domingo, 19 de enero de 2014

Ayer vi nevar

Sí,ayer fue cuando tuvimos que volvernos en la carretera hacia Pradollano por una amenazadora nevada.

Me dio tiempo a ver cómo es eso de nevar,por primera vez en mi vida;tengo la imagen de mi hermano grabada en la cabeza,delante de mí, a su espalda cayendo lasquitas blancas embarcadas en un viaje muy propio,algo así como algodón o plumas,algo que pesa poco pero tiene su propio cuerpo.

Raro y hermoso;aunque luego tuviera que coger la cámara como un japonés diarreico para subir al coche con las alarmas encendidas.

Al parecer que nieve mucho no es bueno cuando quieres ir a Sierra Nevada,qué paradoja;porque entonces hacen falta cadenas para llegar y los riesgos se multiplican.

Fuimos dos niñas pataleadoras,con la cabeza humeante en esos riscos nevados a los que no podríamos subir,y con el caramelo a medio degustar bajamos a Granada.

A lo tonto pasa la vida,y hace la tontá de envejecernos;

veintidós añitos hace que paseé mi cuerpo por la misma Granada que ayer espolvoreó de nubes grises la tarde,quizá en aquel tiempo no se vendían paraguas en las esquinas,pero el Darro sigue allí,murmurando escondido debajo de un puente:y las teterías y ese aire como triste que para eso hay un paseo así llamado,en plural,paseo de los Tristes,triste por cualquier causa o modo o simplemente por la romántica caducidad de nuestros sueños.

Estuve en Granada en 1992,en un seminario de radio de una semana de duración,allí fue donde gracias a una amiga ya perdida que era muy sabia y escribía muy bien (cuántas veces habré encontrado este tipo de mujeres que me ayudan) mi voz se dejó oír por vez primera aunque no llegara a ningún lao después,aunque la cosecha inmediata fue buena,algunos amigos hice.

Un amanecer al que llegamos en taxi,D.,una chica llamada María y yo,eso lo recuerdo bien,y mi pelo largo (y lo buena que sabía que yo estaba aunque eso me diera tanta vergüenza) y las charlas que suele tener la gente joven ya quiera filosofar o follar,que en eso no hemos cambiado nada,aunque siendo como era me comía menos roscos que los Roper;

buscaba lo utópico,lo mejor,lo que significara algo más,y me sobreponía continuamente al chasco de nuestra simpleza,lo poco que le cuesta a la gente emparejarse o estudiar una carrera,por ejemplo.

Mi novio que había quedado en Sevilla era mejor opción porque estaba loco por mí aunque no lo supiera,aunque se fuera a Grecia con su hermano pintor,cómo dolía,podría haberme tragado mi propio corazón de pura angustia,pero me seguía llamando a pesar de mi lección granadina, de mi distancia,y mi corazón bailaba otra vez más tonto que loco sabiendo que tenía un único dueño.

Un amor de ésos de sufrir,de ahora sí,ahora no y al final se te cae el pelo.

No teníamos móviles (yo al menos llamaba a casa desde las cabinas) ni facebook ni tuiter ni podía imaginar que un día tendría una hija,(en mi nebulosa ciertas cosas ni se contemplaban),pasábamos la mitad de las madrugadas en los bares y bebíamos muchísimo café.

Yo sé que esperaba,esperé como luego toda mi vida,abrirme como un pañuelo o un abanico,beber la vida como una naranja estrujada entre los dedos,y sé que esa gran avalancha de bendiciones no llegó nunca.

Llegaron en cambio la supervivencia y el abandono,trabajos de oficina,amor desesperado que abracé con ansia,maltratos dialécticos,historias de poca valentía y mucho tufo a folletín que me entregaba a mí misma voceándome en el pecho.

Pero así debió ser,supongo;

aquella semana en Granada del año 92 fue pura magia,un chico de Padul me dijo cosas admirables que ya hemos olvidado,me planteé mudanzas,alternativas,pétalos de margarita pura y loca.

A ningún lado fui;

volví a casa a seguir amando como un personaje de Bécquer,enamorada de un muerto,viviendo en una lápida,de luto perpetuo por mí,joven y hermosa con tendencia al llanto,a lo "verdadero".

Tecleé la máquina de escribir mi vida como si no fuera conmigo,hasta que estos veintidós años han terminado por aclararlo todo.
O casi todo.

Ayer decía mi hermano,que es un personaje salido casi del mismo centro de la tierra,(y no sé por qué lo dijo ni a qué venía),que los humanos que por allí pasamos nos vamos muriendo y el río y los muros quedan.

Es una obviedad pero también una pedrada en plena frente;

casi lo mismo que esa especie de nostalgia que deja el amor que una vez creímos importante.

Lo que nos quitaba el sueño ya no vale nada al lado de una tarde cualquiera en la que los árboles se abrazan presos de la humedad y los recuerdos.

Y una,ya sin colágeno en la carita y el pelo corto de mujer madura, siente que aún quisiera aprender tanto;experimentar cosas sencillas y eternas;como volver a ver nevar,por ejemplo.



10 comentarios:

Genín dijo...

Recuerdos de una bella mujer de cuando era casi una niña, con un presente de escribir como los ángeles...
Hace mucho que yo tampoco veo nevar, pero tampoco lo añoro...
Besos y salud

Emilio Manuel dijo...

Caminando por esa Acera de Darro teniendo encima de tu cabeza la Alhambra, da para rememorar tiempos pasados, como hacemos los granadinos, recordamos aquellos tiempos que fueron mejores como ciudad.

Un abrazo.

Nieves dijo...

Me has recordado a los primeros viajes que hice cuando mis amigos consiguieron el carnet de conducir, nos íbamos tan lejos como la gasolina nos diera y mas de una vez tuvimos que enfrentarnos a lluvias torrenciales y pueblos casi fantasmas, :)

Me das envidia Reyes, por supuesto de la sana porque yo nunca he visto nevar, la única nieve que he visto es la que sale en la película Doctor Zhivago y en alguna que otra...
Me alegro mucho de poder compartir estos momentos, ahora que lo recuerdo.... La Alhambra, que maravilla... yo la recorrí con mi amigo Javi, fue una experiencia de ensueño, pese a los años pasados aún cierro los ojos y me veo entre sus muros.

Ay cuantos recuerdos me has regalado hoy. MIL BESOS !!!

mariajesusparadela dijo...

A mis veinte años (por acercarme a la edad que tu, en ti, recuerdas) iba yo a esquiar a Navacerrada y, tontamente, a ligar a "La Venta Arias". Que supongo que a esttas alturas ni siquiera existe.
Y era perfecta, la nieve. Y deslizarse. Aun con aquellas botas que pesaban diez quilos cada una...
Tempus fugit.
Y como dijo tu hermano (y Juan Ramón Jimenez ), nos iremos y seguirán los pájaros cantando y los puentes soportarán las pisadas de otros.

Salvador Navarro dijo...

Es hermoso cómo nos cuentas tu juventud de tal forma que todos conseguimos ver la nuestra, y de ese modo comprender que todos somos muy parecidos y que habría días, Reyes, en que daríamos cualquier cosa por ver de nuevo caer la nieve por vez primera.

Isabel dijo...

¡Y tanto que vas a experimentar! Cada etapa tiene su por qué y de todas se aprende algo.
Pero sobre todo tú tienes una ventaja: que lo puedes contar muy bien y eso a nuestros hijos también le sirve. Me alegro de tu vuelta a la nieve. Es una gozada.

Besazo, Reyes.

Larisa dijo...

Todos los personajes de Bécquer son una pandilla de cobardes. No te pega nada. He quedado con Alfredo por fin y me acordé de ti. Muak.

añil dijo...

Qué placer leerte y si hablas de mi graná, aumentado.

Besos

Sue dijo...

¿Sabes a qué me recordó este texto tuyo? a una frasecita linda de Neorrabioso que vi escrita en un muro por ahí: "La revolución no les gusta porque no se peina".
Tu texto es lindo y está despeinado, como a mi me gustan.
Luego ya, si eso, te cuento si me acuerdo lo de mis viajes a Granada, un par de ellos no más, pero luego ya si eso.

Besos y miel.

virgi dijo...

Te imagino llena de vida y de palabras. Dos cosas básicas que sigues teniendo y cultivando, eso ya es un lujo, aunque no veas nevar (que para mí es otro lujo).Te leía y me hipnotizaste, que lo sepas.
Besitos

Mamá

Mamá es una desconocida que deambula por la casa, quitando el polvo , vaciando las cestas de la ropa sucia y de vez en cuando quejándose ...