domingo, 6 de mayo de 2018

La búsqueda de la felicidad

Dani era lo que era, sin más adornos, pero a partir de cierta edad comenzó a sentir en su interior algo que bullía como lava, sin que jamás hubiera considerado que en su corazón pudiera dormir ningún volcán.
Dani pasaba los domingos poniendo lavadoras, porque era un padre concienciado, sin que Marisa, su mujer, tuviera que molestarse en levantar la vista de sus tareas al ordenador, verdadero motor del mundo laboral que repercutía en el doméstico con su sueldo más que suficiente para abastecerlos a todos de las necesidades básicas e incuso un poquito más, lo cual no era poco en los tiempos que corren, que es lo que se suele decir.
Pero Dani, como decíamos, por aquello de la edad madura que a todos asusta, empezó a desear cosas que nunca había deseado, como plantar flores o pintar cuadros, y quizá viajar a museos de Europa donde el aliento de gente muerta pudiera llegarle desde miradas inmortalizadas en lienzos que habían resistido el paso de los siglos.
Dani quedaba muy impresionado de considerar por ejemplo que esa gente de los retratos había tenido domingos de tedio y luchas cotidianas alternadas de esa forma en que suele hacer la vida, como una madeja que se desenrolla sin que apenas nos demos cuenta.
Dani deseaba por encima de todo  "darse cuenta" de las cosas, no vivir sin enterarse, y es por eso por lo que empezó esa desgracia íntima del conocimiento, ese instante en el que  los pocos sabios que en el mundo han sido, han despertado y se han dado cuenta de que todo es una mentira como un castillo en el aire al que uno se acerca y desaparece.
Desde abajo parecía que era sólido, con sus puertas de madera lustrada, su puente levadizo recogido, sus torres y almenas e incluso ventanas desde las que se intuyen princesas aburridas y reyes beligerantes, pero al acercarse uno para intentar entrar todo desaparece como una pompa de jabón.
La desgracia empieza siempre con emociones más básicas, como la rutina o el desapego, el rellenar casillas por sistema o el miedo cerval a la pobreza,(bastaba que Dani considerara siquiera una llamada del banco reclamando recibos devueltos, si es que se atrevía a dejar su empleo de administrativo en una fábrica de piensos, para que se pusiera a temblar en el fondo de sí mismo, ya era suficiente que Marisa, arquitecta bien considerada, con mejores estudios y mejor talante que él, tirara del carro de la casa con más garantías que él y sus aportes), pero aun así, Dani no se sentía amado, aunque sabía que ella lo quería.
"Tanto no me querrá cuando me ha convertido en mendigo de afecto", pensaba en momentos malos, cuando quizá desde la mañana hasta la noche no había habido ni un solo acercamiento entre ellos, cada uno flotando en sus islas de trabajo virtual, emails o redes sociales.
Hasta era posible que, por separado, cada uno hablara más con compañeros de trabajo por Whatsapp que sentados en el sofá que como ellos repite funda desde hace más de seis años ,porque ésa era otra, entre Marisa y Dani, aunque no escaseara jamás el respeto y una cierta admiración mutua, tampoco sobraba la alegría ni el deseo.
Muy claro parece que después de años de estar juntos lo de mantener viva la llama no es más que una chorrada bienintencionada, pero sí es cierto que se puede combatir con un poco de ilusión personal, Dani a veces fantaseaba con que ella quisiera comprarse un vestido nuevo para estar guapa, como si no se conocieran del todo, como si aún hubiera cosas que explorar; o el mismo comprarse un traje formal, que jamás había usado , para acudir juntos a un sitio de copas en el que ella, a lo mejor tuviera ganas otra vez de desabrocharle botones.
Qué tonto el viejo Dani con tales fantasías, cuando a cierta edad es mejor no hacer el ridículo, él precisamente era de los que siempre había pensado que no hay nada más patético que un viejo rebelde, como ésos que se vuelven combativos cuando ya necesitan bastón, de repente necesitados de una personalidad en los últimos años de su viaje.
La vejez debe ser comprensión  y bondad, no un eterno canto contra la injusticia de la muerte, es como si un oficinista que siempre ha sido cordero de repente se enfunda camisetas del Che y se empeña en arrojar botes de humo o quemar contenedores, lo más probable es que sólo sirva para la foto de Reuters, imagen sin sustancia, sin contenido, engaño moderno, porque una foto no arrastra una vida entera ni la explica en absoluto, y además es bastante probable que con el temblor de las manos viejas se caigan las cerillas y acabe quemando lo que no quiere y provocando un desastre absurdo.
Dani pensaba en su abuela, que en sus últimos meses se compró una botella de anís cuando había sido abstemia toda su vida, y dos lágrimas calientes le cayeron por las mejillas en un domingo de mayo demasiado cálido para su gusto.
A su lado, Marisa contestaba correos electrónicos;( los niños, ya semiadultos, estaban ausentes entretenidos en sus propios retales de vida).
La lavadora pitaba una vez más; ésa sí que sabía completar ciclos y terminar programas.
Apesadumbrado, se levantó de la silla sin que Marisa notara su tristeza y fue a sacar la ropa.
Como otro domingo más.
Como siempre.

1 comentario:

Genín dijo...

Menuda vida jodida la del Dani, debería de haber puesto en práctica el texto de la viñeta, que es lo que yo hice!!! jajajaja
Feliz dia para ti, mami, y todos los días del año, claro, ya puestos a desear... :)
Besos y salud

Davinia

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