domingo, 11 de marzo de 2018

Desde el sillón

Hoy me levanto con dolor de huesos, oyendo un texto audiodescrito de Deepak  Chopra, y pienso en cosas nuevas, lo cual ya es mucho porque llevo toda la semana haciendo las tareas de burro de noria que se me pueden presuponer. En el cómputo de los días tacharemos uno solo en el que conseguí ponerle fantasía y buen humor a la realidad (trabajar las horas pertinentes con música de sevillanas a todo trapo mientras intentas explicar productos y servicios se ha catalogado ya como tortura, apropiada incluso para ser aplicada en sitios como Guantánamo), otro día en el que me preocupé porque vi enferma a una señora que suele ser una pelmaza (no tenía fuerzas ni para sacar la factura del bolso y tuve que dejarle paso al de atrás mientras ella buscaba ,lo más mosqueante suele ser siempre que no ocurra lo que esperas, en este caso es mosqueante el silencio de alguien que por regla general suele ser parlanchín a tope),oh el silencio, la antesala de la muerte, y quizá podría añadir este día en el que me levanto pensando en cómo el calcio viaja por los huesos (si algún improbable lector está necesitado de divagar como servidora , puede asomarse a las teorías de Chopra, en You Tube hay un montón) y realmente muerta en vida, en mi vida, en el reflejo que creé para mí.
Hay una cosa en la que creo totalmente, y es en el SER.
Ninguno de nosotros puede negar que se ha sentido siempre el mismo, la misma, a un nivel interior y profundo, sea niño o adolescente o viejo en potencia, aunque el espejo nos hable de arrugas y la espalda de chepas y las piernas de varices, aunque la sociedad te empuje a ponerte en la palestra y colgarte una etiqueta según los años que tengas, en el fondo una persona no se siente distinta , por mucho que el cuerpo cambie para bien o para mal,  si uno se mira al espejo y es capaz de dirigirse al que habita ahí dentro sabrá que no le afectan las diferentes capas porque siempre está el mismo, la misma, la que sostiene la vela mientras dure.
Recuerdo a mi abuela en el geriátrico de Heliópolis, hablándome de las viejas que allí estaban, como si ella no tuviera ochenta años, y la entiendo perfectamente.
Entonces sé que el ser que somos es algo en lo que se puede confiar, no es inmutable porque es como la luna que rige las mareas, está sujeto a los vientos y a los cambios de estación , pero está ahí sin que sepamos por qué, la identidad es ésta de ahora pero podría ser cualquier otra porque se funde con el todo, es así desde antes de nuestro nacimiento.
Cae la lluvia con ganas otra vez, con muchas más ganas de las que yo tengo de vivir mi vida, quedándome como me quedo a un nivel superficial de horarios, obligaciones y tareas, pero la diferencia es que hoy, desde el sillón, decido no olvidar a mi ser.
Puede ser que al igual que a trancas y barrancas he completado una inicial formación en mindfulness siga por ese camino para darle de beber al espíritu, que se muere cada lunes por la mañana o dando el concierto de las estupideces semanales, o puede ser que me apunte  a un curso de narrativa para hacer encaje de bolillos con las palabras como otras mujeres hacen labores, porque ésa es la mía y no tengo otra, o puede ser que me quede aquí el resto del día mirando caer la lluvia, que hace temblar las hojas verdes de las macetas.
Cambiaré una vez más, escribiré, me seré fiel, pero no renunciaré al mundo porque soy tan odiosamente humana que me resbalo en el barro una y otra vez hasta el punto de cabrearme por cosas del trabajo, participar en debates sobre feminismo en muros de Facebook (esto sí que es tonto, cuando quieres alumbrar a otros callos con tu propio callo iluminado, pero es que se me llevan los diablos con la incomprensión incluso después de una manifestación como la del 8M, que siga habiendo tantas piedras contra el tejado propio , tantos lugares comunes y a mi juicio de retrasito mental y humano), pero en cada caída me levantaré, me quitaré la mierda como pueda y seguiré buscando la luz en mi camino.
Hay tanta gente que no ve, que yo que intuyo que veo (seguramente tampoco veo un pimiento) tomaré esa oportunidad con las manos y el corazón, aunque sea para transformar mi mundo, la manera en la que percibo las ofensas, para darle la vuelta a lo que soy y tratar de ser un poco más feliz.
Escribir, amar, soportar, resistir, enfadarme cuando el viento se me lleve, caer en esta molicie y abandono, dormir, resistir, rehacerme, dejar ser lo que los otros son aunque me haya cagado en sus mulas con el pensamiento( porque me puede el carácter), claro,pero aun así  ser una buena versión de mí mientras dure esta vida.
Todo es posible y maravilloso...aunque de momento, hay que decirlo, estoy escribiendo desde el sillón.
Y los sillones suelen ser fallidos puntos de partida.

1 comentario:

Genín dijo...

Pues tu lo dices claro y diáfano:
"Escribir, amar, soportar, resistir, enfadarme cuando el viento se me lleve, caer en esta molicie y abandono, dormir, resistir, rehacerme, dejar ser lo que los otros son aunque me haya cagado en sus mulas con el pensamiento( porque me puede el carácter), claro,pero aun así ser una buena versión de mí mientras dure esta vida.
Todo es posible y maravilloso..."
Mas o menos, así es como andamos todos por la vida, ésta es así...
Yo estoy acojonado con el viento que hace aquí en estos momentos, mis placas solares no se si aguantarán sin salir volando, están dando unos bandazos, como nunca antes, lo cual representaría mi ruina total, no creo que lo cubra el seguro... :(
Besos y salud

Huelga general

Mi abuelo fue un niño trabajador. Mi abuela servía en San Lorenzo. Mi madre canta con público pero sin sueldo. Mi padre respiró barnices ...