No llego y nunca voy a llegar.
A vivir sin quejarme, a escribir un verso cada día, a acostumbrarme a los cambios que son constelaciones de dolores, a estrenar vestidos nuevos con estrellas como la capa de Merlín, a aceptar lo que veo y oigo cada día.
No llego y nunca voy a llegar, a darme cuenta de que incluso cuando lleguen los grandes momentos de la vida , cuando los padres son viejos y el viento se lleva tus recuerdos de familia, incluso en esos momentos seremos demasiado jóvenes, aprendices todavía.
Cómo se ríe por dentro el joven, la joven, cuando ve a sus parientes cuarentones, cincuentones y más tones lidiar todavía con cuitas que le parecen grotescas y se dice a sí mismo, a sí misma, qué pueriles estos viejos, qué poco han avanzado, pero llega un día en que la joven, el joven, se abre el pelo y descubre demasiadas canas y resulta que él, ella, tampoco avanzó tanto porque sigue sufriendo en el trabajo, discutiendo con su madre y esperando peras de los olmos de los días.
Y cae la lluvia como si nada sobre el patio, porque realmente nada ocurre.
viernes, 9 de marzo de 2018
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Despedida
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4 comentarios:
Disfruto leyéndote.
Peor todavía, llega el dia de los calvos... :)
Besos y salud
Como la vida misma, pero con más encanto porque lo cuentas tú.
Besos.
gracias Tracy gracias Isabel gracias Genín feliz domingo de lluvia a los tres y besos
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