domingo, 17 de marzo de 2013

El viejo mundo

Hoy he estado en una casa romana de mentirijillas;hemos entrado en el triclinium con el pie derecho y hemos visto cómo era la cocina, pequeña y poco ventilada,en la que lo mismo se hacía pis que dormían los esclavos más desafortunados;me he enterado de que Itálica no era una ciudad romana normal,sino una especie de Marbella de los buenos tiempos;próspera y lujosa,donde vivían familias influyentes.
El proyecto Cotidiana Vitae,que funciona de momento con éxito en Santiponce,nos ha transportado dos mil años atrás y después de oír todo lo que el guía nos contaba,sobre costumbres,miedos,pequeños altares domésticos y maniobras de distracción de la plebe,sólo se me ocurre lo mismo de siempre.
Varias veces he estado contemplando el mosaico de teselas de la casa de los Pájaros,en las mismas ruinas;mirándolas de pequeña comprendí lo mismo que comprendo hoy,imaginando los afanes de cada día de cada vida.
No hay nada nuevo bajo el sol,y muy poco podemos inventar.
Ser hijos de Roma a este lado del mundo ya nos hizo supersticiosos,perversos o intrigantes;nos volvió sofisticados,miserables o poetas;nos hizo creer que estar vivo es lo más importante,aunque tengamos la manía de convertirnos en polvo.
Después se ha nublado,la tarde se ha convertido en un tapiz verde y húmedo;viendo llover destrás de los cristales he tenido en la boca el sabor de lo que parece eterno,como las conversaciones desenfadadas entre gente que piensa que es feliz o que intenta serlo.Bebemos y comemos como los romanos,siguiendo las etiquetas de nuestro tiempo como lo mejor conocido,lo único que tenemos entre las manos.
Los romanos hacían rituales de desagravio a sus ancestros cuando sus espíritus los importunaban,como los japoneses y los indios amazónicos;nosotros estiramos los domingos como una alfombra tratando de esquivar la sensación de tránsito.
De verdad que hay momentos que veo muy claro que todos somos lo mismo.
Y luego dicen que se acaba el mundo.

4 comentarios:

Francisco Espada dijo...

Yo estuve en Itálica la pasada semana. La verdad es que es admirable el sentido urbanístico de tantos años atrás.

Besos

Genín dijo...

Hace a tira que no voy a Italica...
Y ahora me has puesto a pensar...
¿Serian obesos los romanos?
No creo, comían con dieta mediterránea, supongo, ¿No?
Pues por falta de comilonas no seria...
Encima inventaron la bulimia...
¿Y la anorexia?
Creo que mañana empieza la Primavera...jajaja
Besos y salud

Isabel Barceló Chico dijo...

Me hace feliz saber que siquiera por unos momentos en estado en Itálica contigo, en esa cocina estrecha y puede que en algún momento maloliente, donde tanta vida y tantas vidas han debido transcurrir. También yo siento a veces cierta melancolía, una sensación de haber perdido algo que en realidad nunca conocí. O quizá sí conocí. Quién sabe de qué estamos hechos. Si somos energía y la energía no se destruye, quizá algún átomo que hoy reside en tu talón estuvo antes en una de las teselas de ese mosaico que te gustaba de niña y en el que, de algún modo, te veías. Haber sido pájaro, siquiera un pedazín de pájaro inmóvil en el pasado... Ahora esa tesela ha adquirido movilidad en tus pies, quién sabe si dentro de cien años volará. Volarás. Uno de los dones (si puede llamarse así) que más valoro es la memoria. Ella sí que nos hace ser.
Coincido contigo en que pocos han sido los cambios experimentados por el ser humano a través de los siglos, y no todos han sido para bien. Algo, desde luego, no ha cambiado nada: la ferocidad con que unos cuantos abusan, se aprovechan y explotan hasta la extenuación a los demás.
Un abrazo muy fuerte, reyes. ¡Ave!

virgi dijo...

Este veranon pasamos por La Olmeda, en Palencia, para visitar una villa romana impresionante. Me la has recordado, allí se veía en el suelo las marcas de la cocina, la despensa, el comedor...bueno, como 3500 metros cuadrados de mosaicos, alucinante.
Me faltó un triclinium, querida Reyes.
Besitos

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