octubre de 2017

Si yo mereciera

Si yo mereciera que alguien cumpliera  mis sueños, encadenando sus deseos a los míos como si fueran dedos anhelantes. Si yo mereciera que alguien olvidara mi nombre para volver a tomarlo como si fuera un recién nacido envuelto en un paño, para volver a ser apretado contra el pecho desde donde se oye el corazón.
Si yo tuviera la fuerza de cien dragones y el pecho valeroso de una guerrera, quizá entonces viviría todo aquello que quiero.
Pero la verdad es que cualquier brisa me desilusiona, cualquier soplo  de viento derrumba mis ilusiones con la misma facilidad con la que se levanta.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Algo se romperá (Crisis)

Algo se romperá entre nosotros cuando ya no piense como tú, cuando entiendas que lo que tanto te importa se me da una higa, cuando nos dé coraje no ser hermanas en las pasiones. Algo se romperá  cuando veamos que tú vas por arriba y yo por abajo, que el color rosa no nos dice lo mismo, cuando lo evidente para ti sea una duda razonable para mí y cuando todo lo que tengo claro te parezca simplemente cobardía.
Algo se rompe siempre en este puto mundo habitado por hormigas que se creen las únicas poseedoras de la razón, que inventan escalas para llegar al cielo y se quedan atrapadas en miserables mentiras, algo se rompe en el mismo momento que dos mundos catastróficos se ponen en contacto para tirar de un hilo.
El que dijo que los debates enriquecen se equivocaba más que la paloma autista de Alberti, el que confía en la libertad del individuo como promesa de que pueda florecer algo bello tampoco está muy fino, y todo esto me provoca una agobiante sensación de pérdida, de inutilidad como si me hubieran echado del paraíso, yo que viví y soñé a través de los libros persiguiendo siempre  las biografías de la gente que luchó.
Es duro darse cuenta de que tengo más en común con la madre de David Copperfield que con  Phoolan Devi, por cuya muerte lloré amargamente y me rasgué las vestiduras del corazón occidental que me pusieron al llegar.
Es duro darse cuenta de que nunca dejaré de adjetivar en exceso, de que me resigno a cocinar mis pucheritos de  esquemas rotos, algunos son tan inéditos que tengo que hundirlos con la pala de madera en el agua hirviendo para que no protesten.
Ayer tarde estaba en el paraíso, oliendo las flores y contemplando el arcoíris, cuando el ángel de la vida me dijo que sólo era el reflejo del romance de la luz con el agua, y era cosa mía lo que quisiera ver.
"Necesitáis las mentiras porque son bellas; a ver cómo se lo explicas a los que vengan después de ti "- me dijo, y me enseñó la puerta de salida, un arco florido del que colgaban dulces uvas que nunca podré comer.
Las uvas son para los soñadores; tú has dejado de soñar, me dijo.
Esta noche crucé un río, vendí objetos, comí pasteles, no puedo aceptar que esa otra vida mía no sea válida y hermosa, hubo un tiempo en el que yo sabía quién era y lo que vine a hacer, pero me perdí como una Caperucita a la que le gusta más el lobo que a un tonto un lápiz.
Tengo los años que tengo y no tienen importancia, a ver quién puede competir con eso; simplemente no me importan y al igual que ella, quizá comience a ser yo a partir de los cincuenta, la juventud es ese bonito papel celofán sobre el que ninguna tinta puede escribir y por lo tanto no sirve para nada, se va enseguida.
Dando gracias por lo mucho aprendido, abrazo mi dolor como si fuera un gato persa, mis carpetas como la documentación necesaria en mi papel de policía doméstico, y sigo caminando fuera del paraíso.
Puede que aquellas luces brillantes del final no sean sólo una hilera de tiendas en rebajas; puede que si me acerco, descubra que el paraíso del que me han echado no es el único.
Quién puede decir que no.

Deseo

El deseo no es tan malo como dicen, no es bajo ni mezquino ni ruin, es un hálito de dioses que tenemos entre los bolsillos y que podemos...