lunes, 13 de julio de 2015

Quiso el dolor...





Quiso el destino que la tarde que llegamos el cielo estuviera nublado,preñado de gris.

En el aire de la ría dormía el invierno,sus patas de escarcha podían verse atrapadas entre lo que parecía una marisma encantada.

En verdad estaba el aire encantado,a cada paso que dábamos muchas pequeñas criaturas salían volando con el crujido de las ramitas secas y hojas muertas.

Era una tarde de viernes sin sol que nos traía evocaciones de tierras escocesas,inglesas,laguneras inmensas donde el espíritu mágico del ser humano ha almacenado su misterio durante siglos.

Por allí caminamos los tres,sintiendo un frío nuevo como el aliento de un dios,y nos quedamos mucho rato sin querer entrar a las habitaciones del hotel.

Demasiado bello era aquel montículo de piedra desde el que podían imaginarse barcos fantasmas y muertes prematuras y sirenas malas de cola plateada y dientes como agujas.





"Escuchad...qué es eso..."-dijimos o yo dije,un crujido lastimero como una puerta de madera que se abriera a lo lejos pero no tanto,justo al lado nuestro un bosque de árboles muy abrazados entre sí,por aquí y por allá melancólicos restos de goma o cubos,utensilios abandonados entre lo verde en la finca de al lado,cuyo acceso estaba cubierto de zarzas para impedir la entrada a todo intruso.


"Es la puerta de la casa de una bruja,que se ha quedado abierta,y el viento la mueve"-dijimos o dije yo,y pusimos los oídos en las manos del viento ,que enseguida se puso a jugar con nosotros.

Ya con frío en las manos decidimos entrar a ver cómo era la habitación,apetecía ponerse a resguardo.

Olía a mar y a cosas atrapadas,a abismo de árboles muertos y ramas suicidas.

Aún volvimos la cabeza una vez más.



Quiso el destino que luego en las noticias nos enterásemos del horrible crimen.

Aquella tarde de viernes sin sol la guardia civil encontró los cuerpos de una pareja dentro de un coche en una pista forestal no lejos de allí,en el mismo término municipal,en una zona de monte de A Telleira.

Enseguida se detuvo al ex novio de ella,de afición cazador,celoso y dolorido,que no podía tragar que ella,la dulce madre de su hija de ocho años,tuviera un novio nuevo,anduviera inaugurando una página nueva de vida y esperanzas.

Cosas como éstas aparecen cada día en los noticieros,y cada una parece más horrible que la anterior,pero son frecuentes,por desgracia.

Sin embargo aquella tragedia explicada en titulares me sumió en un estado de reflexión profunda,sobre todo cuando al salir aquella tarde para el primer paseo por la zona,el primer cartel que vi,justo al lado de un camino y de una indicación sobre un observatorio de pájaros,decía exactamente A Telleira.

Quizá fue la cercanía,los acentos,la amistad momentánea y superficial que se hace con los camareros,(la víctima era camarera y no había vuelto a su trabajo a las cuatro de la tarde del viernes)pero estuve mucho rato aturdida, preguntándome por qué el dolor provoca absurdos dramas a diferentes niveles,por qué quien muerde infelicidad tiene la necesidad de transmitírsela a alguien en alguna medida,por qué la violencia del daño parece que siempre es el camino para quien se siente jodido,molestado,ofendido.

En el caso de este crimen injustísimo la cosa es grave, en las relaciones personales más sencillas no tiene ni de lejos la misma importancia,basta con llegar hasta el cruce y tomar cada uno su hatillo de cosas o recuerdos y decir aquello de "a partir de aquí,cada uno su camino"...pero cómo duele el no poder haber podido hacer las cosas de otro modo.

Cómo duele aquello que se convierte en irreversible.

Yo sé que para los dioses del mar,tenebrosos y llenos de poder,estas cosas no tienen la más mínima importancia.

Ellos llevan siglos enterrando mortales bajo enormes piedras a donde no puede llegar ni la luz del sol.

Pero nosotros sólo somos esclavos de pequeños corazones que arden defectuosamente.



















1 comentario:

Genín dijo...

Allá los dioses con sus grandezas, pero nosotros, diminutas cosas vivientes, sentimos escalofrios al leer relatos como este, lo cual no viene nada mal con estos calores que sufrimos... :)
Besos y salud

Mamá

Mamá es una desconocida que deambula por la casa, quitando el polvo , vaciando las cestas de la ropa sucia y de vez en cuando quejándose ...