viernes, 24 de noviembre de 2017

Deseo



El deseo no es tan malo como dicen, no es bajo ni mezquino ni ruin, es un hálito de dioses que tenemos entre los bolsillos y que podemos encontrar como monedas perdidas.
El deseo es mirarte de lejos con las hinchazones de la mañana y querer estar contigo, pero ya no es estar con tu cuerpo, sino con lo que tú eres,si te miro y te deseo también deseo tu mirada, la forma que tienes de estar en el mundo.
Esto es lo que he querido  decir; cuando me he preguntado tantas veces si alguien me deseó de verdad alguna vez me refería a esto, no a las tetas y al culo que aun siendo bonitos cuencos sagrados en la época de juventud, no es ni siquiera la firma  en el folio en blanco de los individuos.
Todo lo que aprendí en mi trato con los demás ( a los siete años un test psicológico me definió como "astuta")lo pongo a mi disposición cuando de deseo se trata, podría escribir un pequeño libro con estas conclusiones, desde luego nada que ver con madame de Lenclos, pero digamos que el caminito que anduve fue corto pero intenso, y algunas veces echo de menos que fuera más largo,
Cortesanas hubo que al final sucumbieron a una emoción auténtica, buscadoras de tesoros en el teatro del mundo, huyendo siempre de trabajos brutos que minan y agotan la capacidad de seducción, a ver si no es éste un síntoma de inteligencia.
Personalmente siempre he desconfiado de la arrogancia de los llamados luchadores, no hay nada digno en dejarse explotar sin ponerle al menos una etiqueta rosada a nuestro nombre y nuestros gestos, no se repetirá jamás un solo individuo sobre la faz de la tierra y esto es un dato bastante a tener en cuenta para que nos valoremos lo suficiente.
A estas horas de un viernes que no es viernes, me busco en los bolsillos esperando encontrar la moneda de oro que me alegre el día.
Porque fuera hace un sol desvaído y triste y mucha gente que quiso amar se ha perdido en un mar de lodo y plásticos.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Cazorla (II)


A mediodía del 2 de junio de 1694,una gran tormenta, que sería conocida por las generaciones  cazorleñas posteriores como "el diluvio", descargó sobre el pueblo con toda su furia,después de que el desprendimiento de una roca hiciera tapón en las alturas hasta que el agua tuvo que saltar por encima, destrozando la iglesia de santa María de Gracia que aún estaba en construcción.
El arquitecto inicial había sido el famoso Vandelvira que la diseñó aprovechando el cauce del río Cerezuelo y que (imagino) cien años después del encargo no pudo lamentar la catástrofe.
De los ochenta vecinos de la plaza situada frente a la iglesia,murieron sesenta y siete.
La iglesia nunca se terminó, puesto que a los posteriores esfuerzos por levantarla se unieron otras desgracias,como la entrada de los franceses durante la guerra de independencia, que le metieron fuego.
Santa María de Gracia nunca llegó a estar terminada.
Ése pareció ser su destino.
Hoy día el lugar sigue siendo impresionante.
La puerta mágica a otro secreto de Cazorla que no voy a desvelar.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Cazorla (I)

Al monte le salió un pueblo en el costado. Poco a poco fue creciendo a través del río que suena cantarín por todas partes.Las flores se agarraban a donde podían y la hiedra se acostaba en los rincones de húmeda piedra. Como todos los lugares encantados,el pueblo tuvo sus secretos y sus desgracias,y todas quedaron en la memoria de la piedra.
Todavía hoy quedan forasteros como yo que abren la boca y no la pueden cerrar porque no sabían que este sitio que vimos en los cuentos pudiera existir de verdad.
Se llama Cazorla y está ahí desde 1231.




viernes, 3 de noviembre de 2017

No hace falta ser eternos, bastaría con escribir.
Me he perdido en una galería de escritores y escritoras y todos tienen nombre, cara y libros, son parte del cosmos de lo que se ha pensado y se ha creado.
Me pregunto por qué no puedo ser yo uno de ellos.
Si he llegado a ser funcionaria del servicio postal, por qué no elegir mejor la carambola, pegarme con tinta al suelo de mi negritud constante, cambiar el dolor de espalda por el ansia de las palabras, parir a toda esa gente que veo en sueños y ponerles a vivir vidas como calcetines, a veces con pareja y otras sin ella, pero siempre enganchados a la vida y a la muerte a partes iguales.
Escribir es retratar las relaciones de familia que tan huérfanos nos hacen sentir a algunos, acentuar la belleza de lo que no existe y quitársela a la perfección indecorosa, es quedarse desnudo a merced del viento y hacerse pulseras de caracolas.
De verdad, trato de convencerme.
No hace falta ser genios, hay muy pocos genios, pero sí hay mucha gente que escribe, no es nada del otro mundo, no es necesario ser perfectos y mucho menos buscar la gloria y la eternidad.
Basta con escribir.

martes, 24 de octubre de 2017

Si yo mereciera

Si yo mereciera que alguien cumpliera  mis sueños, encadenando sus deseos a los míos como si fueran dedos anhelantes. Si yo mereciera que alguien olvidara mi nombre para volver a tomarlo como si fuera un recién nacido envuelto en un paño, para volver a ser apretado contra el pecho desde donde se oye el corazón.
Si yo tuviera la fuerza de cien dragones y el pecho valeroso de una guerrera, quizá entonces viviría todo aquello que quiero.
Pero la verdad es que cualquier brisa me desilusiona, cualquier soplo  de viento derrumba mis ilusiones con la misma facilidad con la que se levanta.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Algo se romperá (Crisis)

Algo se romperá entre nosotros cuando ya no piense como tú, cuando entiendas que lo que tanto te importa se me da una higa, cuando nos dé coraje no ser hermanas en las pasiones. Algo se romperá  cuando veamos que tú vas por arriba y yo por abajo, que el color rosa no nos dice lo mismo, cuando lo evidente para ti sea una duda razonable para mí y cuando todo lo que tengo claro te parezca simplemente cobardía.
Algo se rompe siempre en este puto mundo habitado por hormigas que se creen las únicas poseedoras de la razón, que inventan escalas para llegar al cielo y se quedan atrapadas en miserables mentiras, algo se rompe en el mismo momento que dos mundos catastróficos se ponen en contacto para tirar de un hilo.
El que dijo que los debates enriquecen se equivocaba más que la paloma autista de Alberti, el que confía en la libertad del individuo como promesa de que pueda florecer algo bello tampoco está muy fino, y todo esto me provoca una agobiante sensación de pérdida, de inutilidad como si me hubieran echado del paraíso, yo que viví y soñé a través de los libros persiguiendo siempre  las biografías de la gente que luchó.
Es duro darse cuenta de que tengo más en común con la madre de David Copperfield que con  Phoolan Devi, por cuya muerte lloré amargamente y me rasgué las vestiduras del corazón occidental que me pusieron al llegar.
Es duro darse cuenta de que nunca dejaré de adjetivar en exceso, de que me resigno a cocinar mis pucheritos de  esquemas rotos, algunos son tan inéditos que tengo que hundirlos con la pala de madera en el agua hirviendo para que no protesten.
Ayer tarde estaba en el paraíso, oliendo las flores y contemplando el arcoíris, cuando el ángel de la vida me dijo que sólo era el reflejo del romance de la luz con el agua, y era cosa mía lo que quisiera ver.
"Necesitáis las mentiras porque son bellas; a ver cómo se lo explicas a los que vengan después de ti "- me dijo, y me enseñó la puerta de salida, un arco florido del que colgaban dulces uvas que nunca podré comer.
Las uvas son para los soñadores; tú has dejado de soñar, me dijo.
Esta noche crucé un río, vendí objetos, comí pasteles, no puedo aceptar que esa otra vida mía no sea válida y hermosa, hubo un tiempo en el que yo sabía quién era y lo que vine a hacer, pero me perdí como una Caperucita a la que le gusta más el lobo que a un tonto un lápiz.
Tengo los años que tengo y no tienen importancia, a ver quién puede competir con eso; simplemente no me importan y al igual que ella, quizá comience a ser yo a partir de los cincuenta, la juventud es ese bonito papel celofán sobre el que ninguna tinta puede escribir y por lo tanto no sirve para nada, se va enseguida.
Dando gracias por lo mucho aprendido, abrazo mi dolor como si fuera un gato persa, mis carpetas como la documentación necesaria en mi papel de policía doméstico, y sigo caminando fuera del paraíso.
Puede que aquellas luces brillantes del final no sean sólo una hilera de tiendas en rebajas; puede que si me acerco, descubra que el paraíso del que me han echado no es el único.
Quién puede decir que no.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Las cartas de la mentira

Miento.
No quiero cargar sobre mí el peso del mundo, porque no soy la única.
Mentimos como si jugáramos a las cartas, porque en las mentiras hay un hilo benéfico que conecta todos los deseos.
Miento cuando le digo  en mi trabajo a esa pareja interracial que sólo estoy bien en mi querida isla, que aunque sea verdad, es una mentira a medias, porque a veces creo que me da igual dónde estar mientras se vea un amanecer empaquetado tras una ventana.
Miento cuando me horrorizo por tener que trabajar un sábado tarde, porque luego no es para tanto, y miento cuando me prometo que escribiré como si fuera lo único que me interesa ya que no sé cantar ni bailar ni tengo oficio ni beneficio ni puedo abandonar mi golosa y decadente humanidad en los brazos de ningún amante arrebatado.
Miento cuando  digo que soy normal, y miento cuando le digo a mi hija que la pinta de su amiga de trece años me parece inapropiada, porque realmente lo que me parece inapropiada es la sociedad, y aunque en el fondo esté de acuerdo con el discurso social de las tablas de planchar y la preservación de las criaturas menores de edad, que deberían tener derecho a jugar con los fetiches, como todos hicimos, como hicimos todos, también miento en esto y se me raya el cerebro como si fuera la cáscara de un limón para echar en un bizcocho.
Miento cuando sonrío y miento cuando el espejo me devuelve la cara de mi padre con peluca, y miento más cuando digo que las cosas no me importan, cuando ya me importaban  en la sombra de mi padre cuando se pateaba las calles del Pumarejo fumando a escondidas huyendo de mi bisabuela, y miento cuando digo que sangre de Noruega explota en mis venas  sólo porque no me identifico con lo que se cuece por aquí, ni con mi vida de animal domesticado que cumple con su actuación  en el circo a golpe de látigo, y miento porque todo me importa como me importaban las décimas de fiebre de mi hija tanto como me importa ahora dónde está y a qué hora vuelve.
Hace dos noches terminé el libro de un autor italiano que me regaló mi madre, y aunque es una historia simple y cargada de sarcasmo barato que a su vez disfraza  moralina sentimental y el despiadado amor que sentimos los gusanitos por la vida,  estuve sin dormir hasta las tres de la mañana pensando en lo que tenía que hacer para escribir mis propias historias.
Es demasiado el caudal que soporta este río, y a veces pienso que el pellizco de mi pecho tendrá una explicación médica, y entonces mentiré también sobre los motivos, la edad, los olivares andaluces, la herencia genética, el vino blanco o los atardeceres de domingo que me llevan matando desde niña.
Miento si me digo que no quería en realidad bailar el Happy en la fiesta de la piscina, donde estaba mi hija con sus amigas bebiendo san francisco, porque es infinitamente mejor quedarse en un rincón mirando bailar a los demás, y miento si me cuento a mí misma que en realidad no nací para otra cosa más que para conectar palabras que a su vez contienen pensamiento, un pensamiento que es como una serpiente verde que me cruza desde la cabeza a los tobillos y se come mi corazón poquito a poco.
Miento si os digo que no me importa no haber bailado, haber vuelto a casa a beberme en soledad un gin tonic débil recuerdo de mis recientes vacaciones tan llenas de sol y buenos ratos, y miento si digo que esta noche no quería jugar a ser joven, a mirar la ciudad y sus luces desde el habitáculo de  un coche, como si no tuviera casa todavía, y recolectar unos besos furtivos y un roce de ropas que tienen el sabor excitante de lo que no se puede consumar.
Miento y seguiré mintiendo, porque la mentira consuela, es como un vestido que siempre te perdona aunque estés gorda, si lo llevas con arte te favorece, y yo que soy comunicadora de bondades y de deseos estoy bien así, amando lo que pueda y sobreviviendo mucho.
En los huesos las novelas que ya tendría que haber escrito, y las alforjas llenas de papeles que sólo existen en mi cabeza, pero eso sí, entregada a lo imposible como si éste fuera el primer día de mi vida, y en la ventana un cielo azul y una nube blanca me siguieran prometiendo que todo puede ocurrir todavía, porque hoy es entonces y entonces es todavía.
Qué es todavía.
Todavía es posible que Louise Hay viva en algún rincón de la soleada California, donde cuidaba un huerto y escribía libros huecos para su fundación, o eso decía, seguro que también mentía, igual que seguramente se operaba para hacer más fuertes los efectos de las afirmaciones, pero no miento si digo que esto no importa en absoluto cuando uno vive para hacer tanto bien como ella hizo, no miento si digo que gracias a ella creí que tenía cosas importantes por vivir cuando pensaba que ya me había pasado todo.
Esta noche las cartas de la mentira, que son hijas de la pereza y de la cobardía , sobrevuelan mi cuarto y se escapan por la ventana, y me parecen palomas que atraviesan la oscuridad azul  de los cuentos de hadas para encontrar a sus verdaderos dueños, los sueños que son en realidad príncipes desterrados.

(Descanse en paz Louise Hay, una americana con la que no tuve nada en común... excepto la esperanza y la fe, bendita seas por siempre en los otros barrios y planetas).

sábado, 8 de julio de 2017

Mamá


Mamá es una desconocida que deambula por la casa, quitando el polvo , vaciando las cestas de la ropa sucia y de vez en cuando quejándose de lo poco que ha dormido, porque hay que decir que últimamente a mamá le duelen cosas por la noche, sobre todo si se pasa con sus únicas delicias permitidas  que ya le quedan, como pueden ser el queso y el vino.
Ahora que todo ha pasado, entiendo que mamá intuía un final que no era un final al uso, sino más bien algo amplio y ancho como un abanico abierto pero roto con todas las posibilidades tachadas, no es que fuera pesimista mamá, es que la vida es así.
No solemos pensar en las madres como chicas jóvenes, están llenas de reproches y ataduras y habilidades prácticas, incluso las más desastre, y se las busca por su utilidad acostumbrada y dócil, pero hay que pensar que hubo primaveras en las que salieron a la calle con un pañuelo al cuello  o en la mano en el que viajaba todo su futuro y unas gotas de perfume sobre la piel limpia.
 Sin embargo todas y todos nos hemos quedado ahí, en esas tardes de preámbulo en las que todo era posible todavía, y la vejez no era más que el abrigo que llevan los raídos, los que no tienen ningún sitio a dónde ir. Para las mujeres que crían o cuidan o existen como mujeres coherentes, la cosa se agrava un poco.
Cuando se dan cuenta, el pañuelo ha volado y queda como una barca de madera que todavía es guapa pero ya sólo sirve para llevar gente encima.
No todas las mamá del mundo sirven para aceptar esta parte del trabajo cósmico, las hay que añoran estar tumbadas en la playa sin que nadie les hable o ser una adolescente eterna que se ceba de chuches mientras piensa que tampoco se presentará a ese examen que elude entre beso y beso del novio deprimido que tardará en desaparecer pero lo hará como el pañuelo volador.
También añoran ser lo que sea menos ella misma, tan parecida a las demás mamá pero tan diferente, a medias entre la reclamación de sus derechos y la compasión doméstica.
Total, si no lo hago yo quién lo hará, y una madre ya sabemos todos lo que es, no tiene deseos ni fantasías, y si los conserva, mala cosa, porque obliga a los demás a pensar en cosas molestas.
Hay un delicado tul que cubre todas mis cosas, piensa mamá, y es mejor que sigamos el curso del río.
Está haciendo un verano fresco, maravilloso y pleno de luz, que sopla sobre las cortinas como un amante ducho lo haría sobre la nuca de alguna soñadora, y con eso tengo bastante.
Si puedo conseguir que no me duela nada, todo irá bien.
En breve todo habrá pasado, piensa mamá.
Ayer vino el jardinero y me contó que su mamá tiene cáncer, le han quitado un seno y está desanimada, sin ganas de hacer de comer, todo el día en el sofá, la familia soporta como puede los malos tiempos, mamá se recuperará, le digo, si puede lo hará, es lo que hacen las madres, ánimo.
Todo irá bien, pienso, en breve todo habrá pasado, cada vida tiene sus períodos vacacionales, y se nace y se crece y se reproduce y se muere, y las mamá del mundo son como patas de un banco que soporta mucho peso sin que se note hasta que se rompe por algún sitio previamente astillado de forma casi imperceptible, como el crujido de una antena de mariposa que deja su vida contra la rama de un árbol y a la que se miró sin ver mientras volaba.
No es que sea pesimista, piensa mamá, es que la vida es así.
Antes de poder empezar a elegir, ya casi hemos terminado la partida, pero esto tampoco es terrible, sólo es vida que pasa como pasan las páginas de un libro.
Leer y vivir son actividades que merecen la pena, por los siglos de los siglos, amén, mamá dixit.

domingo, 11 de junio de 2017

48






Hace diez años tenía treinta y ocho, y se me ha olvidado qué estaba haciendo cuando calentaba la sartén del mediodía.
Hace veinte tenía veintiocho, y sé que no era madre y trabajaba en una fábrica de puertas, aunque ninguna de ellas se abría hacia el mar.
Hace treinta tenía dieciocho, y  un vestido blanco de algodón abrazaba mi cuerpo,  un cuerpo que me agradaba de repente porque tenía bonita piel y hermosas piernas y muchas promesas escondidas que empezaron a salir a la luz a través del amor de otros o de mí misma, aunque seguramente pronto se perdió. Recuerdo que daba clases a niños en sus casas y les explicaba cosas que he olvidado por completo, hasta el punto de que ya no puedo explicarle nada a mi propia hija que estudia ahora.
He olvidado que una noche estuve jugando al billar  en  Budapest hasta las seis de la mañana, hasta hace pocos años conservé el papelito  del bar con mis notas escritas por detrás, he olvidado que jugábamos una partida tras otra oyendo acento extranjero en un país donde los extranjeros éramos nosotros, y también he olvidado cómo eran las noches de hotel de aquel viaje.
Recuerdo el frío en las excursiones por no llevar ropa adecuada, y la grima que me daba la gente del grupo que compraba cristal de bohemia en Praga, había una pareja de recién casados y una familia del norte con hijas adolescentes, una de ellas suspiraba por casarse pronto, eso sí lo recuerdo.
Yo iba con mi novio, al que no llamaba así, porque siempre se me han dado mal las nomenclaturas sociales, pero sí recuerdo que lo amaba y también, qué curioso, que me quiso penetrar de la forma en que jamás nadie lo ha hecho ni lo hará mientras mi cuerpo no sea cadáver, y de esa manera se puede decir que en Viena no me doblegaron, ni siquiera ese amor que consideraba tan auténtico.
Al final siempre he quedado yo, con mis harapos y mis rastrojos en la boca, bajándome del tren cuando ya no me gusta el paisaje, y creo que en cada batalla las lágrimas tienen más poder cauterizante, pero al mismo tiempo estoy más cansada.
Hasta el punto de que llegaré a un momento en el que al igual que mi padre, asomaré la nariz en una casa vacía, donde sólo  cabrá mi desorden y mis manías de vieja, a la que seguramente no llegará ni el rastro que deja la vida activa, con hijos y esposos y empleos.
Mis novios siempre me han regalado libros feministas, desde el primer verano de vestido de algodón hasta los tiempos actuales, y nunca han sabido el daño que me hacían y se hacían a ellos mismos, porque abres los ojos de forma diferente sobre tu propia existencia; y si esto fuera un trato, un convencionalismo? ¿Dónde queda lo que yo soy en todo esto? ¿Hasta qué punto una es sincera consigo misma cuando acepta una relación sin preguntarse si se basa en algo que merezca la pena consolidar? ¿Es posible renovarla cada día como se renueva la tarjeta del metro, o estas cosas escapan a todo control? ¿Cómo puede la gente estar casada treinta años? ¿Soy la única que se pregunta esto?
Cae el calor a chorros y junto al interrogatorio habitual de mis análisis, el duendecillo de la ingratitud, que me sopla 990 de las mil formas que existen de ser ingrata, me tira de las orejas divertido y me recuerda que ya son cuarenta y ocho.
Cuarenta y ocho se empiezan a inclinar como la torre de Pisa, y todavía no sabes quién eres.
Pobrecita de ti.
Menos mal que por eso mismo siempre serás joven, nunca llevarás como decía Bryce Echenique pantuflas en el alma, menos mal que por esto mismo siempre serás follable, no faltan exploradores que busquen el misterio dentro de las pirámides.
Y menos mal que mañana se me habrá olvidado todo esto.

martes, 2 de mayo de 2017

Verdades

Hay ateos bañándose en la sangre de Dios
y creyentes que ya están en el infierno.
Sé por qué beben tanto los poetas
es porque no saben qué hacer con los domingos
ni con los recortes de periódicos en los que sale su nombre
en letras chiquititas y desapasionadas.
También sé que huyo de la gente
porque tengo todo en común con esa loca
que oí hace muchos años en un centro comercial
criticando abiertamente a las madres de familia;
yo que soy incapaz de herir a nadie
al menos con intención como de niño de patio de recreo
estaba de acuerdo en llamarlas lo que eran
mantenidas y cobardes
pero fuera atardecía un sol anaranjado y triste
las cajeras miraban como palos
y yo pedí un café
y me puse a pensar en otra cosa.
Desde entonces he sabido que en mi alma
late esa misma verdad como una mosca
que en lugar de cojones habita una sesera
tan rebelde y alocada pero
ay, tan cobarde
como una hoja de palmera que no quiere
dejar de abrazar al sol ni un solo día.

lunes, 1 de mayo de 2017

Escribir

Lo de escribir es como llevar un ascua en el costado
una necesidad de contar lo que a nadie le importa
pero les pasa a todos.
Lo de escribir es despertarse bien alimentada a eso de las ocho
oír los pájaros y obligarse a dormir
sólo porque se está de vacaciones
es amarrar el alma como un globo a un árbol seco
es asentir a menudo y rebelarse siempre.
Lo de escribir va por rachas
es como el reúma o las alergias
es echar de menos todo
y ambicionar nada
quizá la inocencia de pretender muchas vidas
que se adelgazaron torpes en una sola y cansada.
Escribo sin respirar
o respiro porque escribo
no me reconozco en nada de lo que hago
y muy lentamente invento todos los días
un dolor nuevo que me despierte
a eso de las ocho de la mañana
y aunque me obligue a dormir
no me deja descansar
el alma que está amarrada.


Mi bayeta y yo

Limpiando el baño hablo con mi bayeta,
le veo que se agrieta,
ya son muchos años.
No te preocupes,
ya mismo descansas
te espera otra vida
siempre reciclada.

Consuelos baratos





Qué ricas las patatas fritas
cuando una no ama ni ríe ni pía
qué ricas las patatas fritas
cuando el puto pc se queda alelado
ni patrás ni palante ni pal medio costado
qué ricas las patatas fritas
cuando una no ama ni sueña ni pía.

domingo, 23 de abril de 2017

23 de abril

Hoy me doy cuenta de muchas cosas sorprendentes.
De mi pertenencia al país de las palabras, de mi nacionalidad de libro, de mis deseos que son como espadas candentes, de cómo he tenido la ventaja de salvarme gracias a le lectura.
Hoy me doy cuenta de que no sé de dónde vengo, ni yo ni cierta gente nómada que no es de ningún equipo de fútbol, partido político o tradición secular.
Esa gente que vive sin guión y bebe sin sed, esa gente libre que sufre cuando la atan en corto, pero que se engaña diciéndose que todo está bien, esa gente que no se reconoce en su familia ni en el espejo, que se pregunta a menudo de dónde pudo venir esta cosa vieja de su pensamiento, esta tendencia a la infelicidad, por darse cuenta del cartón que recubre al mundo como un regalo mezquino, pero que en cinco minutos puede transformarse en esperanza, aunque sea pálido deseo de calcetines y vino blanco.
Hoy me doy cuenta de lo vacías que están mi vida y mis palabras.
Cáscaras de nueces que caen como adornos de un árbol de navidad que ya se ha muerto, tan olvidado que ni siquiera nadie lo pisará.
Me doy cuenta de que es más que probable que no tengas ningún deseo de ir a América, que nunca te hayas imaginado una carretera de la ruta 66, que no esperes grandes momentos en tu relación conmigo.
Estoy atada a ti por demasiados lazos, por la cuerda del paracaídas, por el color gris del calendario, por mi lastrosa familia, por tu generosidad, por lo que hago por ti, por lo que haces por mí, pero al mismo tiempo separada de ti por esta vieja ignorancia de mi cuerpo y de mi boca, por mi reino doméstico de paz y aburrimiento.
Noto el éxodo dentro de mí, como si fuera una elefanta que busca su camino al cementerio.
También aprecio que la sensibilidad se me abre como un abanico y que los momentos difíciles sólo sirven para que una bolsa de aire fétido se me instale en el estómago y me duela al despertar.
Qué fácil es tener giros dramáticos en cualquier momento de la vida, ceder a la presión de ser madre para pasar luego al bando de los sufridores, los que conducen calladitos llevando gente al médico sin parar, los que jamás pisan un museo y jamás hacen nada que les guste.
Qué fácil es permanecer así, instalados en la amargura sorda de los que queriendo bailar, les cortaron las piernas y los brazos, ilusos que creyeron que la vida era una fiesta privada para hedonistas, nunca se ha visto que un hedonista pueda ser de barrio obrero, ésos pasan a ser simples alcohólicos o porreros, el paraíso barato de los que fueron demasiado torpes para escapar de la familia y el orden establecido, pero sin embargo  nunca renunciaron  a ser ellos mismos en una cadena de montaje donde los pies, las manos y la vida deben medir exactamente determinado número de centímetros.
Hoy he sabido que Gloria Fuertes, poéticamente desescolarizada, tenía faltas de ortografía por aciertos, y repetía versos en diferentes poemas para jugar con ellos.
Porque llegadas a cierta edad, quién va a renunciar al lujo de poder seguir jugando.
Anda y que le den por culo a todo.
Feliz día de la única felicidad verdadera.
Feliz día del Libro.

Hoy

Esta tarde saldré a andar
en torno a las 20 horas
Y con un pañuelo blanco
espantaré las mil moscas
que viven en mi cabeza;...
si el costado me sacude
haré como que no oigo
inventaré tardes nuevas.

Pepito Picaflor

Esto me lo sopla Gloria Fuertes al despertarme hoy:ya me diréis si existe.
"Pepito Picaflor
Era muy conocido en su pueblo
Por dejarse tocar el corazón".

lunes, 17 de abril de 2017

Nada

No hay nada dentro de mí, más que un mar azul lleno de olas y de espuma.
No hay nada más que pueda o quiera decir, salvo que hay cosas que no quiero hacer en la vida real y que haré de todas formas, como cuando te presentas a un examen a empujones.
Por mucho sacrificio que me imponga, para mí la vida ya es bastante exigente y al final llego la última a la línea de meta con el pensamiento fijo de los que  dicen que lo importante es participar.
Oh sí, lo importante es participar.
Tengo los augurios pero no las certezas; tengo un pajarillo con el pico rojo balanceándose sobre un macizo de margaritas, tengo la primera estrella de la noche, tengo un gato hermoso que vino a pasar el día a mi patio y ya se volvió a su hogar, tengo el deseo de muchos días por delante en los que no tendré que ir a trabajar y tengo también un lienzo para pintar playas y chiringuitos y museos con los que olvidaré tantos meses de rutina y compromisos.
Hasta la vuelta.
Que la única norma obligatoria sea la felicidad.

viernes, 14 de abril de 2017

Mientras caen las bombas

Mientras caen las bombas sobre el mundo
en tierras milenarias que existían mucho antes
de que se inventaran los imperios nuevos
se levantan las montañas como arena
se revuelve con la sangre de los hombres
y el loco ríe en su palacio de mentiras
el vecino loco lava el coche
la mujer loca sacude la alfombras
por la ventana sucia de su sucia casa
mientras matan a otra en sus narices
mientras hacemos cola para ver una película
o chupamos un helado de animales muertos
mientras la masa migratoria paga con sangre su error tan inocente
el mismo que hizo crecer los continentes
y cada corazón que deja de latir es como el mío
yo sólo puedo decirte que te quiero.

La chica de colores





Había una vez un hombre que vivía en un palacio oscuro, donde las puertas crujían desangeladas y los timbres sólo llamaban a nostalgias.
En el palacio oscuro el hombre pasaba el tiempo mirando retratos de su amada muerta, que aunque no se había muerto, para él era lo mismo porque tenía tendencia al drama, el hombre aquél.
Incapaz de levantarse muchas mañanas, obligaba a su cuerpo a hacer lo mínimo indispensable para volver enseguida al calor de las sábanas, que aunque oscuras, le brindaban un hogar seguro.
Un día oyó que el palacio se viraba hacia la izquierda, como si algo hubiera chocado contra él, y preocupado salió hacia el jardín.
Allí, con una gran sonrisa y el pelo desordenado, encontró a la chica de colores, que trataba de salir de su nave espacial.
"Perdona si te desestabilizo el palacio, acabo de llegar y no quería hacerlo así, he tenido un pequeño...cambio de planes"-explicó.
Al hombre oscuro le llamó la atención su forma de expresarse.
Nunca antes había oído que un accidente pudiera ser considerado un "cambio de planes".
En el fondo la consideró extraña, pero le gustó enseguida.
La chica de colores se quedó en el palacio  unos cuantos días, mientras pensaba cómo reanudar el viaje, y sin pretenderlo lo cambió todo.
Procedía de un planetilla luminoso donde muchos mini soles nacían y morían en pocas horas, con lo cual estaba acostumbrada a no hacer planes, pero también a aprovechar bien los momentos y a sacar sonrisas como otros sacan gusanos de la tierra.
Para ella todo era natural y espontáneo; esto al oscuro le costaba mucho, pero como a los pocos días se sentía mejor decidió no ponerla en tela de juicio y disfrutarla, sin más.
Era quizá la primera vez en su vida que se topaba con alguien así, a quien no podía colgarle una etiqueta de cortesana ni de amante ni de nada,  pero era amiga en el verdadero sentido de la palabra.
La chica de colores desempolvaba cada día historias nuevas para el hombre oscuro, que empezó a ponerse más clarito de piel y de mente.
Ya no le crecía encima la costra del abandono, ni le escapaban ríos de lágrimas convulsas, ahora era más bien una caricia desconocida subiéndole por el alma como una pluma de color verde esperanza.
Los dos sabían que la chica de colores era forastera, y que algún día tendría que irse, pero proyectaron ideas para mantenerse juntos en ese plano sin tiempo ni condiciones donde la gente que ha encontrado una forma de conexión desea estar para siempre.
Al ser la chica de un planeta de colores, y estar de paso, la historia no podía sostenerse, según decía la lógica del mundo exterior que ambos acataban, como si guardaran un secreto a cuatro manos.
Y así era, en efecto.
Pero en el interior de cada uno crecía  un afecto tan sincero que hubo momentos en que pareció que el fuego de esa luz podría con todo.
En todos los cuartos de juguetes hay una bailarina , un soldado roto, un monstruo y una princesa que de una forma u otra consiguen quedarse juntos contra viento y marea.
Tanto la chica de colores como el hombre oscuro, después de haber asumido ella un par de grises y él haber ganado dos tonos de amarillo sol, llegaron a planteárselo sin decirse nada.
Quizá las cosas no son siempre lo que queremos que sean, quizá...pensaban mientras él pintaba en su estudio y ella daba los últimos toques a su nave.
Puede que fuera entonces cuando apareció la lavandera, con su canasto en la cintura y su par de ideas bien plantadas.
La lavandera no tenía tiempo para tonterías; le echó el ojo al hombre oscuro, como era normal en ella primero empezó lavándole las calzas, más tarde eficientemente tomó confianza para pedirle también los calzones.
Y poco a poco lo hizo suyo con trabajo, que es la forma en que aman las personas sin imaginación.
La chica de colores, como una valiosa muñeca, seguía durmiendo cerca del cuarto del hombre oscuro, y aunque jamás había franqueado esa puerta, a la lavandera no le pareció bien.
"Tendrás que decirle que se vaya; esto no puede durar para siempre"- le ordenó un día, y Oscuro, que se engañaba diciéndole a todo el mundo que era alguien que sabía ser libre, le hizo caso.

Habló con la chica de colores, que le escuchó con la sonrisa azul hielo antártico;
no le parecía verdad estar escuchando esas palabras de la boca de quien había sido a la vez compañero y amigo, en un plano tan alejado de las intrigas de pareja.

Al día siguiente terminó de arreglar su nave y emprendió el vuelo.
En el palacio quedaron sus reflejos como vueltas de arco iris, algunos olvidados con la prisa, pañuelitos arrugados, gominolas tornasoladas y una horquilla para el pelo color arroyo cantarín, todas cosas bonitas que al poco tiempo serían polvo de cenizas.
A cambio ella se llevó una mecha gris sobre su melena rojiza y un puntito negro sobre el corazón.
También la sospecha de que Oscuro nunca tuvo claro el lugar que correspondía a ese corazón.
Confundido y mezquino, tenía como otros muchos tristes un alto concepto de sí mismo, y una tendencia a racionalizar sentimientos, separando el polvo de la paja, mujeres de amistades, cuerpos de emociones,como si fuera tan fácil engañar a la víscera roja brillante que arrastra ríos de lodo en todas direcciones y puede salvar al más desgraciado.
De camino a su planeta, la chica de colores dejó asomar una sonrisa a sus labios;
al final ya se veía su planeta soleado y puro.
Seguramente volvería a hacerlo por cuatro o cinco Oscuros más, porque nadie puede perder aquello con lo que ha nacido, así como  nadie puede conservar lo que no tiene.
A la chica de colores, con el tiempo, le desapareció la sombra negra del corazón; de lo que fue de la vida de Oscuro en su palacio, en compañía de la lavandera,ya no nos importa en absoluto.


(Para una amiga de colores)

jueves, 13 de abril de 2017

Me hacía falta






Me hacía falta esta tarde salir a caminar sola, con las orejas taponadas por los acordes de una canción de la Vargas Blues Band, los sentidos metidos bajo las axilas como una carpeta, (aunque así es como están siempre últimamente, anestesiados por el ibuprofeno y la falta de ilusiones, pero decido ignorarlo porque si no, no podría trabajar ni aparentar normalidad).
Me hacía falta recorrer todo el barrio como si alguien me persiguiera, para combatir la necesidad de adrenalina que le falta a toda maruja inconsistente, a toda lectora puteada, a toda frívola ignorada por sus deseos.
Me hacía falta andar a mi paso, sin estar pendiente de nada ni de nadie, sin mojarme las manos cada cinco minutos, sin pensar qué hay que hacer a continuación, para olvidar mi dolor de cabeza producto de un vermú y un pacharán, con los que a su vez quise olvidar que el arroz con pavo al curry quedó pelín insulso, aunque mañana con el hambre me lo comeré yo lo que ha sobrado, como me como todas mis decepciones.
Que nadie se confunda, que enseguida se piensa en problemas de los llamados reales, mis decepciones son continuas pero son todas cosa mía, desde que no haya unicornios comiéndose las flores del patio hasta que lleve no sé cuántos años sin proyectar un viaje a alguna ciudad europea, o quizá que no haya sido capaz de tener ilusión por comprar un cuadro o una alfombra, aunque creo que esto me ha pasado siempre.
Tengo mis excentricidades como todas las mujeres, incluso aquéllas que son asesinadas, pero las mías no pasan por el eficiente sentido práctico que se le supone a mi género, con lo que no consigo tener una casa decorada a mi gusto como la gente de los documentales gilipollas, ni disfruto cocinando ni me encanta poner orden, aunque sí soy muy buena en pasar de todo, ése es mi deporte favorito, en especial me hice experta en pasar de mí misma.
Me da igual si estoy gorda o flaca, si me prometí esto o aquello, total, se trata de mí, yo no merezco el esfuerzo de tratar de hacer las cosas de forma diferente, además dice el druida que para qué, no se hizo la miel para la boca del asno, y ahora en todos los selfies sales ya con cara cuarteada como un trozo de cuero que quiere ser pañuelo de seda.
Se acabó, monina, es un poco tarde para ser la protagonista de tu vida, te tienes que ocupar de demasiadas cosas, y sigues emperrada en que otros las hagan por ti, y como ves que nadie las hace, y acabas haciéndolas  tú, te enfurruñas y sales a caminar para olvidar que lo haces todo pero  mal, o sea que no deberías darte tanta importancia ,que el fondo eres un poco la misma niña mimada, la Vaccaro que desarrolló nivel de astucia 7 a los 7 años, según el test psicológico del colegio, y te sorprendiste mucho al enterarte de que eras astuta.
Joder, astuta nada más y nada menos , como las zorras de los cuentos.
Pero cómo se puede ser astuta y no arrebatarle las uvas a nadie, será que se puede tener astucia y compasión al mismo tiempo, o será que el test estaba mal hecho.
También puede ser que la astucia sea una cualidad que la hace a una sobrevivir sin más, quién sabe.
Obviar el hecho de que cada vez te gustan menos cosas pero deseas seguir viva, aun sin unicornios ni playas ni vasos de mojito, aun con el plan hedonista más mojado que el pan de un gorrión criado en casa.
El caso es que si no me hubiera ido a caminar sola, con la Vargas Blues Band en los oídos, igualito que ahora, no hubiera podido ver la increíble belleza de unos árboles pelados recortados sobre un cuelo azul clarito , muerto ya el sol del atardecer, sobre la muy bullente ciudad de Sevilla.
No sé si os he dicho alguna vez que desde mi barrio se ve la ciudad como una faja multicolor acostada allí abajo, con su mini Giralda y sus velos misteriosos; que también se ve un poquito del Aljarafe que sube, y varios accesos importantes como el puente del Centenario, y que cuando cruza un avión por encima me acuerdo de los libros escolares de mi infancia.
Pues sí, aquí me pasé casi toda la vida, aunque en el tiempo de los unicornios creí que acabaría muy lejos durante la edad adulta, tan lejos como me llevaran mis paranoias, oh error, ahora ha pasado el libro y aunque he dado mis buenos tumbos, sigo aquí.
Los árboles domesticados, orgullosos aun en su desnudez, en la acera levantada donde irán los huertos, me han dado una imagen perfecta de belleza y nostalgia.
Hubiera podido hacerles una foto para esta entrada; pero como quería ir conmigo todo el rato, he salido sin móvil.
Espero que sabréis disculparme.
Cuelgo una foto de un árbol desnudo que no se parece a los míos, y cuyo autor es José Carrillo, más que nada para no dejar el post sin imagen.


Una pincelada

“Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.”
Sándor Márai, escritor húngaro

lunes, 10 de abril de 2017

La vida privada de Johny Depp




Cuando no sepa qué escribir, escribiré mis sueños.
La mayoría no son mojados, mis sueños ni siquiera saben nadar, no llegan a peces como las comas que malpongo no pueden llegar ni a pestañas de muñeca.
Pero son sueños vívidos, reales como si en lugar de ser yo fuera algo que existe desde siempre y que no tiene espacio determinado ni limitaciones.
Seguramente de pequeña me enganchó un brujo, y era un brujo bueno, un druida que me moldeó a su antojo junto a las brasas de un fuego indomable, pero luego me abandonó en las fauces del mundo la primera vez que subí a un autobús hacia el colegio.
Por eso recuerdo los sueños como mi vieja piel de serpiente, y con ellos llego donde nadie sabe que puedo llegar.
Johnny Depp lo está pasando mal, me lo ha dicho;
estuvimos juntos una noche onírica que no era pasión ni mucho menos, sino intercambio espiritual.
En el sueño las otras mujeres eran como sombras, y yo tenía la cara de su nuevo guía.
Él era una persona cutre y descuidada, a la que  no le gustaba nada, cuyo dinero no podía complacerle ya ni en las más asombrosas nimiedades, Johnny Depp ha perdido el gusto por todo.
Me contó que se sentía un andrajo, a pesar de todos sus papeles, a pesar de haber vivido tanto, y yo le dije que eso nos pasa a todos los que hemos vivido mucho, aunque seamos fracasados a este lado del espejo social.
El ser humano con un mínimo de sensibilidad llega siempre al mismo punto.
Yo le contaba que lo único que me salva a mí es que no he sido nunca lo bastante opulenta para perder el gusto por las cosas materiales, puesto que si mañana alguien me regala un viaje a Japón seré bastante feliz, durante unos días.
Y si consigo poner un pie en el país que tanto me fascina, aunque sea para recorrer con la mirada las largas filas de máquinas expendedoras, aunque sea para sentir la diferencia cultural con todo lo conocido, seré  absolutamente feliz, aunque sea por unos instantes.
Incluso podría olvidar momentos crueles como el de ayer por la tarde, en que fiel a mi tradición de semana santa, invoqué desde el fondo del corazón a Jesús de Nazaret, sin importarme que sea real o inventado, porque desde pequeña lo llevo dentro, primero por educación y luego por simpatía, más tarde  por desesperación.
Esto fue porque vi un video del ataque a un pueblo sirio con armas químicas, un vídeo en el que la gente expiraba como pajarillos mojados en veneno, y también vi cómo se abrazaba el personal de un hospital mientras sufrían un bombardeo  en el que no sé si habían podido sacar a todos los bebés de las incubadoras, y  una, que se niega a darle poder a los malvados, que intenta por todos los medios no caer en las garras de la desesperanza, se convierte en un montoncillo de tierra húmeda sin derecho a ser nada, puesto que otros no son nada tampoco, y son masacrados como corderos en el reino de los grandísimos hijos de mala madre, sin remisión, sin compasión.
Pero esto (olvidar el montón de tierra húmeda), sólo sucedería si alguien me llevara a Japón, con mi hija y mi hermano y alguna amiga, para que pudiéramos jugar a llenar nuestro álbum de recuerdos exóticos y maravillosos, esto le dije a Johnny Depp en el sueño en el que él era una vieja gloria con halitosis y sin gusto por la vida.
Luego, al final del sueño, le abracé y su cara se fue limpiando de arrugas, de malas influencias y de pesares, y me parece que le ayudé bastante a remontar.
Hay una fiesta de lúcidos que tienen miedo a la vejez;
 todos los que tienen un ego grande participan de esa fiesta, ya sean empleados pintureros o actores de fama, seductores de cena de Nochebuena o aficionados al buen vivir, ya sea de barrio o de palacio.
En esa fiesta tenemos que darnos ánimos los unos a los otros, como si anunciáramos continuamente la buena nueva de que la renovación es perpetua, que si nos lo proponemos no nos alcanzará el olor del pipí ni la halitosis.
La gloria que nos alumbró y que una vez nos hizo brillar permanecerá en nosotros incluso mucho tiempo después de que nos hayamos apagado.
Exactamente igual que las estrellas.
Creo que esto mismo le expliqué a Johhny Depp, y me parece que quedó bastante conformado.

....
(Foto El País, de un artículo en el que se analiza que en Noviembre estaba gordo y ahora está delgado).

sábado, 8 de abril de 2017

Rendición




A veces me rindo, como se rinde el sol atardeciendo,
como se rinde la luz entre las sombras,
el perro abandonado o el niño muerto.
A veces me rindo, y la rendición es total
sin condiciones
sin pactos ni chantajes ni ultimátums
tan sólo es caminar para entregarse
saber que no hay más que rascar
que no hay remedio.
Es salir al patio una tarde de éstas
y notar la dulce brisa sobre el rostro
cinco pájaros atravesando el aire
una flor meciéndose inocente;
y pensar
"qué buena es esta vida"
qué bonita .
Sonreír como una buena vieja
que sólo espera en el atrio de la muerte
a que se acerque el barco del olvido
y por fin pueda ignorar las ignominias
las luchas necesarias en un mundo de vivos
que se alimentan de sus propias injusticias.
Saber que nunca se encontrará el sentido a todo esto
los motivos que llenan toneladas de mentiras;
sin embargo
ni siquiera esa angustia puede afear
la grandeza lujuriosa de la vida.

jueves, 6 de abril de 2017

Flores y mariposas



Valentina, de soltera Valiente y de casada Tina, solía soñar despierta mientras la carcoma de la responsabilidad la disminuía en fuerza y en tamaño.
Eran  muchos los días que,alineados uno detrás de otro, le chupaban la sangre de ocho a tres, y se sabe que  a fuerza de repetir los mismos actos y caminar los mismos pasos, el ser humano se convierte en serrín con el que luego se rellenan los edredones de las estadísticas.
Aquel día sin embargo se vino un poco abajo, notó el movimiento de tierra justo debajo de sus tobillos, que a pesar de todo seguían siendo finos, fieles a su poquito de  belleza, decididos a no ceder.
Todo fue porque encontró un par de medias de flores y mariposas.
Recordó que  en su momento le parecieron  lo bastante atrevidas para poner una nota de excentricidad en su vida;
entre hora y hora podría pararse a mirar ese estampado y seguir soñando despierta, rebelada contra la grisura de las medias de las demás mujeres.
Había flores, pájaros, mariposas amarillas y hojas verdes  sobre fondo crema.
Suficiente para que sus piernas fueran animando la ciudad y la oficina como un libro abierto por la primera página.
Pero luego se atrevió poco a llevarlas. De hecho las usó dos o tres veces nada más.
Pero ese día se levantó valiente, como valiente era de soltera.
Decidió ponérselas.
Las estiró con placer sobre una pierna y le pareció que torneaba una hermosa columna, luego la otra, y al calzarse culminó un pequeño gesto parecido a la creación.
Así salió a la calle y luego fue a trabajar.
A media mañana sin embargo, desde el espejo del baño, cuando ya salía, percibió que las medias envolvían unas piernas demasiado gordas para soportar un color tan claro.
La falda de invierno sobre tanto color resultaba grotesca y la camiseta roja no ayudaba tampoco mucho.
Los pliegues sin embargo no eran de la ropa, eran de su barriga, mamá canguro con cangurito universitario que se queda con la bolsa inservible pero el hueco hecho.
Y ese botón hacia fuera.
Y ese par de nubes negras debajo de los ojos.
Y esa coleta que abre  un pelo como un camino de rastrojos.
De repente ya no era alguien que lo mereciera todo.
Ya no era un libro abierto por la primera página.
Ni esa mujer locuela próxima a los cincuenta que se reinventa cada día sosteniéndose sobre valientes tobillos.
No.
Sólo era alguien que toma dolorosas decisiones.
Que tapa heridas con la seguridad que  no tiene y aparenta valor cuando lo que tiene es  miedo, a la que el corazón se le vuelca como se vuelca un cubo de una patada ante las posibilidades más aterradoras que ni siquiera tienen que ver con ella.
Alguien que hierve macarrones y que no tiene tiempo para nada.
Alguien que aunque descubrió el truco de muchas cosas, sigue temiendo los palos del destino.
Y ahora  no es primavera en sus piernas, ni en su cuerpo ni en su estampa.
Las flores y las mariposas ya no pueden hacer nada.




Hay muchas cosas que no te contaré








Hay muchas cosas que no le  contaré ,viejo capitán de tesoros perdidos.
Cuando camine por la calle en intensos mediodías del sur, pensaré en usted y no se lo diré a nadie,
 , ni tampoco  hablaré de la certeza que tengo de haber podido vivir otras vidas,  la nostalgia de cosas que no he vivido , como  si fuera llanto de una dama caprichosa por no poder contar las cuentas de cristal incrustadas en un abanico mágico;
inmensa capacidad de amar sin límites desde los árboles en sus alcorques hasta el olor de un bizcocho que se saca del horno con una peineta aromatizada de naranja y membrillo.
Los escolares con unos babis de tela sucia esperando el bus,  la abuela que se quedó sola en un piso de muchos metros pensando en los nietos belgas que viven en una ciudad mucho más bonita donde nadie ensucia la calle, las vaharadas de azahar que te ahogan como un amante loco, la capacidad de dar unas migajas de amor a quien te compra un sobre para certificarlo.
A todos quisiera pedirles que certifiquen mi fracaso, pero luego se me pasa porque la rueda no es redonda, es una puerta de doble dirección; puedo estar reflejándome en un escaparate y siendo también un tajinaste de la isla que me está echando de menos, o ser el tajinaste mismo.
Puedo cortar de raíz la conversación con la maruja amable del metro, abortarla como una operación criminal, eludir de forma limpia la primera sonrisa ya que nos hemos cedido el paso en un mundo de gente maleducada que no conoce ni lo que cuesta mantener el peso de su cuerpo sobre la piel rugosa de la Tierra.
Una cosa no lleva a la otra, usted perdone.
Y puedo ser tortuga en el mar azul, capitán de mis amores : y pino solitario al que  se le murió toda la familia  o   una  encina  derribada por la infamia de los cobardes ; odiar a toda máquina la insensibilidad y la mentira y mi propia ingenuidad que no me permite permanecer al margen del deseo del buen rollo por encima de todo.
Plantearme mientras miro a mi perra cuánto me cuesta alimentarla con comida que no le provoque alergia mientras en este plano pero a cierta distancia hay niños gaseados, y óiganme los imbéciles, no es excluyente amar a los animales y desear la paz del planeta.
Tampoco somos culpables del orden establecido, del panfletismo y el miedo q nos hizo a todos grises con la cara de panete y nos llenó los bolsillos de tarjetas.
Más bien si la gente fuera capaz de encontrar la paz en la inocencia de los animales domésticos, otro gallo cantaría sobre este impresionante desfile de enfermos que va pariendo la sociedad y que puede verse en semáforos, esquinas y puestos de atención al público.
Capitán, qué será el público, me gustaría preguntarle; esa masa informe de siete mil cabezas dispuestas a comerla a una, o una explosión de gente irrepetible que se irán de aquí sin haber hecho ni una sola cosa absolutamente buena.
Perfección o mierda envasada al vacío, cerebro con música de Vivaldi o carne fofa caminando hacia la tumba, qué será , querido capitán; contésteme usted que ya lo sabe todo.
Y salga del espejo, se lo ruego; que es tarde ya y no estoy más que pensando en arrojarme entre las sábanas para despedirme de otro día aciago sobre la piel rugosa de la Tierra.

martes, 4 de abril de 2017

En la misma calle





En la misma calle pero de otro pueblo saboreó el placer de la sangre.
No hay muchos que lo entiendan , salvo el que haya nacido con el don de la inconsciencia, lastre que sólo se permiten los creyentes.
Paulo tenía poco de apóstol, durante cinco o seis años se la pasó poniendo a la gente en su lugar; para Fausta fue interesante sentirse vengada y poderosa.
Una vez le contó lo de aquel tipo que la molestaba,( su padrastro) desde los trece años hasta los diecisiete, y Paulo lo esperó al viejo a la salida de un bar rozando ya las once de la noche.
Esto siempre lo cuentan las películas, pero Paulo hacía películas de verdad.
Lo esperó y sin mediar palabra lo empujó contra la pared y le abrió el cuello de un machetazo , de tal manera que el viejo se rompió como si fuera un dulce de leche.
"Esto es por cerdo y asqueroso;  acuérdate de agradecerle  al diablo el nombre de la Fausta".
Nunca sabría si el viejo lo escuchó, abrió mucho los ojos y parecía que iba a vomitar y luego se murió vestido de rojo para entrar en el reino de los mierdas.
Otra vez puso debajo de un camión a uno que se pasaba con los chicos del barrio, uno que era medio boxeador y que fue obligado a tragarse su droga antes de que le pasara por encima el tráiler.
Estuvieron tres días limpiando restos,  mientras los operarios barrían los humildes sesos del camello, las marujas que pasaban cerca se santiguaban.
Si alguien cometía alguna tropelía Paulo lo ajusticiaba con una rapidez aséptica.
Tuvo muchos juicios y condenas pero de una manera o de otra siempre volvía a las calles.
A Fausta le gustaba, le gustó durante mucho tiempo; le sirvió para poner dignidad en su vida cuando nadie más se había ocupado de ello.
De antología fue el día del entierro del padrastro, en el que la madre de ella, desconsolada novia, le lloraba con lágrimas que eran rastrojos.
En esa cara arañada , que muchas veces había probado el sabor de la sangre, estampó Fausta su infancia miserable, su reproche viejo como un mar de odio.
Le gustó hasta el último día, en que Paulo decidió que era ella quien le hacía meter tanto la pata, le ponía de los nervios y le hacía pecar.
Cuando la atisbó una tarde desde la esquina , (iba riéndose con otro), decidió que ella también debía probar el sabor de la sangre.
Por mala.
Porque sí.
Porque la vida debe terminar algún día, de algún modo.
Porque todas las calles se parecen y llevan los mismos nombres aunque sean diferentes pueblos.
Porque él no sabía ser hombre de otra manera.



(Foto de Alberto Photo- "Calle de Leganés")

lunes, 3 de abril de 2017

El otro barrio






Delicado botín tapizado en seda, apoyó el pie sobre la escalerilla.
"Bienvenida, señora"-dijo el chambelán, que tenía la cara de su ex marido.
Atravesó el porche de madera y llegó a la sala de  descanso, la que habían dispuesto para ella; tenía una ventana abierta al mar (o era un lago de color azul turquesa), un sencillo mobiliario de madera clarita y un bote de vidrio lleno de cuentas de colores.
"Me gusta".-pensó.
Metió la mano en el recipiente de las cuentas, eran bellísimas ; cada una llevaba una minúscula inscripción con una fecha .
Las fue sacando una a una para luego volver a dejarlas en su lugar, y aunque ella no sabía que eran las lágrimas que había vertido a lo largo de su vida, le pareció que representaban algo hermoso.
Era extraño pensar que aquella misma mañana había estado poniendo ropa a secar sobre el patio interior de su bloque de pisos, desde el que se veía la interioridad del gigante urbano en otras coladas, en un mar de pinzas de plástico caídas al vacío como suicidas involuntarios y algún que otro calcetín en la misma situación, deteriorado  por la lluvia de la viudez.
Esa mañana de sur cálido en la que decidió salir a dar una vuelta al pueblo, hacía un par de meses que no iba a ver a su madre, y sin pensarlo demasiado se preparó y salió.
Era extraño pensar que no recogería jamás esa ropa.
Un movimiento de apenas dos centímetros del volante hacia la izquierda, y aquel coche en sentido contrario estampándose contra todo su mundo conocido y haciéndolo volar en mil pedazos.
La carne humana y el metal han llegado a una sombrosa hermandad desde que el planeta se volvió moderno, desde que las comunicaciones se hicieron fáciles y las carreteras sustituyeron los caminos.
Pero a ella no le afectó.
Enseguida estuvo en la carroza de camino al otro barrio, y de allí al palacio y a la habitación de las cuentas de colores.
Al igual que en la vida, era absurdo preguntarse por qué estaba allí, la razón de esa calma y ese bienestar, de repente inquilina mimada con ventana sobre el mar onírico de su imaginación.
Se sentó en la cama y esperó.
No tenía heridas, sus piernas eran las de los veinticinco años, menudo lujo; contempló la luz que entraba con reflejos verdes y azules y oyó una lejana voz que se lamentaba  dramáticamente..
Era su vecina de abajo, que mirando desde su ventana la ropa tendida, exclamaba con lágrimas en los ojos;
"Pobre Carmen, matarse así en un accidente ...pensar que salió esta mañana tan contenta sin saber que era su último día ..."
Caía un sol incandescente sobre el lago turquesa, aunque no sabía qué hora era;
como ya había comprendido, era tonto hacerse preguntas.
Se preparó para su primera noche en palacio, como si  fuera lo más natural del mundo.
De todos los mundos.

domingo, 2 de abril de 2017

Fea en la colina




Fea por los vientos y los madrugones, fea por la palestra y los madrugones, fea por guardar la línea del horizonte con papel celo como si fuera un póster de los noventa (y los madrugones), fea por mayor y por la cerveza y el vino dulce( y los madrugones), fea por querer y agotar las horas de los días en cosas que hay que hacer aunque no quieras ( y los madrugones) , fea de conducir y de pasar fatigas que a simple vista nadie notaría, fea por cumplir años bajo una luz fluorescente ( y los madrugones),como una flor tropical a la que hubieran traído a una nave industrial y luego olvidado en una maceta sin agujeros en la base.
Fea por querer divertirse a toda costa, sin aceptar que ya la diversión se hizo mayor, es poca cosa,  se inventa dolores nuevos cada día y busca el afán del olvido en la comida y el trago, y ya cuando la disciplina parece imposible el camino se vuelve una broma pesada.
Sin embargo qué sería de ella sin ese mirar hacia lo lejos, guiñando los ojos hacia la carretera, desde el olivar se ven un par de chimeneas de la vieja fábrica de vidrio, los pájaros que cada vez hay menos son aquí desconfiados (trata más con los urbanos con los que comparte el pan del desayuno), las hormigas bajan en parapente y las campanitas se han hecho la ilusión de que vivirán para siempre y han alfombrado la colina, fieles al mandato de florecer.
Hay muchas, y el sol las seca como un amante exigente, el viento las peina como un amante dulce.
Nadie se siente feo en la naturaleza.
Allí no hay espejos ni preguntas; sólo se puede hacer una cosa, que es la vida.

sábado, 1 de abril de 2017

Consumación (elogio del sexo)



Cuando por fin me pusiste la mano encima, no fue el perfume ni el atractivo físico, ni las expectativas ni las circunstancias.
Fue que durante un tiempo me rehuiste, que estuvimos sentados en conciertos rozándonos los codos, ignorando por completo el hecho de que podíamos acostarnos, que lo considerabas imposible, o inapropiado, fuera de lugar, una falta de respeto a una amistad recién nacida, yo qué sé.
Fue que tuviste  tiempo de fijarte en las cosas que hablábamos, en los colores de mi cara en los bares, en mis expresiones y yo en tus manos, en tu silencio, en tu forma de conducir o interpretar el mundo.
Fue mi desprecio ancestral a esas noches de discoteca en las que constaté que el acercamiento entre sexos puede ser y de hecho es muchas veces higiénicamente premeditado.
Es tan fácil como cuando decides pintar una habitación y compras el cubo y la pintura, eliges el color, no siempre lo encuentras, claro pero seguramente sí, si sabes ajustarte a unos estándares te puede quedar un cuarto bonito, y pintado, que es de lo que se trataba al inicio.
Follar en esas condiciones  es por lo tanto,un acto aséptico y preparado entre adultos que con más o menos suerte obtendrán color para sus paredes.
Por eso me iba tan mal, pensó lady Fusca, de segundo Da y de nombre O.
Ella intelectualizaba la cosa desde jovencita, y desarrolló un pánico atroz a las escenas urbanas de rollo juvenil tanto en el colegio como en los locales a los que accedió a partir de cierta edad.
No se crean que no lo intentó; bailó con soldados y aspiró el aroma del deseo, que puede ser una cosa bastante burda, en el fondo, cuando sin saber por qué tocas a alguien que te toca para echar un baile y de repente quieres saber más de ése , o te lo imaginas cuando esa tarde antes de salir de su casa se probaba la mejor camisa delante del espejo.
Pero lo más habitual era que  cuando algún perfecto desconocido intentaba echar un lazo sobre su cuerpo saliera  disparada con las más locas excusas.
En cierta ocasión un chico al que dio muestras de entrega ,inocente como una lechuga, le llegó a preguntar si el problema era "que tenía mal aliento o algo así".
Lady Fusca, que no había notado ningún síntoma de halitosis , le respondió conmovida que no, que el problema era ella, y aunque suena tópico, era totalmente sincera.
Normalmente no podía soportar el ridículo de la situación.
La gente no se pone a comer con desconocidos, ni comparte el baño en la cara de nadie, ni apoya la cabeza en el hombro del que viaja al lado en el metro o bus.
¿Por qué sin embargo hay sitios donde es natural ofrecer la boca( y más oquedades) a uno que acabas de conocer?
El argumento era tan fácilmente equivalente a la estrechez de las prohibiciones morales y religiosas que lady O no deseaba ser confundida con tales tribus, por eso se esforzaba en liberar instintos.
Aún le faltaron años para comprender que su potencial sexual era simplemente un animal deseoso de alimento.
Hay quien aprecia las plantas y les sabe poner nombres, hay quien estudia a los clásicos y hay quien folla sin más cuando aprecia movimiento, (tal es el caso de algunos hombres que además se definen a sí mismos como insaciables por mandato natural , dominados por imperativo biológico),pero hay personas a las que el derribo les gusta sólo y exclusivamente si antes ha habido atracción , intercambio de palabras y gestos, quizá prohibiciones sociales, impedimentos, momentitos de quiero y no puedo, frustraciones detrás de una ventana o tardes en las que te quedaste pensando casi llegó a pasar pero al final no.
Esto la alimentó muchas veces, sus relaciones siempre empezaron así, y luego florecieron y murieron las que tenían que morir y se quedaron las que tenían que quedar.
De esta manera lady O se enganchó a esas escenas sinuosas en las que sobra la ropa, cuando todas las barreras han caído y ya no hay más excusas, cuando estás bastante segura que esa persona ha pensado en ti bastantes noches , cuando ya no existen dudas de que eres tú quien tiene que estar en esa cama y no otra cualquiera, con otro nombre y otra cara y otra voz.
Es entonces el delirio fascinante, mejor que los jardines del Bosco, mejor que los tragos de absenta, mejor que el inicio de todo en el primer polvo que te trajo al mundo, mejor que la alquimia del conocimiento y la soledad y mejor que el concerto ése del humilde Evaristo Felice que no ha sido tan famoso como otros pero que es tan hermoso.
En lo escondido está la fantasía, la pasión, y aunque esté destinada a morir, qué gran placer, qué alegría infinita.
Fue así cómo lady O descubrió que a través del misterio y el deseo hubiera podido ser una enorme, gigantesca e insaciable folladora de hombres.
Pero todos ellos amados, eso sí.

viernes, 31 de marzo de 2017

Trece años en primavera



Tener trece años y que sea primavera es un privilegio de dioses que todos los dioses olvidan.
Que la vida sea esa fiesta prometida y que hasta el metro sola con amigas, sin la atenta mirada de los padres, sea una experiencia excitante es un privilegio que conecta con los estrenos y los amaneceres.
Tener cuarenta y muchos (ya no puedo decir cuarenta y pocos) y que todo te parezca cutre, desolado y viejo en la ciudad es un privilegio que ningún dios desearía.
Claro que siempre llega uno a un jardín o a una esquina  y se siente confortado; pero la mayoría de las veces camino por los bordes ancianos de la ciudad  y aunque levanto las faldas de mi destino, ya sólo veo una faja de color carne.
Ellas sin embargo ven piedras de colores, batidos helados, chicos guapos y esa libertad como una paloma blanca que sólo a veces los adultos permiten que se pose sobre el cuadrante horario.
A mí me molesta la gente, el chirriar de los raíles, mi dolor de espalda, y no tengo ganas de demasiadas cosas cuando atravieso el río Pu y me acoge la península Sofá, incómoda como siempre con su palo duro de madera de proa,(para eso usé mi viejo barco de juventud naufragada, para hacerme un sofá y una mesa camilla), y a ella no le molesta nada salvo que esté yo para recordarle lo que tiene que hacer y lo que no.
Nunca estaré lo suficientemente agradecida a este rincón por servirme de terapia, por dejarme venir aquí a soltar las cuatro angustias, la dificultad con la que debo asumir los cambios.
No son grandes cosas, ya sabemos de mi tendencia al agobio y al mismo tiempo los esfuerzos que hago para cumplir el mandamiento que me impuse de permitir la libertad de aquellos que no son míos , en este caso una sola, que nació bajo la luna más brillante y le dio sentido a mi vida y combustible al anémico motor de mis impulsos.
Parezco boba pero miro muchas fotos de cuando era pequeña , ojos enormes, pelo de muñeca, boca de corazón , introspección incluso en el jardín de infancia, misteriosa y bellísima.
Su mirada siempre tuvo un mensaje para mí
En contra de la opinión de muchos que me conocen, creo que nunca la he mimado demasiado, ni siquiera sobreprotegido;
siempre supe que podía dejarla sola con enchufes y utensilios de cocina porque no le llamaba la atención el peligro.
Siempre le hablé como a un adulto y le advertí las cosas de manera clara, como aquella vez que se quemó con el humidificador, "Te dije que tuvieras cuidado", le dije, en pleno ataque de nervios y llanto, y creo que sólo tenía tres años.
"Ya te dije que esto pasaría " - le dije también cuando se le escapó un globo por no querer amarrárselo a la muñeca , era tan lista que no emitió una sola queja porque sabía que era verdad.
Tendría tres años también porque empujaba un carrito de juguete de color rosa que no levantaba dos palmos del suelo.
Si no me escuchas, si no tienes cuidado, atente a las consecuencias.
Y así era, el hada atrapada en cuerpo de niña, cabezota y aventurera, pero a mi sombra, siempre conmigo, en los supermercados, en otoños y primaveras y en recitales de poesía.
Pero ya no es así.
Ahora ella sigue estrenando y yo no es que esté de vuelta  de todo, porque me desilusiona una cosa nueva todos los días, (eso también es innovación, así como estrenar dolores físicos desconocidos y desajustes bastante creativos),es que estamos en planetas diferentes.
Carezco del carácter militar de las buenas madres, de la intransigencia de los fuertes, de la claridad de los que sólo tienen un punto de vista para todo.
Se me desdibuja la vida, se me mezclan los conceptos, junto las trece primaveras como un manojo de miedos y al mismo tiempo de egoísmos, la amo poderosamente y me reduzco a la expresión más simple del ser humano, que es cuando sólo tienes un deseo, único y absoluto, y es que sea feliz.
Pero al mismo tiempo quiero estar en todo lo que haga, vigilarla de cerca y seguir sin entender una mierda de lo que habla y de lo que se ríe,( qué triste es una madre, después de todo, parece un tonto enamorado).
Me consuelo;
 aprieto los dientes; me hago unas palomitas cancerígenas; veo caer la tarde; vengo al lomo del blog y en él me acuesto.
No me puedo engañar.
Creo que a los trece años ha saltado la primavera demasiado pronto.

(Imagen billgekas)

jueves, 30 de marzo de 2017

A veces

A veces gana la esperanza.
Y eso es todo lo que hoy puedo decir.
No importa que mi cuerpo se parezca a los demás cuerpos derrotados, en el paritorio simple carne alumbradora, con piernas exentas de glamour, dónde están las medias de liga, el perfumito, el rizo suave que cae sobre el hombro, (el deseo de caer en la tentación que nos aleccionaron para evitar y con ello firmamos el aburrimiento eterno).
No importa, ya pasé por ahí, y nadie que se haya convertido en carne de hospital alguna vez olvida eso.
No importa que esté tan cansada que ya no sepa ni dónde vivo.
No importa que crea haberme cargado el coche esta tarde durante un minuto, y tampoco importa que a veces sienta que a nadie le importa lo que piense o escriba.
A veces la esperanza sale a ganar, y gana.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El sábado que trabajé por la tarde

 





He llegado al sofá como un fósil en forma de espiral y allí me he tumbado, con el palo clavado en los riñones.
He imaginado una cuneta llena de flores, recordando  el pánico que me daban los retratos de los empleados febriles y anodinos en relatos que me llenaban el corazón de congoja, desde Galdós hasta Gloria Fuertes,  ¿Seré yo uno  de ésos, padre, seré yo? Una criaturita sin sangre y sin alivio que ve pasar los días y con su cuerpo va rellenando casillas sin darse cuenta que en cada aspa se va quedando un trozo de sí mismo hasta que se desdibuja del todo, de tal manera que ya no sabe quién vino a ser.
Durante dos días ha venido a mí una cita rara; esa idea del borrado de las cosas pero con una dimensión espiritual.
Lo cuento;
el sábado que trabajé por la tarde compré el País, no para mí, y mientras esperaba el metro con mi sempiterno dolor de espalda  me entretuve por si había algo que me apeteciera leer en la contraportada.
Allí estaba la columna de Savater, que sin conocerlo mucho y cayéndome más bien mal, iniciaba el artículo con una referencia a Swedenborg para introducir la triste efemérides de su viudez.
El texto me pareció hermoso, tanto la alusión al borrado progresivo de las cosas que componen la casa del recién muerto , como la tristeza por el vacío que dejó la muerte de su pareja, con la que compartía vida y proyecto literario.
Recuerdo que hasta lo comenté a A. "qué bonito lo que ha escrito Savater", y luego me olvidé del tema.
Hace dos noches , después de haber estado buscando con fruición algo  para leer, me tropecé de nuevo con un pequeño ejemplar de la Historia Universal de la Infamia, y la volví a leer.
A Borges, que me resulta pesado según lo que cuente, siempre lo leo a saltos, por eso prefiero los cuentos.
He aquí que cuando llego al Teólogo de la muerte, me resulta familiar lo del borrado de objetos.
Da mucho miedo pensar que cuando muere un condenado, él no sabe que ya ha muerto, y sigue viviendo en su casa como si tal cosa, sus objetos y sus muebles ,y haciendo lo mismo en lo que él considera que son días idénticos a los de cuando era vivo.
Luego, poco a poco, se van borrando, y al estupor y desconcierto se une la amarga certeza de la nueva situación. y ya ahí puede pasar cualquier cosa, si no eres capaz de claudicar.
Me fijé muy bien en la fuente que inspiró este relato a Borges, y justo al final en efecto alude a la obra de Swedenborg, el mismo que mencionaba Savater en su columna enlutada.
Como Borges se me apareció un día en sueños y me soltó lo de las veinte sendas, está claro que mi búsqueda de lectura está ahora mismo orientada al tal Swedenborg, que al parecer fue teólogo hace unos cuantos siglos y escribió cosas raras bajo la inquietante luz nórdica.
Algo me dice que me va a encantar perderme  en el mensaje oculto de las cosas que se borran como nosotros mismos.
(Foto ; Pendiente del tesoro de los Médici).

martes, 28 de marzo de 2017

El planeta transoceánico






El planeta se levantó un lunes, se sintió un poco enfermo, se hizo mujer ,se le cayeron las tetas. En su interior bullían  ríos de lava roja y un montón de sentimientos desmadejados.
Para el martes ya se había ido la sangre, llegaron las lágrimas, pero subido en un kayak descendió la corriente, se sacudió el pelo de la frente mojada, echó un trago de bourbon de una botella de vidrio de color verde y se sintió hombre; la vida es tan  sencilla, con sus días y sus cosas que caben en cuatro o cinco cajones, de repente lo veía así y decidió acostarse después de echar un buen polvo.
Sin embargo justo antes de dormir se acordó de algunos ausentes, y una punzada le mordió como un colibrí envenenado en el pulmón izquierdo, de repente nido para un corazón triste, así que el miércoles amaneció mojado como un pollo de matadero, predestinado sin que a nadie le importara su vida o su muerte.
Todo el día de Mercurio fue pues para la tristeza, y así se sintió alicaído y errante por todos los rincones de su casa, los ríos, las nubes medievales, el bosque atravesado de flechas manchadas de sangre humana que caen a los pies de los mudos árboles; la nostalgia le cruzó con su cortejo fúnebre, y deseó ser otro el resto de lo que le quedara de vida, llevar otro cuerpo y otra cara y otra esencia. Una pastilla le sirvió para tomar al sueño por los pelos , y así amaneció el jueves ni fu ni fa, con la resaca de la supervivencia y el sabor de un evangelio doméstico en las comisuras de la boca.
Se puso el pijama de franela gastada, encendió la tele y miró la muerte en las noticias, esa muerte que no da miedo porque está enlatada y se refiere a otros.
Precisamente viendo calles de París se le antojó estar en salas de museos, cambiar  moneda extranjera y beber de vasos mal fregados sobre tarimas de madera, y de nuevo notó la vida por las venas; escribió enfebrecida, a ratos mujer , viril a ratos, no sabiendo si el sexo era tan importante como para alejarlo  de sí mismo y de las personas que amaba, qué pesado fardo que lo mantuvo siempre solo en el fondo, en una isla artificial con una palmera de plástico y un cubo para achicar frustraciones.
La única solución es el arte, de repente lo supo; iría a ver cuadros, escucharía esas voces y se perdería en esas miradas, (volvería a inquietarse con el cardenal de Rafael ), comería  barato como los turistas pero soñaría como los artistas, que se inmolan en espantosos rituales de búsqueda y perfección y son felices en el momento más insospechado, sólo durante un chispazo de luz divina que redime una vida entera de miseria y abandono.
Oh qué bonito amaneció el viernes, cuando ya era hombre, mujer, gay y lesbiana juntos, transatlántico de compasión y amor que vira hacia costas  donde todo es y ya ha sido, esquinas rocosas donde los diferentes aprendieron a morir de rechazo, dejando su juventud en las garras de  dolorosas injusticias; el viernes tomó un avión y notó el pecho henchido de ilusiones.
Cuando sus pies pisaron una ciudad nueva, la luz amarilla de Chequia bañó de irrealidad sus esperanzas.
Nunca se había movido de allí.
Era todo lo que existe, todo lo que la carne puede desear, y al mismo tiempo no era nada.
Era un arco iris sólo de azules, un malestar repentino, un poco de agua soleada, el bañador de un niño ahogado, la pamela de una señora muerta, un adolescente y un viejo y un correspondido y un rechazado, y un eréctil feliz y un desganado blanco de piel con las patas de un pollo, el mismo pollo de antes, el del matadero.
Sí, era un planeta azul donde todo era maravilloso y horrendo, imposible y posible; en su territorio  lo mismo entre dos personas surge un amor perfecto que matan a un transexual unos gorilas con camisa en un humilde barrio de Brasil (perdónenme, gorilas), y todo sigue rodando como si el respeto y el amor, la dulce compasión, fueran un anómalo milagro.
...
Nota;
El transexual asesinado vivía humildemente en su casita  y solía hacer pequeños favores; era conocido en el barrio y aunque fue apaleado y grabado a plena luz del día, nadie lo defendió.
En el video se ve cómo lo cargan en una carretilla y se supone que le dan muerte en otro lugar, lejos de la mirada del mundo.

Los inquisidores chillan, alterados por las mismas cosas de siempre; los pollitos de matadero pasan invisibles por pequeñas vidas de mártir humildes como las amapolas.
Muchos leemos libros y nos creemos planetas que giran sobre el delicado equilibrio de las cosas.
Mañana será miércoles, y mi planeta y yo permaneceremos a cubierto bajo la cúpula que nos protege de la maldad.
Miraremos a los ojos del cardenal , y así pasaremos la tarde.

lunes, 27 de marzo de 2017

Amores forenses






Ahora que me gustaría llevar mi vida con la insolente indiferencia y maestría con la que toca Savall la viola de  gamba, (y sin embargo soy esta especie de Pantoja  compungida ), me acuerdo de aquellos cuentos que me contaba una persona próxima a los juzgados, hace muchos  años en un reino junto al prado de san Sebastián.
Yo tenía mi puestecito cotizador junto a aquello que llaman aparato judicial, en un cuarto donde se sellaban cientos de burofax cada día y las cartas se apiñaban en filas de cajas que las manos repartían en casilleros, con más o menos destreza según  fuera lunes o viernes.
Sin embargo hasta a los rincones más áridos llegan historias jugosas, capaces de alimentar la imaginación y los deseos de escribir.
Mezcla de exageraciones y realidad, (el relato es el niño sobrealimentado con las verdad a medias, con el deseo del narrador de hacerlo más interesante), me bebí aquellos amores forenses como si fueran los atrayentes libros de mi juventud, plagada de puentes de piedra , fantasmas y amor desgraciado.
Así Adelita me contaba cómo el doctor Peribáñez  fue expedientado por acostarse con aquéllas  a las que tenía que hacer autopsias, a lo mejor atraído por la eternidad.
Me ponía la piel de punta y todo lo demás imaginar un tío que ha estudiado, que probablemente se haya casado y haya esparcido su semilla por el mundo, que pase por normal sentado en un café a la caída de la tarde, preparando una cita con su cadáver del día, su morena o su rubia o su joven o su vieja, ¿qué puede esperar?¿qué puede pensar? Sumisión absoluta, dominio, triunfo de la lujuria sobre la muerte, simple desahogo animal e impune, quién puede saberlo en aquel rincón oscuro donde seguramente ya huele a todo lo contrario a la vida.
Quizá a Peribáñez le gustaba imaginar  esos cabellos desparramados sobre la mesa fría cuando estuvieron vivos sobre un colchón doméstico, sábanas blancas  con ramitas de lavanda , enmarcando aquel rostro de mujer que demasiado cansada para hacer el amor, se dejaba hacer más bien y soportaba la embestida de los sábados por la noche mientras pensaba que había olvidado recoger la ropa de las cuerdas.
O pudiera ser que inventara vidas para ellas, que un último polvo frío fuera el pasaporte para el otro barrio, certificado de polución que nadie más deberá firmar, dado que él y sólo él era el responsable último de ese último reconocimiento.
Pero qué diferente debe ser una mujer de una muerta, después de todo; debe haber algo más para esa pulsión que ya practicaban los egipcios, expertos en el arte de agasajar la muerte y vestirla de lisonjas para tratar de  convertirla sin éxito en vida.
Quizá al médico loco, el hombre normal, le parecía una venganza por los lejanos tiempos de estudiante, cuando todas las que le gustaban se le iban en autobuses hacia otras ciudades y él se quedaba solo hasta la aparición de su mujercita creyente y apropiada, quién puede saber lo que las ausentes le regalaban a ese infeliz que disfrutaba sintiendo un coño frío y unas piernas muertas en horas de trabajo.
¿Podrá volverse loco un hombre por trabajar contra natura?
Las mujeres, sí que enloquecen de amor y mala vida, y algunas hasta se acostumbran.
Contaba Adelita, entre las anécdotas del fin  de semana, cómo aquella mujer se presentó en el juzgado de guardia diciendo que necesitaba denunciar a su marido.
"No me deja en paz, se presenta a altas horas de la noche, me insulta y dice que no me  a dejar vivir tranquila lo que me queda de vida".
"Pero a ver, señora, cómo se llama su marido?".
"Pepe de tal y cual ".
"Señora, su marido falleció hace algunos años ".
Para aquella mujer no tenía la más mínima importancia.
"Que se calle, oiga, que tengo que denunciarlo porque no me deja en paz; créame y haga lo que le digo; apunte ; anoche vino cuando iba a acostarme y me puso de vuelta y media; escríbalo, que me ha insultado y me ha amenazado ..."
Muchas veces me he preguntado si las muertas profanadas podrían haber tenido el mismo poder para hacerse presentes en la vida cotidiana de Peribáñez.
Seguramente no;
porque ni siquiera las conocía.

La Folia from the Renaissance through the Baroque up to Vangelis


domingo, 26 de marzo de 2017

Me falta una hora

Hoy me apetece esto;
...
Me falta una hora de domingo para decirte que te quiero, así como es verdad que me falta la paciencia.
Que temí irme de este mundo sin conocer un amor como el tuyo, que amanece los domingos como una marea tranquila , y te sigo encontrando cuando apenas ya lo espero.
Es así entonces nuestro encuentro, sin palabras ni análisis de ésos que tanto he leído, de las revistas de psicología ( trucos baratos para alimentar el deseo de las parejas muerta, como si lo que está muerto se pudiera resucitar), mujer urbana al fin y al cabo siempre me he alimentado de teorías.
Tú me subes el cubo de la paciencia o me das una vela encendida desde ayer por la noche, y me esperas sin decir nada incluso cuando estoy despotricando.
Tú careces de mi maldad innata y de mi chorro de palabras, a mí me falta tranquilidad de espíritu.
Yo te soñé muchas veces en el mundo desesperado, cuando vagaba de puerta en puerta como una señora puta en miniatura, sabiendo que mi libertad estaba por encima de todo porque era madre soltera, aunque parezca la letra de un  fandango como los que cantaba Pepe Pinto, (ésos que todavía me hacen llorar porque son sentimentales y porque mi abuelo era un cantaor de primera que nunca llegó a nada, ya que  tenía un corazón ligero como una paloma).
Por eso busqué y sabía que vendrías, aunque no sabía cuándo, y uno de mis amantes a distancia más sensatos me decía "Reyes, bonita, no esperes esas cosas, los hombres son egoístas en el mundo moderno, ya ves cómo está el patio " y era verdad que el patio estaba lleno de enredaderas, de falsas ilusiones y esperanzas , y después de cada beso llegaba la distancia.
Era verdad que mis supuestos amigos me decían "No necesitas pareja porque eres inteligente", como si la soledad fuera el plato de los dioses.
Los dioses, tan soberbios y castigadores, tan faltos de ecuanimidad, en el fondo.
Claro que sigo siendo libre, que podría mañana coger mis cuatro cosas y despertarme sólo sobre mí y mis problemas, pero entonces faltarían tus ojos verdes, tu cálida mirada sobre las cosas que me agobian, tu mejor percepción de mis derechos, la serena supervivencia de los días, el horario de los cojines.
No te preocupes, yo pondré las sorpresas, bastará con que me ayudes a limpiar y a planear viajes a la costa lejana de mis sueños un par de meses al año, yo seguiré soñando por los dos.
Por los tres, en este caso.
Y no voy a olvidar aquella lección de cuando mi corazón me guiaba, creyendo que sería lo que parecía imposible, por una vez sin venderme la moto de ideas preconcebidas ni estadísticas;
nadie puede recibir lo que no espera.

Deseo

El deseo no es tan malo como dicen, no es bajo ni mezquino ni ruin, es un hálito de dioses que tenemos entre los bolsillos y que podemos...