miércoles, 14 de enero de 2015

Hoy

Hoy por la mañana he hecho una de esas cosas que siempre salía en los tebeos,pero que nunca me llegó a pasar;

he ayudado a una ancianita a cruzar la calle.

Parada en el semáforo se me agarró y me preguntó si podía cruzarla,que estaba mala de los pies;
claro,claro,cómo no,agárrese,y allá que fuimos como la una y media(la una un poco más ancha,eso sí) por el paso doble de semáforos que corta en cuatro carriles la mañana asfaltada cerca de mi trabajo;por la fuente y los jardines por los que los extranjeros de todo pelaje y color se pierden por Sevilla,la ciudad de los siete velos con sus siete mil palmeras.

Mientras caminábamos me contaba su vida,(ella no sabía cómo odio lo del buen samaritano desde que me soltaron los curas,aunque ellos también me enseñaron que no había nada malo en tener corazón y de ahí salió la mestiza espiritual que hoy soy);ella me contaba que no la querían operar porque ya es muy mayor,y es lo que ella dice,que para qué tenemos médico entonces.

La acerqué al bus,("usted también va para allá",me preguntó,sorprendida),no,no,pero no pasa nada,la acerco en un momentito,son cuatro pasos,y mientras le hacía señales innecesarias al conductor para que nos esperase pensaba en que la indefensión debe ser muy parecida en todas partes del mundo.

Otras viejas indefensas en sitios más ásperos que un paisaje urbano necesitarán un brazo del que agarrarse para huir de bombas o asesinos,igual no lo tienen o no lo encuentran,no sé dónde oí que los ancianos y los niños se parecen en todas partes,seguro que eso es verdad.

Mientras nos despedíamos con un "hasta luego" también pensaba en mi yo mayor,con los pies artríticos sin poder correr por estos lares de adoquín y bordillo,yo marginada,yo indefensa en un mundo de cotidianeidad donde todos van caminando muy deprisa con muchas cosas que hacer,tan normales y ocupados,yo mirándoles intentando hacer cosas pero sin poder darme prisa ya por nada,quizá yo me haría de un bastón,quizá yo pasaría de coger autobuses,o quizá no querría renunciar a nada,qué sé yo.

También es una injusticia dejarse limitar,supongo.

Hace poco he sabido de una señora bellísima con una cierta edad y muchos mareos que pasa de sacar un andador a la calle y para disimular se lleva un carro de la compra;y me digo,pues claro,a quién le va a gustar eso de exhibir públicamente el ancla que nos ata a la pérdida de libertad.

A la mierda,claro que sí.

Supongo que cumplir años lleva aparejada una cierta comprensión de las cosas,visto que cuando somos jóvenes todo eso nos parece horroroso y decimos que nos vamos a suicidar pero nadie nos explica lo que decía Oscar Wilde,que lo malo de envejecer es que no se envejece.

Luego la mañana siguió rodando y terminé tirando migas de pan a los gorriones en cónclave sobre las mesas hasta que fue la hora de volver al tajo.

Y esto es todo lo que ha pasado hoy por aquí,a catorce de Enero de Dos Mil Quince, doce años después de mi llegada a Tenerife.

4 comentarios:

Genín dijo...

¿Que no se envejece?
Ya la daría yo al Oscar ya...
Yo de momento sigo caminando una hora todos los días a paso ligero, aunque cada vez sea menos ligero, pero si tengo que cruzar, te pido socorro, que tan lejos no estamos :)
Besos y salud

mariajesusparadela dijo...

Vaya, Reyes, últimamente andas cruzando al otro lado a muchas ancianitas. Yo también, un día, le dije a un chico que me cruzara y me dijo "espere que el semáforo esté verde" y le dije que en verde yo sabía cruzar sola...
Los curas predican, pero dan poco trigo. Tu reniegas pero cumples como una valiente.

Montserrat Sala dijo...

Hola: ahí nos tienes a todos los viejos de al globosfera, esperando que nos vas a decir, que nos vas a contar que no sepamos. El caso es que logras casi siempre: inventarte
alguna cosa que nos arranque una sonrisa. O nosotros no somos tan viejos, o tu no eres tan joven. A lo mejor es que eres un poco pillina. Ves tu a saber...
Un advertencia: pon mejor telegramas, porqué si escribes tanto, tengo miedo que te canses, y ahora que te he reencontrado no me gustaria perderte. Pellizco.

Tracy dijo...

Qué bueno el pensamiento de Oscar Wilde, la mente no envejece nunca y es lo que hace que esa señora de que hablas saque el carrito de la compra en lugar de las muletas, se da cuenta de que este mundo la está dejando atrás.
Ahora con mi tendinitis de pata de ganso no puedo sentirme más reflejada en tu entrada de hoy.
Sería un lujo que me ayudaras a cruzar la calle.

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