Mi abuelo fue un niño trabajador.
Mi abuela servía en San Lorenzo.
Mi madre canta con público pero sin sueldo.
Mi padre respiró barnices toda su vida.
Mis hermanos y yo trabajamos porque hemos tenido suerte....
Remamos en la dirección que marca el viento a base de responsabilidad y madrugones.
Nadie nos ha regalado nunca nada.
Somos esa Andalucía sin enchufes de la que venimos y que va cambiando su cara poco a poco, de la que se dignifica y se come los chistes con papas aliñás.
No somos feria ni semana santa ni ese absurdo tópico de la siesta y barriga que es la punta del espejo de las caricaturas.
Tengo amigas que trabajan y llegan a la cama con la misma ropa que se pusieron a las seis de la mañana, mujeres que han hecho de todo dentro y fuera de sus casas en jornadas interminables.
Somos esa Andalucía que está acostumbrada a no quejarse y a tirar de un carro de siglos de lucha y servidumbre.
Por esa Andalucía es por la que me levanto y hago huelga y sueño con otros horizontes.
No sé para qué sirve,pero mi corazón me dice que tengo que intentarlo.
Para que el gigante sordo pueda percibir nuestro cansancio, aunque no sea más que un ligero rumor de caracolas.
"Parece que protestan los que no son nadie"- le oí decir esta mañana.
Me despertó la bandera verde y blanca, que quizá nunca pueda llevarse del todo el hambre.
Pero ahí sigue,recortada contra nuestro cielo, que es el de todos.
Le pone nombre a mi esperanza.
viernes, 30 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
Copio y pego
A veces tengo ganas, y casi siempre ninguna.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.
domingo, 18 de noviembre de 2018
Ya no me gusta pintarme los labios
Me pongo a escribir y no hay manera.
En la tele están poniendo un documental interesantísimo sobre halcones en la ciudad,
En Bombay viven más de 20 millones de personas,
Rumio sobre esa extraña capacidad del ser humano de sentirse parte de un todo, y empiezo a entender hasta la crueldad que nos define como especie.
Creo que como dice Tolle,es posible tener momentos de conciencia en los que uno sabe que siempre ha estado ahí y que siempre estará, por encima del número de carnet de identidad, estado civil o historias personales.
A mí me gusta mucho el café, y me cuesta pensar en que un día ya no será parte de mi experiencia.
Eso sí.
También tengo ganas de escribir como cuando te pica un mosquito, has dormido lo suficiente y sientes que tienes ganas de contar cosas, cosas como vidas de gente que no quiere molestar, que desea pasar desapercibida, mientras que otros carecen por completo de empatía o dignidad.
En la tele ahora un enorme siluro nos recuerda la evidencia de que las formas de vida escapan a cualquier limitación.
Me hace pensar en los sapos odiosos de los cuentos de Andersen que se casaban con hermosas golondrinas, o no era así, en cualquier caso en este mundo también odiosos adultos manosean la carne inocente con sus sucias zarpas, y si arderán en algún infierno, para la víctima no cambia nada.
Me pongo a escribir, porque estoy soñando con una mujer privada de vista y sobrante de apetencias, y quisiera dejarla escrita como si fuera un beso sobre la sábana santa.
Hay ganas de subir alguna montaña, de paladear algún plato nuevo, de implantarme pestañas, de combatir el efecto de cruzar umbrales para los que nos dieron instrucciones erróneas, de felicitar amigos de Facebook, de escuchar flamenco volviendo a los orígenes, hay ganas de vivir, después de todo.
Llueve y enciendo el pc nuevo,(en mi cabeza resuena el pedante lap top,) y me doy permiso para dar rienda suelta a la imaginación, para cometer errores, para hacer algo que me guste a mi.
Me levanté con ganas, pero con este panorama de domingo de noviembre, con monos de la India en la tele, la lluvia cayendo incesante y un resfriado que avanza lentamente, no sé yo, así no hay manera.
Ah, lo que no he dicho es que ya no me gusta pintarme los labios.
En la tele están poniendo un documental interesantísimo sobre halcones en la ciudad,
En Bombay viven más de 20 millones de personas,
Rumio sobre esa extraña capacidad del ser humano de sentirse parte de un todo, y empiezo a entender hasta la crueldad que nos define como especie.
Creo que como dice Tolle,es posible tener momentos de conciencia en los que uno sabe que siempre ha estado ahí y que siempre estará, por encima del número de carnet de identidad, estado civil o historias personales.
A mí me gusta mucho el café, y me cuesta pensar en que un día ya no será parte de mi experiencia.
Eso sí.
También tengo ganas de escribir como cuando te pica un mosquito, has dormido lo suficiente y sientes que tienes ganas de contar cosas, cosas como vidas de gente que no quiere molestar, que desea pasar desapercibida, mientras que otros carecen por completo de empatía o dignidad.
En la tele ahora un enorme siluro nos recuerda la evidencia de que las formas de vida escapan a cualquier limitación.
Me hace pensar en los sapos odiosos de los cuentos de Andersen que se casaban con hermosas golondrinas, o no era así, en cualquier caso en este mundo también odiosos adultos manosean la carne inocente con sus sucias zarpas, y si arderán en algún infierno, para la víctima no cambia nada.
Me pongo a escribir, porque estoy soñando con una mujer privada de vista y sobrante de apetencias, y quisiera dejarla escrita como si fuera un beso sobre la sábana santa.
Hay ganas de subir alguna montaña, de paladear algún plato nuevo, de implantarme pestañas, de combatir el efecto de cruzar umbrales para los que nos dieron instrucciones erróneas, de felicitar amigos de Facebook, de escuchar flamenco volviendo a los orígenes, hay ganas de vivir, después de todo.
Llueve y enciendo el pc nuevo,(en mi cabeza resuena el pedante lap top,) y me doy permiso para dar rienda suelta a la imaginación, para cometer errores, para hacer algo que me guste a mi.
Me levanté con ganas, pero con este panorama de domingo de noviembre, con monos de la India en la tele, la lluvia cayendo incesante y un resfriado que avanza lentamente, no sé yo, así no hay manera.
Ah, lo que no he dicho es que ya no me gusta pintarme los labios.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Carta a una dulce niña cansada de esperar
En las estaciones, en los muelles, en los cuartos apenas iluminados de las posguerras, en los pasillos del instituto, en las antesalas de los dentistas, en las entrevistas de trabajo, esperamos, esperamos, esperamos que los dioses nos elijan de entre un montón de posibilidades, amenazadoras y crueles como parecen siempre las cartas de las barajas ajenas.
Que yo sé mucho de esperas porque he pospuesto mi vida desde casi la escuela primaria, entregando mi inocencia a frailes que podían conceder el milagro de aprobar un examen flojo, y luego a pequeñas vírgenes escondidas en cuevas que obraban la maravilla de traer el amor hasta la orilla, sin olvidar a aquel Cristo polvoriento que vivía en la capilla de un cortijo y al que me aficioné en mis mañanas de viajes por el Aljarafe sevillano, dentro había una atmósfera pesada y amarilla y parecía mentira que allí se pudieran obrar milagros, pero a juzgar por los exvotos y chupetes de plata estaba claro que sí, que es posible, porque donde está la fe está el poder, y de allí, de entre las manos de ese Jesús un tanto ajado salía mucha felicidad humana.
Del huevo de la tendencia a pensar demasiado salí yo, y con pasos torpes fui a hablar con él porque necesitaba amor, en aquellos meses el amor de alguien que no quería amarme, al menos no a mi manera, que eso es una cosa que se nota enseguida, cuando la ropa que te presenta el destino no es de tu talla, eso se sabe, pero joder, esa chaqueta es tan bonita, me hace sentir tan bien, que ojalá pudiera servirme.
En aquel caso era un pequeño jardín de las delicias, un patio con algo parecido a una fuente que brillaba con el sol, ya no lo recuerdo muy bien, una sensación de hogar absolutamente efímero pero apasionante, al fin y al cabo qué son los besos sino una especie de hogar, sobre todo cuando una está hasta las raquetas de ser un alma errante.
Pero qué va; a veces la fe no es suficiente, porque la chaqueta aprieta en los codos, se queda ridícula en momentos importantes, se convierte en un trapo patético cuando una espera otra cosa, y me he preguntado muchas veces, durante ese proceso de aceptación, si podría ser cuestión de tiempo, una vez más, así como todo termina encajando en su sombra con el paso de los años, si se trata de sentarse a esperar a ver cómo caen las hojas de los árboles, sin estresarse haciendo preguntas a una misma y a otros hasta que al final la madeja se enreda y vuelve el dolor.
Cuánto mejor no será eso que enfadarse con la casa pequeña, el novio olvidadizo, la hija pasota, el trabajo granujiento como un papel de estraza que me va lijando las ilusiones en cada amanecer, los huesos de color violeta de la cierta edad (tan incierta por otra parte),la tristeza de Septiembre con sus despeluques emocionales( cuántas veces me has engañado, Septiembre, porque siempre llueve y esa lluvia promete cosas nuevas),la perra desobediente que me deja tirada al borde del barranco y se come una mierda tan ricamente, mientras grito y le tiro piedras y se limita a mirarme para enseguida seguir con su asqueante experiencia.
Yo también esperaba que fuera más inteligente, la perra, y que hubiera querido evitar la coprofagia frente a mis amenazas y mi desesperación; pero esperar cosas que los demás seres vivos no están dotados para dar no es una buena opción.
Puedes estar agotada, tontorrona, deseosa de lluvia y abrazos, clamando por el derecho a saciar todo eso, pero por mucho que los besos sean el único hogar que tienes ahora mismo, si no tiene que ser, no será.
No hay mala intención, sólo es incapacidad, porque las orquídeas no tienen patas y los pulpos no son aficionados a leer novelas, así que no hacen footing ni frecuentan bibliotecas.
No te enfades con ellos, dulce niña; no pueden evitar ser como son, pero también son bellos, no me digas que un pulpo no es una criatura increíble y las orquídeas no son preciosas.
La buena noticia es ésa, y otra más es que al igual que tú ya no quieres esperar más, en este momento hay alguien que busca entre las flores la más rara, un explorador que está hasta los huevos de ser un alma errante y que desea por encima de todo convertir en hogar el pequeño paraíso de unos besos, y quizá ése y sólo ése sea lo bastante bueno para ti, si se lo permites.
Ya sabes que la fe es la fuente de todo poder, y aunque no creas en cuentos de hadas, ya creeré yo por ti, al fin y al cabo también lucho cada día para conservar la fe que a veces parece una sardina en aceite y otras una rosa resplandeciente (las menos, pero ahí está).
Creo en pulpos y en orquídeas, y creo en los soles y en los cielos que me hicieron enamorarme aquella vez no correspondida, cuando bajando del montecillo una soberbia puesta de sol coronó de luz todas las redondeces de las nubes, como él me colmaba a mí o yo me lo inventaba, y llamé por teléfono como si fuera Stevie Wonder rancio , con cualquier excusa para hablar de chorradas cuando en realidad quería contarle tan sólo lo bonito que estaba el cielo aquella tarde al salir de su casa.
Fue uno de esos instantes de ridículo, con mi camisa de amor casi atrapándome la glotis me di cuenta de que nunca sería el edén más que un pasatiempo, que es justo lo que son los juegos hasta que empiezan a doler.
Y luego todo floreció en otros caminos y otras puestas de sol, cuando ya no lo esperaba.
Por eso cuando tengas la tentación de esperar demasiado, lo mejor es sentarse y ver caer las hojas, que son tan bonitas y se han muerto ya como si tal cosa porque eso es lo que tienen que hacer, llenar el viento con sus besos crujientes y alfombrar las aceras de una muerte que no parece muerte sino renovación y esperanza.
https://youtu.be/Z7pAhNumuvo?list=RDZ7pAhNumuvo
Que yo sé mucho de esperas porque he pospuesto mi vida desde casi la escuela primaria, entregando mi inocencia a frailes que podían conceder el milagro de aprobar un examen flojo, y luego a pequeñas vírgenes escondidas en cuevas que obraban la maravilla de traer el amor hasta la orilla, sin olvidar a aquel Cristo polvoriento que vivía en la capilla de un cortijo y al que me aficioné en mis mañanas de viajes por el Aljarafe sevillano, dentro había una atmósfera pesada y amarilla y parecía mentira que allí se pudieran obrar milagros, pero a juzgar por los exvotos y chupetes de plata estaba claro que sí, que es posible, porque donde está la fe está el poder, y de allí, de entre las manos de ese Jesús un tanto ajado salía mucha felicidad humana.
Del huevo de la tendencia a pensar demasiado salí yo, y con pasos torpes fui a hablar con él porque necesitaba amor, en aquellos meses el amor de alguien que no quería amarme, al menos no a mi manera, que eso es una cosa que se nota enseguida, cuando la ropa que te presenta el destino no es de tu talla, eso se sabe, pero joder, esa chaqueta es tan bonita, me hace sentir tan bien, que ojalá pudiera servirme.
En aquel caso era un pequeño jardín de las delicias, un patio con algo parecido a una fuente que brillaba con el sol, ya no lo recuerdo muy bien, una sensación de hogar absolutamente efímero pero apasionante, al fin y al cabo qué son los besos sino una especie de hogar, sobre todo cuando una está hasta las raquetas de ser un alma errante.
Pero qué va; a veces la fe no es suficiente, porque la chaqueta aprieta en los codos, se queda ridícula en momentos importantes, se convierte en un trapo patético cuando una espera otra cosa, y me he preguntado muchas veces, durante ese proceso de aceptación, si podría ser cuestión de tiempo, una vez más, así como todo termina encajando en su sombra con el paso de los años, si se trata de sentarse a esperar a ver cómo caen las hojas de los árboles, sin estresarse haciendo preguntas a una misma y a otros hasta que al final la madeja se enreda y vuelve el dolor.
Cuánto mejor no será eso que enfadarse con la casa pequeña, el novio olvidadizo, la hija pasota, el trabajo granujiento como un papel de estraza que me va lijando las ilusiones en cada amanecer, los huesos de color violeta de la cierta edad (tan incierta por otra parte),la tristeza de Septiembre con sus despeluques emocionales( cuántas veces me has engañado, Septiembre, porque siempre llueve y esa lluvia promete cosas nuevas),la perra desobediente que me deja tirada al borde del barranco y se come una mierda tan ricamente, mientras grito y le tiro piedras y se limita a mirarme para enseguida seguir con su asqueante experiencia.
Yo también esperaba que fuera más inteligente, la perra, y que hubiera querido evitar la coprofagia frente a mis amenazas y mi desesperación; pero esperar cosas que los demás seres vivos no están dotados para dar no es una buena opción.
Puedes estar agotada, tontorrona, deseosa de lluvia y abrazos, clamando por el derecho a saciar todo eso, pero por mucho que los besos sean el único hogar que tienes ahora mismo, si no tiene que ser, no será.
No hay mala intención, sólo es incapacidad, porque las orquídeas no tienen patas y los pulpos no son aficionados a leer novelas, así que no hacen footing ni frecuentan bibliotecas.
No te enfades con ellos, dulce niña; no pueden evitar ser como son, pero también son bellos, no me digas que un pulpo no es una criatura increíble y las orquídeas no son preciosas.
La buena noticia es ésa, y otra más es que al igual que tú ya no quieres esperar más, en este momento hay alguien que busca entre las flores la más rara, un explorador que está hasta los huevos de ser un alma errante y que desea por encima de todo convertir en hogar el pequeño paraíso de unos besos, y quizá ése y sólo ése sea lo bastante bueno para ti, si se lo permites.
Ya sabes que la fe es la fuente de todo poder, y aunque no creas en cuentos de hadas, ya creeré yo por ti, al fin y al cabo también lucho cada día para conservar la fe que a veces parece una sardina en aceite y otras una rosa resplandeciente (las menos, pero ahí está).
Creo en pulpos y en orquídeas, y creo en los soles y en los cielos que me hicieron enamorarme aquella vez no correspondida, cuando bajando del montecillo una soberbia puesta de sol coronó de luz todas las redondeces de las nubes, como él me colmaba a mí o yo me lo inventaba, y llamé por teléfono como si fuera Stevie Wonder rancio , con cualquier excusa para hablar de chorradas cuando en realidad quería contarle tan sólo lo bonito que estaba el cielo aquella tarde al salir de su casa.
Fue uno de esos instantes de ridículo, con mi camisa de amor casi atrapándome la glotis me di cuenta de que nunca sería el edén más que un pasatiempo, que es justo lo que son los juegos hasta que empiezan a doler.
Y luego todo floreció en otros caminos y otras puestas de sol, cuando ya no lo esperaba.
Por eso cuando tengas la tentación de esperar demasiado, lo mejor es sentarse y ver caer las hojas, que son tan bonitas y se han muerto ya como si tal cosa porque eso es lo que tienen que hacer, llenar el viento con sus besos crujientes y alfombrar las aceras de una muerte que no parece muerte sino renovación y esperanza.
https://youtu.be/Z7pAhNumuvo?list=RDZ7pAhNumuvo
domingo, 2 de septiembre de 2018
La paz
Es domingo y quiero renunciar a todo, se dijo.
Su cuerpo se negaba a adelgazar después de tantos años de maltrato, que te den por culo, si me das te lo multiplico y si no quieres no me des, imagina que soy como una flor que recibe agua y no quiere secarse, si alguna vez quieres secarla tendrás que reducir la cantidad hasta casi matarla, y entonces según tú lucirá más bonita, dijo el cuerpo.
Y ante tal radicalidad, no pudo más que quedarse callada.
Sí, como las hojas de los libros, que se multiplican si alguien las escribe, si no hay atención nada puede crecer ni prosperar, esto lo sabe hasta el viento del norte, que está perfectamente diseñado.
La pregunta para hoy es si conviene más cerrar los ojos o abrirlos.
Darse cuenta de la realidad que tomamos por buena o ignorar tantos y tan frecuentes gritos de ayuda.
A mi alrededor ruge un mundo desesperado, cada día la emoción nos arrasa, dentro de 50 años la psicología será una ciencia básica para la vida , todo esto si juntas las frases verás que es verdad. la cuestión es si seguimos siendo humanos o hemos perdido la cualidad de compadecernos, de nosotros y de los demás.
Desde mi lugar de trabajo, que es como ser copiloto del diablo, veo a diario mucha desesperación, y eso que no soy del ámbito sanitario; pero la gente es tan contradictoria, tan surrealista, y ese mismo mundo odioso lo lleva cada uno de nosotros dentro como una caja de Pandora , siendo éste el mayor de los misterios.
A veces te dan ganas de matar, otras de abrazar (la verdad las menos) pero no deja de ser un aprendizaje constante.
Tomas conciencia de que los juicios de valor y las torres de cristal no sirven para nada.
Es domingo y quiero hacer tantas cosas, un par de llamadas, dos lavadoras, medio libro de un escritor de nombre impronunciable (autor de "La belleza es una herida"),limpiar algunos metros de suelo, quitar los vasos del vinagre, trocear pimientos verdes para hacer con pollo y fideos chinos, terminar el vermú aguado y lo más difícil de todo, inaugurar una saga mítica, una familia cuyo reino esté por venir con sus legiones de fans y hojas de bosque, yo sé que a poco estímulo que me de su cosqui bendito se me van a desparramar las palabras como la polución de un dios mono que se aburre solo en el fondo del bosque.
Claro que ni siquiera eso puedo hacer a tiempo completo, porque también me interesan los contornos de ojos low cost (hay tantas you tubers de belleza que he flipado y la verdad que engancha), las mascarillas de algas y limón de una empresa vegana que tengo que localizar como sea para despigmentarme esta cara de inocente vieja aficionada al sol marino, y los nutrientes del brócoli y la necesidad de renunciar a los lujosos packaging por el bien del planeta.
Y me queda espacio para lamentarme por no haber nacido en Noruega, o en cualquier otro lugar del mundo donde matar toros no sea un deporte nacional o lo que es peor, sinónimo de cultura, porque aunque no vaya conmigo, me duele que eso esté pasando ahí fuera, como me duele que el perro Cooper se pudriera durante tres meses en el suelo de una cocina de una casa donde vivía también una niña (teclear en Google perro Cooper adopción, en caso de morbo), y aunque los barrancos estén llenos de perros y el mar lleno de muertos es indudable que por inútil que eso sea, yo sigo arrastrando su dolor, aunque sea bajo las pequeñas olas benéficas del aire acondicionado.
No me quedan fuerzas para mucho más, y esto me preocupa, porque tendré que atesorar el pequeño tarro de energías para conservar mi luz, que es como una vela indiferente a las tentaciones del infierno.
Ese infierno del que la mayoría no sabe o no quiere escapar, enganchados a las malas noticias que se transmiten desde los altavoces de la infamia.
La paz, sin embargo, es chiquita y humilde, como una mariquita que se posa en un alféizar.
Su cuerpo se negaba a adelgazar después de tantos años de maltrato, que te den por culo, si me das te lo multiplico y si no quieres no me des, imagina que soy como una flor que recibe agua y no quiere secarse, si alguna vez quieres secarla tendrás que reducir la cantidad hasta casi matarla, y entonces según tú lucirá más bonita, dijo el cuerpo.
Y ante tal radicalidad, no pudo más que quedarse callada.
Sí, como las hojas de los libros, que se multiplican si alguien las escribe, si no hay atención nada puede crecer ni prosperar, esto lo sabe hasta el viento del norte, que está perfectamente diseñado.
La pregunta para hoy es si conviene más cerrar los ojos o abrirlos.
Darse cuenta de la realidad que tomamos por buena o ignorar tantos y tan frecuentes gritos de ayuda.
A mi alrededor ruge un mundo desesperado, cada día la emoción nos arrasa, dentro de 50 años la psicología será una ciencia básica para la vida , todo esto si juntas las frases verás que es verdad. la cuestión es si seguimos siendo humanos o hemos perdido la cualidad de compadecernos, de nosotros y de los demás.
Desde mi lugar de trabajo, que es como ser copiloto del diablo, veo a diario mucha desesperación, y eso que no soy del ámbito sanitario; pero la gente es tan contradictoria, tan surrealista, y ese mismo mundo odioso lo lleva cada uno de nosotros dentro como una caja de Pandora , siendo éste el mayor de los misterios.
A veces te dan ganas de matar, otras de abrazar (la verdad las menos) pero no deja de ser un aprendizaje constante.
Tomas conciencia de que los juicios de valor y las torres de cristal no sirven para nada.
Es domingo y quiero hacer tantas cosas, un par de llamadas, dos lavadoras, medio libro de un escritor de nombre impronunciable (autor de "La belleza es una herida"),limpiar algunos metros de suelo, quitar los vasos del vinagre, trocear pimientos verdes para hacer con pollo y fideos chinos, terminar el vermú aguado y lo más difícil de todo, inaugurar una saga mítica, una familia cuyo reino esté por venir con sus legiones de fans y hojas de bosque, yo sé que a poco estímulo que me de su cosqui bendito se me van a desparramar las palabras como la polución de un dios mono que se aburre solo en el fondo del bosque.
Claro que ni siquiera eso puedo hacer a tiempo completo, porque también me interesan los contornos de ojos low cost (hay tantas you tubers de belleza que he flipado y la verdad que engancha), las mascarillas de algas y limón de una empresa vegana que tengo que localizar como sea para despigmentarme esta cara de inocente vieja aficionada al sol marino, y los nutrientes del brócoli y la necesidad de renunciar a los lujosos packaging por el bien del planeta.
Y me queda espacio para lamentarme por no haber nacido en Noruega, o en cualquier otro lugar del mundo donde matar toros no sea un deporte nacional o lo que es peor, sinónimo de cultura, porque aunque no vaya conmigo, me duele que eso esté pasando ahí fuera, como me duele que el perro Cooper se pudriera durante tres meses en el suelo de una cocina de una casa donde vivía también una niña (teclear en Google perro Cooper adopción, en caso de morbo), y aunque los barrancos estén llenos de perros y el mar lleno de muertos es indudable que por inútil que eso sea, yo sigo arrastrando su dolor, aunque sea bajo las pequeñas olas benéficas del aire acondicionado.
No me quedan fuerzas para mucho más, y esto me preocupa, porque tendré que atesorar el pequeño tarro de energías para conservar mi luz, que es como una vela indiferente a las tentaciones del infierno.
Ese infierno del que la mayoría no sabe o no quiere escapar, enganchados a las malas noticias que se transmiten desde los altavoces de la infamia.
La paz, sin embargo, es chiquita y humilde, como una mariquita que se posa en un alféizar.
domingo, 19 de agosto de 2018
Discurso para locas
La mente va rápido, la lógica es lenta, se dijo mientras peinaba sus cabellos frente a un espejo cuyo azogue se asemejaba a un lago de difuntos, si esto significara algo.
Dos habitaciones más allá, su hijo adolescente se entregaba sin freno al insomnio con el móvil en la mano, intercambiando mensajes con otras almas tristes,qué duro el umbral de esa edad, qué jodido, y ya casi nadie de los adultos lo recuerda. Esa vulnerabilidad y ese látigo constante.
Bueno, yo sí, lo recuerdo porque puede que no haya cambiado tanto, de hecho nunca he perdido la inseguridad ni el miedo, dos parches en las alas que pesan demasiado, dos parches en las alas con las que nunca pude volar.
Ahora uno de los miedos es precisamente ése, que al no haber volado nunca por mis medios, quiera en mi madurez intentarlo bajo un sol demasiado caliente, cuando mis músculos empiezan a derretirse y las ganas son una parodia de los deseos.
Las locas a veces nos hacemos con el tiempo, porque inicialmente fuimos domesticadas, y de la primera comunión pasamos a la oficina, y de la oficina al hogar y del hogar a la maternidad y luego vuelta a empezar, a buscar en libros y oráculos tanta falta de sentido.
Y luego llega el verano y te arroja a la cara un hijo adolescente con las mismas taras pero diferentes recursos y quieres llorar o gritar o dejarlo todo en manos del destino, salir por esa puerta y no volver, a veces incluso tirar la basura y que te atropelle el camión y que los vecinos digan hay que ver el destino, pero tú,loca, sabrás que no es el destino sino el deseo cumplido de la liberación.
La mente va rápido pero la lógica es lenta y la lógica dice que es verano, que si ocurre eso lo habrás hecho mal del todo, (todavía está por ver el resultado final, date tiempo) pero si ocurre eso lo habrás echado todo a rodar porque habrás dejado atrás una gente rota, quieras que no aún eres necesaria, aunque no desees serlo en absoluto.
Y qué quieres pues, querida loca, la que echa de menos el mar y las esquinas azules de su alma, la que atravesó tempestades con los bolsillos llenos de ansiedad, la que apostó por la vida incluso cuando intuía el engaño que supone toda lucha, la que se trajo plátanos verdes de la huerta de un buen hombre que dejó de existir el 14 de Agosto de 2018,ya está, se acabó, todo tiene su fin en su momento y es más loco y más tonto pasarse el escaso tiempo conspirando contra uno mismo y los que ama.
He perdido mi capa de héroa pero a cambio tengo una que me hace invisible, pero sólo para el escaparate; a cierta edad tienes que hacer un hatillo con otro tipo de sentimientos, con otras estrategias y recursos, de los cuales el más valioso es el de amarse, por difícil que sea amar un saco de contradicciones que se va despidiendo de su capacidad de producir fragancias, al fin y al cabo los frutos maduros ya no huelen bien, ya no huelen a nada.
La loca , entendida como persona que se resiste a lo que está escrito, tiene que seguir aprendiendo.
Prometí no rendirme y no lo haré, se dice la loca, que no es tal, sino una especie de guerrera planetaria, una guerrera que no quiere aumentar la importancia del mal, sino ningunearlo en favor de la luz y del viento que permite el movimiento de las ramas más altas de los árboles.
Dos habitaciones más allá, su hijo adolescente se entregaba sin freno al insomnio con el móvil en la mano, intercambiando mensajes con otras almas tristes,qué duro el umbral de esa edad, qué jodido, y ya casi nadie de los adultos lo recuerda. Esa vulnerabilidad y ese látigo constante.
Bueno, yo sí, lo recuerdo porque puede que no haya cambiado tanto, de hecho nunca he perdido la inseguridad ni el miedo, dos parches en las alas que pesan demasiado, dos parches en las alas con las que nunca pude volar.
Ahora uno de los miedos es precisamente ése, que al no haber volado nunca por mis medios, quiera en mi madurez intentarlo bajo un sol demasiado caliente, cuando mis músculos empiezan a derretirse y las ganas son una parodia de los deseos.
Las locas a veces nos hacemos con el tiempo, porque inicialmente fuimos domesticadas, y de la primera comunión pasamos a la oficina, y de la oficina al hogar y del hogar a la maternidad y luego vuelta a empezar, a buscar en libros y oráculos tanta falta de sentido.
Y luego llega el verano y te arroja a la cara un hijo adolescente con las mismas taras pero diferentes recursos y quieres llorar o gritar o dejarlo todo en manos del destino, salir por esa puerta y no volver, a veces incluso tirar la basura y que te atropelle el camión y que los vecinos digan hay que ver el destino, pero tú,loca, sabrás que no es el destino sino el deseo cumplido de la liberación.
La mente va rápido pero la lógica es lenta y la lógica dice que es verano, que si ocurre eso lo habrás hecho mal del todo, (todavía está por ver el resultado final, date tiempo) pero si ocurre eso lo habrás echado todo a rodar porque habrás dejado atrás una gente rota, quieras que no aún eres necesaria, aunque no desees serlo en absoluto.
Y qué quieres pues, querida loca, la que echa de menos el mar y las esquinas azules de su alma, la que atravesó tempestades con los bolsillos llenos de ansiedad, la que apostó por la vida incluso cuando intuía el engaño que supone toda lucha, la que se trajo plátanos verdes de la huerta de un buen hombre que dejó de existir el 14 de Agosto de 2018,ya está, se acabó, todo tiene su fin en su momento y es más loco y más tonto pasarse el escaso tiempo conspirando contra uno mismo y los que ama.
He perdido mi capa de héroa pero a cambio tengo una que me hace invisible, pero sólo para el escaparate; a cierta edad tienes que hacer un hatillo con otro tipo de sentimientos, con otras estrategias y recursos, de los cuales el más valioso es el de amarse, por difícil que sea amar un saco de contradicciones que se va despidiendo de su capacidad de producir fragancias, al fin y al cabo los frutos maduros ya no huelen bien, ya no huelen a nada.
La loca , entendida como persona que se resiste a lo que está escrito, tiene que seguir aprendiendo.
Prometí no rendirme y no lo haré, se dice la loca, que no es tal, sino una especie de guerrera planetaria, una guerrera que no quiere aumentar la importancia del mal, sino ningunearlo en favor de la luz y del viento que permite el movimiento de las ramas más altas de los árboles.
lunes, 9 de julio de 2018
Davinia
Hay quien lleva el nombre de una telenovela, porque sus padres se pusieron tontos con algún capítulo apasionante, pero yo no lo hice así, indagué en la mitología para buscar un nombre diferente a todos los que pudiera haber habido jamás en la familia desde que Eva se rompió una costilla y se la dio a Adán en prenda y luego como siempre se tergiversó y se falseó todo.
Busqué en la mitología como ahora busco en mi corazón una razón para redimir mi existencia, para pintarla con colores vivos porque no me resisto a ser mayor, y parada en medio de la escalera me dedico sin embargo a perder el tiempo que me sopla en los talones.
No era ni siquiera medio mujer cuando entendí, mientras oía hablar a unos familiares de la inminente muerte del marido de una prima, que la vida no era nada, y desde entonces hasta ahora ha pasado mucho tiempo y sin embargo siento que no ha pasado ninguno.
Imagino a una tal Davinia, que vive encaramada en una escalera que nunca subirá al cielo, con el pelo de colores como las ilustraciones de mis primeros libros de poesía, en aquel barrio donde aún vendían enciclopedias a domicilio, y pasaba el camión de la basura y removía toneladas infernales de desperdicios que yo veía desde mi ventana, y pensaba en la destrucción de todo.
La tal Davinia eligió un buen nombre para su rosa favorita, y la colocó a resguardo de los vientos de Febrero y la echó a volar cuando consideró que era justo que viera otros jardines, pero ella se quedó quitando pelusas, oyendo hablar de leyes y de diarreas, en un rincón seguro sin besos ni caricias.
Davinia canturrea a menudo, aunque lo hace muy mal, pero sabe que cuando alguien oye cantar se siente menos solo, y tararea a menudo, esa molestia es llevadera para los demás, piensa, y desde luego consuelo para mi corazón, al que le gusta acunarse solo en las noches de mierda de las semanas y los meses que transcurren como las páginas de un libro que tampoco importa tanto.
En eso lleva razón Davinia, porque yo a mi padre lo oía cantar y mi corazón saltaba como un pajarillo, y sin embargo ese hombre no pinta casi nada en mi vida, de hecho creo que lo estoy llorando mucho antes de que falte porque falta desde hace tiempo ya, en el sentido en el que los padres están en las vidas de los hijos.
Davinia esta noche se ha asomado a mirar la luna; sabe que en su interior laten los ríos novela, los ríos humillados, los ríos salvajes, los ríos supervivientes, los caudalosos y los regatos, las cascadas y los charcos, y que , aunque ame a algunos y odie a otros, todos están dentro de ella como las páginas de un libro que, la verdad, tampoco importa tanto.
Busqué en la mitología como ahora busco en mi corazón una razón para redimir mi existencia, para pintarla con colores vivos porque no me resisto a ser mayor, y parada en medio de la escalera me dedico sin embargo a perder el tiempo que me sopla en los talones.
No era ni siquiera medio mujer cuando entendí, mientras oía hablar a unos familiares de la inminente muerte del marido de una prima, que la vida no era nada, y desde entonces hasta ahora ha pasado mucho tiempo y sin embargo siento que no ha pasado ninguno.
Imagino a una tal Davinia, que vive encaramada en una escalera que nunca subirá al cielo, con el pelo de colores como las ilustraciones de mis primeros libros de poesía, en aquel barrio donde aún vendían enciclopedias a domicilio, y pasaba el camión de la basura y removía toneladas infernales de desperdicios que yo veía desde mi ventana, y pensaba en la destrucción de todo.
La tal Davinia eligió un buen nombre para su rosa favorita, y la colocó a resguardo de los vientos de Febrero y la echó a volar cuando consideró que era justo que viera otros jardines, pero ella se quedó quitando pelusas, oyendo hablar de leyes y de diarreas, en un rincón seguro sin besos ni caricias.
Davinia canturrea a menudo, aunque lo hace muy mal, pero sabe que cuando alguien oye cantar se siente menos solo, y tararea a menudo, esa molestia es llevadera para los demás, piensa, y desde luego consuelo para mi corazón, al que le gusta acunarse solo en las noches de mierda de las semanas y los meses que transcurren como las páginas de un libro que tampoco importa tanto.
En eso lleva razón Davinia, porque yo a mi padre lo oía cantar y mi corazón saltaba como un pajarillo, y sin embargo ese hombre no pinta casi nada en mi vida, de hecho creo que lo estoy llorando mucho antes de que falte porque falta desde hace tiempo ya, en el sentido en el que los padres están en las vidas de los hijos.
Davinia esta noche se ha asomado a mirar la luna; sabe que en su interior laten los ríos novela, los ríos humillados, los ríos salvajes, los ríos supervivientes, los caudalosos y los regatos, las cascadas y los charcos, y que , aunque ame a algunos y odie a otros, todos están dentro de ella como las páginas de un libro que, la verdad, tampoco importa tanto.
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Despedida
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