domingo, 14 de abril de 2019

Londres for five (antes de que se me olvide)

Antes de que el tiempo me borre a soplidos todos los recuerdos inmediatos, me gustaría contar aquí lo que ha sido Londres para cinco personas, algunas más ávidas que otras, de experiencias y monumentos. Diré que a la habitual masificación de los aeropuertos se le puede quitar el ácido sabor de las soledades  a golpe de rojo y gris, en cuanto llegas al hotel y te asomas  a una ventana sobre la que se inclina  Europa, una  Europa inventada por ingleses que de perfecta cena temprano y mantiene unas calles impolutas, sin embargo también respira en ella la vieja Londinium destruida mil veces a fuego y epidemias, levantada otras tantas y rodeada de orgullo.
Qué son las ciudades sin su orgullo, qué es Londres sin el entusiasmo de los londinenses, (y son londinenses el conductor sudamericano que nos recogió del aeropuerto, el chico negro con facciones hindúes pero con un toque de afroamericano que nos llevó a Luton, el italiano friki  de la trattoria Verdi que ofreció trabajo a mi hija dentro de tres años,( que debe acogerse a algún plan de empleo juvenil por períodos de dos meses según explicó), la señora que me vendió los Cadburys el último día y que me dijo (según me explicó Selene porque yo hablo inglés y entiendo hasta que cogen carrerilla, pierdo el hilo y ya no sé dónde lo tengo)que su abuela metía chocolate casero en esas preciosas cajas moradas, lo cual era un motivo de frustración, jejeje, y también es londinense el francés talludito que vendía los tickets del bus turístico, y los camareros rubios de la pizzería y el gordo que se bajó con un chaquetón de pieles y un sombrero que parecía un  Bumbury de Botero en la puerta de un restaurante distinguido en el no menos distinguido barrio de Chelsea, y la camarera del Pret a manger que me habló en español y el recepcionista que se llamaba José Rafael y la camarera de piso de acento latino, y también por supuesto es londinense la señora muy mayor que llevaba un abrigo verde entallado y unos zapatos de elfo que parecían de madera en el parque de Saint James una tarde en la que soplaba un viento frío y el helicóptero de la policía no hacía más que sobrevolar Waterloo, y los animadores de la juguetería Hammleys y la amable chica del  Sacred que dijo un par de frases en español para animarme con mi torpe inglés y nos encandiló con una tetera rellena de gin tonic para dos, esto último fue en el Soho, muy cerca de Carnaby).
Todos esos londinenses, tanto los de nacimiento como los que no, forman un mosaico que a los que nos gustan los contrastes ofrece un paisaje atractivo hasta el punto de enamorar.
Así como sus cielos grises, sus jardines por todas partes, su imperio del ladrillo visto y la escalinata tras la cual sueñas un gato inglés (a veces he pensado que todos los gatos del mundo son ingleses, esa forma de ir a lo suyo, esa elegancia fría) y una vida cotidiana con la que me siento identificada, aunque es muy difícil saber si te identificas con algo que has absorbido en miles de novelas y películas o simplemente ya estaba ahí de antes como parte de tu esencia, como las influencias que te han ido educando en la vida sin que apenas te des cuenta, los personajes de Jane Austen, Sherlock Holmes,lady Chatterley, Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan volando sobre el Big Ben, el teatro de Shakespeare, el tiempo atmosférico de Cumbres Borrascosas, las series de libros de Enyd Blyton, y las de televisión de los ochenta que veía los viernes por la tarde, la fantasía de Harry Potter , las chorradas de Notting Hill y los retratos sarcásticos de Little Britain, y qué decir de la música, Mercury, George Michael, Amy Winehouse, y es que hay lugares en el mapa en el que como nos dijo el italiano entre aspavientos, Londres es así, es de todos los que llegan, es de todos sí, pero es de ellos, de un parlamento viejo y orgulloso que puede verse desde el Támesis, aunque también es el puente de Westminster sobre el que se desparrama una siniestra mafia de trileros, y aquellos otros que duermen en cabinas abandonadas, ocultos en el centro de una montaña de edredones, o las víctimas del alcoholismo que se adueñan de esquinitas bajo el ilustre London  Bridge, donde puedes comer lo que quieras a casi cualquier hora del día, y las murallas por las que escapó el clérigo español saltando sobre una barca para escapar de las mazmorras( en esa zona se puede ver una catapulta todavía, y es tan medieval que me encantó), y por último mencionaré el barrio de Bloomsbury ,donde estaba nuestro hotel,y el Soho, para el que no tengo palabras por el color, olor y carisma.
Tan sólo puedo decir que volveré, porque me ha faltado adentrarme en alguna ruta literaria y algún episodio de alcoholismo leve(al no poder tomar cerveza la cosa del vino se ha reducido bastante, por no decir totalmente, ya que en la mayoría de los sitios sólo se puede pedir botella o media botella y no era plan), así como conocer Bath, la ciudad donde el grupo de música de mi juventud inició sus andanzas y a la que se puede llegar con excursión pactada desde el mismo hotel, un motivo más que suficiente para volver a creer que es posible el milagro de cambiar de vida y de mundo por unos días, que es exactamente en lo que consiste viajar a lugares que una siempre ha extrañado, no se sabe por qué motivo ni razón.
Este pato se escapó de un cuento, y era muy orgulloso; estaba quieto en esa postura con el cuello muy tieso y dando la espalda a los turistas. En las  otras fotos, el puente de Londres, servidora y un poco de añoranza postal.

domingo, 10 de febrero de 2019

Los peces de Japón

Aparecen muertos dos peces en Japón y según cuenta la leyenda, eso es que habrá otro tsunami.
Ése es el titular 1.
Se convoca la manifestación de las derechas así llamadas y según la leyenda eso quiere decir que la inteligencia ha muerto a este lado del planeta, por lo que habrá otro tsunami aquí también, el del bucle infinito, titular 2.
Que hoy me duele otra vez este asqueroso hombro izquierdo y muerde toda la parte de esta extremidad y que intento sin éxito escribir deprisa y avanzo y retrocedo para eliminar los errores, titular 3.
Tengo unas ganas histéricas de meterme en un quirófano y que me operen tetas, hombros, tronco y ojos, salir como Walt Disney  y negar tres veces mi congelación para la posteridad, mostrar una sonrisa eterna al lógico desgaste de nuestra temporalidad, arrepentirme de todo y volver a abrazarme como si fuera una niña y lo tuviera todo por delante.
Tengo unas ganas tremendas de no tener miedo, de no sentir preocupación por lo que veo, de no apercibirme del ruido de las cavernas, de no darme cuenta de mis achaques, entre los que peor llevo es el cansancio de la vista, el tedio del alma y el dolor de carcasa.
Sin contar con que la cuenta atrás del tiempo biológico propone unas interesantes llamadas a hacer cosas que si te duermes no podrás hacer desde el barco póstumo, y esto es así ya de una manera real y no metafórica.
Me pregunto por qué estas cuestiones no les importan a los que manejan a las masas, por qué no se acojonan ante su propia temporalidad, porque estoy segura de que si así fuera intentarían hacer el bien y no el mal.
Por lo visto hay un colega que asesora a Trump y que anda ahora por estos lares, que acertó plenamente con el triunfo de las derechas, ése debe saber de primera mano lo fácil que es manejar un rebaño, si los coges individualmente seguro que será más difícil, pero jugando con el miedo es coser y cantar.
Coser bocas y cantar victorias, cambiar el señuelo de sitio, decir que el lobo está donde no está, en las faldas de las mujeres y en los derechos conseguidos que ya pasan por mimos innecesarios, el lobo está ahí, deshaciéndolo todo, tratando bien a los de allí y despojando a los de acá, así pues destrocemos el lenguaje para que diga lo que la gente quiere oír, lo que necesitamos que entiendan para que se movilicen en el sentido del barranco.
Así como Franco alargó la guerra para hacer más muertos, eso dicen algunas fuentes, (yo no lo sé porque sólo era una semilla de almendro que no llegó a cuajar), ahora la economía de mercado nos quiere inhumanos y facilones, sin libros ni luces, fronterizos y guerreros, primitivos y estúpidos.
No es que hayamos dejado de serlo nunca, pero me niego a despreciar el esfuerzo de los que, a lo largo de todos los tiempos, han muerto luchando por la libertad y la mejora de las condiciones de vida generales del ser humano.
Que yo sepa, los que carecen de empatía o directamente han deseado mantener el orden establecido han sido siempre, aparte de unos infelices, el palo en la rueda de todos los progresos de los que luego hemos disfrutado todos, incluso los que caminan hacia su tumba sin saberlo.
El titular 4 dice escuetamente;
Murió la inteligencia, borra el futuro.
En la sombra, el lobo a buen recaudo hace brillar un colmillo satisfecho.

domingo, 3 de febrero de 2019

El desprecio como forma de vida

Cogí mi vida con las manos como si fuera una copa de cristal, y así mismo la metí en una vitrina junto a las de champán y vasos de licor, teteras que nunca se usan y chupitos de los años sesenta.
No hace mucho que mi padre vendió la casa familiar como siempre lo hace todo, con alevosía y egoísmo pero haciéndose la víctima, que es una forma estupenda de ir por la vida porque resuelves tus problemas a costa de los demás y encima puedes plañir a gusto diciendo que la vida te trata mal.
Un mísero dinero, eso es cierto, que no le sacará de pobre, pero que permitirá a la otra parte implicada, que es mi madre, contar con unos reales para cubrir un poco las jubiladas espaldas en el país de las pensiones prósperas y la felicidad serena en los últimos años de las vidas de la gente, donde el sol se aposenta para acariciar la espuma de las cervezas en las terrazas y se juegan los mejores partidos de fútbol del mundo.
Pero aun así, y suponiendo que esta venta del nicho donde crecimos entre figuritas de porcelana y portales de hierro azulejeados por dentro, en el barrio de los caminos de asfalto diseñados para la clase media baja, con pocos árboles grandes y mucho arbolito ornamental que no sombrea ni a un liliputiense que tenga inhibida la hormona del crecimiento, suponiendo que esta venta fuera, como digo, la solución a ciertos problemas de movilidad y climatización, él no está contento ni valora en nada los balbuceos que algunos hacemos para tener una relación normal de cariño entre padres e hijos, como nos enseñaron las películas americanas. (ojalá no hubiera visto tantas series, me creí muchas chorradas que salían en ellas).
A punto de cumplir una edad importante que no pienso decir todavía, y con dolores que voy estrenando según el calendario pasa como un barco insensible, sé que no llegaré a ningún puerto seguro ni siquiera el último de mis días, puesto que todo esto no es más que una estrategia en la que cada uno se inventa un papel para sí mismo y luego dependiendo del nivel de empatía , puede quizá importarle un gramo los sentimientos ajenos.
Pero a veces no pasa; venir de un tronco así es como mínimo extraño, y ya no me importa decirlo, escribirlo. Durante mucho tiempo no quieres dramatizar, pasas de puntillas por lo que te duele como si no fuera contigo, pero un día el avestruz saca la cabeza y ve que no pasa nada por reconocer que siempre estuvo solo, y que no era eso lo que necesitó en absoluto en tiempos de zozobra.
En un mundo donde críos son arrojados al mar y a las mafias huyendo de la guerra, haber tenido un hogar y buenos alimentos no deja de ser un lujo, pero la alimentación emocional también es importante y le da a uno un lugar en el mundo.
No se instauran familias con este objetivo, en absoluto, sino con la idea de huir, de la soledad, del hogar paterno, de las restricciones de la vida para una misma, de la remota posibilidad de vivir para el propio corazón nada más y si acaso gozar de los regalos que el viaje vaya descubriendo.
No se forman familias para hacer gente feliz, y eso me sorprende mucho, ya que como sabéis mi nivel de ingenuidad es grande en todas las esferas.
Es posible que esa esperanza que me ha alentado siempre es la que me trajo hasta aquí y aquí me mantiene, pensando cómo algunos pueden convertir el desprecio en una forma de vida, sin ni siquiera darse cuenta de ello.
Como decía, a esta edad cada vez me van quedando menos ropajes, quizá menos miedo a decir lo que pienso, y si por algún momento se encendiera una chispa de luz en los aludidos, con gusto lo debatiría y arreglaríamos el torpe desajuste de mi concepción embrionaria, el miedo con el que salí al mundo hasta convertir mi vida en esta copa de cristal soplado que ahora se preserva en la vitrina ,sin viajes no sea que se rompa, sin aventuras no sea que la cague, sin saltar no sea que las piernas no puedan sostenerme, sin soñar en mis potencias no sea que fracase.
De todas formas nadie puede librarnos del fracaso, por más que lo intentemos, poniéndonos el traje de una vida apretada que no nos sienta bien para parecernos a  todo el mundo, dando gracias por poder vender nuestras vidas a un postor mezquino que se chupará nuestros días y nuestras noches como quien se traga un plato de caracoles, cuando realmente somos breves y esto no lo cambia nadie, por más que asuste el hecho de que las mariposas, una vez llegado a su máximo esplendor, mueran quemadas al acercarse a la lumbre.
Mi vida está aquí, delicada y protegida, a salvo de vaivenes que podrían desestabilizar este raro equilibrio que agradecen mi descendiente y mi pareja y mi familia, aquélla a la que le importo, pero que miente y niega la parte más importante de mí.
No, no sirvo para escalar montañas ni hacer voluntariado en sitios donde la primera fiebre acabaría conmigo, ni siquiera para salvar a seres desdichados que plañen como mi padre, con una cierta mentalidad subsidiaria que desnuda a la vida de toda alegría y placer, mentalidad de pobre que viene arrastrada desde las primera catacumbas, y que vez socorridas, seguramente te la juegan como un niño adoptado que se convierte en asesino.
Pero tengo la manía de ser inestable, de querer jugar a otra cosa, a inventar otras vidas, a desprenderme las alas de mariposa hasta hacerlas sangrar, a ponerme el NO por delante y luego arrepentirme de no haberlo intentado, a plañir yo también como si fuera un delfín al que acostumbraron a vivir en una lata de sardinas.
Manías de querer ser libre donde no se puede, por el bien común, y el sentido así llamado, que ha creado para ti un salón de baile donde nadie quiere bailar contigo, pero en el que algún lejano espejo esquinado te dice todavía lo que eres de verdad, lo que podrías ser o haber sido, la verdadera música de tu alma.
Bueno, está bien; que siga sonando aunque nadie pueda oírla.
Amaremos su belleza inasible como un personaje de novela rusa ama a un ser inalcanzable, con pasión pero en silencio, ningún amor es inútil, nada se pierde, y mientras tanto seguiremos viviendo.
Lo que sea con tal de no convertir el desprecio en una forma de vida.

domingo, 30 de diciembre de 2018

La libertad

La libertad no suele salir gratis, y quien nuca tuvo que luchar por ella, no sabe lo cara que le salió a toda esa gente que desde el otro lado, con banderas y espejos en los que se rompieron sus vidas, saluda  estos tiempos con un deje de ironía.
Siempre he sabido que de haber sido yo una víctima de las ideas, me hubiera revuelto de ira en mi tumba de escarcha viendo la superficialidad y el egoísmo con que los descendientes trataron sus privilegios hasta no ser más que un decadente grupo humano sin principios ni estirpe.
Sin embargo, lo que para mí es digno de ser preservado y protegido es para otros decadencia y desastre, y como oí ayer en el vigésimo quinto análisis político a pie de calle, entre gente que interpreto como formada y de izquierdas culta en un sentido vital, puesto que vivir determinadas etapas también es una forma de cultura, el límite de lo insoportable es para muchos un simple movimiento migratorio que amenaza lo que creen que es suyo, entendido como qué, los símbolos, las calles, la religión, la economía, el triste puesto de trabajo desde el que te explotan o las cuatro drogas consumistas que para determinadas mentecillas significan la paz y el bienestar.
Tampoco hay mucho más que analizar desde que vi aquel reportaje sobre inmigración en Estados Unidos, en el que uno que había sido inmigrante y que había conseguido montar un bar propio en un sitio de mala muerte estaba totalmente en contra de que otros tuviesen esa oportunidad de escapar de la pobreza que él sí había tenido, aun pagando un precio muy alto.
Como siempre cuando siento frustración o dolor, me refugio en el enfoque del tiempo, que es cultura, y me entero sorprendida que llevamos siglos traduciendo como invasión lo que fue una forma de vida, y de repente me alelo dándome cuenta de que es verdad, no puede ser una invasión algo que dura ocho siglos, es como ponerte gordo y decir que la obesidad invadió tu cuerpo, quizá simplemente te pusiste gordo, y vives como un gordo y disfrutas o sufres la vida como un gordo.( y ahora que los gordos no me miren raro, es sólo una forma de hablar).
En el sur fuimos árabes como otros fueron celtas, y eso nos dio una música y un color de piel y una tendencia a la alegría pero también a la nostalgia barata, y a la pasión y al exageramiento.
Desde ese punto en el que interpretamos las influencias como extranjerizantes( para entender esto mejor , os recomiendo escuchar a Antonio Manuel, escritor y activista andaluz según su Facebook, en cualquiera de sus entrevistas sobre el tema), es muy fácil negar quienes somos y de qué estamos hechos, y pasearnos por el patio de la intolerancia como si nos hubieran puesto en un huevo de dinosaurio de raza blanca y rompiéramos el cascarón ayer por la tarde.
Creo que actualmente, como le oí decir  a un filósofo hace poco, somos una colonia norteamericana y es otra forma de vida, otra invasión podría decirse , y sin embargo no se dice.
Se supone que al tener acceso a la información podríamos haber alcanzado ya un cierto enfoque de las cosas del mundo, después de tantas guerras y tantas mentiras pero qué va, el aborregamiento es hoy más grande que nunca y parece destinado a ser el destino de la especie.
Libertad para Cernuda era estar preso en alguien cuyo nombre no podía oír sin escalofrío, libertad para muchas significa elegir tus propias cargas, libertad es una entelequia, un sueño del que jamás despertaremos, una palabra de libros y de monasterios, de cuartos a donde sólo llega la luz del pensamiento.
Cuanto más vivo menos certezas tengo, salvo que rompemos el guión a cada minuto y como en las historias que nos cuenta la industria de nuestra colonia, expertos como son en retratar libertadores siendo sin embargo esclavistas, sé que a pesar de todo y de todas formas la cosa puede cambiar en cualquier momento.
Como el viento de la tarde puede cambiarte Diciembre por Mayo, y aunque no haya flores de naranjo, tampoco se nota el frío.
Esperar a que vuelva a soplar es una buena opción , y mientras tanto recoger firmas para que Baltasar pueda entrar este años por donde suele, como los futbolistas y los príncipes saudíes, sin destrozarse las palmas con las concertinas, sin que su turbante pierda una sola piedra de esmeralda que como sabéis, son de color verde, como la esperanza.

(Entrada del 30  de Diciembre de 2018, año de la Escarcha y el anís en copa, de la gota y santa Vesícula, bellota feliz por las calles de Sevilla, cuando se vislumbra un cierto empoderamiento del pensamiento propio en habitáculos tan pequeños que no cabría ni el corsé de una avispa).
La foto está hecha en la Alhambra, en Diciembre de 2017.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Borrones



Pues señores, si llego a saber que después de hacer la huelga, iba a tener que vivir el trance de ver cómo la ultraderecha entraba en el parlamento andaluz, sí, Andalucía, la tierra de los señoritos y las jornadas eternas para los pobres, Andalucía la que divierte, como decía la copla que con tanto sentimiento cantaba yo de chica, claro que a mí de pequeña había que hacerme más o menos el mismo caso que de grande, porque lo mismo cantaba eso con mucha conciencia de clase que escribía poemas tristes contando las penas negras de la Pantoja( sí, habéis oído bien, pero esto es por la rama apasionada que todo andaluz lleva dentro y que quieras que no, le hace identificarse con las historias de amor con final amargo y en mi defensa diré también que mi madre me animaba en vez de amenazarme con meterme en un internado, que es lo que hubiera hecho yo con mi hija si escribe aquello),y luego cuando escribí algo "serio" y se lo mostré, me dijo que no le gustaba nada y hundió mi carrera literaria para siempre; pues como decía, ya dejando el diván a un lado, de haber sabido que después de enarbolar yo mi bandera de andalucismo orgulloso iba a pasar lo que pasó, lo hubiera dejado para otro momento cósmico.
Desde el día 2 no he podido cerrar la mandíbula, abierta de par en par, y como según me dicen los analistas esto es sólo el principio, puesto que cuando tengamos elecciones generales será el mismo  Hitler quien tome el poder, en efecto como ahora lo ostenta Trump I el cabrón de cabrones, tomo la sabia decisión de declarar inoperativa a la especie humana a partir de ahora, sin que esto signifique una rendición en toda regla tampoco, a ver, seamos como siempre he sido yo, fantasiosa e ilusa.
Que por mi trabajo esté ya casi doctorándome en misantropía no quiere decir que mi corazón haya dejado de llorar por los que a diario se ahogan en el estrecho, con lo cual atrapada entre el bien y el mal sé que seguiré eligiendo lo que interpreto como luz.
Que las cosas sean difíciles de gestionar y que el miedo sea nuestra emoción básica (los adultos somos niños que ganan dinero *) no quiere decir en absoluto que tengamos que renunciar a la belleza y a la alegría de estar vivos.
Ahora bien, me retiro a pensar y si me lo permiten mis propias medusas  que no musas, porque tengo en el coco muchos malos vientos que me nublan la vista y me hacen danzar sin cerebro como hacen esos animalitos fascinantes, volveré a escribir en el año nuevo, he hecho promesa a la santa Virgen de los Desangelados de sentar mi culo esférico una hora cada día  frente a  este pc que se muere y parpadea igual que en los viejos tiempos que conocí a todos los lectores de este blog, que eran algunos y muy queridos allá por el 2009 y en los años sucesivos, gentes que todavía vibran en mi corazón , algunos muertos otros vivos pero ausentes (creo que la mayoría por suerte siguen en el planeta ), otros pocos formando parte de mi vida física y real (Sue, Virgi) y algunos más que se intuyen como siluetas de azúcar que se dibujan en el cristal de una confitería a la que ya nadie va a comprar dulces.
No importa, el blog se murió como se muere la libertad en Andalucía , como la dignidad es derrotada a cada paso en esta sociedad de mongolitos, en el sentido que todos sabéis y no para ofender a los dulces seres llamados síndrome de Down, el blog se murió y por no tener no tenía ni tía Vinagre que lo despidiera de esta vida miserable, pero fijaos lo que os digo, oh hermanos; hoy al cruzarme un saludo superficial en Facebook con el gran Julio me ha dicho una cosa, "no podrán con andaluces como tú", y yo que no tengo certificado de origen claro, ni apellido autóctono (bueno uno sí) ni perrito de orgullo de nacimiento que me ladre, por mucho que siga haciendo fotos a la Giralda cuando le da por colgarse a la luna como un pasador de pelo hecho de nácar, yo que no tengo nada de eso  sin embargo me he sentido reconfortada, porque como decía el Oz que se ha muerto hoy también, (no el mago, el otro), me toca trabajar por la paz, cada uno debe hacerlo según lo que tenga, y mira, escribir es una buena forma y lo estoy ignorando, porque como miliciana soy muy cobarde y como humana  indecisa, así que aunque me agoten los días como espadas que me sacan los higaditos y luego no me queda espacio ni fuerza para nada, una promesa es una promesa y lo que se promete se cumple.
Estoy leyendo un librillo de una serie que se llama "Personajes malditos de la historia", y en estos dos capítulos que abarca( lo saqué de la biblioteca de mi barrio en un rastro) se ocupa de Fouquier Tinville y de César Borgia.
Al Borgia no he llegado, pero Fouquier cuenta con el honor de ser un oscuro  personaje miembro del tribunal revolucionario durante la ídem de Francia, que mandó matar lo más grande durante aquellos días negros en que bastaba una delación vecinal para enviar a un paisano a la guillotina (¿Os suena?) y que como él mismo decía, no hacía más que cumplir con su deber.
En toda regla era un buen funcionario, y si estáis pensando que no tenía sentimientos os equivocáis porque el tío tuvo sus debilidades y de hecho salvó a alguna que otra mujer joven y hermosa recién enviudada o a punto de hacerlo, demostró una fidelidad a la causa a prueba de bomba con respecto a los principios de la Revolución y disfrutó de una vida familiar al parecer absolutamente compatible con la matanza diaria e indiscriminada.
Llegó un punto que aquello se fue de madre de tal manera que bastaba un error en el apellido para salvar o condenar a un infeliz, un simple monosílabo era considerado una declaración en el juicio sumarísimo, que por regla general podía durar lo que dura una consulta de médico del sistema sanitario español o quizá menos, y tan surrealista que hasta los propios redactores o impulsores de la Revolución acabaron  procesados, porque al igual que en la escalada comunista, la histeria, la cobardía y el sentido del deber deshacían las entrañas de los implicados en un baile absurdo y atronador.
No he tenido más remedio que recordar a mi amado Casavella ("Lo que sé de los vampiros"), que dejó tan pronto este mundo sin contarnos más historias inteligentes, porque bueno, a veces he pensado quizá ése es y de hecho es un libro definitivo, de los que pueden justificar toda una vida.
Resumiendo, la especie humana es bastante estúpida, y gente como yo, con la misma capacidad de estupidez pero más hilachas en el cerebro o corazón o por ahí dentro, o donde sea, sabemos que las herramientas son otras y que es necesario construir refugios  en las copas de los árboles, los bellos árboles que buscan la luz y que después de todo, sólo sobreviven pero qué supervivencia tan hermosa.
Podría caer mañana la bomba definitiva pero ellos lo habrán intentado hasta el ultimo día, humildes e inocentes , habrán sido hogares para pájaros, fuente de color y oxígeno, paisaje y vida todo el tiempo que se les concedió.
Eso es lo que quiero hacer de cara al nuevo año, por lo que nuestra señora de los Desangelados se mostrará compasiva con esta humilde anciana ( así llaman a una quincuagenaria en el libro de Fouquier) y le permitirá cada día comerse su trocito de voluntad robada al sueño y al uso impenitente del móvil en la cama.
Puede que a veces consiga escribir bonito, puede que la mayoría no: si no es el blog será en el Word pero una hora cada día, como el ejercicio que me hace falta para saber quién soy.
Hoy descubrí un espacio de librería y café en Sevilla y volví a drogarme con olores y portadas, hay un escritor cuya novela se llama "Los asquerosos" y el rato que esperé cola lo pasé con unas páginas suyas que me atraparon enseguida; no lo compré, no quiero comprar más libros porque no me quedan alforjas para llevarlos, pero quiero seguir leyendo y compartiendo el mundo con toda esa gente deshilachada que piensa y escribe y lee y casi no hace ni ruido.
Pero sí lo hace en realidad; vaya si lo hace y vaya si llena el mundo de otras posibilidades como también los árboles sostienen el cielo aunque nadie lo vea.
Que sean derogadas la desesperanza y la violencia, y que seamos capaces de convertir nuestra estupidez en una forma útil de dolor o sea en arte.
Sin cerebro pero capaces de bailar como las medusas.



Amén.


*"Los amigos de Peter", película, frase.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Huelga general

Mi abuelo fue un niño trabajador.
Mi abuela servía en San Lorenzo.
Mi madre canta con público pero sin sueldo.
Mi padre respiró barnices toda su vida.
Mis hermanos y yo trabajamos porque hemos tenido suerte....
Remamos en la dirección que marca el viento a base de responsabilidad y madrugones.
Nadie nos ha regalado nunca nada.
Somos esa Andalucía sin enchufes de la que venimos y que va cambiando su cara poco a poco, de la que se dignifica y se come los chistes con papas aliñás.
No somos feria ni semana santa ni ese absurdo tópico de la siesta y barriga que es la punta del espejo de las caricaturas.
Tengo amigas que trabajan y llegan a la cama con la misma ropa que se pusieron a las seis de la mañana, mujeres que han hecho de todo dentro y fuera de sus casas en jornadas interminables.
Somos esa Andalucía que está acostumbrada a no quejarse y a tirar de un carro de siglos de lucha y servidumbre.
Por esa Andalucía es por la que me levanto y hago huelga y sueño con otros horizontes.
No sé para qué sirve,pero mi corazón me dice que tengo que intentarlo.
Para que el gigante sordo pueda percibir nuestro cansancio, aunque no sea más que un ligero rumor de caracolas.
"Parece que protestan los que no son nadie"- le oí decir esta mañana.
Me despertó la bandera verde y blanca, que quizá nunca pueda llevarse del todo el hambre.
Pero ahí sigue,recortada contra nuestro cielo, que es el de todos.
Le pone nombre a mi esperanza.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Copio y pego

A veces tengo ganas, y casi siempre ninguna.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.

Londres for five (antes de que se me olvide)

Antes de que el tiempo me borre a soplidos todos los recuerdos inmediatos, me gustaría contar aquí lo que ha sido Londres para cinco persona...