martes, 26 de diciembre de 2017

Cuento de Navidad

El día de Navidad del año de la corrupción de dos mil diecisiete, amaneció con fina lluvia que se fue haciendo más intensa pasada la primera hora del alba. En el palacio Quintelio la joven princesa sufría el ataque de una gripe de estómago traída seguramente de las tierras medias, cuando se empeñó en comer carne de vaca muerta en una tarde de sábado invernal.
Gustaba de la compañía de campesinos y labradores,a los que visitaba a menudo,y no pocas veces su salud adolescente se resentía por ello. La reina en su lecho oía caer la lluvia y pensaba "si yo fuera plebeya me enfadaría mucho este agua inoportuna porque seguramente tendría tendida tres coladas casi secas del día anterior que olvidé recoger por culpa de la Nochebuena y un tal Emilio Moro que se sentó a la mesa y me distrajo demasiado induciéndome al sueño"...pero por suerte no lo era.
Al igual que su hija tenía sus excentricidades,y en aquella ocasión había echado de la alcoba a las sirvientas para atender personalmente a su hija en los vómitos cada treinta minutos con que fue asediada la muchacha, hasta que ya no le quedó nada por echar.
Habían vaciado aquella noche siete bacinillas,y con sus propias manos fregaba el suelo en cada episodio.
Cuando ya la luz era poderosa bajó a las cocinas a por menta para consolar la barriga de la joven, aunque ambas sabían que podría volver a echarla porque el maleficio de la bruja helicobacter pilory no era precisamente liviano.
Aún así lo intentaron, y cuando los pájaros abandonaban el estreno lluvioso de la mañana,se echaron a dormir.
La reina cerró los ojos al notar que el maleficio, bastante contagioso,se le iba a presentar a ella en forma de diarrea.
Paciencia,se dijo.
Anoche estuvo alegre y nos reímos.
Ese recuerdo nos ayudará a soportar estas molestias.
Quizá su cólera provocaba tales desgracias, quizá no.
No hay forma de evitar a los maleficios,esto es una cosa que aprendí con los años.
Intentaré dormir hasta que el mal la obligue a echar la menta.
Y volveré a limpiar y a preocuparme.
Ahora mi lecho está caliente y ha cesado la lluvia.
Quizá podamos descansar,pensaba.
Todo esto ocurrió la mañana de Navidad del año de la corrupción de dos mil diecisiete en el palacio Quintelio.



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1 comentario:

Genín dijo...

jajaja Muy bueno!!!
¡Felices fiestas, guapa!
Besos y salud

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