Aparecen muertos dos peces en Japón y según cuenta la leyenda, eso es que habrá otro tsunami.
Ése es el titular 1.
Se convoca la manifestación de las derechas así llamadas y según la leyenda eso quiere decir que la inteligencia ha muerto a este lado del planeta, por lo que habrá otro tsunami aquí también, el del bucle infinito, titular 2.
Que hoy me duele otra vez este asqueroso hombro izquierdo y muerde toda la parte de esta extremidad y que intento sin éxito escribir deprisa y avanzo y retrocedo para eliminar los errores, titular 3.
Tengo unas ganas histéricas de meterme en un quirófano y que me operen tetas, hombros, tronco y ojos, salir como Walt Disney y negar tres veces mi congelación para la posteridad, mostrar una sonrisa eterna al lógico desgaste de nuestra temporalidad, arrepentirme de todo y volver a abrazarme como si fuera una niña y lo tuviera todo por delante.
Tengo unas ganas tremendas de no tener miedo, de no sentir preocupación por lo que veo, de no apercibirme del ruido de las cavernas, de no darme cuenta de mis achaques, entre los que peor llevo es el cansancio de la vista, el tedio del alma y el dolor de carcasa.
Sin contar con que la cuenta atrás del tiempo biológico propone unas interesantes llamadas a hacer cosas que si te duermes no podrás hacer desde el barco póstumo, y esto es así ya de una manera real y no metafórica.
Me pregunto por qué estas cuestiones no les importan a los que manejan a las masas, por qué no se acojonan ante su propia temporalidad, porque estoy segura de que si así fuera intentarían hacer el bien y no el mal.
Por lo visto hay un colega que asesora a Trump y que anda ahora por estos lares, que acertó plenamente con el triunfo de las derechas, ése debe saber de primera mano lo fácil que es manejar un rebaño, si los coges individualmente seguro que será más difícil, pero jugando con el miedo es coser y cantar.
Coser bocas y cantar victorias, cambiar el señuelo de sitio, decir que el lobo está donde no está, en las faldas de las mujeres y en los derechos conseguidos que ya pasan por mimos innecesarios, el lobo está ahí, deshaciéndolo todo, tratando bien a los de allí y despojando a los de acá, así pues destrocemos el lenguaje para que diga lo que la gente quiere oír, lo que necesitamos que entiendan para que se movilicen en el sentido del barranco.
Así como Franco alargó la guerra para hacer más muertos, eso dicen algunas fuentes, (yo no lo sé porque sólo era una semilla de almendro que no llegó a cuajar), ahora la economía de mercado nos quiere inhumanos y facilones, sin libros ni luces, fronterizos y guerreros, primitivos y estúpidos.
No es que hayamos dejado de serlo nunca, pero me niego a despreciar el esfuerzo de los que, a lo largo de todos los tiempos, han muerto luchando por la libertad y la mejora de las condiciones de vida generales del ser humano.
Que yo sepa, los que carecen de empatía o directamente han deseado mantener el orden establecido han sido siempre, aparte de unos infelices, el palo en la rueda de todos los progresos de los que luego hemos disfrutado todos, incluso los que caminan hacia su tumba sin saberlo.
El titular 4 dice escuetamente;
Murió la inteligencia, borra el futuro.
En la sombra, el lobo a buen recaudo hace brillar un colmillo satisfecho.
domingo, 10 de febrero de 2019
domingo, 3 de febrero de 2019
El desprecio como forma de vida
Cogí mi vida con las manos como si fuera una copa de cristal, y así mismo la metí en una vitrina junto a las de champán y vasos de licor, teteras que nunca se usan y chupitos de los años sesenta.
No hace mucho que mi padre vendió la casa familiar como siempre lo hace todo, con alevosía y egoísmo pero haciéndose la víctima, que es una forma estupenda de ir por la vida porque resuelves tus problemas a costa de los demás y encima puedes plañir a gusto diciendo que la vida te trata mal.
Un mísero dinero, eso es cierto, que no le sacará de pobre, pero que permitirá a la otra parte implicada, que es mi madre, contar con unos reales para cubrir un poco las jubiladas espaldas en el país de las pensiones prósperas y la felicidad serena en los últimos años de las vidas de la gente, donde el sol se aposenta para acariciar la espuma de las cervezas en las terrazas y se juegan los mejores partidos de fútbol del mundo.
Pero aun así, y suponiendo que esta venta del nicho donde crecimos entre figuritas de porcelana y portales de hierro azulejeados por dentro, en el barrio de los caminos de asfalto diseñados para la clase media baja, con pocos árboles grandes y mucho arbolito ornamental que no sombrea ni a un liliputiense que tenga inhibida la hormona del crecimiento, suponiendo que esta venta fuera, como digo, la solución a ciertos problemas de movilidad y climatización, él no está contento ni valora en nada los balbuceos que algunos hacemos para tener una relación normal de cariño entre padres e hijos, como nos enseñaron las películas americanas. (ojalá no hubiera visto tantas series, me creí muchas chorradas que salían en ellas).
A punto de cumplir una edad importante que no pienso decir todavía, y con dolores que voy estrenando según el calendario pasa como un barco insensible, sé que no llegaré a ningún puerto seguro ni siquiera el último de mis días, puesto que todo esto no es más que una estrategia en la que cada uno se inventa un papel para sí mismo y luego dependiendo del nivel de empatía , puede quizá importarle un gramo los sentimientos ajenos.
Pero a veces no pasa; venir de un tronco así es como mínimo extraño, y ya no me importa decirlo, escribirlo. Durante mucho tiempo no quieres dramatizar, pasas de puntillas por lo que te duele como si no fuera contigo, pero un día el avestruz saca la cabeza y ve que no pasa nada por reconocer que siempre estuvo solo, y que no era eso lo que necesitó en absoluto en tiempos de zozobra.
En un mundo donde críos son arrojados al mar y a las mafias huyendo de la guerra, haber tenido un hogar y buenos alimentos no deja de ser un lujo, pero la alimentación emocional también es importante y le da a uno un lugar en el mundo.
No se instauran familias con este objetivo, en absoluto, sino con la idea de huir, de la soledad, del hogar paterno, de las restricciones de la vida para una misma, de la remota posibilidad de vivir para el propio corazón nada más y si acaso gozar de los regalos que el viaje vaya descubriendo.
No se forman familias para hacer gente feliz, y eso me sorprende mucho, ya que como sabéis mi nivel de ingenuidad es grande en todas las esferas.
Es posible que esa esperanza que me ha alentado siempre es la que me trajo hasta aquí y aquí me mantiene, pensando cómo algunos pueden convertir el desprecio en una forma de vida, sin ni siquiera darse cuenta de ello.
Como decía, a esta edad cada vez me van quedando menos ropajes, quizá menos miedo a decir lo que pienso, y si por algún momento se encendiera una chispa de luz en los aludidos, con gusto lo debatiría y arreglaríamos el torpe desajuste de mi concepción embrionaria, el miedo con el que salí al mundo hasta convertir mi vida en esta copa de cristal soplado que ahora se preserva en la vitrina ,sin viajes no sea que se rompa, sin aventuras no sea que la cague, sin saltar no sea que las piernas no puedan sostenerme, sin soñar en mis potencias no sea que fracase.
De todas formas nadie puede librarnos del fracaso, por más que lo intentemos, poniéndonos el traje de una vida apretada que no nos sienta bien para parecernos a todo el mundo, dando gracias por poder vender nuestras vidas a un postor mezquino que se chupará nuestros días y nuestras noches como quien se traga un plato de caracoles, cuando realmente somos breves y esto no lo cambia nadie, por más que asuste el hecho de que las mariposas, una vez llegado a su máximo esplendor, mueran quemadas al acercarse a la lumbre.
Mi vida está aquí, delicada y protegida, a salvo de vaivenes que podrían desestabilizar este raro equilibrio que agradecen mi descendiente y mi pareja y mi familia, aquélla a la que le importo, pero que miente y niega la parte más importante de mí.
No, no sirvo para escalar montañas ni hacer voluntariado en sitios donde la primera fiebre acabaría conmigo, ni siquiera para salvar a seres desdichados que plañen como mi padre, con una cierta mentalidad subsidiaria que desnuda a la vida de toda alegría y placer, mentalidad de pobre que viene arrastrada desde las primera catacumbas, y que vez socorridas, seguramente te la juegan como un niño adoptado que se convierte en asesino.
Pero tengo la manía de ser inestable, de querer jugar a otra cosa, a inventar otras vidas, a desprenderme las alas de mariposa hasta hacerlas sangrar, a ponerme el NO por delante y luego arrepentirme de no haberlo intentado, a plañir yo también como si fuera un delfín al que acostumbraron a vivir en una lata de sardinas.
Manías de querer ser libre donde no se puede, por el bien común, y el sentido así llamado, que ha creado para ti un salón de baile donde nadie quiere bailar contigo, pero en el que algún lejano espejo esquinado te dice todavía lo que eres de verdad, lo que podrías ser o haber sido, la verdadera música de tu alma.
Bueno, está bien; que siga sonando aunque nadie pueda oírla.
Amaremos su belleza inasible como un personaje de novela rusa ama a un ser inalcanzable, con pasión pero en silencio, ningún amor es inútil, nada se pierde, y mientras tanto seguiremos viviendo.
Lo que sea con tal de no convertir el desprecio en una forma de vida.
No hace mucho que mi padre vendió la casa familiar como siempre lo hace todo, con alevosía y egoísmo pero haciéndose la víctima, que es una forma estupenda de ir por la vida porque resuelves tus problemas a costa de los demás y encima puedes plañir a gusto diciendo que la vida te trata mal.
Un mísero dinero, eso es cierto, que no le sacará de pobre, pero que permitirá a la otra parte implicada, que es mi madre, contar con unos reales para cubrir un poco las jubiladas espaldas en el país de las pensiones prósperas y la felicidad serena en los últimos años de las vidas de la gente, donde el sol se aposenta para acariciar la espuma de las cervezas en las terrazas y se juegan los mejores partidos de fútbol del mundo.
Pero aun así, y suponiendo que esta venta del nicho donde crecimos entre figuritas de porcelana y portales de hierro azulejeados por dentro, en el barrio de los caminos de asfalto diseñados para la clase media baja, con pocos árboles grandes y mucho arbolito ornamental que no sombrea ni a un liliputiense que tenga inhibida la hormona del crecimiento, suponiendo que esta venta fuera, como digo, la solución a ciertos problemas de movilidad y climatización, él no está contento ni valora en nada los balbuceos que algunos hacemos para tener una relación normal de cariño entre padres e hijos, como nos enseñaron las películas americanas. (ojalá no hubiera visto tantas series, me creí muchas chorradas que salían en ellas).
A punto de cumplir una edad importante que no pienso decir todavía, y con dolores que voy estrenando según el calendario pasa como un barco insensible, sé que no llegaré a ningún puerto seguro ni siquiera el último de mis días, puesto que todo esto no es más que una estrategia en la que cada uno se inventa un papel para sí mismo y luego dependiendo del nivel de empatía , puede quizá importarle un gramo los sentimientos ajenos.
Pero a veces no pasa; venir de un tronco así es como mínimo extraño, y ya no me importa decirlo, escribirlo. Durante mucho tiempo no quieres dramatizar, pasas de puntillas por lo que te duele como si no fuera contigo, pero un día el avestruz saca la cabeza y ve que no pasa nada por reconocer que siempre estuvo solo, y que no era eso lo que necesitó en absoluto en tiempos de zozobra.
En un mundo donde críos son arrojados al mar y a las mafias huyendo de la guerra, haber tenido un hogar y buenos alimentos no deja de ser un lujo, pero la alimentación emocional también es importante y le da a uno un lugar en el mundo.
No se instauran familias con este objetivo, en absoluto, sino con la idea de huir, de la soledad, del hogar paterno, de las restricciones de la vida para una misma, de la remota posibilidad de vivir para el propio corazón nada más y si acaso gozar de los regalos que el viaje vaya descubriendo.
No se forman familias para hacer gente feliz, y eso me sorprende mucho, ya que como sabéis mi nivel de ingenuidad es grande en todas las esferas.
Es posible que esa esperanza que me ha alentado siempre es la que me trajo hasta aquí y aquí me mantiene, pensando cómo algunos pueden convertir el desprecio en una forma de vida, sin ni siquiera darse cuenta de ello.
Como decía, a esta edad cada vez me van quedando menos ropajes, quizá menos miedo a decir lo que pienso, y si por algún momento se encendiera una chispa de luz en los aludidos, con gusto lo debatiría y arreglaríamos el torpe desajuste de mi concepción embrionaria, el miedo con el que salí al mundo hasta convertir mi vida en esta copa de cristal soplado que ahora se preserva en la vitrina ,sin viajes no sea que se rompa, sin aventuras no sea que la cague, sin saltar no sea que las piernas no puedan sostenerme, sin soñar en mis potencias no sea que fracase.
De todas formas nadie puede librarnos del fracaso, por más que lo intentemos, poniéndonos el traje de una vida apretada que no nos sienta bien para parecernos a todo el mundo, dando gracias por poder vender nuestras vidas a un postor mezquino que se chupará nuestros días y nuestras noches como quien se traga un plato de caracoles, cuando realmente somos breves y esto no lo cambia nadie, por más que asuste el hecho de que las mariposas, una vez llegado a su máximo esplendor, mueran quemadas al acercarse a la lumbre.
Mi vida está aquí, delicada y protegida, a salvo de vaivenes que podrían desestabilizar este raro equilibrio que agradecen mi descendiente y mi pareja y mi familia, aquélla a la que le importo, pero que miente y niega la parte más importante de mí.
No, no sirvo para escalar montañas ni hacer voluntariado en sitios donde la primera fiebre acabaría conmigo, ni siquiera para salvar a seres desdichados que plañen como mi padre, con una cierta mentalidad subsidiaria que desnuda a la vida de toda alegría y placer, mentalidad de pobre que viene arrastrada desde las primera catacumbas, y que vez socorridas, seguramente te la juegan como un niño adoptado que se convierte en asesino.
Pero tengo la manía de ser inestable, de querer jugar a otra cosa, a inventar otras vidas, a desprenderme las alas de mariposa hasta hacerlas sangrar, a ponerme el NO por delante y luego arrepentirme de no haberlo intentado, a plañir yo también como si fuera un delfín al que acostumbraron a vivir en una lata de sardinas.
Manías de querer ser libre donde no se puede, por el bien común, y el sentido así llamado, que ha creado para ti un salón de baile donde nadie quiere bailar contigo, pero en el que algún lejano espejo esquinado te dice todavía lo que eres de verdad, lo que podrías ser o haber sido, la verdadera música de tu alma.
Bueno, está bien; que siga sonando aunque nadie pueda oírla.
Amaremos su belleza inasible como un personaje de novela rusa ama a un ser inalcanzable, con pasión pero en silencio, ningún amor es inútil, nada se pierde, y mientras tanto seguiremos viviendo.
Lo que sea con tal de no convertir el desprecio en una forma de vida.
domingo, 30 de diciembre de 2018
La libertad
La libertad no suele salir gratis, y quien nuca tuvo que luchar por ella, no sabe lo cara que le salió a toda esa gente que desde el otro lado, con banderas y espejos en los que se rompieron sus vidas, saluda estos tiempos con un deje de ironía.
Siempre he sabido que de haber sido yo una víctima de las ideas, me hubiera revuelto de ira en mi tumba de escarcha viendo la superficialidad y el egoísmo con que los descendientes trataron sus privilegios hasta no ser más que un decadente grupo humano sin principios ni estirpe.
Sin embargo, lo que para mí es digno de ser preservado y protegido es para otros decadencia y desastre, y como oí ayer en el vigésimo quinto análisis político a pie de calle, entre gente que interpreto como formada y de izquierdas culta en un sentido vital, puesto que vivir determinadas etapas también es una forma de cultura, el límite de lo insoportable es para muchos un simple movimiento migratorio que amenaza lo que creen que es suyo, entendido como qué, los símbolos, las calles, la religión, la economía, el triste puesto de trabajo desde el que te explotan o las cuatro drogas consumistas que para determinadas mentecillas significan la paz y el bienestar.
Tampoco hay mucho más que analizar desde que vi aquel reportaje sobre inmigración en Estados Unidos, en el que uno que había sido inmigrante y que había conseguido montar un bar propio en un sitio de mala muerte estaba totalmente en contra de que otros tuviesen esa oportunidad de escapar de la pobreza que él sí había tenido, aun pagando un precio muy alto.
Como siempre cuando siento frustración o dolor, me refugio en el enfoque del tiempo, que es cultura, y me entero sorprendida que llevamos siglos traduciendo como invasión lo que fue una forma de vida, y de repente me alelo dándome cuenta de que es verdad, no puede ser una invasión algo que dura ocho siglos, es como ponerte gordo y decir que la obesidad invadió tu cuerpo, quizá simplemente te pusiste gordo, y vives como un gordo y disfrutas o sufres la vida como un gordo.( y ahora que los gordos no me miren raro, es sólo una forma de hablar).
En el sur fuimos árabes como otros fueron celtas, y eso nos dio una música y un color de piel y una tendencia a la alegría pero también a la nostalgia barata, y a la pasión y al exageramiento.
Desde ese punto en el que interpretamos las influencias como extranjerizantes( para entender esto mejor , os recomiendo escuchar a Antonio Manuel, escritor y activista andaluz según su Facebook, en cualquiera de sus entrevistas sobre el tema), es muy fácil negar quienes somos y de qué estamos hechos, y pasearnos por el patio de la intolerancia como si nos hubieran puesto en un huevo de dinosaurio de raza blanca y rompiéramos el cascarón ayer por la tarde.
Creo que actualmente, como le oí decir a un filósofo hace poco, somos una colonia norteamericana y es otra forma de vida, otra invasión podría decirse , y sin embargo no se dice.
Se supone que al tener acceso a la información podríamos haber alcanzado ya un cierto enfoque de las cosas del mundo, después de tantas guerras y tantas mentiras pero qué va, el aborregamiento es hoy más grande que nunca y parece destinado a ser el destino de la especie.
Libertad para Cernuda era estar preso en alguien cuyo nombre no podía oír sin escalofrío, libertad para muchas significa elegir tus propias cargas, libertad es una entelequia, un sueño del que jamás despertaremos, una palabra de libros y de monasterios, de cuartos a donde sólo llega la luz del pensamiento.
Cuanto más vivo menos certezas tengo, salvo que rompemos el guión a cada minuto y como en las historias que nos cuenta la industria de nuestra colonia, expertos como son en retratar libertadores siendo sin embargo esclavistas, sé que a pesar de todo y de todas formas la cosa puede cambiar en cualquier momento.
Como el viento de la tarde puede cambiarte Diciembre por Mayo, y aunque no haya flores de naranjo, tampoco se nota el frío.
Esperar a que vuelva a soplar es una buena opción , y mientras tanto recoger firmas para que Baltasar pueda entrar este años por donde suele, como los futbolistas y los príncipes saudíes, sin destrozarse las palmas con las concertinas, sin que su turbante pierda una sola piedra de esmeralda que como sabéis, son de color verde, como la esperanza.
(Entrada del 30 de Diciembre de 2018, año de la Escarcha y el anís en copa, de la gota y santa Vesícula, bellota feliz por las calles de Sevilla, cuando se vislumbra un cierto empoderamiento del pensamiento propio en habitáculos tan pequeños que no cabría ni el corsé de una avispa).
La foto está hecha en la Alhambra, en Diciembre de 2017.
Siempre he sabido que de haber sido yo una víctima de las ideas, me hubiera revuelto de ira en mi tumba de escarcha viendo la superficialidad y el egoísmo con que los descendientes trataron sus privilegios hasta no ser más que un decadente grupo humano sin principios ni estirpe.
Sin embargo, lo que para mí es digno de ser preservado y protegido es para otros decadencia y desastre, y como oí ayer en el vigésimo quinto análisis político a pie de calle, entre gente que interpreto como formada y de izquierdas culta en un sentido vital, puesto que vivir determinadas etapas también es una forma de cultura, el límite de lo insoportable es para muchos un simple movimiento migratorio que amenaza lo que creen que es suyo, entendido como qué, los símbolos, las calles, la religión, la economía, el triste puesto de trabajo desde el que te explotan o las cuatro drogas consumistas que para determinadas mentecillas significan la paz y el bienestar.
Tampoco hay mucho más que analizar desde que vi aquel reportaje sobre inmigración en Estados Unidos, en el que uno que había sido inmigrante y que había conseguido montar un bar propio en un sitio de mala muerte estaba totalmente en contra de que otros tuviesen esa oportunidad de escapar de la pobreza que él sí había tenido, aun pagando un precio muy alto.
Como siempre cuando siento frustración o dolor, me refugio en el enfoque del tiempo, que es cultura, y me entero sorprendida que llevamos siglos traduciendo como invasión lo que fue una forma de vida, y de repente me alelo dándome cuenta de que es verdad, no puede ser una invasión algo que dura ocho siglos, es como ponerte gordo y decir que la obesidad invadió tu cuerpo, quizá simplemente te pusiste gordo, y vives como un gordo y disfrutas o sufres la vida como un gordo.( y ahora que los gordos no me miren raro, es sólo una forma de hablar).
En el sur fuimos árabes como otros fueron celtas, y eso nos dio una música y un color de piel y una tendencia a la alegría pero también a la nostalgia barata, y a la pasión y al exageramiento.
Desde ese punto en el que interpretamos las influencias como extranjerizantes( para entender esto mejor , os recomiendo escuchar a Antonio Manuel, escritor y activista andaluz según su Facebook, en cualquiera de sus entrevistas sobre el tema), es muy fácil negar quienes somos y de qué estamos hechos, y pasearnos por el patio de la intolerancia como si nos hubieran puesto en un huevo de dinosaurio de raza blanca y rompiéramos el cascarón ayer por la tarde.
Creo que actualmente, como le oí decir a un filósofo hace poco, somos una colonia norteamericana y es otra forma de vida, otra invasión podría decirse , y sin embargo no se dice.
Se supone que al tener acceso a la información podríamos haber alcanzado ya un cierto enfoque de las cosas del mundo, después de tantas guerras y tantas mentiras pero qué va, el aborregamiento es hoy más grande que nunca y parece destinado a ser el destino de la especie.
Libertad para Cernuda era estar preso en alguien cuyo nombre no podía oír sin escalofrío, libertad para muchas significa elegir tus propias cargas, libertad es una entelequia, un sueño del que jamás despertaremos, una palabra de libros y de monasterios, de cuartos a donde sólo llega la luz del pensamiento.
Cuanto más vivo menos certezas tengo, salvo que rompemos el guión a cada minuto y como en las historias que nos cuenta la industria de nuestra colonia, expertos como son en retratar libertadores siendo sin embargo esclavistas, sé que a pesar de todo y de todas formas la cosa puede cambiar en cualquier momento.
Como el viento de la tarde puede cambiarte Diciembre por Mayo, y aunque no haya flores de naranjo, tampoco se nota el frío.
Esperar a que vuelva a soplar es una buena opción , y mientras tanto recoger firmas para que Baltasar pueda entrar este años por donde suele, como los futbolistas y los príncipes saudíes, sin destrozarse las palmas con las concertinas, sin que su turbante pierda una sola piedra de esmeralda que como sabéis, son de color verde, como la esperanza.
(Entrada del 30 de Diciembre de 2018, año de la Escarcha y el anís en copa, de la gota y santa Vesícula, bellota feliz por las calles de Sevilla, cuando se vislumbra un cierto empoderamiento del pensamiento propio en habitáculos tan pequeños que no cabría ni el corsé de una avispa).
La foto está hecha en la Alhambra, en Diciembre de 2017.
viernes, 28 de diciembre de 2018
Borrones
Pues señores, si llego a saber que después de hacer la huelga, iba a tener que vivir el trance de ver cómo la ultraderecha entraba en el parlamento andaluz, sí, Andalucía, la tierra de los señoritos y las jornadas eternas para los pobres, Andalucía la que divierte, como decía la copla que con tanto sentimiento cantaba yo de chica, claro que a mí de pequeña había que hacerme más o menos el mismo caso que de grande, porque lo mismo cantaba eso con mucha conciencia de clase que escribía poemas tristes contando las penas negras de la Pantoja( sí, habéis oído bien, pero esto es por la rama apasionada que todo andaluz lleva dentro y que quieras que no, le hace identificarse con las historias de amor con final amargo y en mi defensa diré también que mi madre me animaba en vez de amenazarme con meterme en un internado, que es lo que hubiera hecho yo con mi hija si escribe aquello),y luego cuando escribí algo "serio" y se lo mostré, me dijo que no le gustaba nada y hundió mi carrera literaria para siempre; pues como decía, ya dejando el diván a un lado, de haber sabido que después de enarbolar yo mi bandera de andalucismo orgulloso iba a pasar lo que pasó, lo hubiera dejado para otro momento cósmico.
Desde el día 2 no he podido cerrar la mandíbula, abierta de par en par, y como según me dicen los analistas esto es sólo el principio, puesto que cuando tengamos elecciones generales será el mismo Hitler quien tome el poder, en efecto como ahora lo ostenta Trump I el cabrón de cabrones, tomo la sabia decisión de declarar inoperativa a la especie humana a partir de ahora, sin que esto signifique una rendición en toda regla tampoco, a ver, seamos como siempre he sido yo, fantasiosa e ilusa.
Que por mi trabajo esté ya casi doctorándome en misantropía no quiere decir que mi corazón haya dejado de llorar por los que a diario se ahogan en el estrecho, con lo cual atrapada entre el bien y el mal sé que seguiré eligiendo lo que interpreto como luz.
Que las cosas sean difíciles de gestionar y que el miedo sea nuestra emoción básica (los adultos somos niños que ganan dinero *) no quiere decir en absoluto que tengamos que renunciar a la belleza y a la alegría de estar vivos.
Ahora bien, me retiro a pensar y si me lo permiten mis propias medusas que no musas, porque tengo en el coco muchos malos vientos que me nublan la vista y me hacen danzar sin cerebro como hacen esos animalitos fascinantes, volveré a escribir en el año nuevo, he hecho promesa a la santa Virgen de los Desangelados de sentar mi culo esférico una hora cada día frente a este pc que se muere y parpadea igual que en los viejos tiempos que conocí a todos los lectores de este blog, que eran algunos y muy queridos allá por el 2009 y en los años sucesivos, gentes que todavía vibran en mi corazón , algunos muertos otros vivos pero ausentes (creo que la mayoría por suerte siguen en el planeta ), otros pocos formando parte de mi vida física y real (Sue, Virgi) y algunos más que se intuyen como siluetas de azúcar que se dibujan en el cristal de una confitería a la que ya nadie va a comprar dulces.
No importa, el blog se murió como se muere la libertad en Andalucía , como la dignidad es derrotada a cada paso en esta sociedad de mongolitos, en el sentido que todos sabéis y no para ofender a los dulces seres llamados síndrome de Down, el blog se murió y por no tener no tenía ni tía Vinagre que lo despidiera de esta vida miserable, pero fijaos lo que os digo, oh hermanos; hoy al cruzarme un saludo superficial en Facebook con el gran Julio me ha dicho una cosa, "no podrán con andaluces como tú", y yo que no tengo certificado de origen claro, ni apellido autóctono (bueno uno sí) ni perrito de orgullo de nacimiento que me ladre, por mucho que siga haciendo fotos a la Giralda cuando le da por colgarse a la luna como un pasador de pelo hecho de nácar, yo que no tengo nada de eso sin embargo me he sentido reconfortada, porque como decía el Oz que se ha muerto hoy también, (no el mago, el otro), me toca trabajar por la paz, cada uno debe hacerlo según lo que tenga, y mira, escribir es una buena forma y lo estoy ignorando, porque como miliciana soy muy cobarde y como humana indecisa, así que aunque me agoten los días como espadas que me sacan los higaditos y luego no me queda espacio ni fuerza para nada, una promesa es una promesa y lo que se promete se cumple.
Estoy leyendo un librillo de una serie que se llama "Personajes malditos de la historia", y en estos dos capítulos que abarca( lo saqué de la biblioteca de mi barrio en un rastro) se ocupa de Fouquier Tinville y de César Borgia.
Al Borgia no he llegado, pero Fouquier cuenta con el honor de ser un oscuro personaje miembro del tribunal revolucionario durante la ídem de Francia, que mandó matar lo más grande durante aquellos días negros en que bastaba una delación vecinal para enviar a un paisano a la guillotina (¿Os suena?) y que como él mismo decía, no hacía más que cumplir con su deber.
En toda regla era un buen funcionario, y si estáis pensando que no tenía sentimientos os equivocáis porque el tío tuvo sus debilidades y de hecho salvó a alguna que otra mujer joven y hermosa recién enviudada o a punto de hacerlo, demostró una fidelidad a la causa a prueba de bomba con respecto a los principios de la Revolución y disfrutó de una vida familiar al parecer absolutamente compatible con la matanza diaria e indiscriminada.
Llegó un punto que aquello se fue de madre de tal manera que bastaba un error en el apellido para salvar o condenar a un infeliz, un simple monosílabo era considerado una declaración en el juicio sumarísimo, que por regla general podía durar lo que dura una consulta de médico del sistema sanitario español o quizá menos, y tan surrealista que hasta los propios redactores o impulsores de la Revolución acabaron procesados, porque al igual que en la escalada comunista, la histeria, la cobardía y el sentido del deber deshacían las entrañas de los implicados en un baile absurdo y atronador.
No he tenido más remedio que recordar a mi amado Casavella ("Lo que sé de los vampiros"), que dejó tan pronto este mundo sin contarnos más historias inteligentes, porque bueno, a veces he pensado quizá ése es y de hecho es un libro definitivo, de los que pueden justificar toda una vida.
Resumiendo, la especie humana es bastante estúpida, y gente como yo, con la misma capacidad de estupidez pero más hilachas en el cerebro o corazón o por ahí dentro, o donde sea, sabemos que las herramientas son otras y que es necesario construir refugios en las copas de los árboles, los bellos árboles que buscan la luz y que después de todo, sólo sobreviven pero qué supervivencia tan hermosa.
Podría caer mañana la bomba definitiva pero ellos lo habrán intentado hasta el ultimo día, humildes e inocentes , habrán sido hogares para pájaros, fuente de color y oxígeno, paisaje y vida todo el tiempo que se les concedió.
Eso es lo que quiero hacer de cara al nuevo año, por lo que nuestra señora de los Desangelados se mostrará compasiva con esta humilde anciana ( así llaman a una quincuagenaria en el libro de Fouquier) y le permitirá cada día comerse su trocito de voluntad robada al sueño y al uso impenitente del móvil en la cama.
Puede que a veces consiga escribir bonito, puede que la mayoría no: si no es el blog será en el Word pero una hora cada día, como el ejercicio que me hace falta para saber quién soy.
Hoy descubrí un espacio de librería y café en Sevilla y volví a drogarme con olores y portadas, hay un escritor cuya novela se llama "Los asquerosos" y el rato que esperé cola lo pasé con unas páginas suyas que me atraparon enseguida; no lo compré, no quiero comprar más libros porque no me quedan alforjas para llevarlos, pero quiero seguir leyendo y compartiendo el mundo con toda esa gente deshilachada que piensa y escribe y lee y casi no hace ni ruido.
Pero sí lo hace en realidad; vaya si lo hace y vaya si llena el mundo de otras posibilidades como también los árboles sostienen el cielo aunque nadie lo vea.
Que sean derogadas la desesperanza y la violencia, y que seamos capaces de convertir nuestra estupidez en una forma útil de dolor o sea en arte.
Sin cerebro pero capaces de bailar como las medusas.
Amén.
*"Los amigos de Peter", película, frase.
viernes, 30 de noviembre de 2018
Huelga general
Mi abuelo fue un niño trabajador.
Mi abuela servía en San Lorenzo.
Mi madre canta con público pero sin sueldo.
Mi padre respiró barnices toda su vida.
Mis hermanos y yo trabajamos porque hemos tenido suerte....
Remamos en la dirección que marca el viento a base de responsabilidad y madrugones.
Nadie nos ha regalado nunca nada.
Somos esa Andalucía sin enchufes de la que venimos y que va cambiando su cara poco a poco, de la que se dignifica y se come los chistes con papas aliñás.
No somos feria ni semana santa ni ese absurdo tópico de la siesta y barriga que es la punta del espejo de las caricaturas.
Tengo amigas que trabajan y llegan a la cama con la misma ropa que se pusieron a las seis de la mañana, mujeres que han hecho de todo dentro y fuera de sus casas en jornadas interminables.
Somos esa Andalucía que está acostumbrada a no quejarse y a tirar de un carro de siglos de lucha y servidumbre.
Por esa Andalucía es por la que me levanto y hago huelga y sueño con otros horizontes.
No sé para qué sirve,pero mi corazón me dice que tengo que intentarlo.
Para que el gigante sordo pueda percibir nuestro cansancio, aunque no sea más que un ligero rumor de caracolas.
"Parece que protestan los que no son nadie"- le oí decir esta mañana.
Me despertó la bandera verde y blanca, que quizá nunca pueda llevarse del todo el hambre.
Pero ahí sigue,recortada contra nuestro cielo, que es el de todos.
Le pone nombre a mi esperanza.
Mi abuela servía en San Lorenzo.
Mi madre canta con público pero sin sueldo.
Mi padre respiró barnices toda su vida.
Mis hermanos y yo trabajamos porque hemos tenido suerte....
Remamos en la dirección que marca el viento a base de responsabilidad y madrugones.
Nadie nos ha regalado nunca nada.
Somos esa Andalucía sin enchufes de la que venimos y que va cambiando su cara poco a poco, de la que se dignifica y se come los chistes con papas aliñás.
No somos feria ni semana santa ni ese absurdo tópico de la siesta y barriga que es la punta del espejo de las caricaturas.
Tengo amigas que trabajan y llegan a la cama con la misma ropa que se pusieron a las seis de la mañana, mujeres que han hecho de todo dentro y fuera de sus casas en jornadas interminables.
Somos esa Andalucía que está acostumbrada a no quejarse y a tirar de un carro de siglos de lucha y servidumbre.
Por esa Andalucía es por la que me levanto y hago huelga y sueño con otros horizontes.
No sé para qué sirve,pero mi corazón me dice que tengo que intentarlo.
Para que el gigante sordo pueda percibir nuestro cansancio, aunque no sea más que un ligero rumor de caracolas.
"Parece que protestan los que no son nadie"- le oí decir esta mañana.
Me despertó la bandera verde y blanca, que quizá nunca pueda llevarse del todo el hambre.
Pero ahí sigue,recortada contra nuestro cielo, que es el de todos.
Le pone nombre a mi esperanza.
lunes, 19 de noviembre de 2018
Copio y pego
A veces tengo ganas, y casi siempre ninguna.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.
De vivir como una alondra cortando los azules,sin pensar en el mañana que se acorta.
A veces tengo ganas, y no sucede mucho,de subir al Teide caminando,para sentir su corazón ardiente de Dios embravecido, mientras le llevo recuerdos del río de Sevilla, y al mismo tiempo abrazo a todo lo que existe.
Pero sólo las ganas nunca serán los hechos, porque habrán de llegar más lunes y más miércoles, y viernes engañosos, y la casa familiar se irá a la mierda,y volverá la rueda de las obligaciones,y pasarán los días en que se tienen ganas,y será el punto y final una triste diadema.
domingo, 18 de noviembre de 2018
Ya no me gusta pintarme los labios
Me pongo a escribir y no hay manera.
En la tele están poniendo un documental interesantísimo sobre halcones en la ciudad,
En Bombay viven más de 20 millones de personas,
Rumio sobre esa extraña capacidad del ser humano de sentirse parte de un todo, y empiezo a entender hasta la crueldad que nos define como especie.
Creo que como dice Tolle,es posible tener momentos de conciencia en los que uno sabe que siempre ha estado ahí y que siempre estará, por encima del número de carnet de identidad, estado civil o historias personales.
A mí me gusta mucho el café, y me cuesta pensar en que un día ya no será parte de mi experiencia.
Eso sí.
También tengo ganas de escribir como cuando te pica un mosquito, has dormido lo suficiente y sientes que tienes ganas de contar cosas, cosas como vidas de gente que no quiere molestar, que desea pasar desapercibida, mientras que otros carecen por completo de empatía o dignidad.
En la tele ahora un enorme siluro nos recuerda la evidencia de que las formas de vida escapan a cualquier limitación.
Me hace pensar en los sapos odiosos de los cuentos de Andersen que se casaban con hermosas golondrinas, o no era así, en cualquier caso en este mundo también odiosos adultos manosean la carne inocente con sus sucias zarpas, y si arderán en algún infierno, para la víctima no cambia nada.
Me pongo a escribir, porque estoy soñando con una mujer privada de vista y sobrante de apetencias, y quisiera dejarla escrita como si fuera un beso sobre la sábana santa.
Hay ganas de subir alguna montaña, de paladear algún plato nuevo, de implantarme pestañas, de combatir el efecto de cruzar umbrales para los que nos dieron instrucciones erróneas, de felicitar amigos de Facebook, de escuchar flamenco volviendo a los orígenes, hay ganas de vivir, después de todo.
Llueve y enciendo el pc nuevo,(en mi cabeza resuena el pedante lap top,) y me doy permiso para dar rienda suelta a la imaginación, para cometer errores, para hacer algo que me guste a mi.
Me levanté con ganas, pero con este panorama de domingo de noviembre, con monos de la India en la tele, la lluvia cayendo incesante y un resfriado que avanza lentamente, no sé yo, así no hay manera.
Ah, lo que no he dicho es que ya no me gusta pintarme los labios.
En la tele están poniendo un documental interesantísimo sobre halcones en la ciudad,
En Bombay viven más de 20 millones de personas,
Rumio sobre esa extraña capacidad del ser humano de sentirse parte de un todo, y empiezo a entender hasta la crueldad que nos define como especie.
Creo que como dice Tolle,es posible tener momentos de conciencia en los que uno sabe que siempre ha estado ahí y que siempre estará, por encima del número de carnet de identidad, estado civil o historias personales.
A mí me gusta mucho el café, y me cuesta pensar en que un día ya no será parte de mi experiencia.
Eso sí.
También tengo ganas de escribir como cuando te pica un mosquito, has dormido lo suficiente y sientes que tienes ganas de contar cosas, cosas como vidas de gente que no quiere molestar, que desea pasar desapercibida, mientras que otros carecen por completo de empatía o dignidad.
En la tele ahora un enorme siluro nos recuerda la evidencia de que las formas de vida escapan a cualquier limitación.
Me hace pensar en los sapos odiosos de los cuentos de Andersen que se casaban con hermosas golondrinas, o no era así, en cualquier caso en este mundo también odiosos adultos manosean la carne inocente con sus sucias zarpas, y si arderán en algún infierno, para la víctima no cambia nada.
Me pongo a escribir, porque estoy soñando con una mujer privada de vista y sobrante de apetencias, y quisiera dejarla escrita como si fuera un beso sobre la sábana santa.
Hay ganas de subir alguna montaña, de paladear algún plato nuevo, de implantarme pestañas, de combatir el efecto de cruzar umbrales para los que nos dieron instrucciones erróneas, de felicitar amigos de Facebook, de escuchar flamenco volviendo a los orígenes, hay ganas de vivir, después de todo.
Llueve y enciendo el pc nuevo,(en mi cabeza resuena el pedante lap top,) y me doy permiso para dar rienda suelta a la imaginación, para cometer errores, para hacer algo que me guste a mi.
Me levanté con ganas, pero con este panorama de domingo de noviembre, con monos de la India en la tele, la lluvia cayendo incesante y un resfriado que avanza lentamente, no sé yo, así no hay manera.
Ah, lo que no he dicho es que ya no me gusta pintarme los labios.
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