miércoles, 17 de marzo de 2010

Meditaciones nocturnas


En la penumbra de mi celda apareció el ángel , pero era carnal como mi propio cuerpo , acanalada como soy para que el agua de lluvia pase sobre mí .
De sus labios blancos salieron palabras que me enredaron el pelo y pusieron color a mis mejillas; cuando apenas comenzaba a hacerme gozar , vinieron las otras monjas ; sentadas a mi alrededor hicieron su aquelarre de palabras, qué importaba que en lugar de palos y raíces usaran oraciones y huesos en cruz.
Harás un ejercicio antisoberbia, dijeron.
Y se llevaron al ángel enrollado en un pliego, con los rizos dorados asomando como si en vez de un mensajero celestial fuera tan sólo un montón de vulgares apuntes.
Apuntes para una vida , eso es necesario, apuntarla para que no se olvide , aunque a veces la humillación de las cosas que hacemos es suficiente para sentirnos morir sin haber tomado una sola nota más.
Desmigada como un bacalao en semana santa , me puse a llorar sobre mis costillas , saladas en agua de contrición .
Mujer redonda y plena que se corre fácilmente como la pólvora , de mente rápida y corazón un tanto rústico, se acabaron tus tonterías.
Pena en la celda y piensa , no tendrás más flores ni diademas , has agotado el tiempo en agasajos, y como Naná mueres en penumbra , o muere tu alma , que es lo mismo.
Un tiempo sin verte , un tiempo sin oírte .
Un tiempo sin comentarios , como para volver a ser la esforzada estudiante que escribía ensayando a solas en su habitación mientras el resto del mundo inventaba los primeros besos o echaba sus primeros polvos, aquéllos que casi siempre salían mal aunque todavía la vida tenía posibilidades de salir bien .
Lloras pero lloras por dentro, obligada como estás a mantenerte mientras puedas , oyendo sólo el canto de tu pequeño río interior , cada vez menos caudaloso pero cada vez más limpio.

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