viernes, 14 de abril de 2017

La chica de colores





Había una vez un hombre que vivía en un palacio oscuro, donde las puertas crujían desangeladas y los timbres sólo llamaban a nostalgias.
En el palacio oscuro el hombre pasaba el tiempo mirando retratos de su amada muerta, que aunque no se había muerto, para él era lo mismo porque tenía tendencia al drama, el hombre aquél.
Incapaz de levantarse muchas mañanas, obligaba a su cuerpo a hacer lo mínimo indispensable para volver enseguida al calor de las sábanas, que aunque oscuras, le brindaban un hogar seguro.
Un día oyó que el palacio se viraba hacia la izquierda, como si algo hubiera chocado contra él, y preocupado salió hacia el jardín.
Allí, con una gran sonrisa y el pelo desordenado, encontró a la chica de colores, que trataba de salir de su nave espacial.
"Perdona si te desestabilizo el palacio, acabo de llegar y no quería hacerlo así, he tenido un pequeño...cambio de planes"-explicó.
Al hombre oscuro le llamó la atención su forma de expresarse.
Nunca antes había oído que un accidente pudiera ser considerado un "cambio de planes".
En el fondo la consideró extraña, pero le gustó enseguida.
La chica de colores se quedó en el palacio  unos cuantos días, mientras pensaba cómo reanudar el viaje, y sin pretenderlo lo cambió todo.
Procedía de un planetilla luminoso donde muchos mini soles nacían y morían en pocas horas, con lo cual estaba acostumbrada a no hacer planes, pero también a aprovechar bien los momentos y a sacar sonrisas como otros sacan gusanos de la tierra.
Para ella todo era natural y espontáneo; esto al oscuro le costaba mucho, pero como a los pocos días se sentía mejor decidió no ponerla en tela de juicio y disfrutarla, sin más.
Era quizá la primera vez en su vida que se topaba con alguien así, a quien no podía colgarle una etiqueta de cortesana ni de amante ni de nada,  pero era amiga en el verdadero sentido de la palabra.
La chica de colores desempolvaba cada día historias nuevas para el hombre oscuro, que empezó a ponerse más clarito de piel y de mente.
Ya no le crecía encima la costra del abandono, ni le escapaban ríos de lágrimas convulsas, ahora era más bien una caricia desconocida subiéndole por el alma como una pluma de color verde esperanza.
Los dos sabían que la chica de colores era forastera, y que algún día tendría que irse, pero proyectaron ideas para mantenerse juntos en ese plano sin tiempo ni condiciones donde la gente que ha encontrado una forma de conexión desea estar para siempre.
Al ser la chica de un planeta de colores, y estar de paso, la historia no podía sostenerse, según decía la lógica del mundo exterior que ambos acataban, como si guardaran un secreto a cuatro manos.
Y así era, en efecto.
Pero en el interior de cada uno crecía  un afecto tan sincero que hubo momentos en que pareció que el fuego de esa luz podría con todo.
En todos los cuartos de juguetes hay una bailarina , un soldado roto, un monstruo y una princesa que de una forma u otra consiguen quedarse juntos contra viento y marea.
Tanto la chica de colores como el hombre oscuro, después de haber asumido ella un par de grises y él haber ganado dos tonos de amarillo sol, llegaron a planteárselo sin decirse nada.
Quizá las cosas no son siempre lo que queremos que sean, quizá...pensaban mientras él pintaba en su estudio y ella daba los últimos toques a su nave.
Puede que fuera entonces cuando apareció la lavandera, con su canasto en la cintura y su par de ideas bien plantadas.
La lavandera no tenía tiempo para tonterías; le echó el ojo al hombre oscuro, como era normal en ella primero empezó lavándole las calzas, más tarde eficientemente tomó confianza para pedirle también los calzones.
Y poco a poco lo hizo suyo con trabajo, que es la forma en que aman las personas sin imaginación.
La chica de colores, como una valiosa muñeca, seguía durmiendo cerca del cuarto del hombre oscuro, y aunque jamás había franqueado esa puerta, a la lavandera no le pareció bien.
"Tendrás que decirle que se vaya; esto no puede durar para siempre"- le ordenó un día, y Oscuro, que se engañaba diciéndole a todo el mundo que era alguien que sabía ser libre, le hizo caso.

Habló con la chica de colores, que le escuchó con la sonrisa azul hielo antártico;
no le parecía verdad estar escuchando esas palabras de la boca de quien había sido a la vez compañero y amigo, en un plano tan alejado de las intrigas de pareja.

Al día siguiente terminó de arreglar su nave y emprendió el vuelo.
En el palacio quedaron sus reflejos como vueltas de arco iris, algunos olvidados con la prisa, pañuelitos arrugados, gominolas tornasoladas y una horquilla para el pelo color arroyo cantarín, todas cosas bonitas que al poco tiempo serían polvo de cenizas.
A cambio ella se llevó una mecha gris sobre su melena rojiza y un puntito negro sobre el corazón.
También la sospecha de que Oscuro nunca tuvo claro el lugar que correspondía a ese corazón.
Confundido y mezquino, tenía como otros muchos tristes un alto concepto de sí mismo, y una tendencia a racionalizar sentimientos, separando el polvo de la paja, mujeres de amistades, cuerpos de emociones,como si fuera tan fácil engañar a la víscera roja brillante que arrastra ríos de lodo en todas direcciones y puede salvar al más desgraciado.
De camino a su planeta, la chica de colores dejó asomar una sonrisa a sus labios;
al final ya se veía su planeta soleado y puro.
Seguramente volvería a hacerlo por cuatro o cinco Oscuros más, porque nadie puede perder aquello con lo que ha nacido, así como  nadie puede conservar lo que no tiene.
A la chica de colores, con el tiempo, le desapareció la sombra negra del corazón; de lo que fue de la vida de Oscuro en su palacio, en compañía de la lavandera,ya no nos importa en absoluto.


(Para una amiga de colores)

3 comentarios:

Nieves Martín dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
luzbelguerrero dijo...

Hay hombres tan oscuros que prefieren disimular a brillar y visten impecables para que su penumbra espiritual no cante demasiado. La lavandera es víctima y verdugo; ¿pero a quién le importa?, mientras su cerrazón y sus aguas sucias forman el barro en que chapotean los que no se merecen mucho más.

PD: Míreme porfa lo de antártido.

Genín dijo...

A lo mejor se arregló "forever" con la lavandera... :)
Besos y salud

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