sábado, 25 de marzo de 2017

No hay de qué preocuparse

Dice Mulet, en un artículo reciente en el País, que es difícil por no decir imposible que podamos contactar con los alienígenas, dado que las civilizaciones se extinguen y es difícil que coincidan ; es como tener parámetros distintos y dimensiones ajenas entre sí , y utiliza la manida fantasía de que si quisieran contactar o dejarse ver sería muy fácil hacerlo durante la retransmisión de unos juegos olímpicos, por ejemplo, para pasmo y felicidad ( o angustia, de toda la humanidad), posibilidad ésta que también le propone a la virgen, como entidad también misteriosa y esquiva, con tendencia a trepar a los árboles portugueses y predilección por pastorcitos muertos de hambre.
Dejando a un lado lo que me inspira Mulet, (a veces admiración y tranquilidad por su perpetua conformidad con todo, su explicación limpia y racional de las cosas más preocupantes, como por ejemplo nuestra actual industria alimentaria, otras veces pereza precisamente por eso, por su falta de curiosidad mística o margen nulo para las posibilidades que él no pueda comprender, está claro que no me lo imagino escribiendo un simple poema, hay personas que carecen completamente del hálito mágico que nos hace crear), diré que en esta ocasión me ha procurado tranquilidad al menos una cosa que ha dicho que sí creo totalmente cierta.
Somos una especie reciente, a pesar de los miles de años que hace que nos matamos entre nosotros, a pesar del destrozo  de nuestro hermoso planeta, a pesar de lo importantes que nos creemos y a pesar de los avances e involuciones, somos tan jóvenes que dice que es como si al empezar las campanadas de año nuevo nosotros, los humanos, hubiéramos llegado la noche anterior a eso de las diez o las once.
Por lo tanto, a estas alturas del cuento, estamos destinados a desaparecer, como todos los imperios, como todos los seres vivos, como todo lo que existe.
Y en esta certeza está la calma de considerar que no hace falta sufrir porque no podamos hablar con seres superiores, porque la gente sea cada día más violenta o más gilipollas, porque todo nos parezca un desastre , porque mañana llegue tarde al trabajo o porque mi vida me parezca un barco demasiado cargado de cosas, no hace falta desear que caiga un meteorito que nos castigue con el destierro por nuestra falta de amor y responsabilidad.
En  cada una de nuestras vidas hay un meteorito minúsculo deseando caer sobre nosotros , y cuando lo haga dará lo mismo lo que hayamos hecho o sufrido, él siempre habrá estado ahí riéndose de nuestras cuitas y dolores cotidianos.
Es curioso:
como soy tan profundamente de letras, tan de nubes y exaltaciones momentáneas, sigo pensando sin embargo como el gran Máximo Décimo Meridio, que "lo que hacemos tiene su eco en la eternidad".
Y es que hasta mis dioses son meros personajes de películas.
Como mi fe, que bebe del deseo perenne de que todas las criaturas sean felices, que yo misma sea capaz de encontrar la senda que me trascienda de tantas miserias tanto morales como alimenticias, que mis ojos puedan ver triunfar el amor en todas sus formas y que seamos capaces de saber quiénes somos antes de cruzar la puerta definitiva, que tampoco creo que sea tal, sino una especie de intermedio.
Porque hay cielos azules y vientos de mediodía, porque el guión puede cambiar en el último momento, porque Dios es el Oculto, llamado así en el Corán entre otros muchos nombres porque hay una suerte de misterio que lo envuelve todo y el hombre, incluyendo a Mulet y un ejército de científicos, apenas pueden descifrar medio párrafo de todo lo que existe.
Porque he decidido escribir todos los días durante veintiún días en este blog olvidado, porque la realidad cotidiana me supera y aburre y mata mis expectativas, porque necesito seguir respirando y tirando botellas al mar para recordar mi nombre , porque hay algo más incluso en la mirada vacía de las estatuas de Pompeya, aquellos que hace un rato eran como yo, con preocupaciones, obligaciones y enfermedades,  que vivían y pasaban por alto las crueldades de su época porque tenían jardines domésticos que regar, y aun así quizá en el último instante entendieron todo.
Entre mis múltiples contradicciones  y libertades está el derecho a creer ;
pero que por favor  nadie me diga en qué o en quién.
No nos hacen falta vallas ni trincheras; más bien cielos azules y vientos de mediodía.

3 comentarios:

Alphonse Zheimer dijo...

Brillante como siempre Reyita, profunda y próxima como un poema o una naranja a medio pelar, siempre a medio pelar. Porque siempre va dejando su envoltorio detrás para revelar lo jugoso y dulce de sus esencias.
Sabe que desde siempre me asombra que no se gane la vida escribiendo porque lo hace de maravilla; pporque entenderla, si se tiene corazón y un pelín de cerebro, es tan sencillo como respirar, que a menos que uno tenga un gripazo, va con el piloto automático.
No sé quién es su Mulet, pero estoy de acuerdo con él en una cosa, no hay peligro de contacto con seres superiores, porque si lo fuesen, nos evitarían como a un borracho enfermo y con pulgas. Si en cambio fueran inferiores y estuvieran como nosotros matándose alegremente a pedradas en su mundito virgen de ambiciones más allá de lo fisiológico, tampoco habría contacto porque dependería de nosotros y una tecnología que no llegaremos a desarrollar porque nos habremos muerto antes de sed y guerras patrias.

Genín dijo...

¿De veras que vas a escribir todos los dias durante 21 dias?
¿Y porque no una vez a la semana durante 21 meses? jajajaja
Lo que tu quieras corazón, yo siempre pensé que no resistirías no estar para siempre...jajaja
Según lo que dice el Alphonse de arriba parece que mas de una vez me falta un pelín de cerebro...jajaja
Besos y salud

Reyes dijo...

Alphonse, gracias por sus palabras, tiene esa especial forma de animarme que no he olvidado jajaja un beso gordo como mi culo le mando este domingo variable.
Escribiré todos los días aunque le advierto serán las peores chorradas imaginables, lo hago para curar mi desidia y abandono.
Genín, en serio en serio que estaré por aquí 21 días, será mi terapia porque cuando escribo me cambia el humor para bien, no sé por qué. Besos y salud

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