sábado, 8 de septiembre de 2012

Me perdono







Esta mañana,mientras pelaba unas gambas para el arroz,pensaba en las muchas cosas que he aprendido sobre mí en los últimos años;la claridad meridiana con la que he asimilado la razón de todos mis fracasos,o de algunos al menos,por haber maltratado el inmenso ramo de posibilidades que solemos tener al principio de la existencia,cuando todas las cosas,relaciones y experiencias están por estrenar.

Las cosas que pude hacer con mi instinto, las posibles mujeres que pude ser y que sin embargo murieron entre mis depresiones y acojones,como todas las capacidades perdidas en el regazo de la atroz cobardía.

Pero no era una sensación de lamento la que me acompañaba al pensarlo,sino más bien un sentimiento de conformidad.

Partiendo de la base de que,aun con esos pensamientos Alicia sobre los que filosofaba Sue el otro día en su blog,mi esqueleto ideológico esencial es bueno,en sentido machadiano,tampoco me voy a quejar,ya no se me ocurre.

En el pasado hice lo que pude teniendo en cuenta la información que tenía,la educación recibida,los mapas heredados y todo lo que a lo largo de mi camino he ido poniendo en duda,desmontando cada uno de mis días con la precisión de los paranoicos y volviéndolos a montar a la siguiente jornada;y no sólo eso,sino que decidí que me perdonaría.

Sí,me perdono a mí misma el daño que me hice,las horas arrancadas al sueño,las lágrimas inútiles,las búsquedas sin sentido,el protagonismo que puse (y que pongo todavía,según los instantes)en manos de los demás,cuando necesito que aprueben todo lo que hago o pienso;

me perdono por clamar ante la falta de alma,la burricada constante en la que vivimos en este sistema intolerante y oprimido,(hay quien todavía piensa que la opresión sólo procede de las tiranías políticas,como si el machismo ,la xenofobia,la homofobia,la violencia verbal y el catetismo barbárico no fueran una forma insoportable de falta de libertad);

también me perdono por creerme moñas sólo por tener corazón,me perdono por la necesidad que tengo a veces de escupir rabias e injusticias,me perdono por haber amado y por haber odiado,me perdono por haberme creído todo lo que me contaban,empezando por los curas y acabando por aquel amor mentiroso que me volvió fea e inapropiada;me perdono por haberme atrevido a bajar hasta los infiernos de mi propia y asquerosa honestidad;me perdono por no ser perfecta en un mundo de pensamiento uniformado donde las revoluciones se hacen virtualmente mientras fuera el rebaño sigue pastando;no arden los ministerios ni los bancos,arden los bosques,y yo me perdono por no entenderlo.

Pero me perdono también porque sé que las noches de insomnio seguirán,puesto que no soy un Buda y el vaso de agua mantiene su capacidad de ahogarme;aunque también me perdono por seguir manteniendo la esperanza;por inventar palabras y hacer mala poesía y por desear escribir en renglones japoneses siendo tan sólo una sevillana que abandonó filología en primer curso por un desengaño amoroso.


Me perdono por ser básica y pequeña;por comer demasiado;por usar la cerveza como ansiolítico;por marujear en el sofá y por pretender la libertad de pensamiento;por la soberbia de querer a veces escandalizar a los otros contando cosas de mi vida,algunas inventadas,por ese deseo de sacudir el árbol de bellotas a ver si al caer se convierten en iluminados como yo;me perdono por haber tapado los espejos de mis ojos con sabanitas de dolor y penuria.


Que sí.

Hoy me perdono.


(La foto es mi versión del Ecce Homo).

16 comentarios:

virgi dijo...

Olvídate del perdón, mi niña, es una patraña judeo cristiana para andar siempre con complejos de culpa.
Te llamo otra vez.
Besitos

Maria almeyda dijo...

joder, chica. me he quedado sin aliento. Yo no te perdono que escribas tan bien como lo haces. ¿Cómo lo haces, por cierto? Ha sido una lectura que en ocasiones me ha dolido por su sincera crueldad en la que me veo reflejada aunque no sea el mismo espejo. Voy a ver si yo también me perdono mientras me lavo la boca antes de acostarme. Un beso.

Salvador Navarro dijo...

De la misma forma que te perdonas por los supuestos (y confirmados) malos pasos dados, tendrás que felicitarte por los evidentes grandes valores humanos que posees

Genín dijo...

Claro niña, haces muy bien en perdonarte, si no lo haces tu, no pretenderás ir a un cura extraño para que el lo haga ¿No?
Además, tendrias que hacer verdaderos pecados para ofrecerlos y que contaran con cierta importancia para ser merecedores de perdón...
Anda, anda, mejor es que te consueles, o mejor, disfrutes de una o mejor aun, varias Cruzcampo heladas...
Besos y salud

Eastriver dijo...

En la vida, para acabar siendo un poco feliz es fundamental perdonarse a uno mismo y perdonar a los padres. O quizá mejor decir, no hacerlos responsables de nuestras propias limitaciones, aunque alguna culpa pudieran tener. Nadie es perfecto, ni yo, ni tú, ni mis padres. No creo en la perfección; prefiero creer en las buenas intenciones. En eso sí creo, afortunadamente, aunque también creo en las malas, pero eso no me interesa.

Y otra cosa que para mí es fundamental en esto de la felicidad... o del intento de la misma. Como resulta que no somos simples, lo cual tampoco significa que seamos listos, nos resulta muy difícil autoengañarnos. Yo salvo el escollo con la autocrítica. Necesito ejercitarla. Me ayuda a verlo todo, todo, desde una cierta distancia. Y eso me reconcilia incluso con las personas más alejadas ideológicamente de mí. No a los cinco minutos, claro, pero sí con el tiempo.

Una cosa te pido, a mí que también me atrae lo de escandalizar a veces, o que otros escandalicen por mí (supongo que es un grito para decir, vale, chicos, enteraros todos, no soy imbécil y he vivido): escandalízanos siempre que lo desees. Y deséalo mucho. O no, que no vamos a ponernos con exigencias, que queda muy feo.

(¿No te has planteado acabar filología? Venga, anímate, yo estoy por empezar Historia del arte en la Uned... es cómodo y barato, y estudiar nos mantiene activos)

Eastriver dijo...

Un apunte, ahora que releo... Para mí escandalizar no implica ofender. Bueno, la ofensa está en quien escucha. Si yo digo una imprecación antirreligiosa para mí no es exactamente una ofensa: es un grito que tengo derecho a dar, y si alguien no quiere escucharlo que no frecuente mi casa. De todas formas este tipo de ofensa, si bien lícita, la encuentro un poco gratuita, pues no va muy lejos.

La que me ofende de verdad es la voluntad de escandalizar metiéndose con alguien de carne y hueso, y que no tiene ningún poder para callarte. Eso sí que me ofende de veras. Meterme contigo, o con tu vecina, o con mi vecina. Para mí eso no es escandalizar a nadie: eso es llanamente faltar a alguien que tiene tus mismas estructuras. ¿Meterse con alguien? Tengamos huevos a meternos con quienes nos joden la vida. Con esos sí, contra esos siempre. Eso es escandalizar, porque ahí escandalizas a los bien pensantes, no te limitas a reírte de alguien, que para mí es algo totalmente diferente.

Francisco Espada dijo...

Un abrazo y un beso desde Moscú.

Emilio Manuel dijo...

La religión cristiana ha conseguido inculcar a toda una generación, la culpa y sus posteriores consecuencia, hay que desterrarla.

Un abrazo.

añil dijo...

Yo hoy te doy las gracias de corazón por este retrato que bien podría ser mio, por ese perdón que intento concederme cada dos por tres y porque me has ayudado en una decisión que anda rondando en mi cabeza en los últimos días.

Besos

iris dijo...

¡La de cosas que se pueden pensar pelando gambas para el arroz!, me gusta que te perdones ...cada dia eres más sabia. Muchos besos y un achuchón desde Málaga

mariajesusparadela dijo...

Si lo que necesitabas era perdonarte, a mi me vale.
Pero a mi me encantaría que en vez de perdonarte, te reconciliaras contigo misma y empezaras a quererte de verdad.

Nieves dijo...

Uh... que de perdones, dios...
Bueno ya que te has perdonado,te quedas tan pancha y a seguir disfrutando!

Me encanta tu versión Ecce homo :)

Un beso grande

Tracy dijo...

La foto es genial.
Respecto a tu perdón, no tienes por qué, nunca se tiene por qué, es el devenir de la vida, pero si te apetece pedirte perdón: adelante.

Elysa dijo...

No sé, supongo que está bien y que es necesario, pero ¿sabes qué? creo que descubrirás que todo eso forma parte de lo que somos y de la vida.
Es bueno de todas maneras perdonarse.

Besitos

Sue dijo...

No hay perdón porque no hay culpa, como dice Virgi. Yo también me culpo por muchas cosas porque tengo metidas esas puñeteras concepciones judeo cristianas en mi cabeza, pero son tan falsas como los fantasmas que nos inventamos para no alcanzar la felicidad verdadera (que sí existe y está dentro de nosotros).

Bonito texto. Me alegra que hayas arrancado a escribir de nuevo por aquí.

Bsos.

NáN dijo...

Pues yo, porque me conozco, no me perdono. Pero convivo tan ricamente con mi no-perdón.

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