“Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.”
Sándor Márai, escritor húngaro
jueves, 13 de abril de 2017
lunes, 10 de abril de 2017
La vida privada de Johny Depp
Cuando no sepa qué escribir, escribiré mis sueños.
La mayoría no son mojados, mis sueños ni siquiera saben nadar, no llegan a peces como las comas que malpongo no pueden llegar ni a pestañas de muñeca.
Pero son sueños vívidos, reales como si en lugar de ser yo fuera algo que existe desde siempre y que no tiene espacio determinado ni limitaciones.
Seguramente de pequeña me enganchó un brujo, y era un brujo bueno, un druida que me moldeó a su antojo junto a las brasas de un fuego indomable, pero luego me abandonó en las fauces del mundo la primera vez que subí a un autobús hacia el colegio.
Por eso recuerdo los sueños como mi vieja piel de serpiente, y con ellos llego donde nadie sabe que puedo llegar.
Johnny Depp lo está pasando mal, me lo ha dicho;
estuvimos juntos una noche onírica que no era pasión ni mucho menos, sino intercambio espiritual.
En el sueño las otras mujeres eran como sombras, y yo tenía la cara de su nuevo guía.
Él era una persona cutre y descuidada, a la que no le gustaba nada, cuyo dinero no podía complacerle ya ni en las más asombrosas nimiedades, Johnny Depp ha perdido el gusto por todo.
Me contó que se sentía un andrajo, a pesar de todos sus papeles, a pesar de haber vivido tanto, y yo le dije que eso nos pasa a todos los que hemos vivido mucho, aunque seamos fracasados a este lado del espejo social.
El ser humano con un mínimo de sensibilidad llega siempre al mismo punto.
Yo le contaba que lo único que me salva a mí es que no he sido nunca lo bastante opulenta para perder el gusto por las cosas materiales, puesto que si mañana alguien me regala un viaje a Japón seré bastante feliz, durante unos días.
Y si consigo poner un pie en el país que tanto me fascina, aunque sea para recorrer con la mirada las largas filas de máquinas expendedoras, aunque sea para sentir la diferencia cultural con todo lo conocido, seré absolutamente feliz, aunque sea por unos instantes.
Incluso podría olvidar momentos crueles como el de ayer por la tarde, en que fiel a mi tradición de semana santa, invoqué desde el fondo del corazón a Jesús de Nazaret, sin importarme que sea real o inventado, porque desde pequeña lo llevo dentro, primero por educación y luego por simpatía, más tarde por desesperación.
Esto fue porque vi un video del ataque a un pueblo sirio con armas químicas, un vídeo en el que la gente expiraba como pajarillos mojados en veneno, y también vi cómo se abrazaba el personal de un hospital mientras sufrían un bombardeo en el que no sé si habían podido sacar a todos los bebés de las incubadoras, y una, que se niega a darle poder a los malvados, que intenta por todos los medios no caer en las garras de la desesperanza, se convierte en un montoncillo de tierra húmeda sin derecho a ser nada, puesto que otros no son nada tampoco, y son masacrados como corderos en el reino de los grandísimos hijos de mala madre, sin remisión, sin compasión.
Pero esto (olvidar el montón de tierra húmeda), sólo sucedería si alguien me llevara a Japón, con mi hija y mi hermano y alguna amiga, para que pudiéramos jugar a llenar nuestro álbum de recuerdos exóticos y maravillosos, esto le dije a Johnny Depp en el sueño en el que él era una vieja gloria con halitosis y sin gusto por la vida.
Luego, al final del sueño, le abracé y su cara se fue limpiando de arrugas, de malas influencias y de pesares, y me parece que le ayudé bastante a remontar.
Hay una fiesta de lúcidos que tienen miedo a la vejez;
todos los que tienen un ego grande participan de esa fiesta, ya sean empleados pintureros o actores de fama, seductores de cena de Nochebuena o aficionados al buen vivir, ya sea de barrio o de palacio.
En esa fiesta tenemos que darnos ánimos los unos a los otros, como si anunciáramos continuamente la buena nueva de que la renovación es perpetua, que si nos lo proponemos no nos alcanzará el olor del pipí ni la halitosis.
La gloria que nos alumbró y que una vez nos hizo brillar permanecerá en nosotros incluso mucho tiempo después de que nos hayamos apagado.
Exactamente igual que las estrellas.
Creo que esto mismo le expliqué a Johhny Depp, y me parece que quedó bastante conformado.
....
(Foto El País, de un artículo en el que se analiza que en Noviembre estaba gordo y ahora está delgado).
sábado, 8 de abril de 2017
Rendición
A veces me rindo, como se rinde el sol atardeciendo,
como se rinde la luz entre las sombras,
el perro abandonado o el niño muerto.
A veces me rindo, y la rendición es total
sin condiciones
sin pactos ni chantajes ni ultimátums
tan sólo es caminar para entregarse
saber que no hay más que rascar
que no hay remedio.
Es salir al patio una tarde de éstas
y notar la dulce brisa sobre el rostro
cinco pájaros atravesando el aire
una flor meciéndose inocente;
y pensar
"qué buena es esta vida"
qué bonita .
Sonreír como una buena vieja
que sólo espera en el atrio de la muerte
a que se acerque el barco del olvido
y por fin pueda ignorar las ignominias
las luchas necesarias en un mundo de vivos
que se alimentan de sus propias injusticias.
Saber que nunca se encontrará el sentido a todo esto
los motivos que llenan toneladas de mentiras;
sin embargo
ni siquiera esa angustia puede afear
la grandeza lujuriosa de la vida.
jueves, 6 de abril de 2017
Flores y mariposas
Valentina, de soltera Valiente y de casada Tina, solía soñar despierta mientras la carcoma de la responsabilidad la disminuía en fuerza y en tamaño.
Eran muchos los días que,alineados uno detrás de otro, le chupaban la sangre de ocho a tres, y se sabe que a fuerza de repetir los mismos actos y caminar los mismos pasos, el ser humano se convierte en serrín con el que luego se rellenan los edredones de las estadísticas.
Aquel día sin embargo se vino un poco abajo, notó el movimiento de tierra justo debajo de sus tobillos, que a pesar de todo seguían siendo finos, fieles a su poquito de belleza, decididos a no ceder.
Todo fue porque encontró un par de medias de flores y mariposas.
Recordó que en su momento le parecieron lo bastante atrevidas para poner una nota de excentricidad en su vida;
entre hora y hora podría pararse a mirar ese estampado y seguir soñando despierta, rebelada contra la grisura de las medias de las demás mujeres.
Había flores, pájaros, mariposas amarillas y hojas verdes sobre fondo crema.
Suficiente para que sus piernas fueran animando la ciudad y la oficina como un libro abierto por la primera página.
Pero luego se atrevió poco a llevarlas. De hecho las usó dos o tres veces nada más.
Pero ese día se levantó valiente, como valiente era de soltera.
Decidió ponérselas.
Las estiró con placer sobre una pierna y le pareció que torneaba una hermosa columna, luego la otra, y al calzarse culminó un pequeño gesto parecido a la creación.
Así salió a la calle y luego fue a trabajar.
A media mañana sin embargo, desde el espejo del baño, cuando ya salía, percibió que las medias envolvían unas piernas demasiado gordas para soportar un color tan claro.
La falda de invierno sobre tanto color resultaba grotesca y la camiseta roja no ayudaba tampoco mucho.
Los pliegues sin embargo no eran de la ropa, eran de su barriga, mamá canguro con cangurito universitario que se queda con la bolsa inservible pero el hueco hecho.
Y ese botón hacia fuera.
Y ese par de nubes negras debajo de los ojos.
Y esa coleta que abre un pelo como un camino de rastrojos.
De repente ya no era alguien que lo mereciera todo.
Ya no era un libro abierto por la primera página.
Ni esa mujer locuela próxima a los cincuenta que se reinventa cada día sosteniéndose sobre valientes tobillos.
No.
Sólo era alguien que toma dolorosas decisiones.
Que tapa heridas con la seguridad que no tiene y aparenta valor cuando lo que tiene es miedo, a la que el corazón se le vuelca como se vuelca un cubo de una patada ante las posibilidades más aterradoras que ni siquiera tienen que ver con ella.
Alguien que hierve macarrones y que no tiene tiempo para nada.
Alguien que aunque descubrió el truco de muchas cosas, sigue temiendo los palos del destino.
Y ahora no es primavera en sus piernas, ni en su cuerpo ni en su estampa.
Las flores y las mariposas ya no pueden hacer nada.
Hay muchas cosas que no te contaré
Hay muchas cosas que no le contaré ,viejo capitán de tesoros perdidos.
Cuando camine por la calle en intensos mediodías del sur, pensaré en usted y no se lo diré a nadie,
, ni tampoco hablaré de la certeza que tengo de haber podido vivir otras vidas, la nostalgia de cosas que no he vivido , como si fuera llanto de una dama caprichosa por no poder contar las cuentas de cristal incrustadas en un abanico mágico;
inmensa capacidad de amar sin límites desde los árboles en sus alcorques hasta el olor de un bizcocho que se saca del horno con una peineta aromatizada de naranja y membrillo.
Los escolares con unos babis de tela sucia esperando el bus, la abuela que se quedó sola en un piso de muchos metros pensando en los nietos belgas que viven en una ciudad mucho más bonita donde nadie ensucia la calle, las vaharadas de azahar que te ahogan como un amante loco, la capacidad de dar unas migajas de amor a quien te compra un sobre para certificarlo.
A todos quisiera pedirles que certifiquen mi fracaso, pero luego se me pasa porque la rueda no es redonda, es una puerta de doble dirección; puedo estar reflejándome en un escaparate y siendo también un tajinaste de la isla que me está echando de menos, o ser el tajinaste mismo.
Puedo cortar de raíz la conversación con la maruja amable del metro, abortarla como una operación criminal, eludir de forma limpia la primera sonrisa ya que nos hemos cedido el paso en un mundo de gente maleducada que no conoce ni lo que cuesta mantener el peso de su cuerpo sobre la piel rugosa de la Tierra.
Una cosa no lleva a la otra, usted perdone.
Y puedo ser tortuga en el mar azul, capitán de mis amores : y pino solitario al que se le murió toda la familia o una encina derribada por la infamia de los cobardes ; odiar a toda máquina la insensibilidad y la mentira y mi propia ingenuidad que no me permite permanecer al margen del deseo del buen rollo por encima de todo.
Plantearme mientras miro a mi perra cuánto me cuesta alimentarla con comida que no le provoque alergia mientras en este plano pero a cierta distancia hay niños gaseados, y óiganme los imbéciles, no es excluyente amar a los animales y desear la paz del planeta.
Tampoco somos culpables del orden establecido, del panfletismo y el miedo q nos hizo a todos grises con la cara de panete y nos llenó los bolsillos de tarjetas.
Más bien si la gente fuera capaz de encontrar la paz en la inocencia de los animales domésticos, otro gallo cantaría sobre este impresionante desfile de enfermos que va pariendo la sociedad y que puede verse en semáforos, esquinas y puestos de atención al público.
Capitán, qué será el público, me gustaría preguntarle; esa masa informe de siete mil cabezas dispuestas a comerla a una, o una explosión de gente irrepetible que se irán de aquí sin haber hecho ni una sola cosa absolutamente buena.
Perfección o mierda envasada al vacío, cerebro con música de Vivaldi o carne fofa caminando hacia la tumba, qué será , querido capitán; contésteme usted que ya lo sabe todo.
Y salga del espejo, se lo ruego; que es tarde ya y no estoy más que pensando en arrojarme entre las sábanas para despedirme de otro día aciago sobre la piel rugosa de la Tierra.
martes, 4 de abril de 2017
En la misma calle
En la misma calle pero de otro pueblo saboreó el placer de la sangre.
No hay muchos que lo entiendan , salvo el que haya nacido con el don de la inconsciencia, lastre que sólo se permiten los creyentes.
Paulo tenía poco de apóstol, durante cinco o seis años se la pasó poniendo a la gente en su lugar; para Fausta fue interesante sentirse vengada y poderosa.
Una vez le contó lo de aquel tipo que la molestaba,( su padrastro) desde los trece años hasta los diecisiete, y Paulo lo esperó al viejo a la salida de un bar rozando ya las once de la noche.
Esto siempre lo cuentan las películas, pero Paulo hacía películas de verdad.
Lo esperó y sin mediar palabra lo empujó contra la pared y le abrió el cuello de un machetazo , de tal manera que el viejo se rompió como si fuera un dulce de leche.
"Esto es por cerdo y asqueroso; acuérdate de agradecerle al diablo el nombre de la Fausta".
Nunca sabría si el viejo lo escuchó, abrió mucho los ojos y parecía que iba a vomitar y luego se murió vestido de rojo para entrar en el reino de los mierdas.
Otra vez puso debajo de un camión a uno que se pasaba con los chicos del barrio, uno que era medio boxeador y que fue obligado a tragarse su droga antes de que le pasara por encima el tráiler.
Estuvieron tres días limpiando restos, mientras los operarios barrían los humildes sesos del camello, las marujas que pasaban cerca se santiguaban.
Si alguien cometía alguna tropelía Paulo lo ajusticiaba con una rapidez aséptica.
Tuvo muchos juicios y condenas pero de una manera o de otra siempre volvía a las calles.
A Fausta le gustaba, le gustó durante mucho tiempo; le sirvió para poner dignidad en su vida cuando nadie más se había ocupado de ello.
De antología fue el día del entierro del padrastro, en el que la madre de ella, desconsolada novia, le lloraba con lágrimas que eran rastrojos.
En esa cara arañada , que muchas veces había probado el sabor de la sangre, estampó Fausta su infancia miserable, su reproche viejo como un mar de odio.
Le gustó hasta el último día, en que Paulo decidió que era ella quien le hacía meter tanto la pata, le ponía de los nervios y le hacía pecar.
Cuando la atisbó una tarde desde la esquina , (iba riéndose con otro), decidió que ella también debía probar el sabor de la sangre.
Por mala.
Porque sí.
Porque la vida debe terminar algún día, de algún modo.
Porque todas las calles se parecen y llevan los mismos nombres aunque sean diferentes pueblos.
Porque él no sabía ser hombre de otra manera.
(Foto de Alberto Photo- "Calle de Leganés")
lunes, 3 de abril de 2017
El otro barrio
Delicado botín tapizado en seda, apoyó el pie sobre la escalerilla.
"Bienvenida, señora"-dijo el chambelán, que tenía la cara de su ex marido.
Atravesó el porche de madera y llegó a la sala de descanso, la que habían dispuesto para ella; tenía una ventana abierta al mar (o era un lago de color azul turquesa), un sencillo mobiliario de madera clarita y un bote de vidrio lleno de cuentas de colores.
"Me gusta".-pensó.
Metió la mano en el recipiente de las cuentas, eran bellísimas ; cada una llevaba una minúscula inscripción con una fecha .
Las fue sacando una a una para luego volver a dejarlas en su lugar, y aunque ella no sabía que eran las lágrimas que había vertido a lo largo de su vida, le pareció que representaban algo hermoso.
Era extraño pensar que aquella misma mañana había estado poniendo ropa a secar sobre el patio interior de su bloque de pisos, desde el que se veía la interioridad del gigante urbano en otras coladas, en un mar de pinzas de plástico caídas al vacío como suicidas involuntarios y algún que otro calcetín en la misma situación, deteriorado por la lluvia de la viudez.
Esa mañana de sur cálido en la que decidió salir a dar una vuelta al pueblo, hacía un par de meses que no iba a ver a su madre, y sin pensarlo demasiado se preparó y salió.
Era extraño pensar que no recogería jamás esa ropa.
Un movimiento de apenas dos centímetros del volante hacia la izquierda, y aquel coche en sentido contrario estampándose contra todo su mundo conocido y haciéndolo volar en mil pedazos.
La carne humana y el metal han llegado a una sombrosa hermandad desde que el planeta se volvió moderno, desde que las comunicaciones se hicieron fáciles y las carreteras sustituyeron los caminos.
Pero a ella no le afectó.
Enseguida estuvo en la carroza de camino al otro barrio, y de allí al palacio y a la habitación de las cuentas de colores.
Al igual que en la vida, era absurdo preguntarse por qué estaba allí, la razón de esa calma y ese bienestar, de repente inquilina mimada con ventana sobre el mar onírico de su imaginación.
Se sentó en la cama y esperó.
No tenía heridas, sus piernas eran las de los veinticinco años, menudo lujo; contempló la luz que entraba con reflejos verdes y azules y oyó una lejana voz que se lamentaba dramáticamente..
Era su vecina de abajo, que mirando desde su ventana la ropa tendida, exclamaba con lágrimas en los ojos;
"Pobre Carmen, matarse así en un accidente ...pensar que salió esta mañana tan contenta sin saber que era su último día ..."
Caía un sol incandescente sobre el lago turquesa, aunque no sabía qué hora era;
como ya había comprendido, era tonto hacerse preguntas.
Se preparó para su primera noche en palacio, como si fuera lo más natural del mundo.
De todos los mundos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Despedida
Creo que abrí este blog en el año 2009, y hoy decido que lo cierro,once años después;no deja de ser una friolera, teniendo en cuenta la gent...
-
Tras las cortinillas, llegando de la calle, intentando hacerme a la idea de que aquélla iba a ser mi casa por unos días, la sorprendí hurgan...
-
Vaya por delante , para que se entienda lo que voy a contar , que soy una persona que necesita bailar . De hecho buena parte de mis males ...
-
La podredumbre envidia a la alegría como lo siniestro envidia lo que es libre aire , viento azul ,canciones , el grito puro de quien tie...





