viernes, 31 de marzo de 2017

Trece años en primavera



Tener trece años y que sea primavera es un privilegio de dioses que todos los dioses olvidan.
Que la vida sea esa fiesta prometida y que hasta el metro sola con amigas, sin la atenta mirada de los padres, sea una experiencia excitante es un privilegio que conecta con los estrenos y los amaneceres.
Tener cuarenta y muchos (ya no puedo decir cuarenta y pocos) y que todo te parezca cutre, desolado y viejo en la ciudad es un privilegio que ningún dios desearía.
Claro que siempre llega uno a un jardín o a una esquina  y se siente confortado; pero la mayoría de las veces camino por los bordes ancianos de la ciudad  y aunque levanto las faldas de mi destino, ya sólo veo una faja de color carne.
Ellas sin embargo ven piedras de colores, batidos helados, chicos guapos y esa libertad como una paloma blanca que sólo a veces los adultos permiten que se pose sobre el cuadrante horario.
A mí me molesta la gente, el chirriar de los raíles, mi dolor de espalda, y no tengo ganas de demasiadas cosas cuando atravieso el río Pu y me acoge la península Sofá, incómoda como siempre con su palo duro de madera de proa,(para eso usé mi viejo barco de juventud naufragada, para hacerme un sofá y una mesa camilla), y a ella no le molesta nada salvo que esté yo para recordarle lo que tiene que hacer y lo que no.
Nunca estaré lo suficientemente agradecida a este rincón por servirme de terapia, por dejarme venir aquí a soltar las cuatro angustias, la dificultad con la que debo asumir los cambios.
No son grandes cosas, ya sabemos de mi tendencia al agobio y al mismo tiempo los esfuerzos que hago para cumplir el mandamiento que me impuse de permitir la libertad de aquellos que no son míos , en este caso una sola, que nació bajo la luna más brillante y le dio sentido a mi vida y combustible al anémico motor de mis impulsos.
Parezco boba pero miro muchas fotos de cuando era pequeña , ojos enormes, pelo de muñeca, boca de corazón , introspección incluso en el jardín de infancia, misteriosa y bellísima.
Su mirada siempre tuvo un mensaje para mí
En contra de la opinión de muchos que me conocen, creo que nunca la he mimado demasiado, ni siquiera sobreprotegido;
siempre supe que podía dejarla sola con enchufes y utensilios de cocina porque no le llamaba la atención el peligro.
Siempre le hablé como a un adulto y le advertí las cosas de manera clara, como aquella vez que se quemó con el humidificador, "Te dije que tuvieras cuidado", le dije, en pleno ataque de nervios y llanto, y creo que sólo tenía tres años.
"Ya te dije que esto pasaría " - le dije también cuando se le escapó un globo por no querer amarrárselo a la muñeca , era tan lista que no emitió una sola queja porque sabía que era verdad.
Tendría tres años también porque empujaba un carrito de juguete de color rosa que no levantaba dos palmos del suelo.
Si no me escuchas, si no tienes cuidado, atente a las consecuencias.
Y así era, el hada atrapada en cuerpo de niña, cabezota y aventurera, pero a mi sombra, siempre conmigo, en los supermercados, en otoños y primaveras y en recitales de poesía.
Pero ya no es así.
Ahora ella sigue estrenando y yo no es que esté de vuelta  de todo, porque me desilusiona una cosa nueva todos los días, (eso también es innovación, así como estrenar dolores físicos desconocidos y desajustes bastante creativos),es que estamos en planetas diferentes.
Carezco del carácter militar de las buenas madres, de la intransigencia de los fuertes, de la claridad de los que sólo tienen un punto de vista para todo.
Se me desdibuja la vida, se me mezclan los conceptos, junto las trece primaveras como un manojo de miedos y al mismo tiempo de egoísmos, la amo poderosamente y me reduzco a la expresión más simple del ser humano, que es cuando sólo tienes un deseo, único y absoluto, y es que sea feliz.
Pero al mismo tiempo quiero estar en todo lo que haga, vigilarla de cerca y seguir sin entender una mierda de lo que habla y de lo que se ríe,( qué triste es una madre, después de todo, parece un tonto enamorado).
Me consuelo;
 aprieto los dientes; me hago unas palomitas cancerígenas; veo caer la tarde; vengo al lomo del blog y en él me acuesto.
No me puedo engañar.
Creo que a los trece años ha saltado la primavera demasiado pronto.

(Imagen billgekas)

4 comentarios:

Antón Abad dijo...

¡Hermana, cuánto amor destilan sus palabras!, cuanto amor, que son miedos, angustias, reproches y lloreras.
Aunque carezca del espíritu militar de las madres (me ha encantado la frase), tiene que ser un poco sargento. A los trece años acecha todo, lo bueno, lo malo, lo peligroso y lo divertido, y su hada no tiene ojos más que para el lado festivo de la juerga cándida. No intente comprender de qué se ríe; ¿ o acaso Ud. se reiría de las cosas que le hacían gracia recién pasada la docena de años en su morral?
Su tarea es delicada y por unos años sin recompensas aparentes; pero que no le coma la moral la perspectiva; el amor filial se construye ladrillo a ladrillo, y si tira bien las plomadas ahora, si hace de cada viga un compromiso, le saldrá una niña como una catedral. Nada de chapuzas que su amor tiene que durar ml años.

Trini Reina dijo...

Ay, amiga. Cuanto amor en tus palabras y razones.
Qué difícil es ser madre. Esa ansia de que sean felices es algo indomable y, sin embargo sabemos que la vida no entiende de deseos ajenos y sólo obedece a los propios.

Me ha llevado al llanto tu texto y eso que mi pensar como madre va menguando y ya comienzo a pensar como abuela. Una abuela cuya atención y protección nadie va a tener en cuenta, pero que ahí está pendiente y doliente de un ser lejano (a mi pesar)de solo dos primaveras.

Besos para ti y tu treceañera 😊

Genín dijo...

Siempre puedes recurrir al "cuarentaypico"...jajaja
Que inteligencia derraman a chorros esos ojitos tan lindos de la foto... :)
Corazón, ya el titulo de madre es el mas importante de todos los conseguidos, por eso es el que mas pesa, hoy por hoy, en tu vida...
Asi que...¡Felicidad a las dos!
Besos y salud

Reyes dijo...

Bueno Antón gracias por sus palabras,lo malo y lo bueno nos acechan a todas las edades, sólo que los que nacimos antes creemos que no es así.
Trini, por una parte me alegra emocionarte a ti que eres poeta, por otra no hubiera querido hacerte llorar, un abrazo.
Genín, eso haré , "cuarenta y pico" jajaja ,y las cervezas pa cuando??
Besos

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