No está nada mal la vida como droga,dos horas para esto,dos horas para lo otro,seis para dormir,media para desayunar y el resto trabaja y asume hasta que empiecen las palpitaciones que seguramente produce el ginseng que incluyen las vitaminas que te compraste ayer para aguantar precisamente eso,la vida como droga.
A veces,puede ser un sábado por la noche,una puede sentir que la fiesta ha terminado.
Puedes estar sentada en un andén de metro,volver con los zapatos polvorientos y las ideas revueltas,mirarte en los cristales de la estación y estar segura así de repente de que todo es inútil.
No sólo de que nunca adelgazarás,puesto que ni siquiera lo deseas sinceramente,sino de que todo,incluso lo más bonito,acaba pasando como una manada de nubes que se van por el cielo dejando tras de sí apenas un leve recuerdo.
Y entonces qué,entonces nada.
Debe ser que la vida como droga me está pasando factura;
o quizá el recuerdo que no quiero tener de personas que han sido arrastradas por una corriente atroz de autoviolencia y frustración,en especial una cuyo nombre no puedo pensar sin escalofrío que desapareció hace pocos días del panorama de los vivos sin dejar más rastro en mí que aquellas cervezas que me bebí con él un día lejano,su tono de voz suave y su sonrisita cómplice con la persona que tanto lo amó y que ahora se acostumbra a estar sin él.
No diré nada más porque sé que a ella,la que queda,no le gusta,y porque además las cosas que duelen mucho no pueden explicarse ni apetece analizarlas ,es más,yo ni siquiera quiero pensar en esto demasiado,siento que mis costuras son como las de un oso de trapo relleno de harina que podría explotar en cualquier momento,otra mala noticia,otro preguntarse por qué,y pum.
(La cotidianeidad se me antoja la mayor historia de amor,porque sólo al truncar las costumbres se da uno cuenta de lo que perdió,y normalmente se pierde mucho).
Por eso la vida como droga es un buen invento;
cuando llega la noche,estoy tan cansada que no puedo hacerle caso al corazón;
esos pinchacitos que dan fe de la fragilidad y la fugacidad son meros entretenimientos ante la urgencia del sueño;
que Virgi se haya llevado su voz cantarina y su alegre presencia otra vez cerca del mar,después de habernos habitado unos días,se convierte en un gaje del oficio de la amistad,aunque la víspera estuviera yo mustia por ahí dentro,donde me crecen los cardos y el color gris.
Se acabó el vino,el queso,la charla;el trayecto del metro con los ojos nuevos del visitante;vuelvo a estar en mi asiento,mirando por la ventana,con tres pares de ojeras y los auriculares de la reina transportada en caravana a un destino oscuro de siete horas sin fe;
la fecha señalada dejó de serlo porque ya pasó,y me cubren los nuevos días llenos de obligaciones.
Dice Virgi que esto es bueno,que lo de tener que organizarse durante tantos años de trabajo y madrugones la ayudó después a hacer cosas necesarias,y puede que tenga razón.
Quizá yo,al experimentar formar parte de una maquinaria,una especie de barco que no puede detenerse a divagar,esté aprendiendo muy lentamente a evitar todo aquello que podría naufragarme.
Y aunque no lo sepa,cada día más vieja,pero fuerte,como una escultura ajándose bajo el sol de los parques urbanos.
Eso sí,escultura y todo,aún me quedan fuerzas para girar el cuello y observar melancólicamente cómo desaparecen los aviones en el cielo de la tarde,llevándose a los viajeros a bellos destinos cerca del mar.
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martes, 4 de marzo de 2014
domingo, 26 de mayo de 2013
Un domingo cualquiera
Pasan las nubes como ovejas obesas,mansas pero crueles en su sólo estar,porque me traen este dolor de cabeza,tormento que nada tiene de dulce,y pienso ,es un domingo como otro cualquiera y debería alegrarme por tantas cosas que están en su maciza cosa física y emocional,cuando hay tanta gente que ni siquiera podría sospechar que exista esta plenitud,esta lucidez,esta celebración de las cosas sencillas.
Sin embargo daría lo que no tengo por un poco de resolución,de voluntad;nunca he querido acabar en un cuarto iluminado por una bombilla desnuda escribiendo arrebatada de fiebre y pulgas una novela magistral,nunca he deseado de verdad ser inteligente, a mí me bastan los hogares encendidos y una felicidad como a puñados secos de avellanas,que te puedas comer en media hora sin remordimientos.
Detesto a los creídos y a los iluminados, eso me llevaba a sentir culpabilidad cuando al adagio de Albinoni me arrancaba lágrimas en la adolescencia,tan solemne por sí misma,cuando todo es un puro y puto drama;frases como "nací para escribir"me pesaban más que a un muerto su propia losa y luego ya de mayor en la red tantos escritores,tantos autores colgando sus creaciones como pañuelitos,tanto autobombo por una presentación,un poemario,cuánto afán por un poco de desahogo,pensaba yo,sólo justificando tanta energía por una especie de jubileo personal que te permite creerte tu propia película porque eres el director,el actor principal y hasta el que redacta los títulos de crédito,así no se puede,pensé yo,así nunca llegarás a nada,pensé,cada vez más sola, cada vez menos amigos,menos seguidores en el maravilloso mundo de las pompas de jabón de bellos colores que al explotar no saben a nada.
Hoy día daría lo que no tengo,ya lo he dicho,por un poco de voluntad;levantarme cada día con la certeza de que puedo ser mejor ,simplemente no atiborrar mis conductos de alimentos poco recomendables,para dejar de vivir en la culpa,sería suficiente,estar a gusto con mi propio nombre y hallar paz de espíritu donde otros encuentran complacencia,encontrar en mí un trabajo digno ,dejar de despreciar todo lo que hago.
Escribir con la fiebre de un domingo,pensar en todas mis contradicciones ,porque desear dejarlo todo,abandonarlo todo,es sólo un comienzo cutre de infelicidad que nunca he deseado ni en el fondo ni en la forma; la salud es un bien en sí mismo y hemos nacido para eso,no para cascárnosla genital y espiritualmente con un dolor repetido e infantil que se convierte en la salmodia de cada uno para defenderse de la belleza y el miedo.
Pero mi naturaleza es sorprendente,nunca deja de pensar;
en la freiduría espero sentada en una silla de plástico y entra un hombre por unos cuartos de adobo,nuggets,puntillitas;
lleva zapatos bicolores de jugar al golf,es un pijo,pienso,lo catalogo,mi voz suena bonita,eso me salva de mi deleznable aspecto, en el habitáculo donde un abuelo hace mi cuenta en un papel de estraza y termina de cerrar mi paquete marrón por los picos como si fuera un pañuelo algo tieso;
el pijo está haciendo tiempo,esperando como yo antes,apretándose los ojos,lleva un anillo de oro,creo que es feliz,un hombre tan aparente podría llorar por un mal divorcio,pienso,creo que él tampoco podría estar sin su mujer,pero de momento está conforme con la vida,un chalequito a juego con pantalón,sí,parece un señor acomodado.
Al fin y al cabo,vivo a pocas calles de una zona residencial de chalets y villas,así es mi barrio,tiene una parte baja donde yo he crecido,construida a finales de los setenta en forma de bloques para familias modestas,unos olivares huerfanitos y unos cuantos pinares domesticados que asoman por aquí y por allá su poderío agónico,yo he visto ardillas en esos pinos pero ya no están,se murieron todas de vergüenza:
no es raro que este golfista venga aquí por un poco de fritura un domingo,como los hermanitos malcriados que entran después,estudiantes que consultan por el móvil a mamá qué es lo que tenían que llevar ,como yo misma,una gorda con una sudadera azul que tiene una familia y que les lleva comida abrazada a la bolsa andando a paso rápido para que no se enfríe mientras oye en el mp3 "Planet of New Orleans",habitante de pleno derecho de otro planeta en efecto muy lejano y anómalo,que nadie del entorno podría comprender y al que seguramente jamás llegará.
Escribir,leer,tienen estas cosas,las de estar pensando siempre,sin descanso;
pienso muy en serio abandonar la red,ahora que tengo uno de esos hogares encendidos en los que todo son responsabilidades,preocupaciones y pequeñas aventuras vitales llenas de entrega donde la única droga es la siesta o la cerveza;
pienso seriamente dejar de asimilar noticias que me alteren,que me llamen al servicio de las palabras;tengo que dejar de sentir la necesidad de opinar sobre las injusticias,el desvarío de la actualidad de este país de sinvergüenzas y asesinos ,todo eso que no me sirve para nada.
Mi corazón ya no es fuerte y mis reservas se agotan;
veo tanto desequilibrio,tanta inutilidad en nuestra finca internauta donde la libertad inspira sus últimas esperanzas,que siento de veras la llamada de un monasterio interior donde todo esto de las pantallas y los foros y los facebooks sean la mierda que siempre debió ser para un buscador de verdades,aquello que merezca la pena escribir sin prisa,eludiendo la inmediatez de los comentarios y el eco de los propios pedos.
Creo que haré eso en los próximos meses;
ir a curarme las picaduras de los mosquitos a la siempre plácida,eterna,inmutable placidez de los folios en blanco.
Y luego,Dios dirá.
miércoles, 29 de agosto de 2012
El día que destruí el mundo
El día que decidí destruirlo todo,recuerdo,era un día claro,en el que la línea del horizonte prometía fenómenos dulces;la vida parecía buena;una bandada de pájaros jugaba sobre el azul de un cielo hiriente,y una brisilla fresca ahuyentaba las malas noticias;quizá todo estaba en mis manos,quizá el paraíso me pertenecía;pero yo ya estaba más que harto,las promesas habían llegado tarde como cartas escritas por gente muerta.
Sabía que lo destruiría todo.
Todo.
La inocencia de los pájaros,el sonido líquido de los estómagos,las paradas de autobuses,los calcetines marrones y las diademas de las niñas;eran mis manos las que estaban destinadas a desgajar todos los putos pétalos de las putas flores,las que serían felices al arrancar los botones de las camisas de los predicadores y de los funcionarios;tiraría al estercolero la alegría de las mujeres que gustan de tender la ropa blanca al sol,arrebataría toda luz de sus ojos,esos ojos que nunca habían tenido nada para mí.
Nada volvería a crecer en aquella tierra que me lo había negado todo.
El día que quemé el mundo comencé a andar por cualquier lado,buscando en mi sombra la sombra de la duda;olí las hojas de los naranjos fragantes de rocío y esas cosas que escritas huelen a mierda y en vivo son un placer inexplicable;hollé con mis botas las salidas de los hormigueros y les dije a las hormigas "no hará falta que comáis este invierno,no guardéis nada",porque yo ya sabía que ninguna sobreviviría.
Nada de dudas.
Empecé por la parte de atrás,regando la tierra con gasoil;se diría que aguardaba tranquila como una vieja paciente ante las ofensas y provocaciones,o como una puta entregada al castigo;no dijo nada,no protestó,ni trató de impedirme que lo hiciera.
Las cerillas estaban mojadas de mis lágrimas,unas lágrimas sin sal,que me corrieron sin motivo por la cara formando ríos que a nadie importaban.
Ser un dios es muy jodido,la gente no sabe eso;la gente se va a su casa ,se sienta en un sillón y elucubra,critica,especula y arregla el mundo en cuatro palabras;la gente va acompañada de sus ideas fijas,sus juicios de valor,su familia,sus bufandas,lo ve todo desde un rincón y cree tener solución para todas las cuestiones;luego anochece y se va a dormir con el culo caliente hasta que amanece de nuevo,y llega para ellos un nuevo día para lucharlo, diseccionar,opinar,a eso lo llaman vida.
Pero un dios está solo.
Solo y fastidiado con la negrura de su infelicidad,que no puede contar a nadie.
Por eso a veces es mejor quemarlo todo.
Un fuego que se extienda de atrás hacia delante como el que yo vi.
Vi cómo todo lo conocido se extinguía;los troncos de los árboles se quebraron y aplastaron a las ardillas azules y rojas del bosque que había sido mágico;las hormigas se volvieron locas y trataron de escapar,pero sólo les llegó para retorcerse;la tierra ,ya lo he dicho,no ofreció resistencia,se dejó arrasar como si hubiera estado ahí todo el tiempo para que yo la destruyera.
Nadie me podrá llamar traidor,un dios no da explicaciones ni las encuentra ni puede ser definido.
Además ya se lo había advertido a las hormigas desde bien temprano;
"No hará falta que comáis este invierno,no guardéis nada".
(Foto Google).
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