Qué tal,ya ve,por aquí otra vez...no,no quiera saber lo que he estado comiendo desde Navidades,me daría usted de ostias hipocalóricas y no es plan,que ya bastante tenemos con estar aquí otra vez a la hora de la siesta.
Ya sé lo que piensa usted, que para qué carajo vengo si mi peso sube y baja como máximo tres kilos y no es gracias al dios Gambrinus por ningún problema de tiroides,sino por la ingestión desproporcionada del rubio elixir esos fines de semana en que parece que todo ha llegado a su fin,y el hámster humano (especie sevillanus localis) tiene la necesidad y sobre todo la ilusión de celebrar que no hay que levantarse temprano,esto es,que no hace falta mirar la hora.
¿Habrá algo más engañoso que ser feliz y pegarse panzadas los fines de semana cuando "todo" vuelve a empezar el lunes,y con más pesadez y cansancio si cabe?
No se estrena el mundo todos los días,usted bien lo sabe,por más que nos lo creamos.
No me mire así,ya sabemos que no puedo ser una gorda feliz,esto se da por hecho;pero tampoco tengo tan claro que quiera ser delgada,porque de haberlo deseado de verdad,supongo que lo habría conseguido.
Y ya son cuatro décadas.
A este paso empujaré el andador (financiado por mis amigos blogueros mediante colecta,puesto que mi generación ya intuye la vejez que le espera)y me seguirán asomando por los bolsillos de la batita floreada los tickets de la farmacia,juntados unos con otros con la misma ansiedad y deseos de enmienda.
A veces pienso que la gente que me trata lo que menos ve de mí es el sobrepeso.
Creo que se fijan poco,les envuelvo en las chorradas que digo,en los análisis y canturreos (pienso en el trabajo,que es donde ahora paso más tiempo),en la jartura sin límite de mi forma de vida sin embargo enamorada de casi todo y de los capuccinos de la máquina de café;he vuelto a perfeccionar la técnica de comer por los rincones,ahora entre cartas y cajas amarillas,antaño entre carpetas A-Z,albaranes o micrófonos.
Sabe qué le digo?
Que hay gente incorrecta estéticamente pero muy interesante.
De hecho he conocido a personas muy despeinadas o muy deformes (incluso sudorosas,algunas,fíjese)que parecían encantadoras.
¿Se imagina usted que yo sea una de éstas?
Yaaaaa,ya sé,es que no se trata de estar más guapa,sino de tener más salud;cambiar los hábitos y todo eso.
¿Pero de verdad usted cree que hay alguien en este planeta que no sepa apreciar lo que es comer lo que apetezca en cada momento,sin más?
¿No le parece curioso que nuestros abuelos mataran por comerse unas buenas aceitunas aliñás y una generación más tarde las tengamos que esconder para no engordar? (esto lo decía Marujita Díaz en una entrevista,creo).
¿Y esos momentos palomiteros de sofá frente a una película ,sin orden ni medida?
Aunque no sea desde luego un buen hábito...¿no le parece una metáfora perfecta de la libertad?
En fin,en fin,no me mire así.
Aún soy joven,o eso dicen,y me enfrento a una edad de transición ,otra vez.Mis ovarios son raquetas cuyas cuerdas empiezan a saltar por los aires y necesitaré salud y buenos alimentos.
Desde luego mezclar dulce con salado y comerse de postre un par de rodajas de político o creer que por ser picos integrales puedo tragarme media bolsa no son actitudes que insuflen a una orgullo y bienestar,aparte de que al quitarme la ropa las prendas siempre me parecen trozos de carpa circense,puestas no las veo tan grandes.Oiga.
En fin.
Que sí.
Que me apunto otra vez lo de andar media hora cada día a buen paso,(ya subo siempre a pie las escaleras del metro)y nos vemos aquí en un par de meses.
Debe usted pensar que soy una frikie,pero qué va;soy de lo más normal.
De hecho me encontrará usted donde siempre,en el punto medio de las cosas medianas,con un péndulo desajustado y un pensamiento vigorosamente deprimido,detrás de cualquier mostrador de cualquier oficina postal de Ejjpaña.
Por si algo se le ofrece.








