sábado, 6 de abril de 2013

Algunas veces

Algunas veces me gustaría que tú y yo fuéramos lo mismo ,pero no lo somos.

Cómo explicarte que la carne y la sangre que me envuelven se alimentan de la fantasía y la intuición,si éste es un mundo de marquesinas de autobuses y estadística ,cuchillos que cortan los corazones en láminas al peso para llevar en bolsas de plástico.
Hace mil años me dijo un tal Luigi que le gente se deja el corazón en casa,dentro de un cajón,antes de salir al mundo a estudiar o a cenar o a trabajar o a lo que sea, y sólo por eso me enamoré de él ,aunque jamás volví a verlo.

Hubo después otras noches en las que arrinconada contra la barra de un bar,la espalda aún ignorante de su propio peso,las pestañas mojadas por la ilusión de la vida,alguien me susurraba palabras falsas que hablaban de amor,palabras que perseguían su propio reflejo como yo el mío de estar viva,de querer ser la mejor parte de mí,la que es capaz de esperar siempre lo mejor del azul del mar,de las tres de la tarde,de las noches de invierno,de las fiestas de primavera y del grupo humano que departe bajo un limonero,unido por lazos de amistad imperecedera y años de vivencias comunes.

Demasiadas veces sin embargo me siento huérfana, sé que no tengo país,sobre todo cuando no puedo arrastrarte a bailar conmigo por simple capricho,cuando no te arrojas en brazos de mi juego porque contraviene tus reglas,y entonces sé que tú y yo no somos lo mismo;al igual que los practicantes de las verdaderas religiones,que como se sabe son al menos dos o tres,siento pena por todas aquellas cosas que te perderás,como esa otra gente se preocupa por las almas que no se salvarán.

Me apena que seamos una gran oleada gris que manotea para simplemente sobrevivir,que las nubes no nos cojan por sorpresa,que no creas en mi torpe ciencia de quiromante manca,que no eches de menos mis besos que con el tiempo serán sólo carne de calendario,que todo mi amor loco se haya ido por el desagüe de las cosas razonables.

Algunas veces,mi amor,sé que estoy loca,y que esta locura es una sábana blanca puesta a secar bajo un sol de justicia.

Nada que tú puedas valorar,nada que merezca la pena en este mundo que atraviesan los mapas y meridianos como venas de plástico inventadas por científicos de la Nasa,los mismos que dictan titulares de prensa y percentiles,los mismos que nos dicen cuándo hemos vivido demasiado y determinan nuestra edad media y fecha de la muerte,aquéllos que escriben las reglas del juego en largas tablas que ya no son de piedra,sino de humo.

Algunas veces,amor,estoy tan cansada,que siento que una tarde encontrarás mi corazón vacío como el envase de un yogur tirado en la basura.
O tan seco como el florero de un mago jubilado.

O tan escondido e indiferente como el de cualquier persona que vaga por el ancho mundo normal de las normales cosas.



7 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Escondido, indiferente y metido en un cajón.

Maripaz dijo...

Un bonito relato como siempre. Me has hecho reír con lo del yogurt..

Genín dijo...

No, no se puede amar y tener el corazón hueco y seco, y si nos aman, tampoco...
Besos y salud

añil dijo...

Sentir el corazón es lo que nos da la vida, aunque no siempre lo que se siente sea agradable.

Un beso

Nieves dijo...

Pues yo siempre lo llevo puesto... Ahora lo entiendo todo!!!

jejeje Un besote guapa!! :D

Karibel Pérez Villalba dijo...

La idea es, cuando menos, bonita:
"...cuando no te arrojas en brazos de mi juego porque contraviene tus reglas,y entonces sé que tú y yo no somos lo mismo..."

Lo vital será que entienda (yo, al menos...) que eso no significa que el juego sea una tontería, ...que no hay equivocados.

Un abrazo

virgi dijo...

Tantas cosas que dices que tods firmaríamos.
Besitos, tesoro
(pero ya no me visitas, joder!)

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