martes, 28 de marzo de 2017

El planeta transoceánico






El planeta se levantó un lunes, se sintió un poco enfermo, se hizo mujer ,se le cayeron las tetas. En su interior bullían  ríos de lava roja y un montón de sentimientos desmadejados.
Para el martes ya se había ido la sangre, llegaron las lágrimas, pero subido en un kayak descendió la corriente, se sacudió el pelo de la frente mojada, echó un trago de bourbon de una botella de vidrio de color verde y se sintió hombre; la vida es tan  sencilla, con sus días y sus cosas que caben en cuatro o cinco cajones, de repente lo veía así y decidió acostarse después de echar un buen polvo.
Sin embargo justo antes de dormir se acordó de algunos ausentes, y una punzada le mordió como un colibrí envenenado en el pulmón izquierdo, de repente nido para un corazón triste, así que el miércoles amaneció mojado como un pollo de matadero, predestinado sin que a nadie le importara su vida o su muerte.
Todo el día de Mercurio fue pues para la tristeza, y así se sintió alicaído y errante por todos los rincones de su casa, los ríos, las nubes medievales, el bosque atravesado de flechas manchadas de sangre humana que caen a los pies de los mudos árboles; la nostalgia le cruzó con su cortejo fúnebre, y deseó ser otro el resto de lo que le quedara de vida, llevar otro cuerpo y otra cara y otra esencia. Una pastilla le sirvió para tomar al sueño por los pelos , y así amaneció el jueves ni fu ni fa, con la resaca de la supervivencia y el sabor de un evangelio doméstico en las comisuras de la boca.
Se puso el pijama de franela gastada, encendió la tele y miró la muerte en las noticias, esa muerte que no da miedo porque está enlatada y se refiere a otros.
Precisamente viendo calles de París se le antojó estar en salas de museos, cambiar  moneda extranjera y beber de vasos mal fregados sobre tarimas de madera, y de nuevo notó la vida por las venas; escribió enfebrecida, a ratos mujer , viril a ratos, no sabiendo si el sexo era tan importante como para alejarlo  de sí mismo y de las personas que amaba, qué pesado fardo que lo mantuvo siempre solo en el fondo, en una isla artificial con una palmera de plástico y un cubo para achicar frustraciones.
La única solución es el arte, de repente lo supo; iría a ver cuadros, escucharía esas voces y se perdería en esas miradas, (volvería a inquietarse con el cardenal de Rafael ), comería  barato como los turistas pero soñaría como los artistas, que se inmolan en espantosos rituales de búsqueda y perfección y son felices en el momento más insospechado, sólo durante un chispazo de luz divina que redime una vida entera de miseria y abandono.
Oh qué bonito amaneció el viernes, cuando ya era hombre, mujer, gay y lesbiana juntos, transatlántico de compasión y amor que vira hacia costas  donde todo es y ya ha sido, esquinas rocosas donde los diferentes aprendieron a morir de rechazo, dejando su juventud en las garras de  dolorosas injusticias; el viernes tomó un avión y notó el pecho henchido de ilusiones.
Cuando sus pies pisaron una ciudad nueva, la luz amarilla de Chequia bañó de irrealidad sus esperanzas.
Nunca se había movido de allí.
Era todo lo que existe, todo lo que la carne puede desear, y al mismo tiempo no era nada.
Era un arco iris sólo de azules, un malestar repentino, un poco de agua soleada, el bañador de un niño ahogado, la pamela de una señora muerta, un adolescente y un viejo y un correspondido y un rechazado, y un eréctil feliz y un desganado blanco de piel con las patas de un pollo, el mismo pollo de antes, el del matadero.
Sí, era un planeta azul donde todo era maravilloso y horrendo, imposible y posible; en su territorio  lo mismo entre dos personas surge un amor perfecto que matan a un transexual unos gorilas con camisa en un humilde barrio de Brasil (perdónenme, gorilas), y todo sigue rodando como si el respeto y el amor, la dulce compasión, fueran un anómalo milagro.
...
Nota;
El transexual asesinado vivía humildemente en su casita  y solía hacer pequeños favores; era conocido en el barrio y aunque fue apaleado y grabado a plena luz del día, nadie lo defendió.
En el video se ve cómo lo cargan en una carretilla y se supone que le dan muerte en otro lugar, lejos de la mirada del mundo.

Los inquisidores chillan, alterados por las mismas cosas de siempre; los pollitos de matadero pasan invisibles por pequeñas vidas de mártir humildes como las amapolas.
Muchos leemos libros y nos creemos planetas que giran sobre el delicado equilibrio de las cosas.
Mañana será miércoles, y mi planeta y yo permaneceremos a cubierto bajo la cúpula que nos protege de la maldad.
Miraremos a los ojos del cardenal , y así pasaremos la tarde.

2 comentarios:

Rodrigo D. Granados . dijo...

Siento como que estoy retomando una novela que había abandonado y debo recspitular para estat seguro de que el final no mr tomará por sorpresa. No 21, deberían der 365 los días que escribiera durante 5 ó 6 horas y prepararse para lo más pesado de la profesión: la promoción de su nueva novela. El nombre me gusta, y si en la segunda linea ya hay tetas, esto promete, me digo.
Fardaré diciendo que la conocía de antes, cuando eta teleope y que nos cruzabámos confidencias y burradas. Que hice un cuento para Ud. Y me lo pagó como si le hubiera escrito una enciclopedia.
-Sí, yo la conocí cuanfo no era nadie, y ya era alguien importante.

Genín dijo...

Siempre has sido alguien muy importante, siempre te he dicho que escribes del copón que te cagas!!! :)
Besos y salud

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