domingo, 16 de junio de 2019

La vida a ratos

Ése es el título del libro que estoy leyendo de Juan José Millás y al fin albricias, al fin un texto que me inspira y me hace pensar; y aun así busco la manera de contradecirle, porque debe haber otra forma de hacerse viejo, debe haber otra forma de vida en Occidente que no sea sobrevivir a base de gin tonics de media tarde, revisiones médicas y psicoterapia.
En los últimos tiempos parece que es necesario enfrentar la esperanza al raciocinio, entendido éste último como una sucesión de realidades, y qué es la realidad, lo que vocean las noticias, lo que dijo tu madre cuando tenías diez años o lo que opina el médico  o el sociólogo.
Por mi parte este tipo de escritura me provoca con voluptuosidad, tengo tanta capacidad para el río amargo como tres Millases juntos, aunque jamás , seguramente, tendré su capacidad de trabajo ni de conciencia de escritura, ni su valentía para ser amargo (hay que ser valiente para ser tan amargo, es una especie de humildad),pero sí, según lo leo, en mi cabeza resuenan todos los miedos, esos capítulos que podría escribir si llevara un diario de a bordo, cada momento de pánico, cada ocasión de analizar el sinsentido, la boca infernal que a todos se nos traga al amanecer y nos devuelve al sueño rechupeteados y agotados cada noche para que volvamos a empezar, soldados urbanos de la angustia y las neuras familiares, sociales o laborales, este  ejército de zombis en que se han empeñado en convertirnos a base de obligaciones y falta de pensamiento y /o necesidades inventadas.
Qué tentador poner esa lupa que todo escritor lleva dentro para aguar la fiesta de los días, ya de por sí estropeados como la fruta de vivero, sin sabor ni olor , tan sólo con apariencia, qué tentador dejarse caer por la pendiente y hablar para sí mismo contándonos todo lo que nos parece mal, lo chungo que le pasó a éste y al otro y sentir en el lomo el escalofrío del caos.
Sin embargo no lo haré, por mucho que me gusten las palabras tristes, tan bellas y sonoras para quien nunca deja de pensar, para quien creció soñando en otras vidas, para quien el suicidio siempre estuvo ahí  como la propia vida, para quien deseando ser místico se agarró torpemente al miedo por la picadura de un mosquito o una operación quirúrgica, para quien la melancolía nunca fue pecado, para quien ya en la infancia se dio cuenta de que ciertas cosas es mejor no contarlas nunca porque la gente llama depresión a cualquier cosa, como si no tuviéramos el derecho a pasmarnos ante el misterio o la obligación de la vida.
El otro día murió en Sevilla un poeta barcelonés que no conocía, alguien que quizá nadie nombrará fuera de esta ciudad a la que llegó en los años ochenta, a la que ha dejado varios hijos en forma de novelas, disco libros y performances que justamente empecé a consumir ávidamente en internet, porque de las cosillas que hacía ha quedado constancia ; a través del obituario que una poeta amiga colgó en Instagram , tecleé su nombre y le hice mi homenaje en forma de seguimiento póstumo. Tontunamente un periodista le definió como el Tom Waits de la Alameda durante una entrevista en canal Sur y miren, dejando aparte en efecto esa tontería inherente a los periodistas(yo podría haber sido uno de ellos, he aquí una de las cosas que he de agradecerle a mi fracaso en la vida ,porque ahora al menos mi dosis de falsedad se queda sólo para la ración alimenticia  pero no para temas importantes, que son mi paz y mi ideología y mi mapa interno que tiene un ritmo propio y sagrado),pues eso, dejando aparte las chorradas de las etiquetas y los tics simpáticos propios de una entrevista a un creador de andar por la calle, a Fernando Mansilla que así se llama el poeta (DEP) le acogí enseguida en mi pecho por  una frase que dijo, y dijo que estaba estupefacto, sí, eso dijo, que seguía estupefacto ante la vida, y lo decía después de sobrevivir al mundo de la droga en Sevilla en aquellos años duros, (nuevo objetivo, encontrar su novela "Canijo", para poder seguir homenajeándole), después de cumplir sus años, después de haber sido maltratado por jefes de trabajos cutres, después de, después de tantas batallas como sus ojillos transparentes y sus modales nerviosos denotaban.
Seguramente su alma frágil y fuerte como son las almas de los creadores seguirá en estado de estupefacción o quizá ya se ha convertido en un delfín, otra cosa por la que  me identifiqué con él a la pregunta de  qué animal le gustaría ser, y ya después de eso apagué el móvil y me fui a dormir con el desasosiego y la pena de que este hombre que ya tenía un sitio en mi pecho ha dejado de existir en el único plano que conocemos, en un mundo gritón donde cada vez hace falta más gente así y menos de la otra, y yo me entiendo.
Por cierto, para el diario millanense hoy tendría que escribir que tengo un dolor intenso en el ojo derecho porque está explotándome un orzuelo, que me angustia tener que ir a trabajar mañana sin rimmel y sin lentillas, aunque no tanto como volver a asistir al sonido hijoputa del reloj a las seis de la mañana( porque esta semana estoy de mañana otra vez ) y la vida se me va a convertir otra vez en esa toalla sucia que arrastro con los tobillos hasta que llegue el viernes y me alcancen otros compromisos que tampoco me hacen ilusión.
También podría escribir que no hay casi nada que me haga ilusión, excepto momentos sueltos como meterme recién duchada en la cama, o beber la primera cerveza fría sin nada en el estómago, que es cuando hace el efecto de suavizar todo, la amabilidad del universo es entonces la exacta realidad, esto quien lo probó lo sabe, y que estoy pensando en poner la lavadora a las once de la noche, dejarla abandonada como un niño que llora cuando termine el programa y tender por la mañana a eso de las siete, justo antes de irme a trabajar para cumplir ese sentido de mierda que tan bien explica Juanjo en su novela.
Pero como no tengo ese diario ni esa capacidad de trabajo no lo haré, (aunque ahora que me acuerdo, gracias también al libro he recordado el cuaderno precioso que me regaló mi hija en mi cumpleaños y que está sin estrenar, de repente se me ocurre ahora que quizá escribir literatura es incompatible con los procesos de sanación y crecimiento , la vieja idea de la escritura como terapia no resiste ese análisis, a poco que te descuides acabas en el vertedero de los libros de autoayuda que algunos son buenos pero la mayoría no, la mayoría son una mierda que recopila frases positivas como si a fuerza de repetirlas fuera posible ponerse tiritas en el alma ), lo que voy a hacer es seguir admirando a los que escriben y con un poco de suerte conseguir tomarme en serio para seguir con mi amante ciega, que está raída en un distrito de cinco folios pero que bulle de ansiedad por salir a recorrer el mundo.
Hasta se lo he contado a un profe titular de literatura de la universidad que es cliente de mi oficina, como si al hombre le importara mucho. ( aparte de admirar y escuchar frikis, debo decir que soy uno de ellos).
Pero bueno, es porque debo encontrar un libro que publicó la universidad sobre herejes hace un montón de años y no lo encuentro.
Os / me mantendré informada.
Al fin y al cabo el país de las letras que antes fueron ideas es el único sitio al que pertenezco.
En el día de acción de gracias del año del señor Diecinueve, durante unos ventosos y agradables días del mes de junio.

2 comentarios:

Genín dijo...

Si que hay otra manera de sobrevivir, lo mismo, pero sin el bebercio… :)
Besos y salud

Isabel dijo...

Hay que escribir siempre y más cuando lo haces tan bien. Entré hace dos días a decírtelo, pero al leer la muerte de Mansilla me sorprendió y me fui a buscar su libro para ponerlo en mi blog. Hay libros duros pero necesario para informarnos. Aunque ya desde la profusión de series que hay...
Yo estoy viendo ahora, a los diez años de su estreno, "Breaking Bad" que me resulta durísima, pero vi al protagonista en "Trumbo" y me encantó y aquí está genial.
Abrazos.

Starman

Lo vimos cruzar la calle República Argentina con el semáforo en rojo para los peatones, un poco echado hacia delante como la gente que está ...