viernes, 27 de abril de 2018

Ojalá nunca


Hoy le pido perdón a mi corazón por considerarle loco  e insensato, cuando realmente  creo que somos mucho más que los libros leídos, en un momento dado somos vida, lo que se planta por delante sin aviso alguno y nos exige una respuesta rápida, eso es  lo que nos define más que todos los inviernos al calor del hogar.
Esta tarde, al volver de unos vinos con mi jefa, me pareció que una pareja joven discutía de mala forma y que una chica estaba siendo agredida; sin pensarlo crucé la carretera mientras llamaba al 091 para poner en conocimiento de la policía lo que estaba pasando, pero la chica en cuestión no ha querido saber nada de poner denuncia ni hacer que pasara a mayores.
Me ha sorprendido, adolescencia que habitas en  mí, soltando un discurso a la muchacha de padre y muy señor mío, con frases como "me da igual que sea tu amigo o tu novio, esto no lo debes consentir " y amenazas muy serias de dar los datos al policía que tenía al teléfono y que estaba oyéndolo todo.
El supuesto agresor ha cerrado la puerta del coche de  mala manera casi pillándole la pierna a la chica y ha salido quemando gomas, como suelen hacer los cobardes cunado el ruido atrae testigos.
Luego en frío he pensado, y el mismo policía me lo ha dicho, que por mi propia seguridad tuviera cuidado, no sé si se refería a un posible regreso del tío con el coche , o al simple papel de los justicieros de barrio que ya no se estila, y he zozobrado achacando mi valentía a los vinos que me gobernaban.
Ahora, un rato después, pienso un poco avergonzada, en el libro que estoy leyendo, en el que se desarrolla una escenificación de "La tempestad" tomando como excusa una venganza personal de un director de teatro a quien destruye la maldad y el arribismo, y me he arrepentido de mis reservas.
Puedo ser ridícula metiéndome en momentos vulnerables en conflictos ajenos, sacrificando mi calma para creer que se resuelve algo, pero cómo no hacerlo en esta sociedad donde la manada, ese grupo de violadores sin alma, escapa de rositas después de cometer un acto execrable y a todas luces injusto.
De un país donde se permita o se tolere la violación ya no se puede esperar mucho más,   y puede que yo, esta tarde, al cruzar esa carretera al encuentro de una pelea de jóvenes, buscara precisamente reparar esa falta abominable, rellenar con mi indignación tanta amargura, poner los puntos sobre unas íes que no existían seguramente más que en mi imaginación, pero oye, es que la violencia canta mucho, es asquerosa, llamativa, prepotente, intolerable.
Sólo se calmaría con un pistolón hasta los topes de pólvora y luego,qué, un felpudo ensangrentado en el suelo como los restos de una batalla aparentemente ganada.
Nagore era una estudiante de medicina que ofreció resistencia y pagó con su vida; la mujer a la que la manada redujo a objeto y que el juez ha reducido a una cara que no demuestra dolor, ( qué hijo del escorbuto el elemento, debe ser un consumidor de porno habitual) se quedó alelada y eso es porque disfrutó muchísimo con las penetraciones de tres vías a los que la sometieron.
Juro a los dioses que espero desde mi corazón adolescente no tener que cruzar más carreteras, no atravesarme con la desdicha, no enfrentarme a la ignominia de unos patrones de pensamiento  donde las machadas son travesuras y las mujeradas son provocaciones, espero sinceramente no tener que enfrentarme a ellos, no tener que cargarme a nadie.
Sé que no serviría para nada, el estilo Harry el sucio ya no se lleva,  somos pacifistas, somos leídos, somos garantistas bla bla bla y más bla.
Pero a veces, al igual que el señor Duke de la novela que estoy leyendo, hay que ponerse manos a la obra para poner justicia donde sólo hay corrupción,  aunque sea provocando olas y fragor de tormenta sobre las tablas de un escenario, y en medio de todo el ruido, terminar acorralando a los criminales que viven como si tal cosa, como si el derecho a destruir fuera su exclusivo privilegio sobre el manto de tontos, inocentes y simples a su entera disposición.

3 comentarios:

Genín dijo...

No, que va corazón, hiciste muy bien, pero eso si, ojalá no lo tengas que volver a hacer, y si lo hicieras, denuncia, pero sin enfrentarte al agresor, es muy peligroso, que lo haga la policía que son profesionales.
Bueno, los de la manada no han obtenido sentencia en firme, la van a recurrir, pero 9 años de cárcel en las costillas, no creas que no lo van a sentir, además, de sus profesiones que se olviden, al menos en el sitio que están viviendo ahora, y el guardia y el militar, se les acabó, ya pueden ir al Inem cuando salgan, en fin, yo no soy nadie para juzgar, desde luego, no conozco el sumario ni mucho menos, pero esos se acordarán toda su vida de su diversión, los muy cabrones.
Besos y salud

Unknown dijo...

Bendito tu corazón loco...
MJ Borrallo

Reyes dijo...

Genín y María José besos para ambos

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