domingo, 2 de abril de 2017

Fea en la colina




Fea por los vientos y los madrugones, fea por la palestra y los madrugones, fea por guardar la línea del horizonte con papel celo como si fuera un póster de los noventa (y los madrugones), fea por mayor y por la cerveza y el vino dulce( y los madrugones), fea por querer y agotar las horas de los días en cosas que hay que hacer aunque no quieras ( y los madrugones) , fea de conducir y de pasar fatigas que a simple vista nadie notaría, fea por cumplir años bajo una luz fluorescente ( y los madrugones),como una flor tropical a la que hubieran traído a una nave industrial y luego olvidado en una maceta sin agujeros en la base.
Fea por querer divertirse a toda costa, sin aceptar que ya la diversión se hizo mayor, es poca cosa,  se inventa dolores nuevos cada día y busca el afán del olvido en la comida y el trago, y ya cuando la disciplina parece imposible el camino se vuelve una broma pesada.
Sin embargo qué sería de ella sin ese mirar hacia lo lejos, guiñando los ojos hacia la carretera, desde el olivar se ven un par de chimeneas de la vieja fábrica de vidrio, los pájaros que cada vez hay menos son aquí desconfiados (trata más con los urbanos con los que comparte el pan del desayuno), las hormigas bajan en parapente y las campanitas se han hecho la ilusión de que vivirán para siempre y han alfombrado la colina, fieles al mandato de florecer.
Hay muchas, y el sol las seca como un amante exigente, el viento las peina como un amante dulce.
Nadie se siente feo en la naturaleza.
Allí no hay espejos ni preguntas; sólo se puede hacer una cosa, que es la vida.

sábado, 1 de abril de 2017

Consumación (elogio del sexo)



Cuando por fin me pusiste la mano encima, no fue el perfume ni el atractivo físico, ni las expectativas ni las circunstancias.
Fue que durante un tiempo me rehuiste, que estuvimos sentados en conciertos rozándonos los codos, ignorando por completo el hecho de que podíamos acostarnos, que lo considerabas imposible, o inapropiado, fuera de lugar, una falta de respeto a una amistad recién nacida, yo qué sé.
Fue que tuviste  tiempo de fijarte en las cosas que hablábamos, en los colores de mi cara en los bares, en mis expresiones y yo en tus manos, en tu silencio, en tu forma de conducir o interpretar el mundo.
Fue mi desprecio ancestral a esas noches de discoteca en las que constaté que el acercamiento entre sexos puede ser y de hecho es muchas veces higiénicamente premeditado.
Es tan fácil como cuando decides pintar una habitación y compras el cubo y la pintura, eliges el color, no siempre lo encuentras, claro pero seguramente sí, si sabes ajustarte a unos estándares te puede quedar un cuarto bonito, y pintado, que es de lo que se trataba al inicio.
Follar en esas condiciones  es por lo tanto,un acto aséptico y preparado entre adultos que con más o menos suerte obtendrán color para sus paredes.
Por eso me iba tan mal, pensó lady Fusca, de segundo Da y de nombre O.
Ella intelectualizaba la cosa desde jovencita, y desarrolló un pánico atroz a las escenas urbanas de rollo juvenil tanto en el colegio como en los locales a los que accedió a partir de cierta edad.
No se crean que no lo intentó; bailó con soldados y aspiró el aroma del deseo, que puede ser una cosa bastante burda, en el fondo, cuando sin saber por qué tocas a alguien que te toca para echar un baile y de repente quieres saber más de ése , o te lo imaginas cuando esa tarde antes de salir de su casa se probaba la mejor camisa delante del espejo.
Pero lo más habitual era que  cuando algún perfecto desconocido intentaba echar un lazo sobre su cuerpo saliera  disparada con las más locas excusas.
En cierta ocasión un chico al que dio muestras de entrega ,inocente como una lechuga, le llegó a preguntar si el problema era "que tenía mal aliento o algo así".
Lady Fusca, que no había notado ningún síntoma de halitosis , le respondió conmovida que no, que el problema era ella, y aunque suena tópico, era totalmente sincera.
Normalmente no podía soportar el ridículo de la situación.
La gente no se pone a comer con desconocidos, ni comparte el baño en la cara de nadie, ni apoya la cabeza en el hombro del que viaja al lado en el metro o bus.
¿Por qué sin embargo hay sitios donde es natural ofrecer la boca( y más oquedades) a uno que acabas de conocer?
El argumento era tan fácilmente equivalente a la estrechez de las prohibiciones morales y religiosas que lady O no deseaba ser confundida con tales tribus, por eso se esforzaba en liberar instintos.
Aún le faltaron años para comprender que su potencial sexual era simplemente un animal deseoso de alimento.
Hay quien aprecia las plantas y les sabe poner nombres, hay quien estudia a los clásicos y hay quien folla sin más cuando aprecia movimiento, (tal es el caso de algunos hombres que además se definen a sí mismos como insaciables por mandato natural , dominados por imperativo biológico),pero hay personas a las que el derribo les gusta sólo y exclusivamente si antes ha habido atracción , intercambio de palabras y gestos, quizá prohibiciones sociales, impedimentos, momentitos de quiero y no puedo, frustraciones detrás de una ventana o tardes en las que te quedaste pensando casi llegó a pasar pero al final no.
Esto la alimentó muchas veces, sus relaciones siempre empezaron así, y luego florecieron y murieron las que tenían que morir y se quedaron las que tenían que quedar.
De esta manera lady O se enganchó a esas escenas sinuosas en las que sobra la ropa, cuando todas las barreras han caído y ya no hay más excusas, cuando estás bastante segura que esa persona ha pensado en ti bastantes noches , cuando ya no existen dudas de que eres tú quien tiene que estar en esa cama y no otra cualquiera, con otro nombre y otra cara y otra voz.
Es entonces el delirio fascinante, mejor que los jardines del Bosco, mejor que los tragos de absenta, mejor que el inicio de todo en el primer polvo que te trajo al mundo, mejor que la alquimia del conocimiento y la soledad y mejor que el concerto ése del humilde Evaristo Felice que no ha sido tan famoso como otros pero que es tan hermoso.
En lo escondido está la fantasía, la pasión, y aunque esté destinada a morir, qué gran placer, qué alegría infinita.
Fue así cómo lady O descubrió que a través del misterio y el deseo hubiera podido ser una enorme, gigantesca e insaciable folladora de hombres.
Pero todos ellos amados, eso sí.

viernes, 31 de marzo de 2017

Trece años en primavera



Tener trece años y que sea primavera es un privilegio de dioses que todos los dioses olvidan.
Que la vida sea esa fiesta prometida y que hasta el metro sola con amigas, sin la atenta mirada de los padres, sea una experiencia excitante es un privilegio que conecta con los estrenos y los amaneceres.
Tener cuarenta y muchos (ya no puedo decir cuarenta y pocos) y que todo te parezca cutre, desolado y viejo en la ciudad es un privilegio que ningún dios desearía.
Claro que siempre llega uno a un jardín o a una esquina  y se siente confortado; pero la mayoría de las veces camino por los bordes ancianos de la ciudad  y aunque levanto las faldas de mi destino, ya sólo veo una faja de color carne.
Ellas sin embargo ven piedras de colores, batidos helados, chicos guapos y esa libertad como una paloma blanca que sólo a veces los adultos permiten que se pose sobre el cuadrante horario.
A mí me molesta la gente, el chirriar de los raíles, mi dolor de espalda, y no tengo ganas de demasiadas cosas cuando atravieso el río Pu y me acoge la península Sofá, incómoda como siempre con su palo duro de madera de proa,(para eso usé mi viejo barco de juventud naufragada, para hacerme un sofá y una mesa camilla), y a ella no le molesta nada salvo que esté yo para recordarle lo que tiene que hacer y lo que no.
Nunca estaré lo suficientemente agradecida a este rincón por servirme de terapia, por dejarme venir aquí a soltar las cuatro angustias, la dificultad con la que debo asumir los cambios.
No son grandes cosas, ya sabemos de mi tendencia al agobio y al mismo tiempo los esfuerzos que hago para cumplir el mandamiento que me impuse de permitir la libertad de aquellos que no son míos , en este caso una sola, que nació bajo la luna más brillante y le dio sentido a mi vida y combustible al anémico motor de mis impulsos.
Parezco boba pero miro muchas fotos de cuando era pequeña , ojos enormes, pelo de muñeca, boca de corazón , introspección incluso en el jardín de infancia, misteriosa y bellísima.
Su mirada siempre tuvo un mensaje para mí
En contra de la opinión de muchos que me conocen, creo que nunca la he mimado demasiado, ni siquiera sobreprotegido;
siempre supe que podía dejarla sola con enchufes y utensilios de cocina porque no le llamaba la atención el peligro.
Siempre le hablé como a un adulto y le advertí las cosas de manera clara, como aquella vez que se quemó con el humidificador, "Te dije que tuvieras cuidado", le dije, en pleno ataque de nervios y llanto, y creo que sólo tenía tres años.
"Ya te dije que esto pasaría " - le dije también cuando se le escapó un globo por no querer amarrárselo a la muñeca , era tan lista que no emitió una sola queja porque sabía que era verdad.
Tendría tres años también porque empujaba un carrito de juguete de color rosa que no levantaba dos palmos del suelo.
Si no me escuchas, si no tienes cuidado, atente a las consecuencias.
Y así era, el hada atrapada en cuerpo de niña, cabezota y aventurera, pero a mi sombra, siempre conmigo, en los supermercados, en otoños y primaveras y en recitales de poesía.
Pero ya no es así.
Ahora ella sigue estrenando y yo no es que esté de vuelta  de todo, porque me desilusiona una cosa nueva todos los días, (eso también es innovación, así como estrenar dolores físicos desconocidos y desajustes bastante creativos),es que estamos en planetas diferentes.
Carezco del carácter militar de las buenas madres, de la intransigencia de los fuertes, de la claridad de los que sólo tienen un punto de vista para todo.
Se me desdibuja la vida, se me mezclan los conceptos, junto las trece primaveras como un manojo de miedos y al mismo tiempo de egoísmos, la amo poderosamente y me reduzco a la expresión más simple del ser humano, que es cuando sólo tienes un deseo, único y absoluto, y es que sea feliz.
Pero al mismo tiempo quiero estar en todo lo que haga, vigilarla de cerca y seguir sin entender una mierda de lo que habla y de lo que se ríe,( qué triste es una madre, después de todo, parece un tonto enamorado).
Me consuelo;
 aprieto los dientes; me hago unas palomitas cancerígenas; veo caer la tarde; vengo al lomo del blog y en él me acuesto.
No me puedo engañar.
Creo que a los trece años ha saltado la primavera demasiado pronto.

(Imagen billgekas)

jueves, 30 de marzo de 2017

A veces

A veces gana la esperanza.
Y eso es todo lo que hoy puedo decir.
No importa que mi cuerpo se parezca a los demás cuerpos derrotados, en el paritorio simple carne alumbradora, con piernas exentas de glamour, dónde están las medias de liga, el perfumito, el rizo suave que cae sobre el hombro, (el deseo de caer en la tentación que nos aleccionaron para evitar y con ello firmamos el aburrimiento eterno).
No importa, ya pasé por ahí, y nadie que se haya convertido en carne de hospital alguna vez olvida eso.
No importa que esté tan cansada que ya no sepa ni dónde vivo.
No importa que crea haberme cargado el coche esta tarde durante un minuto, y tampoco importa que a veces sienta que a nadie le importa lo que piense o escriba.
A veces la esperanza sale a ganar, y gana.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El sábado que trabajé por la tarde

 





He llegado al sofá como un fósil en forma de espiral y allí me he tumbado, con el palo clavado en los riñones.
He imaginado una cuneta llena de flores, recordando  el pánico que me daban los retratos de los empleados febriles y anodinos en relatos que me llenaban el corazón de congoja, desde Galdós hasta Gloria Fuertes,  ¿Seré yo uno  de ésos, padre, seré yo? Una criaturita sin sangre y sin alivio que ve pasar los días y con su cuerpo va rellenando casillas sin darse cuenta que en cada aspa se va quedando un trozo de sí mismo hasta que se desdibuja del todo, de tal manera que ya no sabe quién vino a ser.
Durante dos días ha venido a mí una cita rara; esa idea del borrado de las cosas pero con una dimensión espiritual.
Lo cuento;
el sábado que trabajé por la tarde compré el País, no para mí, y mientras esperaba el metro con mi sempiterno dolor de espalda  me entretuve por si había algo que me apeteciera leer en la contraportada.
Allí estaba la columna de Savater, que sin conocerlo mucho y cayéndome más bien mal, iniciaba el artículo con una referencia a Swedenborg para introducir la triste efemérides de su viudez.
El texto me pareció hermoso, tanto la alusión al borrado progresivo de las cosas que componen la casa del recién muerto , como la tristeza por el vacío que dejó la muerte de su pareja, con la que compartía vida y proyecto literario.
Recuerdo que hasta lo comenté a A. "qué bonito lo que ha escrito Savater", y luego me olvidé del tema.
Hace dos noches , después de haber estado buscando con fruición algo  para leer, me tropecé de nuevo con un pequeño ejemplar de la Historia Universal de la Infamia, y la volví a leer.
A Borges, que me resulta pesado según lo que cuente, siempre lo leo a saltos, por eso prefiero los cuentos.
He aquí que cuando llego al Teólogo de la muerte, me resulta familiar lo del borrado de objetos.
Da mucho miedo pensar que cuando muere un condenado, él no sabe que ya ha muerto, y sigue viviendo en su casa como si tal cosa, sus objetos y sus muebles ,y haciendo lo mismo en lo que él considera que son días idénticos a los de cuando era vivo.
Luego, poco a poco, se van borrando, y al estupor y desconcierto se une la amarga certeza de la nueva situación. y ya ahí puede pasar cualquier cosa, si no eres capaz de claudicar.
Me fijé muy bien en la fuente que inspiró este relato a Borges, y justo al final en efecto alude a la obra de Swedenborg, el mismo que mencionaba Savater en su columna enlutada.
Como Borges se me apareció un día en sueños y me soltó lo de las veinte sendas, está claro que mi búsqueda de lectura está ahora mismo orientada al tal Swedenborg, que al parecer fue teólogo hace unos cuantos siglos y escribió cosas raras bajo la inquietante luz nórdica.
Algo me dice que me va a encantar perderme  en el mensaje oculto de las cosas que se borran como nosotros mismos.
(Foto ; Pendiente del tesoro de los Médici).

martes, 28 de marzo de 2017

El planeta transoceánico






El planeta se levantó un lunes, se sintió un poco enfermo, se hizo mujer ,se le cayeron las tetas. En su interior bullían  ríos de lava roja y un montón de sentimientos desmadejados.
Para el martes ya se había ido la sangre, llegaron las lágrimas, pero subido en un kayak descendió la corriente, se sacudió el pelo de la frente mojada, echó un trago de bourbon de una botella de vidrio de color verde y se sintió hombre; la vida es tan  sencilla, con sus días y sus cosas que caben en cuatro o cinco cajones, de repente lo veía así y decidió acostarse después de echar un buen polvo.
Sin embargo justo antes de dormir se acordó de algunos ausentes, y una punzada le mordió como un colibrí envenenado en el pulmón izquierdo, de repente nido para un corazón triste, así que el miércoles amaneció mojado como un pollo de matadero, predestinado sin que a nadie le importara su vida o su muerte.
Todo el día de Mercurio fue pues para la tristeza, y así se sintió alicaído y errante por todos los rincones de su casa, los ríos, las nubes medievales, el bosque atravesado de flechas manchadas de sangre humana que caen a los pies de los mudos árboles; la nostalgia le cruzó con su cortejo fúnebre, y deseó ser otro el resto de lo que le quedara de vida, llevar otro cuerpo y otra cara y otra esencia. Una pastilla le sirvió para tomar al sueño por los pelos , y así amaneció el jueves ni fu ni fa, con la resaca de la supervivencia y el sabor de un evangelio doméstico en las comisuras de la boca.
Se puso el pijama de franela gastada, encendió la tele y miró la muerte en las noticias, esa muerte que no da miedo porque está enlatada y se refiere a otros.
Precisamente viendo calles de París se le antojó estar en salas de museos, cambiar  moneda extranjera y beber de vasos mal fregados sobre tarimas de madera, y de nuevo notó la vida por las venas; escribió enfebrecida, a ratos mujer , viril a ratos, no sabiendo si el sexo era tan importante como para alejarlo  de sí mismo y de las personas que amaba, qué pesado fardo que lo mantuvo siempre solo en el fondo, en una isla artificial con una palmera de plástico y un cubo para achicar frustraciones.
La única solución es el arte, de repente lo supo; iría a ver cuadros, escucharía esas voces y se perdería en esas miradas, (volvería a inquietarse con el cardenal de Rafael ), comería  barato como los turistas pero soñaría como los artistas, que se inmolan en espantosos rituales de búsqueda y perfección y son felices en el momento más insospechado, sólo durante un chispazo de luz divina que redime una vida entera de miseria y abandono.
Oh qué bonito amaneció el viernes, cuando ya era hombre, mujer, gay y lesbiana juntos, transatlántico de compasión y amor que vira hacia costas  donde todo es y ya ha sido, esquinas rocosas donde los diferentes aprendieron a morir de rechazo, dejando su juventud en las garras de  dolorosas injusticias; el viernes tomó un avión y notó el pecho henchido de ilusiones.
Cuando sus pies pisaron una ciudad nueva, la luz amarilla de Chequia bañó de irrealidad sus esperanzas.
Nunca se había movido de allí.
Era todo lo que existe, todo lo que la carne puede desear, y al mismo tiempo no era nada.
Era un arco iris sólo de azules, un malestar repentino, un poco de agua soleada, el bañador de un niño ahogado, la pamela de una señora muerta, un adolescente y un viejo y un correspondido y un rechazado, y un eréctil feliz y un desganado blanco de piel con las patas de un pollo, el mismo pollo de antes, el del matadero.
Sí, era un planeta azul donde todo era maravilloso y horrendo, imposible y posible; en su territorio  lo mismo entre dos personas surge un amor perfecto que matan a un transexual unos gorilas con camisa en un humilde barrio de Brasil (perdónenme, gorilas), y todo sigue rodando como si el respeto y el amor, la dulce compasión, fueran un anómalo milagro.
...
Nota;
El transexual asesinado vivía humildemente en su casita  y solía hacer pequeños favores; era conocido en el barrio y aunque fue apaleado y grabado a plena luz del día, nadie lo defendió.
En el video se ve cómo lo cargan en una carretilla y se supone que le dan muerte en otro lugar, lejos de la mirada del mundo.

Los inquisidores chillan, alterados por las mismas cosas de siempre; los pollitos de matadero pasan invisibles por pequeñas vidas de mártir humildes como las amapolas.
Muchos leemos libros y nos creemos planetas que giran sobre el delicado equilibrio de las cosas.
Mañana será miércoles, y mi planeta y yo permaneceremos a cubierto bajo la cúpula que nos protege de la maldad.
Miraremos a los ojos del cardenal , y así pasaremos la tarde.

lunes, 27 de marzo de 2017

Amores forenses






Ahora que me gustaría llevar mi vida con la insolente indiferencia y maestría con la que toca Savall la viola de  gamba, (y sin embargo soy esta especie de Pantoja  compungida ), me acuerdo de aquellos cuentos que me contaba una persona próxima a los juzgados, hace muchos  años en un reino junto al prado de san Sebastián.
Yo tenía mi puestecito cotizador junto a aquello que llaman aparato judicial, en un cuarto donde se sellaban cientos de burofax cada día y las cartas se apiñaban en filas de cajas que las manos repartían en casilleros, con más o menos destreza según  fuera lunes o viernes.
Sin embargo hasta a los rincones más áridos llegan historias jugosas, capaces de alimentar la imaginación y los deseos de escribir.
Mezcla de exageraciones y realidad, (el relato es el niño sobrealimentado con las verdad a medias, con el deseo del narrador de hacerlo más interesante), me bebí aquellos amores forenses como si fueran los atrayentes libros de mi juventud, plagada de puentes de piedra , fantasmas y amor desgraciado.
Así Adelita me contaba cómo el doctor Peribáñez  fue expedientado por acostarse con aquéllas  a las que tenía que hacer autopsias, a lo mejor atraído por la eternidad.
Me ponía la piel de punta y todo lo demás imaginar un tío que ha estudiado, que probablemente se haya casado y haya esparcido su semilla por el mundo, que pase por normal sentado en un café a la caída de la tarde, preparando una cita con su cadáver del día, su morena o su rubia o su joven o su vieja, ¿qué puede esperar?¿qué puede pensar? Sumisión absoluta, dominio, triunfo de la lujuria sobre la muerte, simple desahogo animal e impune, quién puede saberlo en aquel rincón oscuro donde seguramente ya huele a todo lo contrario a la vida.
Quizá a Peribáñez le gustaba imaginar  esos cabellos desparramados sobre la mesa fría cuando estuvieron vivos sobre un colchón doméstico, sábanas blancas  con ramitas de lavanda , enmarcando aquel rostro de mujer que demasiado cansada para hacer el amor, se dejaba hacer más bien y soportaba la embestida de los sábados por la noche mientras pensaba que había olvidado recoger la ropa de las cuerdas.
O pudiera ser que inventara vidas para ellas, que un último polvo frío fuera el pasaporte para el otro barrio, certificado de polución que nadie más deberá firmar, dado que él y sólo él era el responsable último de ese último reconocimiento.
Pero qué diferente debe ser una mujer de una muerta, después de todo; debe haber algo más para esa pulsión que ya practicaban los egipcios, expertos en el arte de agasajar la muerte y vestirla de lisonjas para tratar de  convertirla sin éxito en vida.
Quizá al médico loco, el hombre normal, le parecía una venganza por los lejanos tiempos de estudiante, cuando todas las que le gustaban se le iban en autobuses hacia otras ciudades y él se quedaba solo hasta la aparición de su mujercita creyente y apropiada, quién puede saber lo que las ausentes le regalaban a ese infeliz que disfrutaba sintiendo un coño frío y unas piernas muertas en horas de trabajo.
¿Podrá volverse loco un hombre por trabajar contra natura?
Las mujeres, sí que enloquecen de amor y mala vida, y algunas hasta se acostumbran.
Contaba Adelita, entre las anécdotas del fin  de semana, cómo aquella mujer se presentó en el juzgado de guardia diciendo que necesitaba denunciar a su marido.
"No me deja en paz, se presenta a altas horas de la noche, me insulta y dice que no me  a dejar vivir tranquila lo que me queda de vida".
"Pero a ver, señora, cómo se llama su marido?".
"Pepe de tal y cual ".
"Señora, su marido falleció hace algunos años ".
Para aquella mujer no tenía la más mínima importancia.
"Que se calle, oiga, que tengo que denunciarlo porque no me deja en paz; créame y haga lo que le digo; apunte ; anoche vino cuando iba a acostarme y me puso de vuelta y media; escríbalo, que me ha insultado y me ha amenazado ..."
Muchas veces me he preguntado si las muertas profanadas podrían haber tenido el mismo poder para hacerse presentes en la vida cotidiana de Peribáñez.
Seguramente no;
porque ni siquiera las conocía.

Despedida

Creo que abrí este blog en el año 2009, y hoy decido que lo cierro,once años después;no deja de ser una friolera, teniendo en cuenta la gent...