A veces el único plan es no tener plan .
Bueno, sí , estoy preparando una mochila con champú , esta tarde vamos Selene y yo a casa de mi hermano a ducharnos, el termo del agua no funciona desde el jueves y el técnico no podía venir hasta mañana , lunes.
El agua fría es buena para la piel ,pero en Diciembre debe ser malo para el corazón.
Así que aquí estamos, la mochila , los botes de TresEmme y yo .
Un plan emocionante , eso de ducharse en casa ajena .
Saldremos a las seis de la tarde o así .
Lo malo es que no sé qué haré hasta esa hora ; preparar comida ; comer chocolate; acabar el libro agobiante y tremendo de la Novac; mirar por la ventana; imaginar que pronto estaré en otro sitio, aunque no sé qué es ni cómo llegaré allá; pasear a las perras amarradas para que no coman porquerías; hablarles y pedirles perdón por no ser como ellas; temer el día de mañana porque ya sé lo que me espera;pensar que vine hasta aquí para otra misión y escribir un par de capítulos de la Isidra, esa novela estancada como mi propio cerebro; (qué va, esto último siempre se descarta solo, hay demasiada gente escribiendo ahí fuera , gente con VERDADERAS ganas de escribir y publicar ) ; mejor esforzarme por sentir la caricia de la ilusión , que brilla desde el fondo de una bola azul de Navidad ; ah sí , y tengo que barrer debajo de las camas , de hoy no pasa.
...
Bueno.
Pues ahora resulta que tendré que darme prisa , como todos los días .
Las seis de la tarde de un domingo , aunque se hacen las remolonas, acaban llegando demasiado pronto .
Y es que el tiempo siempre va saltando, como mi hija.
(En la foto).
