lunes, 9 de julio de 2018

Davinia

Hay quien lleva el nombre de una telenovela, porque sus padres se pusieron tontos con algún capítulo apasionante, pero yo no lo hice así, indagué en la mitología para buscar un nombre diferente a todos los que pudiera haber habido jamás en la familia desde que Eva se rompió una costilla y se la dio a Adán en prenda y luego como siempre se tergiversó y se falseó todo.
Busqué en la mitología como ahora busco en mi corazón una razón para redimir mi existencia, para pintarla con colores vivos porque no me resisto a ser mayor, y parada en medio de la escalera me dedico sin embargo a perder el tiempo que me  sopla en los talones.
No era ni siquiera medio mujer cuando entendí, mientras oía hablar a unos familiares de la inminente muerte del marido de una prima, que la vida no era nada, y desde entonces hasta ahora ha pasado mucho tiempo y sin embargo siento que no ha pasado ninguno.
Imagino a una tal Davinia, que vive encaramada en una escalera que nunca subirá al cielo, con el pelo de colores como las ilustraciones de mis primeros libros de poesía, en aquel barrio donde aún vendían enciclopedias a domicilio, y pasaba el camión de la basura y removía toneladas infernales de desperdicios que yo veía desde mi ventana, y pensaba en la destrucción de todo.
La tal Davinia eligió un buen nombre para su rosa favorita, y la colocó a resguardo de los vientos de Febrero y la echó a volar cuando consideró que era justo que viera otros jardines, pero ella se quedó quitando pelusas, oyendo hablar de leyes y de diarreas, en un rincón seguro sin besos ni caricias.
Davinia canturrea a menudo, aunque lo hace muy mal, pero sabe que cuando alguien oye cantar se siente menos solo, y tararea a menudo, esa molestia es llevadera para los demás, piensa, y desde luego consuelo para mi corazón, al que le gusta acunarse solo en las noches de mierda de las semanas y los meses que transcurren como las páginas de un libro que tampoco importa tanto.
En eso lleva razón Davinia, porque yo a mi padre lo oía cantar y mi corazón saltaba como un pajarillo, y sin embargo ese hombre no pinta casi nada en mi vida, de hecho creo que lo estoy llorando mucho antes de que falte porque falta desde hace tiempo ya, en el sentido en el que los padres están en las vidas de los hijos.
Davinia esta noche se ha asomado  a mirar la luna; sabe que en su interior laten los ríos novela, los ríos humillados, los ríos salvajes, los ríos supervivientes, los caudalosos y los regatos, las cascadas y los charcos, y que , aunque ame a algunos y odie a otros, todos están dentro de ella como las páginas de un libro que, la verdad, tampoco importa tanto.

lunes, 11 de junio de 2018

Dentro de cinco horas, esta mujer...

Dentro de cinco horas, las mujeres se levantarán del lecho, será de noche todavía y aunque el día no haya empezado, ellas lo inventarán igual que paren a los hijos, que no son nada más que polvo y hojas sucias y de repente se hacen carne y llanto y vida, como si fuera cualquier cosa.
Dentro de cinco horas, el fin de semana habrá pasado y tomaré conciencia otra vez de que me debo a una rueda de horarios y rutinas, aunque  entre mis párpados se asome a veces la divinidad que el alcohol me concede y la sociedad me niega.
En cinco horas volveré a olvidar que procedo de una especie casi extinta, que doblegó el cuello de los cisnes en favor del terruño cruel donde los hombres cantaban flamenco, esas historias duras de sudor y nostalgias, y las mujeres callaban en la soledad de cocinas y dormitorios.
No puedo sin embargo borrar las memorias pasadas, donde hay un pueblo blanco y un sol cayendo a plomo, y la mancha del pecado que no era tal corría a borbotones por las calles con el escándalo feliz de la gente libertaria.
A esa tribu pertenezco sin avisos ni carnets de identidad, y desde mi cárcel echo de menos cada día ese amanecer amargo por falta de sueño y excesos carnales, en aquel país al que pertenecen los que viven al día casi sin nombre ni apellidos, ni herencia ni patrimonio ni nada de este mundo que merezca el más mínimo respeto ni tenga el más ligero interés, salvo el de hacer de cada día lo que uno siente y no lo que debe.
Que no doblen las campanas, corre y dile al campanero, decía Manuel Vallejo, que era inteligente natural y cantaor ilustre, y me canta desde mediodías que debían tener sol como tienen mis días, un sol que murió y volvió a nacer para nosotros, y volverá a morir para que nazcan otros, y así la rueda eterna como este mar inmenso que envenenamos cada día y se resiste a morir, como nosotros nos resistimos, hechos de vida y no de muerte.
Quizá la solución esté en vivir borrachos, para sentir que no duele la vida ni importa la muerte, si acaso un poco más que tener un padre indigente o una madre loca o un corazón indigno de uno mismo, puesto que uno sabe que venía a vivir de forma muy distinta a como vive.
Pero vivir tampoco es nada, es como estar dormido, es como ser flor o pájaro o cornisa de edificio, es aguantar inviernos y veranos y un día caer como una pluma o un ladrillo, y en el tránsito tener hermandades o aficiones o apegos y desapegos, es como ser un caballo que bufa y mira con esa indiferencia de los animales las tonterías del que manda, porque el que manda es tonto o es malo, o ambas cosas.
Dentro de cinco horas, dejaré de velar mis pesadillas y me levantaré del lecho vestida de gris y de costumbre.

domingo, 3 de junio de 2018

Gracias





Puede que las cosas no sean lo que esperaba, de mí ni del mundo, esa bola azul que se ve en el universo como la cagadita de un dios muy perfecto y caprichoso que se entretuvo haciendo muñecos a su imagen y semejanza, según los charlatanes de la antigüedad (qué son los profetas, sino charlatanes que el paso de los siglos ha convertido en figuras de autoridad?),y los científicos que todo lo explican excepto lo inexplicable.
Y sin embargo,se revela a veces la sabiduría, aunque es una reina que siempre llega tarde.
Empecé esta entrada tres días antes de mi cumpleaños y ahora, pasada ya la fiesta y la pereza, la termino abriéndome paso con el machete de la esperanza.
Hace unos años decidí tomar las riendas de mi vida, y con un cubo y un pincel  dar los brochazos necesarios para elegir al menos el color de lo que ocurre.
Si os fijáis, no se puede dar brochazos con un delgado pincel, considerando esto como una más de mis contradicciones, dado que no estoy dotada para la alegría, pero aun así, lo intenté.
Y el paisaje es, aun en medio de las nubes que me acechan, al menos el que yo he elegido para pasar mis años, y allí entre las montañas habita la paz que me trabajo cada día.
Puede que si yo falto, mi cocina se llene de pájaros inquietos que al igual que ahora, dejan  las cagaditas del perfecto dios por toda la encimera, y ya no estaré para quitarlas con lejía.
Y que es verdad que casi siempre suenan fados en las vidas humanas, y que el ocaso, como he leído que decía Bradbury,nos parece bello porque es efímero, y que en todo está la promesa del adiós.
Tantas de las cosas que vivimos que no fueron más que pasatiempos y que en su momento creímos cargadas de sentido, tantas personas que decían que eran importantes y se lo decían a sí mismas y nosotros lo creímos, o aunque no dijeran nada, lo parecieron, tantas confidencias que contenían la sal de muchas noches que humedecieron la almohada, y todo se perdió como una nube.
Y aun así, aunque sea una exiliada del país de los cisnes, y me queden anchas y estrechas las camisas porque no me gusta ninguna, (aunque al menos sé cuál no me pondría nunca)y con mis prejuicios que me voy quitando como pellejos muertos con mis escasas fuerzas para saltarme los guiones, sigo viajando por la porción de tarta que me ha sido asignada.
De momento mi voz sigue sonando como una lengua muerta en el reino de la juventud, y mi boca cree que puede besar hasta el infinito, y que poner un poco de orden en el caos de la emoción , que es la loca que nos gobierna, nos seguirá trayendo vientos favorables.
Porque es Junio y sigo usando medias.
Porque es azul el mar y blanca la esperanza.
Porque todo ocurre siempre en aquel lugar donde fuimos felices, y cae muerta la nostalgia bajo las flechas de nuestra sonrisa, con 49, con 67 o con tres millones de años, como dicen que tienen las estrellas muertas que aún pueden verse desde nuestras pequeñas ventanas.
Gracias, es la mejor palabra que se puede decir cuando comprendemos que no somos secuoyas, sino hormigas.
Gracias, otro Mayo y otro Junio como un dios que empieza sacudiendo unos hermosos cabellos al vientecillo fresco de estas tardes.

domingo, 6 de mayo de 2018

La búsqueda de la felicidad

Dani era lo que era, sin más adornos, pero a partir de cierta edad comenzó a sentir en su interior algo que bullía como lava, sin que jamás hubiera considerado que en su corazón pudiera dormir ningún volcán.
Dani pasaba los domingos poniendo lavadoras, porque era un padre concienciado, sin que Marisa, su mujer, tuviera que molestarse en levantar la vista de sus tareas al ordenador, verdadero motor del mundo laboral que repercutía en el doméstico con su sueldo más que suficiente para abastecerlos a todos de las necesidades básicas e incuso un poquito más, lo cual no era poco en los tiempos que corren, que es lo que se suele decir.
Pero Dani, como decíamos, por aquello de la edad madura que a todos asusta, empezó a desear cosas que nunca había deseado, como plantar flores o pintar cuadros, y quizá viajar a museos de Europa donde el aliento de gente muerta pudiera llegarle desde miradas inmortalizadas en lienzos que habían resistido el paso de los siglos.
Dani quedaba muy impresionado de considerar por ejemplo que esa gente de los retratos había tenido domingos de tedio y luchas cotidianas alternadas de esa forma en que suele hacer la vida, como una madeja que se desenrolla sin que apenas nos demos cuenta.
Dani deseaba por encima de todo  "darse cuenta" de las cosas, no vivir sin enterarse, y es por eso por lo que empezó esa desgracia íntima del conocimiento, ese instante en el que  los pocos sabios que en el mundo han sido, han despertado y se han dado cuenta de que todo es una mentira como un castillo en el aire al que uno se acerca y desaparece.
Desde abajo parecía que era sólido, con sus puertas de madera lustrada, su puente levadizo recogido, sus torres y almenas e incluso ventanas desde las que se intuyen princesas aburridas y reyes beligerantes, pero al acercarse uno para intentar entrar todo desaparece como una pompa de jabón.
La desgracia empieza siempre con emociones más básicas, como la rutina o el desapego, el rellenar casillas por sistema o el miedo cerval a la pobreza,(bastaba que Dani considerara siquiera una llamada del banco reclamando recibos devueltos, si es que se atrevía a dejar su empleo de administrativo en una fábrica de piensos, para que se pusiera a temblar en el fondo de sí mismo, ya era suficiente que Marisa, arquitecta bien considerada, con mejores estudios y mejor talante que él, tirara del carro de la casa con más garantías que él y sus aportes), pero aun así, Dani no se sentía amado, aunque sabía que ella lo quería.
"Tanto no me querrá cuando me ha convertido en mendigo de afecto", pensaba en momentos malos, cuando quizá desde la mañana hasta la noche no había habido ni un solo acercamiento entre ellos, cada uno flotando en sus islas de trabajo virtual, emails o redes sociales.
Hasta era posible que, por separado, cada uno hablara más con compañeros de trabajo por Whatsapp que sentados en el sofá que como ellos repite funda desde hace más de seis años ,porque ésa era otra, entre Marisa y Dani, aunque no escaseara jamás el respeto y una cierta admiración mutua, tampoco sobraba la alegría ni el deseo.
Muy claro parece que después de años de estar juntos lo de mantener viva la llama no es más que una chorrada bienintencionada, pero sí es cierto que se puede combatir con un poco de ilusión personal, Dani a veces fantaseaba con que ella quisiera comprarse un vestido nuevo para estar guapa, como si no se conocieran del todo, como si aún hubiera cosas que explorar; o el mismo comprarse un traje formal, que jamás había usado , para acudir juntos a un sitio de copas en el que ella, a lo mejor tuviera ganas otra vez de desabrocharle botones.
Qué tonto el viejo Dani con tales fantasías, cuando a cierta edad es mejor no hacer el ridículo, él precisamente era de los que siempre había pensado que no hay nada más patético que un viejo rebelde, como ésos que se vuelven combativos cuando ya necesitan bastón, de repente necesitados de una personalidad en los últimos años de su viaje.
La vejez debe ser comprensión  y bondad, no un eterno canto contra la injusticia de la muerte, es como si un oficinista que siempre ha sido cordero de repente se enfunda camisetas del Che y se empeña en arrojar botes de humo o quemar contenedores, lo más probable es que sólo sirva para la foto de Reuters, imagen sin sustancia, sin contenido, engaño moderno, porque una foto no arrastra una vida entera ni la explica en absoluto, y además es bastante probable que con el temblor de las manos viejas se caigan las cerillas y acabe quemando lo que no quiere y provocando un desastre absurdo.
Dani pensaba en su abuela, que en sus últimos meses se compró una botella de anís cuando había sido abstemia toda su vida, y dos lágrimas calientes le cayeron por las mejillas en un domingo de mayo demasiado cálido para su gusto.
A su lado, Marisa contestaba correos electrónicos;( los niños, ya semiadultos, estaban ausentes entretenidos en sus propios retales de vida).
La lavadora pitaba una vez más; ésa sí que sabía completar ciclos y terminar programas.
Apesadumbrado, se levantó de la silla sin que Marisa notara su tristeza y fue a sacar la ropa.
Como otro domingo más.
Como siempre.

domingo, 29 de abril de 2018

Recordadme que os escriba

Esta semana empiezo rutinas nuevas, un  cambio muy deseado , madrugones de color de alquitrán como ya tuve otros, pero a cambio oh moneda maravillosa de Vida, tendré fines de semana más normales, quizá más playa, más sol y menos lavadoras, quizá escoger el sentimiento cada mañana en lugar de que el sentimiento me escoja a mí, como decía André Agassi, escoger lo cambia todo, no importa cómo sea tu vida.
Creeré en la llusión de que todo lo que nos pasa es cosa nuestra aunque no decidas realmente ni uno solo de los movimientos que realizas, creeré que los pasos por el jardín no importan , lo que importa es el jardín mismo, y aunque tengamos flores feas hay que mimarlas igual.
Esta tarde una compañera de mindflulness ha encontrado un texto que le regalé y ha dicho palabras reconfortantes para mi corazón, que ayer volvió a agotarse en un rincón depravado de emociones negativas y cansancio, y he pensado qué grande es mi deseo de escribir, qué buenas señales trae la golondrina con sus ojitos negros, qué complicado es el mundo con todos sus males y qué bello también tener que trabajar para vivir, porque de lo contrario sería un mueble humano de los muchos que trato cada día. (trabajar no en el sentido laboral sino espiritual, de tal manera que la depresión de faenar no acabe con la vida forrada de ansiolíticos).
Ahora una página nueva se abre como un abanico, si puedo sujetarme al palo mayor para que el viento no se me lleve como siempre todo irá bien, si puedo no quejarme, si puedo controlar el miedo, si puedo soportar bien el dolor de huesos, todo irá bien, y de mis manos de maga vieja saldrán las guirnaldas de palabras como de momento salen de los libros que leo.(ya sabemos que leer es otra forma de escribir, lo sé yo desde hace muchos años).
El de esta semana es de Salman Rushdie y se llama tal como lo véis aquí, y de momento me gusta porque habla de los yinns que están por todas partes, voladores o reptiles, de las pugnas de la filosofía,de las tribus que van por el mundo olvidadas de sí mismas  y de muchas cosas más, en una secuencia larga que es como a mí me gusta escribir, a espasmos y mezclando muchas cosas, exactamente igual que los recuerdos se nos agolpan en la mente y se ponen a dormir sin permiso sobre el corazón, y a veces hay tantos que empiezan a rebosar.
Seguimos.

viernes, 27 de abril de 2018

Ojalá nunca


Hoy le pido perdón a mi corazón por considerarle loco  e insensato, cuando realmente  creo que somos mucho más que los libros leídos, en un momento dado somos vida, lo que se planta por delante sin aviso alguno y nos exige una respuesta rápida, eso es  lo que nos define más que todos los inviernos al calor del hogar.
Esta tarde, al volver de unos vinos con mi jefa, me pareció que una pareja joven discutía de mala forma y que una chica estaba siendo agredida; sin pensarlo crucé la carretera mientras llamaba al 091 para poner en conocimiento de la policía lo que estaba pasando, pero la chica en cuestión no ha querido saber nada de poner denuncia ni hacer que pasara a mayores.
Me ha sorprendido, adolescencia que habitas en  mí, soltando un discurso a la muchacha de padre y muy señor mío, con frases como "me da igual que sea tu amigo o tu novio, esto no lo debes consentir " y amenazas muy serias de dar los datos al policía que tenía al teléfono y que estaba oyéndolo todo.
El supuesto agresor ha cerrado la puerta del coche de  mala manera casi pillándole la pierna a la chica y ha salido quemando gomas, como suelen hacer los cobardes cunado el ruido atrae testigos.
Luego en frío he pensado, y el mismo policía me lo ha dicho, que por mi propia seguridad tuviera cuidado, no sé si se refería a un posible regreso del tío con el coche , o al simple papel de los justicieros de barrio que ya no se estila, y he zozobrado achacando mi valentía a los vinos que me gobernaban.
Ahora, un rato después, pienso un poco avergonzada, en el libro que estoy leyendo, en el que se desarrolla una escenificación de "La tempestad" tomando como excusa una venganza personal de un director de teatro a quien destruye la maldad y el arribismo, y me he arrepentido de mis reservas.
Puedo ser ridícula metiéndome en momentos vulnerables en conflictos ajenos, sacrificando mi calma para creer que se resuelve algo, pero cómo no hacerlo en esta sociedad donde la manada, ese grupo de violadores sin alma, escapa de rositas después de cometer un acto execrable y a todas luces injusto.
De un país donde se permita o se tolere la violación ya no se puede esperar mucho más,   y puede que yo, esta tarde, al cruzar esa carretera al encuentro de una pelea de jóvenes, buscara precisamente reparar esa falta abominable, rellenar con mi indignación tanta amargura, poner los puntos sobre unas íes que no existían seguramente más que en mi imaginación, pero oye, es que la violencia canta mucho, es asquerosa, llamativa, prepotente, intolerable.
Sólo se calmaría con un pistolón hasta los topes de pólvora y luego,qué, un felpudo ensangrentado en el suelo como los restos de una batalla aparentemente ganada.
Nagore era una estudiante de medicina que ofreció resistencia y pagó con su vida; la mujer a la que la manada redujo a objeto y que el juez ha reducido a una cara que no demuestra dolor, ( qué hijo del escorbuto el elemento, debe ser un consumidor de porno habitual) se quedó alelada y eso es porque disfrutó muchísimo con las penetraciones de tres vías a los que la sometieron.
Juro a los dioses que espero desde mi corazón adolescente no tener que cruzar más carreteras, no atravesarme con la desdicha, no enfrentarme a la ignominia de unos patrones de pensamiento  donde las machadas son travesuras y las mujeradas son provocaciones, espero sinceramente no tener que enfrentarme a ellos, no tener que cargarme a nadie.
Sé que no serviría para nada, el estilo Harry el sucio ya no se lleva,  somos pacifistas, somos leídos, somos garantistas bla bla bla y más bla.
Pero a veces, al igual que el señor Duke de la novela que estoy leyendo, hay que ponerse manos a la obra para poner justicia donde sólo hay corrupción,  aunque sea provocando olas y fragor de tormenta sobre las tablas de un escenario, y en medio de todo el ruido, terminar acorralando a los criminales que viven como si tal cosa, como si el derecho a destruir fuera su exclusivo privilegio sobre el manto de tontos, inocentes y simples a su entera disposición.

jueves, 19 de abril de 2018

Sabrán los pájaros que han de morir?

Reflexión del día en que decido volver a leer y escapar de las garras del móvil, que es ya mi periódico, mi guía, mi compañero de metro , mi ventana al mundo y mi mayor ladrón de energía, y como se me olvida todo lo que hago en un plazo máximo de dos meses he pensado que voy a poner aquí las portadas de los libros que vaya leyendo, sin hacer crítica espesa, tan sólo un par de apuntes o ideas, para que al menos así el blog me sirva para algo, porque de verdad que ya no sé cuáles son mis libros favoritos de tanto como he leído y olvidado, sin haber dejado memoria ni índice alguno de ello.
Realmente la vida es eso, un pasar página incesante que al final siempre te deja en la presente, la única que importa.
Y aun así, necesito fabricarme bitácoras para no perderme del todo, a una edad en que empieza a dejar de importarme la edad, aunque soy consciente de que el mundo en el que vivo sigue rigiéndose por los mismos patrones de siempre.
Pelín empeorados, incluso, ahora que en verdad empieza la presbicia y el capricho de los dioses perversos que se regodean en aquello de marchitar rosas, como si no hubiera otra cosa mejor que hacer que fijarse en eso.

Oh, querido, abandonado blog, se avecinan algunos cambios muy deseados por mí  que como todos los cambios arrastrarán nuevas rutinas, y entre medias de tales cambios qué decido yo, como si necesitara un paragüitas para la tormenta, pues nada más y nada menos que volver a la biblioteca.
Ayer busqué en las estanterías a Casavella, porque necesito volver a leer los vampiros, a ver si me vuelve a dar  en la cabeza con la varita de la lucidez que tanto envidio, pero no estaba.
He de volver, he de volver a buscarlo como dicen que vuelve la burra al trigo, cansada como estoy del Facebook de Zuckerberg, de las fiestas de mi ciudad, de la política rastrera y de una vida demasiado acorde con las fantasías de un escarabajo pelotero que deseara por encima de todo un rincón del mundo donde ganar un sueldecito, languidecer y morir.
No es broma que algunas noches deseo sacar la fusta para azotar mi caballo, que es perezoso y empieza a ser viejo, y no me saca de la llanura sino que más bien me lleva a los mismos páramos de siempre, donde disimulo ante gente con la que no tengo nada en común.
Menos mal que ahí están los libros,  a los que he de volver siempre hasta el fin de mis días.
Ahora que tengo lo que muchos desean, una cierta estabilidad si es que ésta es posible para quien rigen las mareas con sus lunas, podría sin duda plantearme escribir a pequeño, a corto , a medio y a largo plazo, lo que sea, pagándolo en fracciones, recuperando mi vestido de diabla al teclado, esa esencia que me huele a cuerno quemado y a nostalgia, lo que considero mi verdadero Yo, o vamos  a decirlo así, el fantasmita que me posee.
No hay que olvidar que he descubierto que el yo es un timo, y en ésas ando mientras pienso si me matriculo en filosofía o sigo destinando mis escasas energías a lo de siempre, que para eso una es una tía responsable y trabajadora, en el fondo, junto al pliegue derecho del corazón que empieza a sonar a lata con una moneda sólo.
La sacudo y leo, leo y la sacudo, y me tiento a probar cosas nuevas que desde luego no serán los bichos secos del Carrefour, y me despierto de madrugada y pienso en mis abuelos y es como si estuviera en ellos todavía, el otro día me planteé lo injusto que es que seamos perecederos, coño, uno tiene su vidita con sus cosas y gentes, las costumbres, las manías y los pequeños placeres pero es como un préstamo y eso lo sabemos en todo momento desde que vemos el primer muerto de nuestra vida, vaya dolor, así que somos finitos, pues claro, eso lo sabe todo el mundo, pero realmente no, no lo sabemos, porque de noche te despiertas y piensas en ello y no es en verdad un pensamiento sino una sensación de extrañeza.
Alguna vez lo hemos hablado mi hermano y yo, nos hemos preguntado si los pájaros sabrán que mueren, que no durarán siempre, desde luego quizá no se desvelen por eso, no se hagan preguntas, bastante tienen con sobrevivir cada día y ver el sol que les ha sido asignado, nos referimos claro está a ese miedo en calma, no cuando ya un gato te está atrapando entre sus fauces que en los humanos es como si  en el avión la cabina se despresuriza y el aire te quiere arrojar a la muerte a través de una ventanilla (esto ha pasado esta semana en el mundo de los vivos, y la gente lloraba y se puso a enviar su último mensaje),no, nos referimos a estar tranquilos en el nido y que el pajarillo piense joder qué a gusto estoy , y pensar que me tengo que morir, qué putada, como ya murieron mis abuelos, que eran tan alegres y cantaban canciones y tenían dudas como yo y se desvelaban en medio del campo de batalla sin saber a qué venía eso.
Seguramente la respuesta es no, porque los pájaros ni siquiera necesitan el consuelo de los libros.


Leyendo esta semana ...

Davinia

Hay quien lleva el nombre de una telenovela, porque sus padres se pusieron tontos con algún capítulo apasionante, pero yo no lo hice así, in...