Sigo empeñada en que sean compatibles las cremas reductoras con las empanadillas de bonito.También lo es la intención de comprar batidos sustitutivos de comidas y cenas y el deseo imperioso de hacer una quesada de las monjas en el horno.
Y al final,todo va hacia delante,formando parte del mismo barco,pequeño y destartalado,de mi vida cotidiana; los flecos de lo que está roto salen por las costuras impolutas de las buenas intenciones,los deseos no respetan el turno de las agujas disciplinaria;y mañana volverá a salir el sol y me pillará entregada a la búsqueda de un mundo más justo pero sólo en la boquilla del metro de la maqueta con la que juego a pasar por la vida,entre nube y nube,lechuga.
Quizá no hacer nada,dejar fluir,ése es el secreto para florecer.


